Gobierno reclama a 2 embajadas
por vincular a Honduras con
narcotráfico.
Tal
como expresé en mi anterior
artículo, desde que lo conocí
con motivo del programa de TV
DEBATE tomé aprecio al Sr.
Orellana Mercado pues vi en él
(no se si equivocadamente o no
pues es verdad que no lo conocía
a fondo) a un hombre que luchaba
por adecentar Honduras desde su
difícil puesto de Fiscal
General.
Sin
embargo, en los últimos tiempos
me ha decepcionado. Dejando a un
lado la cuestión personal de su
falta de respuesta a mi
requerimiento en relación con mi
expulsión cuando era Ministro de
Gobernación a la que debería
haber contestado en su calidad
de funcionario público,
últimamente pareciera que se ha
pasado al bando de los
demagogos; primero hablando
sobre la Directiva Europea
relacionada con los inmigrantes
(ojala se la haya leído para
enterarse bien de lo que dice) y
ahora haciéndose el “inocente”
sobre algo que conoce muy bien
puesto que en sus tiempos de
Fiscal ya enfrentaba esa
problemática … el narcotráfico
en Honduras.
No creo que
abone en nada a la imagen del Sr,
Orellana querer matar al
mensajero y hacer la del
avestruz ante un problema real
que afecta seria y gravemente a
su país. En todo caso y por
coherencia, deberá presentar,
también, una protesta al
“venerable” Comisionado Nacional
de los DDHH, Sr. Custodio, ya
que ha dicho claramente en
varias ocasiones que el
narcotráfico existe en Hibueras;
leer aquíy
aquísólo
por poner dos ejemplos de los
muchos que existen y que todos
los hondureños conocen salvo, a
lo que parece, el Sr. Ministro
de Relaciones Exteriores.
En lugar de
tomar buena nota y poner los
medios efectivos para combatir
ese flagelo, D. Edmundo le pide
explicaciones a dos Embajadas,
EEUU y Francia, [hecho en falta
a la mía, España, que como
siempre parece muda y ciega] y
les solicita ¡evidencias! de lo
que manifiestan:
“En
consecuencia sería
moralmente aceptable
presentar a nuestras
autoridades las evidencias
de dichas afirmaciones para
proceder de inmediato y de
no ser así que el señor
embajador se retractase ya
que dichas declaraciones
están generando
especulaciones que no le
hacen bien ni a los Estados
Unidos ni a Honduras”.
Bien sabe
el Sr. Orellana que las
evidencias
nunca se encuentranen
Honduras, tal como él me
comentaba en las cenas en las
que los invitados al ya
mencionado programa DEBATE nos
reuníamos tras la grabación del
mismo y en las que se producían
tertulias muy interesantes como
D. Edmundo seguramente
recordará.
Por
supuesto, me hace mucha gracia
cuando manifiesta a las
Embajadas que procederá de
inmediato. ¿Se refiere acaso a
la inmediatez con la que el
Estado hondureño todavía no ha
resuelto el asunto del
avión fantasmaque
aterrizó en Toncontín?. ¿O acaso
se refiere a la clarificación de
este asuntoque
todavía sigue en las tinieblas?.
¡D.
Edmundo, no dilapide
gratuitamente su credibilidad!
5 Comentarios a “¡D.
Edmundo, no dilapide
gratuitamente su
credibilidad!”
Para mayor
abundamiento e
información de
D. Edmundo
Orellana,
transcribo este
artículo de D.
José Antonio
Funes.
Narcoestado o
Estado
narcotizado
Hace mucho
tiempo, hace
muchos
gobiernos, que
la realidad de
Honduras huele a
podrido. No es
la primera vez
que se habla de
los riesgos de
que el país se
convierta en un
narcoestado.
Vengo escuchando
esto desde que
tengo memoria. Y
antes de que
Ramón Custodio
López hablara
del narcoestado
hondureño,
también se
habían referido
al tema el
cardenal Oscar
Andrés Rodríguez
y hasta el ex
embajador
estadounidense
Larry Palmer,
que igual se
marchó muy
“encariñado” con
este país.
Por eso me
resulta
incomprensible
que las
declaraciones
del embajador
francés Laurent
Dominati hayan
levantado tantas
ampollas. El
simplemente ha
citado una
afirmación de
Custodio López y
ha matizado que
se trata de “un
riesgo de
narcoestado” y
no de una
realidad.
Y ese riesgo
existe porque,
según el
embajador
Dominati, en
Honduras “no hay
un sistema
judicial
confiable, un
sistema de
investigación
efectivo, una
fuerza del
Estado
comprometida
para combatir el
crimen
organizado”.
Con apenas un
año de
desempeñar su
cargo en nuestro
país, el
diplomático
francés ya
conoce bien
cuáles son esas
tres grandes
fallas de
nuestro “sistema
democrático”. Y
hablo de sistema
porque esos
problemas se han
venido heredando
de gobierno a
gobierno en los
casi treinta
años de “vida
democrática” que
recuerdo.
Solamente en la
década de los
años 80 tuvimos
“un sistema de
investigación
efectivo” y “una
fuerza del
Estado
comprometida”,
no para combatir
el crimen
organizado sino
para perseguir,
torturar y
desaparecer a
los que se
consideraba
“enemigos de la
democracia”. Por
supuesto, para
entonces el
sistema
judicial,
compuesto por
jueces ciegos y
palaciegos de la
Doctrina de la
Seguridad
Nacional, ya
apestaba a
complicidad y a
injusticia.
El problema
actual no es que
nos abandone el
G-16 europeo si
no demostramos
voluntad de
ayudarnos a
nosotros mismos.
Nuestro gran
problema es que
ya estamos
tocando fondo.
Que este sistema
“constitucional
y democrático”
por el que
lucharon
nuestros
mayores, y el
que nos
enseñaron a
creer y aceptar
a regañadientes,
anda tan
perdido, tan
enloquecido, tan
hambriento que
ya está
devorando a sus
propios hijos,
como el terrible
Saturno. Ninguna
sociedad puede
sostenerse mucho
tiempo con un
sistema judicial
en el que no
cree nadie, en
un país donde la
gente deja la
justicia en las
manos cada vez
más cargadas de
Dios, porque no
confía ni en la
policía ni en
los jueces.
Ya nos está
pasando factura
esa forma
vergonzante de
elegir la
presidencia del
Poder Judicial,
el Fiscal
General y la
infame
repartición de
jueces y
magistrados al
servicio de un
grupo de
políticos y
empresarios
mafiosos. Un
sistema de
investigación
eficiente no
sólo requiere de
más policías o
más recursos,
requiere también
de un sistema
judicial
efectivo y
honesto que lo
acompañe. Pero
aquí volvemos a
tropezar con la
misma piedra. En
esa tierra de
nadie que deja
la ineficacia
policial, la
injusticia y la
impunidad es
donde el crimen
organizado
encuentra su
mejor caldo de
cultivo.
Ninguna
actividad
criminal a gran
escala puede
tener las
mínimas
posibilidades de
éxito si no
existen
autoridades
civiles y
militares
confabuladas.
Evidentemente,
todavía no hemos
llegado al nivel
de convertirnos
en un
narcoestado,
pero tenemos
todas las
condiciones para
llegar a serlo.
Lo peor es que
hay demasiada
pasividad frente
a esta amenaza.
El Estado ha
sido narcotizado
por los grupos
de poder que han
secuestrado la
justicia,
mientras el
resto de los
ciudadanos
vivimos
narcotizados por
la resignación,
la desidia y la
impotencia.
Incluso, frente
a la próxima
campaña
electoral no
faltarán
tentaciones a
algunos de
nuestros
políticos,
conocidos por
indecentes y
expertos en
chanchullos, de
cruzar esa
delgada línea
blanca. He allí
el riesgo.
Segun mi
particular
apreciacion, el
problema no es
solo de fallas
en el sistema
judicial, o de
la perenne
corrupcion de
los servidores
del Estado. Los
que vivimos en
carne propia el
sistema de
justicia
hondureño, conocemos
el conjunto
de elementos que
han provocado la
escalada en la
criminalidad en
Honduras -
Alejandonos,
claro, del tema
socio economico
-. En primer
lugar, la
cantidad de
pandilleros que
EEUU deporta. La
incapacidad de
los entes
preventivos para proteger
a quien lo
necesita.
Al ocurrir
un delito,
notamos la
ausencia
absoluta de
profesionalismo
en los agentes
que investigan
la escena del
crimen (deberiamos
importar aunque
fuera
temporalmente a
los agentes de
CSI New York), y
notamos como
todos, incluso
jueces,
fiscales,
policias,
periodistas y
curiosos, profanan
dicha escena.
Cuando por
alguna
casualidad y por
pura labor de
inteligencia
policial
(encapucharon a
alguien),
consiguen
detectar al
delincuente y lo
capturan, le
remiten el caso
al fiscal y este
hace el
requerimiento al
juzgado (cuando
el fiscal es
honesto). Ya en
el tribunal, el
juez le da
medidas
sustitutivas al
delincuente… y
se va para
su cueva. Sale
el susodicho
y le dice a los
testigos ”ya te
conozco” y de
repente, ya no
hay testigos.
¡Nadie vio nada!
Llega la
audiencia
inicial y el
fiscal no tiene
pruebas… ¿Qué
ocurre? Lo unico
que podria
ocurrir, el
delincuente ya
no es
delincuente.
Si por alguna de
esas
casualidades de
la vida llegaran
a proteger al
testigo lo
suficiente como
para que
comparezca a la
audiencia, alli
si entramos en
el tema de la
corrupcion
judicial…
Imaginense que
con la pobreza
del 99% de los
policias, de los
fiscales y de
los jueces,
venga
un personaje
vinculado a la
narcoactividad y
le ofrezca
cantidades que
incluyen 6 ceros
(a la derecha),
pues qué!
Sumese a todo
esto, que los
comentarios de
los paises
amigos, y por
los que protesta
el Gobierno, no
se estan
refiriendo solo
a
narcotraficantes
propiamente
dichos, sino a
todas las
personas que se
dedican a lavar
el dinero de
estas
actividades. A
nuevos ricos que
son veneradas
por todo el
populi y que
todos conocemos
- no nos
hagamos -. A
gentes
que levantaron
miles de
millones en la
ultima decada,
cuando antes
eran
simples mortales
que no miraban
con la que
perdian, pero
que ahora
aparecen a
diario en las
sociales de
todos los
periodicos,
junto a todos
sus compinches,
los cuatro ricos
de antaño y los
funcionarios de
Gobierno.
Esta tolerancia
y sobreproteccion
estatal es la
que motiva el
reclamo de los
paises
cooperantes. A
mi juicio, si
existiera una
voluntad sincera
del Gobierno de
mejorar el
status general,
le pediria a
estos paises
colaboracion
tecnologica y de
inteligencia.
Actuando así, a
Colombia no le
ha ido nada mal.
Claro, digo a
COLOMBIA, no
a Pedro ni a
Juan.
De que se
asustan(??!!!).
Este es un caso
mas del
antiquísimo
problema que
deben afrontar
las sociedades
cuando,
confiando en sus
mejores hijos
(as), les dan la
oportunidad de
disfrutar de las
mieles del poder
para,
infortunadamente,
convencerse que
también tienen
su precio.
Da pena, no por
Edmundo, sino
porque una vez
mas nuestra
Honduras se ve
defraudada en
sus esperanzas.
Honduras,
narcotizado.
Siempre ha
estado bajo los
efectos
alucinógenos del
dinero malhabido,
de manera que el
trafico de
influencias, la
avaricia, el
desorden
gubernamental y
otras yerbas no
son nada nuevo.
Que dos
funcionarios
diplomáticos de
paises serios
pongan el dedo
en la llaga nos
debe preocupar.
Aunque no queda
mas que en eso,
una preocupación
sin ocupación.
Don Edmundo
Orellana se esta
arrinconando
asimismo, quizá
acomodándose a
los placeres del
servicio
exterior.
Es interesante,
mencionar los
hombres del
presidente. Dime
con quien andas
y te dire quien
eres. Hay un
largo etcetera
de actos de
corrupción
relacionados al
crimen
organizado en
este gobierno.
No es de
extrañarse
entonces las
declaraciones de
los embajadores
de Francia y
USA, que ponen
en evidencia lo
que nosotros los
hondureños ya
sabemos pero que
no podemos
probar, debido a
las componendas
en los
organismos de
seguridad y
justicia, amen
de otras
instituciones.
El amor a la
chamba es
demasiado
fuerte, a tal
grado que los
que han tenido
reputación de
hombres probos,
ahora no pueden
tener criterio
propio para
enfrentar un
problema social
como el
narcotráfico,
acomodándose a
sus JEFES. El
hombre obedece
directrices de
palacio.
30 Julio 2008 a las 12:49
Para mayor abundamiento e información de D. Edmundo Orellana, transcribo este artículo de D. José Antonio Funes.
Narcoestado o Estado narcotizado
Hace mucho tiempo, hace muchos gobiernos, que la realidad de Honduras huele a podrido. No es la primera vez que se habla de los riesgos de que el país se convierta en un narcoestado.
Vengo escuchando esto desde que tengo memoria. Y antes de que Ramón Custodio López hablara del narcoestado hondureño, también se habían referido al tema el cardenal Oscar Andrés Rodríguez y hasta el ex embajador estadounidense Larry Palmer, que igual se marchó muy “encariñado” con este país.
Por eso me resulta incomprensible que las declaraciones del embajador francés Laurent Dominati hayan levantado tantas ampollas. El simplemente ha citado una afirmación de Custodio López y ha matizado que se trata de “un riesgo de narcoestado” y no de una realidad.
Y ese riesgo existe porque, según el embajador Dominati, en Honduras “no hay un sistema judicial confiable, un sistema de investigación efectivo, una fuerza del Estado comprometida para combatir el crimen organizado”.
Con apenas un año de desempeñar su cargo en nuestro país, el diplomático francés ya conoce bien cuáles son esas tres grandes fallas de nuestro “sistema democrático”. Y hablo de sistema porque esos problemas se han venido heredando de gobierno a gobierno en los casi treinta años de “vida democrática” que recuerdo. Solamente en la década de los años 80 tuvimos “un sistema de investigación efectivo” y “una fuerza del Estado comprometida”, no para combatir el crimen organizado sino para perseguir, torturar y desaparecer a los que se consideraba “enemigos de la democracia”. Por supuesto, para entonces el sistema judicial, compuesto por jueces ciegos y palaciegos de la Doctrina de la Seguridad Nacional, ya apestaba a complicidad y a injusticia.
El problema actual no es que nos abandone el G-16 europeo si no demostramos voluntad de ayudarnos a nosotros mismos. Nuestro gran problema es que ya estamos tocando fondo. Que este sistema “constitucional y democrático” por el que lucharon nuestros mayores, y el que nos enseñaron a creer y aceptar a regañadientes, anda tan perdido, tan enloquecido, tan hambriento que ya está devorando a sus propios hijos, como el terrible Saturno. Ninguna sociedad puede sostenerse mucho tiempo con un sistema judicial en el que no cree nadie, en un país donde la gente deja la justicia en las manos cada vez más cargadas de Dios, porque no confía ni en la policía ni en los jueces.
Ya nos está pasando factura esa forma vergonzante de elegir la presidencia del Poder Judicial, el Fiscal General y la infame repartición de jueces y magistrados al servicio de un grupo de políticos y empresarios mafiosos. Un sistema de investigación eficiente no sólo requiere de más policías o más recursos, requiere también de un sistema judicial efectivo y honesto que lo acompañe. Pero aquí volvemos a tropezar con la misma piedra. En esa tierra de nadie que deja la ineficacia policial, la injusticia y la impunidad es donde el crimen organizado encuentra su mejor caldo de cultivo.
Ninguna actividad criminal a gran escala puede tener las mínimas posibilidades de éxito si no existen autoridades civiles y militares confabuladas. Evidentemente, todavía no hemos llegado al nivel de convertirnos en un narcoestado, pero tenemos todas las condiciones para llegar a serlo. Lo peor es que hay demasiada pasividad frente a esta amenaza. El Estado ha sido narcotizado por los grupos de poder que han secuestrado la justicia, mientras el resto de los ciudadanos vivimos narcotizados por la resignación, la desidia y la impotencia. Incluso, frente a la próxima campaña electoral no faltarán tentaciones a algunos de nuestros políticos, conocidos por indecentes y expertos en chanchullos, de cruzar esa delgada línea blanca. He allí el riesgo.
30 Julio 2008 a las 19:28
Segun mi particular apreciacion, el problema no es solo de fallas en el sistema judicial, o de la perenne corrupcion de los servidores del Estado. Los que vivimos en carne propia el sistema de justicia hondureño, conocemos el conjunto de elementos que han provocado la escalada en la criminalidad en Honduras - Alejandonos, claro, del tema socio economico -. En primer lugar, la cantidad de pandilleros que EEUU deporta. La incapacidad de los entes preventivos para proteger a quien lo necesita.
Al ocurrir un delito, notamos la ausencia absoluta de profesionalismo en los agentes que investigan la escena del crimen (deberiamos importar aunque fuera temporalmente a los agentes de CSI New York), y notamos como todos, incluso jueces, fiscales, policias, periodistas y curiosos, profanan dicha escena. Cuando por alguna casualidad y por pura labor de inteligencia policial (encapucharon a alguien), consiguen detectar al delincuente y lo capturan, le remiten el caso al fiscal y este hace el requerimiento al juzgado (cuando el fiscal es honesto). Ya en el tribunal, el juez le da medidas sustitutivas al delincuente… y se va para su cueva. Sale el susodicho y le dice a los testigos ”ya te conozco” y de repente, ya no hay testigos. ¡Nadie vio nada! Llega la audiencia inicial y el fiscal no tiene pruebas… ¿Qué ocurre? Lo unico que podria ocurrir, el delincuente ya no es delincuente.
Si por alguna de esas casualidades de la vida llegaran a proteger al testigo lo suficiente como para que comparezca a la audiencia, alli si entramos en el tema de la corrupcion judicial…
Imaginense que con la pobreza del 99% de los policias, de los fiscales y de los jueces, venga un personaje vinculado a la narcoactividad y le ofrezca cantidades que incluyen 6 ceros (a la derecha), pues qué!
Sumese a todo esto, que los comentarios de los paises amigos, y por los que protesta el Gobierno, no se estan refiriendo solo a narcotraficantes propiamente dichos, sino a todas las personas que se dedican a lavar el dinero de estas actividades. A nuevos ricos que son veneradas por todo el populi y que todos conocemos - no nos hagamos -. A gentes que levantaron miles de millones en la ultima decada, cuando antes eran simples mortales que no miraban con la que perdian, pero que ahora aparecen a diario en las sociales de todos los periodicos, junto a todos sus compinches, los cuatro ricos de antaño y los funcionarios de Gobierno.
Esta tolerancia y sobreproteccion estatal es la que motiva el reclamo de los paises cooperantes. A mi juicio, si existiera una voluntad sincera del Gobierno de mejorar el status general, le pediria a estos paises colaboracion tecnologica y de inteligencia. Actuando así, a Colombia no le ha ido nada mal. Claro, digo a COLOMBIA, no a Pedro ni a Juan.
31 Julio 2008 a las 8:43
De que se asustan(??!!!). Este es un caso mas del antiquísimo problema que deben afrontar las sociedades cuando, confiando en sus mejores hijos (as), les dan la oportunidad de disfrutar de las mieles del poder para, infortunadamente, convencerse que también tienen su precio.
Da pena, no por Edmundo, sino porque una vez mas nuestra Honduras se ve defraudada en sus esperanzas.
Henry Tames
31 Julio 2008 a las 8:53
Honduras, narcotizado. Siempre ha estado bajo los efectos alucinógenos del dinero malhabido, de manera que el trafico de influencias, la avaricia, el desorden gubernamental y otras yerbas no son nada nuevo.
Que dos funcionarios diplomáticos de paises serios pongan el dedo en la llaga nos debe preocupar. Aunque no queda mas que en eso, una preocupación sin ocupación.
Don Edmundo Orellana se esta arrinconando asimismo, quizá acomodándose a los placeres del servicio exterior.
Es interesante, mencionar los hombres del presidente. Dime con quien andas y te dire quien eres. Hay un largo etcetera de actos de corrupción relacionados al crimen organizado en este gobierno. No es de extrañarse entonces las declaraciones de los embajadores de Francia y USA, que ponen en evidencia lo que nosotros los hondureños ya sabemos pero que no podemos probar, debido a las componendas en los organismos de seguridad y justicia, amen de otras instituciones.
31 Julio 2008 a las 9:23
El amor a la chamba es demasiado fuerte, a tal grado que los que han tenido reputación de hombres probos, ahora no pueden tener criterio propio para enfrentar un problema social como el narcotráfico, acomodándose a sus JEFES. El hombre obedece directrices de palacio.