He vivido
el incidente del Canciller de la República
en la distancia (aunque desde el 2004
siempre estoy en la distancia debido a mi
expulsión) desde tierras mejicanas en donde
he pasado estas Navidades alejado del
mundanal ruido.
En
relación al mismo, adjunto más abajo el
artículo que ha escrito D. Roberto Quesada
porque refleja ciento por ciento mi
pensamiento sobre el incidente y me ahorra
escribir unas cuantas líneas; sin embargo,
quiero añadir alguna idea más a lo en él
mencionado.
Desde
hace mucho tiempo he tenido la impresión de
que el Gobierno del Sr. Zelaya no
controlaba a los cuerpos de seguridad del
Estado y lo sucedido al Sr.
Puerto me ha reconfirmado esa impresión.
Este incidente hay que añadirlo al ocurrido
con el Sr. Chimirri y a otros que se han ido
sucediendo en el tiempo en relación a las
actuaciones de la policía hondureña. Al
respecto, sólo hay que verle la cara de
muermo al Ministro de Seguridad de Zelaya
para darse cuenta que el tal individuo es un
incapaz y hay que devanarse mucho los sesos
para poder comprender como es que llegó al
grado de general del ejército. Como dice el
refrán: “La cara es el espejo del alma” y la
de Álvaro Romero es todo un poema.
No es que
quiera justificar el que una persona
conduzca en estado de ebriedad, ni que no se
pueda entrar en un domicilio (siempre que
exista una orden judicial emitida de acuerdo
a la ley) o que no se pueda disolver una
manifestación; pero cuando la actuación
policial se produce con la violencia
inaudita de la que se ha hecho gala en
muchas oportunidades de forma reiterada
durante la actual administración y además
alcanza a altos funcionarios, es evidente
que esas fuerzas de seguridad están fuera
del control de sus mandos naturales y
obedecen a otros intereses que evidentemente
no son los legales y legítimos de una
Nación.
En este
punto, sospecho aunque no puedo
evidentemente probarlo, que detrás de esas
actuaciones se esconde la mano del anterior
Ministro de Seguridad que, eso sí, todos
sabemos compró voluntades al interior de la
policía e hizo, además, buenos contactos con
el hampa y la droga que hace tiempo campan a
sus anchas por tierras catrachas. El primer
toque de atención sobre su poder real quedó
clarísimo cuando el Gobierno de Manuel
Zelaya se “bajó los pantalones”, quedando
con sus vergüenzas al aire, al aceptar el
nombramiento diplomático que el Gobierno del
infausto Ricardo Maduro hiciese pocas horas
antes de dejar el poder en favor del mentado
funcionario.
Desde
entonces, el Sr. Alvarez se ha debido estar
riendo a mandíbula batiente pensando en lo
pendejos que son sus compatriotas al seguir
pagándole sus gastos en sus vacaciones
estadounidenses, y encima los amenaza ….¡con
volver!, haciendo pareja con el “lobo”.
¡Cosa más grande chico!
Así pues,
amable lector, no sólo es una realidad
incuestionable todo lo manifestado por el
Sr. Quesada, sino que habrá que estar muy
atentos a todo lo demás que se mueve en los
oscuros entresijos políticos de Hibueras
para poder descifrar las señales que nos
lleguen.
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Los hijos de Tuta
*Roberto Quesada
Los asesinos, los ladrones, los
criminales, los corruptos y los
desviados andan sueltos pero abandona un
alto funcionario una fiesta de fin de
año habiéndose tomado unas copas y lo
detienen y golpean salvajemente… — Billy
Peña, escritor hondureño, diario Tiempo.
Por
lo que voy a escribir, o estoy escribiendo,
espero que nadie me acuse de andar borracho,
si acaso ven una r solitaria, una v
acompañada (w), una n que parece m, una h
que no es de Honduras sino de hijo y el hijo
que quizá sea de p (que bien puede ser
patria u otra palabra, incluso hijo de la
palabra misma), así que, como ven, estoy
pasando la prueba del alcoholímetro y allí
en el titular dice:
Los hijos de Tuta.
Sí,
de Tuta, entonces ya se ve que no me he
robado ninguna P, porque es simple y
sencillamente T. T de Tuta. El original se
titula El hijode Tuta (pueden verlo y
escucharlo en youtube.com), es una
cancióndel folklore colombiano, escrita por
Lisandro Meza, pero hay tantosen Honduras
que es mejor parafrasearlo en plural.
Seguramente que hay unos hijos que no son de
Tuta, pero que los diferencia una letra,
que, llevados por el complejo de culpa,
creen que este escrito va a referirse a
ellos. Para nada: el que es hijo de T es de
Tuta, y el que es hijo de otra letra pues
que la acomode a sus necesidades.
Se
ha dado en Honduras una cofradía de
peliculeros. Me explico por si alguien no
entiende la palabra peliculeros: la “P” es
de película, “eli” es de elite, y el resto
de la palabra pues ya sería ser tonto o
creer tontos a mis lectores explicándolo.
Estos peliculeros, que creen que la vida es
películas y que ellos son actores de primer
orden, arman tramas, calculan, dirigen,
acechan, y hacen que su adversario político
caiga en algunas de sus tantas trampas y
allí filman el video de su vida y lo envían
vía Internet para desprestigiar personas que
no comulguen con sus ideas, que en realidad
son ‘ideotas’, para que el pueblo hondureño
continúe inocentemente llenándoles sus
bolsillos.
Analicemos, casi hipotéticamente, lo que es
capaz de hacer un hijo de Tuta. Digamos que
yo soy el Ministro de Relaciones Exteriores
(y les caigo mal, remal, más que mal porque
conozco que son un atajado de insaciables
tiburones que jamás piensan en el bienestar
del pueblo hondureño sino seguirlo
exprimiendo hasta que de Honduras no quede
ni la triste H, que de paso es muda),
entonces simple y sencillamente me
persiguen, estudian mi proceder y esperan el
momento apropiado para que sus fauces me
engullan.
Saben que estoy en una reunión social,
traman para que en mi whiskey echen algo
perturbador, se hablan por celular o radio
para informarse de que voy en camino, ellos
ya conocen mi ruta. Me detiene la mara
uniformada, ellos ya saben su trabajo, me
vapulean, recriminan, enchachan, me meten en
una paila y me llevan a la estación
policial.
Allí
me “liberan” (de las chachas). En ese
entonces ya estoy en un nivel de víctima de
la humillación que no me importa pensar en
el título ni cargo que tenga sino en mi
calidad de ser humano llevado a las últimas
consecuencias. Allí voy a actuar. Pero como
en espera de que esto suceda me comienzan a
filmar antes de que llegue al árbol de
Navidad y ofendido y humillado proceda de
acuerdo a la cultura nacional de mi país y
enfrente a los hijitos de Tuta con las pocas
fuerzas de dignidad que me quedan.
Esta
es una de mis hipótesis sobre lo sucedido al
canciller Milton Jiménez Puerto, y que de
alguna manera coincide con la de muchos
compatriotas. Otra sería que el canciller no
quiso identificarse plenamente precisamente
para evitar un escándalo, y esto le salió
peor pues ya la historia estaba escrita.
Es
que no es sólo el canciller sino medio mundo
que por años ha conducido con sus copas de
más en el país, y fácil es salir de ello con
un carnet o con billete bajo la manga de la
camisa. Eso es tan cierto, pero el abogado
Jiménez Puerto creyó en las reglas del
juego: esa fue su desgracia.
Creo
que lo sucedido a Milton Jiménez es positivo
para que nos revisemos como sociedad,
asumamos que somos un país alcohólico, los
que tienen posición pues con bebidas de
calidad, y al pueblo se le ha amansado
complaciéndole con fútbol y guaro. Es una
realidad frente a la cual no debemos actuar
como el avestruz. No, todo lo contrario,
asumirla como uno de los males que nos
aquejan contra el cual debemos luchar.
Aunque no es de extrañar que si yo digo que
lance la primera piedra el que esté exento
de culpa, es tal nuestra hipocresía que a
pura piedra lanzada somos capaces de
construir una nueva ciudad Maya. Es que nos
falta mucho, y dentro de ese mucho, lo que
no me canso de denunciar hasta el cansancio
es que la mayoría de políticos/as en
Honduras no quieren al país sino sus
bolsillos. Honduras tiene que aprender que
presidir es administrar lo tuyo, y cuando
los que gobiernan roban no es sino a los que
nacimos en esa tierra a quienes nos roban.
Dicen que Honduras es pobre, cuento que
jamás me creeré, si es tan pobre: ¿por qué
entonces hay tanto hijo de Tuta que hace lo
imposible por apoderarse de la guayaba?
Afortunadamente el pueblo hondureño se ha
manifestado, se dio una inusual toma del
Ministerio de Relaciones Exteriores en
solidaridad con el canciller; muchos medios
de comunicación desaprobaron el proceder
contra el ministro y aplaudieron la valentía
del funcionario, como lo hizo La Tribuna en
uno de sus editoriales: “Si en otras
ocasiones hemos expuesto conductas
gubernamentales que consideramos
equivocadas, esta vez prevalecieron otros
sentimientos sobre la obligación de
informar. En las últimas horas el
funcionario comparece públicamente a
explicar lo que a su juicio aconteció, pide
disculpas por ello, reconoce que cometió un
error y apenado, pone a disposición su
cargo. Encomiable su conducta. Es un gesto
digno. …Qué bueno fuera, que todos, como el
excanciller, reconocieran que cometen
errores”.
Por
su parte el escritor Juan Ramón Martínez, en
declaraciones al noticiero Abriendo Brecha,
consideró el hecho como “una falta menor”,
cometida por el ministro, que quieren
aprovecharla “para que los verdaderos
corruptos, los asuntos realmente serios
queden en la impunidad”.
Así
mismo el editorial de diario Tiempo,
titulado You Tube, analiza la frialdad con
que los hijos de Tuta actúan en nuestra
sociedad: “El canciller Jiménez Puerto, en
su presencia ante los medios de comunicación
para dar la explicación del suceso, así como
para dar disculpas a la nación por lo que
pudiera ser reprochable de su actuación
personal desligada totalmente de sus
funciones públicas, ha puesto en evidencia
–posiblemente sin quererlo—el alto grado de
perversidad que se esconde en las entretelas
de nuestra política vernácula”.
Para
estos hijos de Tuta amantes de You Tube,
deberían de buscar allí mismo al presidente
francés Nicolas Sarkozy, al sonado Aznar de
España, etc., que han sido filmados en
estado de ebriedad sin mayores
consecuencias. ¿Acaso ha amagado con dimitir
por ello el presidente francés?
Repetiré aquí lo que dije el recién pasado
viernes públicamente en Radio América, en el
Noticiero El Minuto, al periodista Emanuel
Tercero: El canciller Milton Jiménez Puerto,
en gesto muy responsable, se precipitó al
poner su renuncia, y también se precipitó el
presidente Mel Zelaya al aceptársela, pero,
mientras hay vida todo puede corregirse y
ahora que han pasado los días y el
pensamiento ha salido del shock y puede
verse más claro lo acontecido, no queda duda
que tanto renunciar irrevocablemente como
aceptar la renuncia sólo es aceptar que los
hijos de Tuta se han salido con la suya. No,
no puede ni debe actuarse, mucho menos
gobernarse, a voluntad de los hijos de Tuta.
Si a
algún hijo de Tuta no le ha parecido lo que
aquí he escrito, pues que se lance y me
ataque con nombre y apellido, ya veremos
quién sale vencedor en un duelo intelectual
y de conocimiento de nuestra historia
patria… Ahhh, pero se me olvidaba que los
hijos de Tuta son cobardes, nunca dan la
cara, aman la puñalada trapera, y si alguien
logra identificar a uno de ellos y lo reta
para arreglar cuentas, uno no puede
acercársele porque en ese instante el hijo
de Tuta es incapaz hasta de controlar sus
necesidades fisiológicas. ¡Y qué apesta un
hijo de Tuta!
*
Roberto Quesada: Escritor y diplomático
hondureño, autor de varios libros, entre los
que destacan Big Banana (Seix Barral), Nunca
entres por Miami (Mondadori) Los barcos (Baktún),
La novela del milenio pasado (Tropismos,
Salamanca), y es Consejero de la Misión de
Honduras ante las Naciones Unidas.