Es una
lástima lo que está ocurriendo en la empresa
nacional que tiene como función fabricar leyes.
El
Congreso Nacional ha sido pervertido. Se
le ha convertido en un instrumento de las
pasiones y de las aspiraciones desbordadas de
algunos de sus integrantes.
Se le ha
convertido en simple herramienta de los hombres
que manejan los sellos y las banderas de los dos
partidos tradicionales y que se mueren de
risa al cambiar impresiones sobre nuestras
instituciones “democráticas”.
Su
presupuesto ya no es el necesario para que
cumpla sus funciones legales, sino que se le ha
convertido en fuente inagotable de recursos que,
en el mejor de los casos, sirve para financiar
la candidatura presidencial de uno de sus
miembros y la reelección de no pocos ciudadanos
de profesión desconocida que esconden sus
nombres detrás de la palabra diputados.
Cada vez con
más frecuencia, por otra parte, el Poder
Legislativo realiza actos propios del Poder
Ejecutivo
y no
pocas de las leyes que aprueba tan sólo sirven
para quedar bien con un pequeño número de
empresarios que utilizan su tiempo en
buscar la manera de apropiarse de las
instituciones públicas que generan cuantiosos
ingresos, o que tan sólo esperan que llegue el
momento preciso para engullirse lo que aún queda
de aquéllas.
De ahí la
necesidad de “socializar” las leyes que se han
inventado algunos Padres de la Patria, pues
gracias a ese pretexto pueden escuchar el punto
de vista de los intereses creados y actuar en
consecuencia.
Innecesario
es decir que otro es el comportamiento de tales
hombres y mujeres cuando se trata de los pobres
de Honduras, como ocurrió con la mal llamada Ley
para la Modernización Agrícola que, ante el
asombro de todos, la utilizaron para convertir
en pura y simple basura a la Ley de Reforma
Agraria y para hundir en la más profunda miseria
al campesinado nacional.
¿De cuánto
tiempo más necesitamos los hondureños para
ponerle término al penoso orden de cosas que
dejamos señalado?
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No cabe
ninguna duda. El honorable ciudadano Gautama
Fonseca, fue, es y seguirá siendo un punto de
referencia político-social independiente para
los feudales individuos que vivimos preocupados
por la integración y pertenencia de Honduras al
mundo desarrollado.
Su último
artículo, que antecede a estas líneas, sobre el
corrupto Congreso Nacional de Honduras nos viene
a confirmar la tradicional condición mercantil
de baja estofa que este carísimo aparato, al
servicio de la mafia económica hondureña,
mantiene como perfil.
Según índices
internacionales, el parlamento hondureño es uno
de los menos productivos de América Latina; o
sea, que trabaja solo para beneficio de un
pequeño sector de la población. Ese que ordena,
dirige, impone y dispone de la vida y de la
economía de siete millones de esclavos.
La
Presidencia de la República sufre un
desequilibrio en la realización de sus proyectos
debido a que la orquesta simio_fónica formada
por los 128 diputados, siguiendo las
instrucciones de los directivos partidarios,
reduce a sectarismo las buenas intenciones del
ejecutivo.
Dentro de la gran reforma
institucional que se necesita de forma urgente
no hay duda que el primer organismo canceroso
que debe someterse a una profilaxis regenerativa
es el desprestigiado Congreso Nacional; un
cuerpo legislativo que legaliza las corrupciones
mas insólitas del continente.
Exoneraciones fiscales para
los “industriales” de comidas rápidas, maquilas
rápidas, térmicas rápidas, vehículos rápidos,
bancos rápidos. etc.; en fin, ese aparato, que
se lleva un gran pedazo de nuestro magro
presupuesto nacional, se ocupa única y
exclusivamente de hacer la fiesta, a costillas
del pueblo hondureño, a los clubes millonarios
de los que mandan.
Concesiones, exoneraciones,
condonaciones y libertad de inversión, de
explotación, de humillación, mientras el
presidente del susodicho organismo se dedica a
editar fotos personales con cara de cardenal
para su mística campaña política sin haber
emitido un tan solo trabajo en beneficio de los
miserables hondureños.
El honorable Abogado Gautama
Fonseca se impone una pregunta final; la misma
que se hacen multitud de ciudadanos.
¿De cuánto tiempo
más necesitamos los hondureños para ponerle
término al penoso orden de cosas que dejamos
señalado?
Tiempo ya no tenemos porque
estamos marchando contra el tiempo perdido
durante los últimos 25 años; sin embargo, dentro
de la resistencia cívica queda una solución
drástica para un monumento nacional corrupto a
decapitar, y es el de darle el poder
referendario al Sr. Presidente para que convoque
una nueva Constituyente (invalidando el onerosos
Congreso Nacional en su estado actual), se lance
un plan urgente de nación, se establezca una
Constitución moderna y democrática, y se creen
instituciones clínicamente depuradas para hacer
de Honduras una nación en camino hacia el
desarrollo.
Viva la resistencia
Cívica,Viva Honduras.
Por el rescate de la dignidad del pueblo y para
el pueblo.