ARTICULO 3.- Nadie debe
obediencia a un gobierno usurpador ni a
quienes asuman funciones o empleos
públicos por la fuerza de las armas o
usando medios o procedimientos que
quebranten o desconozcan lo que esta
Constitución y las leyes establecen. Los
actos verificados por tales autoridades
son nulos. El pueblo tiene
derecho a recurrir a la insurrección en
defensa del orden constitucional.
Los
señores Micheletti y Lobo acompañados por
sus adláteres y esa desvergüenza llamada
Democracia Cristiana manipulada por el Sr.
Corrales han dado un paso más hacia su
destrucción.
No creo
(me es imposible imaginarlo pues lo
contrario significaría que existe un grave
problema mental) que a estas alturas los
hondureños no sepan claramente que clase de
sinvergüenzas y que clase de vividores, a
costillas de los catrachos, son los
personajes citados.
Su última
jugada aprobando el “desvío” de fondos
públicos a los partidos políticos es una de
las más sucias que he tenido la oportunidad
de ver en mis años de vida y si los
ciudadanos no reaccionan es que Honduras se
merece lo que tiene.
El
estimado amigo Julio Escoto ha escrito con
claridad sobre el tema y por ello reproduzco
su artículo con la esperanza de que los
lectores de este blog tomen conciencia y,
además, lo transmitan en cadena (no sólo
Micheletti puede usarlas, también Ustedes) a
sus contactos.
¡ DESPIERTA HONDURAS !
——————————————————
Hace casi un siglo, el diez de enero de
1911, el puerto de Trujillo se estremeció
viendo desembarcar hombres armados del
paquebote Hornet fletado por el expresidente
Manuel Bonilla con apoyo de la Cuyamel Fruit
Company, quienes arribaban con propósito de
derribar al mandatario de turno mediante
otra de aquellas cruentas montoneras que
tanto daño causaron al país.
Era el
primer acto de un drama que se repetiría en
el escenario nuestro hasta generar
cansancio: fuerzas políticas que,
arrogándose derechos que el pueblo no les
había concedido, asediaban al poder y, una
vez logrado, lo ponían al servicio de sus
egoístas intereses personales y de gremio o
lo prostituían en beneficio de agentes
externos.
Por
setenta años lo consiguieron bajo diversos
disfraces -de colores rojo y azul- y se
hicieron dueños del Estado, al que
explotaron, esquilmaron y expoliaron robando
directamente, empleándolo para coimas y
sobornos, hipotecando sus recursos,
extrayéndole ilegales comisiones,
violentándolo y ejercitando con él las
fórmulas más abyectas de corrupción.
En 1982,
empero, la sociedad -no ellos- forzó un
cambio civil y contuvo, ojalá para siempre,
a los golpes de escritorio y de barraca,
abrió paso a la democracia y permitió
avizorar nuevos modos de progreso. La
canalla de los partidos tradicionales, sin
embargo, desesperaba por convertir, mediante
contrarreformas, a esa democracia en
plutocracia para su servicio y al fin lo
consiguió desde el Congreso Nacional el
jueves 10 de enero de 2008, aniversario de
aquella vendida contrarrevolución de 1911,
que tal era. Se consumaba así elasalto
final.
Cien mil
palabras podrían verterse sobre este aciago
suceso pero no las desperdiciaremos,
procuraremos sintetizar la verdad. Y la
primera es que los partidos Nacional y
Liberal deberían ser obligados -más que
procurarles fondos- a que los devolvieran a
la nación. No hay uno solo de sus caudillos
que no haya traicionado los principios
éticos de honestidad y dignidad desde el
gobierno, y si existen dos causas primarias,
viscerales y ancestrales de nuestro atraso
son precisamente ellos.
Su
responsabilidad histórica para que
prosigamos siendo considerados patria de
tercera categoría en el mundo es innegable,
irrefutable e imborrable, discutida y
defendida solo por sus fanáticos, ilusos y
comenances propagandistas, frecuentemente
asentados o alquilados desde el presupuesto
oficial. Es más, una auditoría forense
probaría hasta la saciedad su incapacidad y
repitencia de error, su incompetencia y
malicia, su inveterada filosofía de azadón
-todo en provecho propio- y el
inconmensurable afán de medrar siempre, de
minar al sistema para que por sus orificios
legales se les provea inagotables canonjías.
Si
alguien se atreviera a negar estas
realidades bastaría mostrarle los mustios
índices de desarrollo nacional, las tristes
estadísticas de avance alcanzado en los
recientes cien años en que hemos sido
gobernados por este zopilote bicéfalo -que
no águila, el águila es símbolo de altura-
predador y carroñero.
La
segunda es que somos excesivamente
consentidores como ciudadanos frente a esa
combinada claque. Una sabia amiga me
insistía rutinariamente en que “las personas
y las cosas le hacen a uno el daño que uno
les permite” y desde allí aprendí a confiar
pero igualmente a desconfiar, a interponer
ante las acciones humanas el filtro que
tamiza y dice si en una actitud determinada
ocurre torpeza involuntaria u ocurre maldad.
Y lo que acabamos de presenciar el 10 de
enero -la conjunción de los opositores para
una picardía común- solo puede catalogarse
dentro de los cartabones de la maldad.
Pues no
otros son los adecuados calificativos.
Asignando un lempira o mil millones de ellos
para sus juegos electorales, sustraen al
país lo imprescindible para la consecución
de su bienestar. Instituyen además lo peor
que pueda ocurrirnos: una futura escuela de
políticos -vacíos políticos sin propuestas,
ideología ni formación- pagados por nosotros
mismos para que perfeccionen sus artes
vanas.
Legitiman
asimismo su ilegal y consuetudinario
usufructo de los bienes del Estado ya que de
ahora en delante sobrarán candidatos y
aspirantes a todos los cargos públicos: hay
fácil dinero de sobra. Peor aún, el
precedente de manipular, acomodar y variar
las leyes al gusto de cada cual y sus
circunstancias destruye la
institucionalidad, vicia a la
jurisprudencia, corroe a la república
invitándola al caos.
Solo quedan la resistencia y el
derecho a la rebeldía que otorga la misma
Constitución, esto no puede
quedar así, sería vergüenza colectiva,
borregos envez de león. Deseamos pues que
convoquen ya en conjunto las fuerzas vivas,
empresarios y obreros, las iglesias, la
organización popular y los numismáticos
volubles maestros a jornadas continuas de
protesta a partir del 30 de enero, Día
Internacional de la No Violencia y de la
Paz, y que cívica y ordenadamente revirtamos
al grosero proceso, obliguemos a estos malos
hondureños a arrepentirse y corregir.
Vivimos
hartos de delincuencia y violencia, y por lo
mismo hoy de la congresional.
El
último asalto hacia lo correcto y lo justo
debe protagonizarlo el pueblo, sólo a él
corresponde escribir su biografía, una que
ya saturó sus páginas con engaño y decepción
y que por lo mismo debería quedar ejemplar
para siempre.
ULTIMA HORA
Después
de haber escrito lo anterior me topo con las
siguientes declaraciones del impresentable
Micheletti:
“En
mi condición de Presidente del Congreso
Nacional de la República, y habiendo
consensuado con casi la totalidad de
quienes integramos este poder del
Estado, comparezco en aras de contribuir
con la paz y la tranquilidad de nuestra
sociedad a reflexionar y actuar sobre lo
siguiente: Que la democracia aunque
imperfecta incuestionablemente es
preferible a cualquier otro sistema de
gobierno, y los partidos políticos
tienen un papel imprescindible en la
consolidación de la misma”.
Esto es
un signo de debilidad y porqué no de temor
de Micheletti, Lobo y Corrales el decir que
comparece tras haber consensuado con sus
compinches y en “aras de contribuir con la
paz y la tranquilidad”; también es un
reconocimiento de que no tienen su
conciencia tranquila.
Por otra
parte, decir que los partidos políticos son
imprescindibles en la consolidación de la
democracia es un intento de convencer a los
ciudadanos que mayoritariamente piensan lo
contrario, pues creen que los partidos son
una pura mierda (perdóneme, amable lector,
pero hay momentos en los que no se puede
andar con sutilezas en nuestro idioma) que
los está embadurnando a todos.
Los
partidos definitivamente no son necesarios
para que exista democracia; en Grecia, la
cuna de la misma, no existían y funcionaba
muy bien.
Los
partidos son un invento de mentes podridas
como las del mencionado triunvirato al
objeto de dominar la democracia y burlarse
de la misma.
No creo
que los hondureños sean tan crédulos como
para creerles sus mentiras. Ojalá que las
Organizaciones a las que han convocado no se
dejen manipular y engañar. Vamos a ver de
que están hechas cada una de ellas …
Iglesia, CNA, etc.
“Lo
que no admite tregua es la guerra contra
la pobreza y la corrupción. Debemos
salvaguardar la unidad e integridad de
la sociedad. Se pueden tener diversas
opiniones, sin que ello implique
considerar al que piensa distinto como
un enemigo al que hay que destruir.”
Jajajaja
… ¡pero que mentirosos y demagógicos son!.
¿Guerra a la pobreza?, ¿guerra a la
corrupción?; ¡pero si ellos son el ejemplo
viviente de la corrupción!. ¿A quien quieren
engañar?.
¿Que hay
que salvar la unidad y la integridad de la
sociedad?, … ¿por qué no comienzan ellos por
ser los primeros en no atacarlas con sus
acciones?.
¿No hay
que destruir al que piensa distinto?, …
¿porque no comienzan ellos a aplicarse ese
consejo?, ¿a cuantos disidentes con su
pensamiento han destruido en su paso por la
política catracha?. En lo personal, pienso
que ese trío son unas cucarachas a las que
hay que aplastar de una vez por todas y
sacarlas de la política hondureña y los
hondureños tienen en su mano el producto
capaz de hacerlo … ¡su voto en las próximas
elecciones!.