El Entorno Natural
La mayor parte del municipio abderitano lo integran las
últimas formaciones montañosas sudorientales de la Sierra de la
Contraviesa. Sus laderas, desde el punto de vista ecológico, estaban
ocupadas originalmente en sus extremos más altos por el bosque mediterráneo
correspondiente al encinar. Sin embargo, desde tiempos históricos, este
clímax se ha visto degradado progresivamente por la acción antrópica en
la zona, dando como consecuencia otras comunidades vegetales distintas a
la ancestral.
Hoy
en día, el encinar, aunque prácticamente desaparecido, presenta
ciertos puntos relícticos dispersos por el entorno, en los que aún
podemos observar formaciones arbóreas dominadas por la Encina, y
representadas también por arbustos como el Lentisco, el Enebro y el
Torvisco. Su vegetación, adaptada a la sequía ambiental, está poblada
por una rica comunidad animal compuesta, por ejemplo, por el Sapo común,
el Abejaruco, la Curruca mirlona o la Gineta.
La degradación de este ecosistema conlleva la pérdida
de suelo y la aparición posterior de formaciones vegetales como los
retamales y los matorrales seriales, ampliamente distribuidos por el
municipio. En ellos se encuentran, entre otras, la Retama, la Aulaga, la
Bolina y el Romero, formando tupidas masas. Entre estos arbustos se
alimentan la Culebra bastarda, la Perdiz común, el Águila perdicera, el
Conejo y la Cabra montés.
En
las zonas más degradadas, la pérdida de tierra por erosión hace que en
ellas solo se encuentren espartales, tomillares y pastizales, donde el
Esparto, los tomillos y diversas especies nitrófilas conforman la
cobertura vegetal. En estas áreas podemos detectar animales adaptados a
espacios abiertos como la Lagartija colilarga y la Cogujada montesina.
Pese a existir
áreas bien conservadas, la tala abusiva, la quema incontrolada, el
excesivo pastoreo y el uso de leña para las fundiciones de plomo, han
sido, entre otros, los principales motivos que han ocasionado la pérdida
y el empobrecimiento de los valores originales del entorno en algunas
zonas,
originando en ellas un proceso de degradación muy avanzado..
La Ruta
En el itinerario que vamos a realizar se pretenden
mostrar
los restos supervivientes del encinar, así como las distintas
comunidades eco lógicas resultantes de su degradación.
En
el punto kilométrico 386 de la N-340 próxima a Adra, a la altura del
camping las Gaviotas, iniciamos la ruta en el desvío de la comarcal que
lleva a La Parra.
El
inicio del ascenso está dominado por la agricultura bajo plástico hasta
las proximidades del Cortijo del Manco. A partir de aquí, la presencia
humana disminuye, dando paso a formaciones vegetales de origen natural. En
los aledaños del citado cortijo podemos observar sobre suelos degradados,
tomillares y pastizales nitrófilos que van a seguir apareciendo pasado el
Barranco de Periano. Desde aquí, y en terrenos de mayor sustrato,
comienzan a asentarse los primeros espartales.
Tras
recorrer unos 3 Km. y el vertedero municipal, seguimos subiendo hasta
las laderas orientadas hacia la Rambla de Guainos, donde se observa una
panorámica general del
entorno, con vistas del promontorio del «Diente
de la Vieja»
en el Calar y de varias cortijadas. Este es el momento en el que, de forma
esporádica, comienzan a aparecer matorrales seriales en suelos mejor
conservados, dando lugar en alturas superiores a formaciones más tupidas.
Siguiendo
por la carretera comarcal y en las proximidades de la cortijada de La
Parra, se hacen más patentes los cultivos de almendros, alternados con la
vegetación espontánea de romerales, aulagares y retamales. Situados en
la cortijada, dejamos el vehículo y tomamos la vereda descendente que
comienza tras las últimas casas. Al inicio de este trayecto a pie nos
encontramos con una de las pocas encinas centenarias relícticas que
quedan en el lugar, símbolo de lo que fue nuestro antiguo bosque. Si
seguimos caminando por el sendero que nos conduce a la Fuente de La Parra,
retornaremos de nuevo a la carretera comarcal. En las laderas que quedan
a esta altura se pueden apreciar varias manchas de chaparral (encinar
joven) sobre suelos profundos bien conservados.
Tras
volver a la cortijada y observar la arquitectura popular alpujarreña,
seguiremos el trayecto en vehículo hasta la Ermita de San Isidro (S.
XVIII) en el Barranco Almerín, de este modo pasaremos al oeste de la
Rambla de Guainos. En las inmediaciones de la ermita se celebra, el 15 de
mayo, la fiesta popular que le da su nombre.
Descendiendo
por las vertientes opuestas de la rambla y al pasar por varias cortijadas,
como los Pérez y el Caparrillo, observamos, dominando el paisaje sobre
balates y paratas, cultivos de almendro con manchas dispersas de vegetación
autóctona (chaparrales, matorrales, etc.).
Conforme
seguimos el descenso, paulatinamente volvemos a encontrarnos con suelos
cada vez más degradados, asociados a poblaciones vegetales y animales
progresivamente más empobrecidas. En alturas menores, los tomillares y
los pastizales reaparecen dominando el paisaje. Es aquí, y sobre un
promontorio, donde se observa un antiguo torreón vigía conocido como la
Torre de Guainos, construida desde el S. XIII para la prevención de
incursiones y ataques de navíos hostiles. A partir de este lugar, la
influencia marina se vuelve a hacer patente en el medio, reapareciendo de
nuevo los cultivos bajo plástico.
El trayecto finaliza en el enlace de la comarcal con la
N-340 contiguo a Guainos Bajos.
