HAMBRE DE JUSTICIA
Omar
Rivera
Adecentar la administración de justicia e intensificar la
lucha en contra de la corrupción se puede lograr si no se
nombra en las posiciones de dirección del Ministerio
Público, la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior
de Cuentas, a lacayos de los partidos políticos y mucho
menos a mayordomos de los grupos económicos del patio
nacional.
No es
histeria colectiva, ni la caravana de los acarreados, mucho
menos una furtiva estrategia gubernamental, simplemente, la
gente se canso de esperar una respuesta a las demandas de
justicia y paro a la impunidad.
Lo que
al inicio parecía para muchos un capricho de un grupo de
fiscales resentidos y marginados, resulto siendo la mas
grande muestra de insatisfacción popular de los últimos
años.
Los
fiscales en huelga de hambre han sido la voz de los sin voz,
la voz de los que gimen por ponerle una tranca a esa ancha
avenida por la cual transitan los corruptos en Honduras;
piden, fundamentalmente, que se “desengaveten” los
expedientes que por actos ilícitos se tienen en poder del
Ministerio Público y en los cuales se tratan casos de
pillaje estatal y privado que involucran a reconocidos
personajes de la vida empresarial y política del país.
Y es
que resulta raro que estos casos en los cuales los
protagonistas son hombres tan poderosos como Rafael Ferrari
o Miguel Pastor, el Ministerio Público no haya sido tan
diligente como los es en contra ciudadanos “comunes y
corrientes” que transgreden la Ley quienes son tan
merecedores de una sanción por su delito como cualquier
encopetado de cuello blanco.
La
clase política nacional tiene un enorme reto histórico,
pueden ser condenados a la hoguera del repudio por intentar
preservar el putrefacto orden establecido o dar muestras que
han decidido propiciar el cambio.
“Urge
el cambio, urge Mel”. Hace cuatro años ese era el slogan del
actual titular de la administración pública en plena campaña
electoral, y este lema lo repetían con vehemencia los
actuales diputados liberales quienes eran sus principales
activistas. Hoy se ha presentado una extraordinaria
oportunidad para convertir las palabras en hechos concretos.
La gente quiere un cambio, sería un soberano error y falta
de consideración con la población no responder a este
anhelo.
La
gente pide una muestra palpable de la voluntad política que
tienen nuestros gobernantes de transformar este estercolero
en un ámbito en el cual impere la Ley y la justicia, y la
honestidad sea una norma de conducta en el funcionario y en
el empresario que hace negocios con el Estado.
Y la
suspensión del Fiscal General es lógica, al tenor de ser
acusado de constituirse en el principal operador de los
poderes fácticos y partidarios a lo interno del Ministerio
Público, es él a quien se le atribuye meterle hielo a las
acciones en contra de la banda del gasolinazo y los
pandilleros quiebrabancos, en otros casos. Él ha sido
públicamente acusado por sus propios subalternos de
entorpecer las acciones conducentes a que se cumpla el
mandato esencial de la Fiscalía, y en procura de auditar los
procesos en mención, sin la injerencia de las partes en
conflicto, es pertinente que Leonidas Rosa Bautista, y todo
aquel acusado en similar situación, este fuera de la esa
dependencia estatal.
Además, una Junta Interventora o Comisión Especial, bien
podría, además de evaluar el adecuado manejo de los
expedientes mencionados, determinar si hubo o no rompimiento
del orden institucional del Ministerio Público al ser
electos por el Congreso Nacional un Fiscal General y un
Adjunto “ultrajando la Constitución de la República y la Ley
de ese organismo” como lo han denunciado públicamente varias
organizaciones de la Sociedad Civil y gremios de
profesionales del derecho.
Yo he
visto como a funcionarios gubernativos de baja categoría, a
Alcaldes o miembros de Corporaciones Municipales, los
suspenden de sus cargos porque fiscales y jueces lo deciden
así, justificando tal providencia sobre la base que la
presencia de ellos en sus funciones públicas puede
entorpecer las investigaciones o el desarrollo de las
acciones contenciosas; si eso hacen con ellos, ¿Porque no se
puede hacer lo mismo con el Fiscal General del Estado?
La
margen del discurso oficial y del afán por guardar las
apariencias, todos sabemos que los operadores de justicia en
Honduras no están comprometidos con el justo propósito de
generar justicia para todos y de que todos sean tratados con
igualdad ante la Ley; existe una casta privilegiada que
actúa impunemente al amparo de la protección que les brindan
fiscales, jueces y policías. Esto hay que pararlo de una vez
por todas, seguro que podemos empezar ahora. Los líderes del
país tienen una excelente oportunidad.
Manuel
Zelaya Rosales y Roberto Micheletti, como liberales que
prometieron el cambio, deben dar muestras de su voluntad por
dar un giro al vía crucis que padecemos los hondureños,
deben pensar que estamos en un punto de inflexión que la
naturaleza propia de la historia nacional y el fastidio
colectivo lo estas propiciando. Ha llegado la hora de dejar
huella, Mel dejando un legado y Micheletti mostrando una
razón de peso para que la los electores puedan votar por él
en las próximas elecciones presidenciales.
Empezar a adecentar el Ministerio Público, atendiendo el
reclamo popular personificado en la petición de los fiscales
en huelga de hambre, permitirá demostrar que nuestros
gobernantes actúan en consonancia a las ansias colectivas, y
nos dará indicios que las cosas pueden cambiar, y que
podríamos esperar que de aquí en adelante se pueda limpiar
la administración de justicia e intensificar la lucha en
contra de la corrupción, lo que en gran medida pasa por no
colocar en las posiciones de dirección del Ministerio
Público, la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Superior
de Cuentas, a lacayos de los partidos políticos y mucho
menos a mayordomos de los grupos económicos del patio
nacional.
Tegucigalpa, MDC – 7 de mayo de 2008
Comentarios: ml_rivera@hotmail.com
LA
CORRUPCIÓN GUBERNAMENTAL: UN CRIMEN SOCIAL
Omar
Rivera
Si
los recursos perdidos por concepto de la corrupción fuesen
repartidos entre todos los municipios de Honduras, le
correspondería a cada uno de ellos Lps. 79 millones
anualmente, mas recursos de los que en décadas han podido
recaudar municipios tan pobres como San Manuel de Colohete
en Lempira o Yamaranguila en Intibucá
Las
actuaciones de cualquier funcionario estatal o empleado
gubernamental deben ser esencialmente honestas; la
honestidad debe ser un elemento básico de la conducta del
servidor público.
La
falta de honestidad en la administración gubernativa, mas
que un asunto moral o ético, es una temática de
implicaciones sociales, pues genera atraso, subdesarrollo y
muerte; si muerte, porque miles de niños y niñas, hombres y
mujeres, ancianos y ancianas, mueren por la falta de
servicios públicos que bien podrían dotarse o mejorarse.
Todos debemos estar convencidos que la exclusión social y la
miseria aumenta en directa proporción al pillaje estatal.
Según
el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) y otras fuentes,
solo por defraudación y evasión fiscal, Honduras deja de
recaudar Lps. 10 mil millones cada año; asimismo, un estudio
del Foro Social de la Deuda Externa en Honduras (FOSDEH)
señala que el país pierde Lps. 38 millones diarios por actos
de corrupción.
¿Cuantos niños y niñas podrían completar su enseñanza
primaria si se invirtiera en crear nuevas plazas de maestros
y se mejoraran las instalaciones educativas con parte de
esos miles de millones de lempiras que empresarios eluden
pagar a la Dirección Ejecutiva de Ingreso (DEI) en
complicidad con negligentes recaudadores de impuestos o
corruptos auditores fiscales?
Yo les
aseguro que nuestros infantes tendrían mejores condiciones
físicas para saborear el pan del saber y la calidad de los
maestros fácilmente podría elevarse asignándose mas recursos
al sector educación.
¿Qué
tanto se podría reducir la tasa de mortalidad
materno-infantil o los índices de prevalencia de VIH-SIDA en
la costa caribeña o la incidencia del mal de Chagas en San
Francisco de Opalaca si se utilizaran los mas de mil
millones mensuales que se roban los burócratas hondureños?
Utilizando adecuadamente los recursos que hoy se embolsan
los trabajadores del Estado se mejorarían las clínicas para
atención de los recién nacidos, se les daría seguimiento y
control a los embarazos y se podría garantizar que cada
parto se realizara con asistencia de personal sanitario
especializado, también invirtiendo en educación sexual se
podría disminuir el contagio de enfermedades de transmisión
sexual y se podrían mejorar las condiciones de las viviendas
de techo vegetal de las familias que hoy se exponen a ser
afectados por la enfermedad transmitida por la chinche
picuda en el occidente del país.
¿Cuántos hondureños saldrían de la pobreza si la corrupción
fuese controlada en Honduras, si esa voracidad criminal del
funcionario gubernamental fuese aniquilada?
Miles
de hondureños saldrían de la pobreza, y para muestra un
botón: si los recursos perdidos por el Estado por concepto
de la corrupción, calculados el CNA y FOSDEH, fuesen
repartidos entre todos los municipios de Honduras, le
correspondería a cada uno de ellos la extraordinaria
cantidad de Lps. 79 millones anualmente, mas recursos de los
que en décadas han podido recaudar municipios tan pobres
como San Manuel de Colohete en Lempira, Concepción en Copán,
Yamaranguila en Intibucá o Iriona en Colon.
En
suma, no es por asuntos de honorabilidad que un funcionario
o empleado del gobierno debe hacer buen uso de los recursos
públicos o evitar cometer actos de corrupción, es
simplemente porque técnicamente bloquea la tarea del Estado
por cohesionar socialmente a su población, disminuyendo su
capacidad de respuesta a la demanda colectiva y generando
ingobernabilidad.
Al
margen de los abstractos asuntos de carácter moralista, el
burócrata debe estar consciente, para que no sea un criminal
social, un cruel genocida, que no debe ser corrupto, y los
operadores de justicia no deben permitir que impere la
impunidad en este tipo de casos, y la sociedad –con su
rechazo- debe contribuir a marginar de los círculos de
convivencia al bandolero de cuello blanco.
El
Progreso, Yoro – 1 de mayo de 2008
Comentarios: ml_rivera@hotmail.com
PRINCIPIOS RECTORES PARA UNA CORRECTA CONDUCTA BUROCRÁTICA
Omar
Rivera
La
eficiencia, la justicia y la vocación de servicio son
importantes valores en el marco de los cuales todo
funcionario o empleado público debe actuar; sin embargo, en
el ejercicio de la función gubernamental se le debe dar
especial prioridad a la honestidad.
En
Honduras urge que todos los funcionarios públicos se
adhieran a un Código de Conducta que norme las actuaciones
de los burócratas y altos funcionarios gubernamentales
respecto a los principios éticos que han de tutelar el
ejercicio de la función que desempeñan en la administración
pública nacional o municipal.
Ante
tanta corrupción, ineficiencia y falta de compromiso por
parte de los empleados públicos, se deben establecer los
principios rectores de los deberes y conductas que los
incrustados en el gobierno devienen obligados a respetar
respecto a los valores éticos que han de regir la función
pública.
Entre
todos estos valores, la eficiencia, la justicia, la vocación
de servicio y la honestidad son los mas importantes, son los
que deben ser factor determinante para la ejecución de
acciones de los servidores públicos.
El
servidor público debe ser eficiente, ser capaz de lograr los
objetivos de la entidad en la que labora empleando los
mejores medios posibles, en observancia y estricto
cumplimiento de las normas administrativas y jurídicas
establecidas por el marco legal aplicable.
Debe
ser justo, es decir, saber decidir a quien le pertenece cada
cosa por derecho, procurando que cada quien sea satisfecho
en su demanda en relación directa a su necesidad, y que a
cada quien se le exija contribuir de acuerdo a su capacidad.
El
burócrata debe estar consciente que su papel esta
fundamentalmente relacionado al servicio público, que la
vocación de servicio es condición sine qua non para el
adecuado cumplimiento de su rol en la administración
gubernamental; el servidor publico debe estar convencido que
su papel tiene relación directa con servir a los ciudadanos
en general, que no debe tener otra motivación interés mas
que el diligente cumplimiento que las tareas asignadas por
la Ley o sus superiores, y que debe con celeridad y eficacia
satisfacer las necesidades del contribuyente que solicita un
servicio.
Estos
tres valores –la eficiencia, la justicia y la vocación de
servicio- son importantes y se debe propender a la
combinación optima de ellos para el logro de un buen
desempeño en la gestión gubernativa; sin embargo, en el
ejercicio de la función pública administrativa de cualquier
funcionario estatal se le debe dar especial prioridad a la
honestidad.
Para
que un burócrata sea considerado honesto, debe ser coherente
con visión, misión y valores institucionales de la entidad
en la que labora; debe actuar tomando en cuenta que siempre
deben anteponerse los intereses de los ciudadanos a los
propios, evitando enriquecerse ilícitamente a través de
actos corruptos y no permitiendo que otros lo hagan también.
Cualquier actuación en deterioro de la colectividad,
predestinado al beneficio particular o de grupos
privilegiados de los servidores públicos o de terceras
personas, es inadmisible para un correcto funcionario o
empleado gubernamental.
El
costo de la corrupción es enorme en Honduras, tiene un
impacto social y político, al disminuir la capacidad del
Estado de responder a las demandas de los mas necesitados y
debilitar la institucionalidad oficial. En ese sentido,
mucho daño se le causa al país teniendo servidores públicos
corruptos, deshonesto y ladrones.
El
funcionario público debe ser honesto, integralmente honesto.
Debe ser transparente, tener una actuación cristalina de los
actos que ejecuta a diario, y debe rendir cuentas, informar
de sus realizaciones, aunque no medie solicitud al respecto.
Eficiente, justo, con vocación de servicio, pero
fundamentalmente honesto, así tiene que ser el burócrata
hondureño. Desde el mas encumbrado, para que de el ejemplo,
hasta el ubicado en la base de la pirámide estatal para que
le de soporte al andamiaje que presta servicios de carácter
colectivo.
Las
actuaciones de quienes trabajan para el Estado deben estar
alineadas con los principios antes mencionados, con estos
valores que se constituyen en los básicos para una correcta
gestión burocrática.
El
Progreso, Yoro – 27 de abril de 2008
Comentaros: ml_rivera@hotmail.com
"La Libertad, Sancho, es uno de
los más preciosos dones que a los hombres dieron los
cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que
encierra la tierra ni el mar encubre: por la Libertad,
así como por la honra, se puede y debe aventurar la
vida..."
Don Quijote de la Mancha