Desde hace bastante
tiempo he venido escribiendo repetidamente sobre la impunidad de la que
gozan los bancos (instituciones financieras) para cometer sus abusos, la
última hace muy poco en este mismo blog.
Ellos han sido los
causantes principales de la crisis mundial que estamos viviendo por su
avaricia sin límite; avaricia que ha sido propiciada claramente por la
complicidad de muchos gobiernos que no han sabido cumplir con su
obligación para con las mayorías y han permitido la usura sin límite a
estos depredadores del ciudadano común que siempre queda indefenso ante
sus tropelías. Encima ahora resulta que tenemos que ayudarles, con
nuestros impuestos, a sobrevivir de la crisis que ellos mismos han
provocado; y es curioso que mientras ellos suplican ayuda a diestra y
siniestra, tratan como a perros a sus propios deudores que se las ven y
se las desean para hacer frente a sus obligaciones por culpa,
precisamente, de esas instituciones financieras que los han estado
exprimiendo por años para obtener multimillonarios beneficios. La
pregunta del millón es precisamente ¿dónde están todos esos millones que
en las vacas gordas nunca fueron repartidos con los que ahora son
llamados a ayudarlos?.
Ha llegado,
inexcusablemente, la hora de poner en cintura a esta fauna altamente
nociva para la salud financiera del mundo y de sus ciudadanos y me
alegro de escuchar voces muy autorizadas que coinciden con mis ideas.
Para botón de
muestra les dejo tres: Carlos Slim, Joseph Stiglitz y
Paul Krugman.
Carlos Slim ataca a bancos; recrimina tasas
de tarjetas de crédito
Carlos Slim
regañó a los bancos ayer; les recriminó las tasas de las tarjetas de
crédito. “Son
impagables”, dijo. La lógica del hombre más rico de
México es impecable: con tasas tan altas, frente a la actual crisis
y el seguro incremento del desempleo, qué quieren, ¿que la gente
pierda su capacidad de pago y aumentemos el volumen de cartera
vencida? Hay que recordar que Slim tiene banco, pero el financiero
más brillante del país es también empresario, y al recriminar no se
daría un balazo en un pie. Vea: su tarjeta, la EFE Clásica de
Inbursa, tiene un Costo Anual Total (CAT) de 60.4%, frente a otras
como la Spira Clásica de Invex, que anda en ¡113.4%!, o tres de
Santander, que rondan entre casi 90% y 110%. O las de Bancomer, las
de Banamex. Uff. Por algo el señalamiento de Slim.
Stiglitz: La nacionalización es la única
respuesta. Estos bancos están, efectivamente, en bancarrota.
Joseph Stiglitz
recibió el Premio Nobel de Economía en 2001. Bajo el Presidente Bill
Clinton fue presidente del Consejo de Asesores Económicos de 1995 a
1997. Fue economista principal del Banco Mundial de 1997 a 2000 y
autor principal del Informe del Panel Intergubernamental sobre
Cambio Climático de 1995, el cual recibió el Premio Nobel de la Paz
compartido. Actualmente es profesor en la Universidad Columbia en
Nueva York.
DW-WORLD:
Muchos expertos temen que aunque las cosas están mal ahora, aún no
hemos visto lo peor de la crisis. ¿Comparte usted la creencia de que
nos enfrentamos a un largo descenso que pudiera rivalizar con la
gran depresión?
Joseph
Stiglitz: Vivimos en un mundo muy diferente al de la Gran Depresión.
Entonces teníamos una economía de manufactura. Ahora tenemos una
economía del sector de servicios. Muchas personas en Estados Unidos
ya están trabajando parte del tiempo porque no pueden conseguir
trabajo de tiempo completo. La gente están hablando más acerca de
medidas coherentes de desempleo, y estas muestran un desempleo de
muy altos niveles, alrededor de 15 por ciento. Así que es claramente
un descenso serio. Otra gran diferencia entre ahora y la Gran
Depresión es que entonces no teníamos una red de seguridad. Ahora
tenemos seguro de desempleo.
DW: Los
economistas Nouriel Roubini y Nassim Taleb, quienes predijeron el
descenso de la economía global, han hecho un llamado para la
nacionalización de los bancos a fin de detener la debacle económica,
¿Está usted de acuerdo?
Stiglitz: Lo
cierto es que los bancos están en muy mala situación. El gobierno de
EE.UU. ha vertido cientos de miles de millones de dólares con muy
pocos resultados. Los ciudadanos norteamericanos se han convertido
en propietarios mayoritarios de un gran número de bancos
importantes. Pero no tienen el control.
Cualquier sistema que
tenga una separación de la propiedad y el control es una receta para
el desastre.
La única respuesta es la nacionalización.
Esos bancos ciertamente están en bancarrota.
DW: El
Instituto Internacional de Finanzas estima que el flujo privado de
capital hacia los países en desarrollo se reducirá en unos dos
tercios. ¿Estamos llegando a una situación en la que pudiéramos ver
un colapso total de muchos países en desarrollo?
Stiglitz:
Pienso que muchos gobiernos de naciones emergentes en realidad
tienen un sistema bancario central mucho mejor que el de Estados
Unidos. Ellos comprendieron los riesgos de exceso de influencia, la
excesiva dependencia en los préstamos de bienes raíces, así que
realizaron acciones mucho más prudentes. Muchos países en desarrollo
también acumularon grandes reservas y están en mejor situación para
enfrentar esta crisis que hace una década.
Pero algunos se
enfrentarán a tiempos muy difíciles, suspensión de pagos. Algunos de
estos países están sufriendo por haber prestado demasiada atención a
lo que ha estado sucediendo en Estados Unidos.
DW: ¿Se deben
tomar medidas para ayudar a esos países en desarrollo?
Stiglitz:
Definitivamente. Pienso que es absolutamente imperativo no solo en
interés de esos países, no solo desde una perspectiva humanitaria,
sino desde una perspectiva de estabilidad global. No es posible
tener una fuerte economía global cuando hay grandes zonas de
agitación económica.
El Banco
Mundial ha hecho un llamado a los países industrialmente avanzados
para que a medida que rescaten a sus propias industrias y brinden
subsidios, separen algunas cantidades para los países en desarrollo,
los cuales no pueden competir en este desigual campo de juego.
DW: El
Presidente Obama atacó a los bancos por pagar miles de millones en
regalías a los ejecutivos mientras estaban aún al borde del colapso.
¿Está usted de acuerdo con él de que su comportamiento es
“vergonzoso” e “irresponsable”?
Stiglitz:
Sí, es vergonzoso e
irresponsable. Pero no es una sorpresa… durante años
los ejecutivos de firmas norteamericanas han defendido sus
escandalosas compensaciones, diciendo que es importante como plan de
incentivo. ¿Cómo se pueden entregar bonos de miles de millones de
dólares cuando una firma ha tenido pérdidas records de miles de
millones de dólares? No
se les deben dar regalías, se les debe castigar. A
no ser que estén recompensando a la gente por fracasar.
DW: En su
discurso en el Foro Económico Mundial, la Canciller alemana Merkel
advirtió a EE.UU. acerca del proteccionismo y criticó los subsidios
a las fabricantes norteamericanos de autos. ¿Tiene ella razón? ¿Cree
usted que existe el peligro de que EE.UU. acuda a medidas
proteccionistas?
Stiglitz: Sí,
muy probablemente. Siempre hemos sabido que el proteccionismo adopta
dos formas. Tarifas y subsidios. Los subsidios distorsionan el campo
de juego al igual que las tarifas. Los subsidios son mucho más
injustos y aún más distorsionantes, porque mientras que los países
desarrollados pueden entregar subsidios, los países pobres no pueden
darse ese lujo. Los países ricos están distorsionando el nivel del
campo de juego al entregar grandes subsidios, no necesariamente con
intención de protección, pero con las consecuencias de la
protección.
DW: Merkel
recientemente hizo un llamado para la creación de un organismo
internacional de supervisión financiera, y está creciendo el
consenso a favor del tema. ¿Cuán realista cree usted que es que los
gobiernos y compañías entregarían la soberanía a una entidad
internacional?
La idea de
Merkel es muy importante y hace mucho que la apoyo. Tiene que haber
una coordinación de la política económica global más allá del FMI,
que ha fracasado, y del Banco Mundial. No se puede decir que debemos
tener fronteras abiertas sin una regulación global. Es inconcebible
que mientras avanzamos permitamos productos financieros que son muy
riesgosos, fabricados en países con regulación inadecuada, que
vengan sin regulación a Estados Unidos y viceversa. Las compañías
internacionales que están comprometidas con la globalización
debieran estar a la vanguardia de este llamado a favor de la
regulación internacional.
Paul Krugman
El fracaso detrás de la victoria
Según los
parámetros políticos normales, la aprobación del paquete de
estímulos económicos por parte del Congreso fue una gran victoria
para el presidente Barack Obama
El mandatario
estadounidense obtuvo más o menos lo que pidió: casi 800 mil
millones de dólares para rescatar la economía, con la mayor parte de
ese dinero destinado a gasto y no a recortes fiscales ¡Ya podemos
destapar el champagne para celebrar!
O tal vez no.
Como no estamos en una situación normal no aplican los parámetros
políticos normales y la victoria de Obama es más bien una derrota.
La ley de estímulos parece útil pero inadecuada, especialmente si se
le combina con un decepcionante plan de rescate de bancos. Y la
política de lucha por el paquete de estímulos ha hecho que los
sueños pospartidistas de Obama sean una insensatez.
Comencemos con
la política.
Uno hubiera
esperado que los republicanos actuaran como si de verdad hubieran
recibido una lección en los primeros días de la administración
Obama, sobre todo teniendo en cuenta la paliza que recibieron en las
últimas dos elecciones y la debacle económica de los últimos ocho
años. Pero está claro que el compromiso del partido con la “economía
vudú” —impuesta en parte por grupos de presión dispuestos a producir
contendientes contra heréticos— es tan firme como siempre. Tanto en
la Cámara de Representantes como en el Senado, la mayoría de los
republicanos apoyó la idea de que la respuesta adecuada al abyecto
fracaso de los recortes fiscales de la administración Bush eran más
recortes fiscales al estilo Bush.
Y la respuesta
retórica de los conservadores al plan de estímulos —que costará
mucho menos que los 2 billones de dólares asignados por la
administración Bush a recortes fiscales o el billón de dólares, más
lo que se sigue acumulando, gastados en Irán— raya en lo patológico.
Es un “robo
generacional”, dijo el senado John McCain, apenas unos días después
de votar por los recortes fiscales que hubieran costado hasta cuatro
veces más en la próxima década. Es “destruir el futuro de mi hijas.
Es como sentarme a ver cómo una banda de ladrones saquea mi casa”,
dijo Arnold Kling del Instituto Cato.
La suciedad del
debate político es importante debido a que genera dudas sobre la
capacidad de la administración Obama de regresar por más en caso de
que, como es probable, la ley de estímulos demuestre ser
insuficiente.
Si bien Obama
obtuvo más o menos lo que pidió, con seguridad no pidió lo
suficiente. Probablemente estemos enfrentando la peor crisis
financiera desde la Gran Depresión. La Oficina de Presupuesto del
Congreso, que normalmente no tiene inclinación por las hipérboles,
pronostica que en los próximos tres años habrá una brecha de 2
billones 9 mil mdd de dólares entre lo que la economía podría
producir y lo que de hecho producirá. Y 800 mil millones de dólares,
aunque parece mucho, no es suficiente para reducir ese abismo.
De manera
oficial, la administración insiste en que el plan es adecuado para
las necesidades económicas, sin embargo, pocos economistas están de
acuerdo. Y en general se cree que ciertas consideraciones políticas
—como que Obama se comprometió con anticipación con la esperanza de
obtener más apoyo bipartidista— llevaron a establecer un plan más
débil y que contiene más recortes fiscales de los que debería. Ya
vimos lo bien que funcionó.
Ahora, las
posibilidades de que el estímulo fiscal resulte adecuado serían
mayores si estuviera acompañado por un rescate financiero efectivo,
uno que descongelara los mercados crediticios e impulsara de nuevo
la circulación del dinero. No obstante, el tan esperado anuncio
sobre los planes de la administración Obama en ese sentido, dados a
conocer esta semana, cayeron como un golpe seco.
El plan
esbozado por Tim Geithner, secretario del Tesoro, no era exactamente
malo pero sí ambiguo y dejó a todo el mundo preguntándose hacia
donde va realmente la administración. ¿Esas
sociedades entre el ámbito público y privado terminarán siendo una
manera encubierta de rescatar a los banqueros a expensas de los
contribuyentes? ¿o la requerida “prueba de esfuerzo”
actuará como una ruta hacia la nacionalización temporal de la
banca (solución que apoya un creciente número de
economistas, entre los que me incluyo)? Nadie sabe.
La intención en
general fue patear la lata unos metros para que avanzara y eso no es
suficiente. Hasta ahora la respuesta de la administración Obama a la
crisis económica mantiene muchas semejanzas con la de Japón en los
años 90: una expansión fiscal lo suficientemente importante como
impedir lo peor pero insuficiente para reactivar la recuperación
económica; apoyo para el sistema bancario pero renuencia a obligar a
los bancos a enfrentar sus pérdidas. Estamos en los primeros días de
la administración Obama pero vamos en picada. Y no sé ustedes pero
tengo una sensación desagradable en la boca del estómago, la
sensación de que Estados Unidos no está superando el mayor reto
económico de los últimos 70 años.
Probablemente a
los mejores no les hagan falta convicciones pero parecen estar
dispuestos a aceptar medidas a medias y los peores están, como
siempre, invadidos de intensidad pasional, ajenos al grotesco
fracaso de su doctrina en la práctica .
Todavía estamos
a tiempo de cambiar la situación pero Obama tiene que ser más fuerte
de ahora en adelante. De otra manera, el veredicto con respecto a la
posibilidad de superar la crisis será: “no, no podemos”.