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3. LA COMARCA DEL RÍO
NACIMIENTO: APROXIMACIÓN HISTÓRICA.
PREHISTORIA Y
EDAD ANTIGUA
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Esta comarca
almeriense atesora una importante memoria histórica, cuyo antecedente más
remoto son las pinturas rupestres como el friso de Portocarrero o los abrigos
del Peñón de las Juntas.
Sin embargo la
verdadera ocupación del valle comienza durante el Neolítico, tal como muestran
los abundantes restos de cerámica y molinos de manos dispersos por la zona, y
especialmente con la cultura de Los Millares, evidenciada en la necrópolis de
Los Milanes (Abla). Está formada por un conjunto de tholoi o tumbas circulares
colectivas (toda la familia) provistas de un corredor de acceso y cámara
funeraria cubierta con falsa cúpula.
La Edad del Bronce con
la cultura argárica multiplica los asentamientos en la zona y se distribuyen en
relación con los dos cursos de agua principales:
río Nacimiento y río
Abrucena. En el paraje de las Juntas han aparecido diversas cistas funerarias,
al igual que en las inmediaciones de Fiñana.
Pero el pleno
protagonismo de esta etapa se encuentra en el Bronce Final de comienzos del I
milenio a.X., representado en el yacimiento del Peñón de la Reina (Alboloduy),
un espolón orientado hacia el Sur dominando el pueblo actual, donde encontramos
viviendas de planta ovalada, una muralla y una cisterna para recoger el agua.
La elección del emplazamiento no es casual: un cerro elevado de laderas
escarpadas, individualizado sobre el entorno, en una posición dominante sobre el
paisaje y sobre el valle del río Nacimiento. |
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Panel de pinturas rupestres del friso
de Portocarrero |
Esta comarca
almeriense atesora una importante memoria histórica, cuyo antecedente más
remoto son las pinturas rupestres como el friso de Portocarrero o los abrigos
del Peñón de las Juntas.
Sin embargo la
verdadera ocupación del valle comienza durante el Neolítico, tal como muestran
los abundantes restos de cerámica y molinos de manos dispersos por la zona, y
especialmente con la cultura de Los Millares, evidenciada en la necrópolis de
Los Milanes (Abla). Está formada por un conjunto de tholoi o tumbas circulares
colectivas (toda la familia) provistas de un corredor de acceso y cámara
funeraria cubierta con falsa cúpula.
La Edad del Bronce con
la cultura argárica multiplica los asentamientos en la zona y se distribuyen en
relación con los dos cursos de agua principales:
río Nacimiento y río
Abrucena. En el paraje de las Juntas han aparecido diversas cistas funerarias,
al igual que en las inmediaciones de Fiñana.
 Moneda romana del emperador Trajano
procedente de Abla |
Pero el pleno
protagonismo de esta etapa se encuentra en el Bronce Final de comienzos del I
milenio a.X., representado en el yacimiento del Peñón de la Reina (Alboloduy),
un espolón orientado hacia el Sur dominando el pueblo actual, donde encontramos
viviendas de planta ovalada, una muralla y una cisterna para recoger el agua.
La elección del emplazamiento no es casual: un cerro elevado de laderas
escarpadas, individualizado sobre el entorno, en una posición dominante sobre el
paisaje y sobre el valle del río Nacimiento.
Su ocupación persiste
hasta el siglo VII a.X.
En estas fechas es
cuando comienza la influencia de los colonos del Mediterráneo Oriental, que nos
aportan elementos de desarrollo tales como la escritura, la moneda, un activo
comercio o la introducción del torno del alfarero, el hierro, el alfabeto, el
vino y el aceite. Simultáneamente se constata la presencia ibérica en Abla,
mencionada en la Geografía de Ptolomeo como una de las ciudades ibéricas de la
Bastetania o región del sur.
El desarrollo
económico y cultural se potenció durante la dominación romana. Estas huellas
son visibles en Abla en el mausoleo o el pedestal de Avitiano. También son
abundantes las lápidas en la zona, e incluso una villa romana con el Cortijo
Cecilio de Fiñana, en las faldas de Sierra Nevada.
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Almería en época romana. Principales
núcleos y vías de comunicación |
EDAD MEDIA
La crisis del Bajo
Imperio Romano (siglos III, IV y V) supuso la descomposición política del
Estado y un rápido proceso de ruralización marcando el inicio de la Edad Media.
El obligado retorno a la agricultura y el abandono de la costa difunden los
poblados agrícolas que aprovechan los fértiles valles del interior.
Tras la
rápida conquista del reino visigodo, por parte de los árabes beréberes,
Almería debió estar ya ocupada en el 713 cuando se firma el pacto de
Tudmir con la zona de Murcia y parte de Alicante.
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Los grupos de yemeníes
se instalan tanto en las fértiles vegas de la Alpujarra meridional como en todo
el arco del Andarax y Nacimiento hasta Fiñana. El Islam recién implantado
respeta el estatuto de los autóctonos cristianos y judíos. Pero las noticias
son escasas para Almería hasta la constitución del emirato omeya por
Abderrahmán I, que crea un auténtico estado islámico, que aumenta las tasas e
impuestos a las poblaciones vencidas. Esto dará origen a rebeliones del mundo
rural dirigidas por muladíes herederos de la nobleza hispano–visigoda deseosa
de mantener sus privilegios frente a las reformas de los Omeyas. El cabecilla
más importante será Umar Ibn Hafsun, quien dominará la Andalucía oriental hasta
ver sofocadas las fortalezas almerienses entre el 913 y el 923 por Abderrahman
III.
El califato
significará la consolidación del aparato estatal y la colonización rural
mediante complejos sistemas hidráulicos y la asociación de pequeños núcleos
habitados con fortificaciones. Fortalezas como el Castellón de Gérgal o el
Castillejo de Abrucena responden al modelo de castillo califal de itinerario,
en forma de recintos rectangulares con torres cuadradas en los ángulos y
fábrica de tapial, para el control de las comunicaciones de Baza y Guadix con
Almería. |
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Aljibe musulmán (Fiñana) convertido en
sala cultural |
Similar carácter
muestran la fortaleza del Peñón de las Juntas (Abla) o la Alcazaba de Fiñana,
ésta más extensa y espectacular, que se aprovechan de su ventajosa posición en
altura y escarpados accesos, de forma que cualquier asedio o asalto resultaba
demasiado costoso y sólo aseguraba el control de un pequeño territorio.
El papel
de estas fortalezas se reactiva durante la época almohade, y a esta
época pertenece una fortaleza situada próxima a la ermita de San
Gregorio (Gérgal), además de un importante protagonismo de El Castellón.
El periodo nazarí de
los siglos XIV y XV marca una constante guerra civil, especialmente entre
Boabdil y El Zagal, lo que facilita el avance cristiano.
Es el momento de
elevación de torres fortificadas en las alquerías y de diversos fortines para
el control del territorio, todo ello como muestra de una inestabilidad
política. Es el momento de construcción de la pequeña mezquita de Fiñana.
EDAD MODERNA.
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La conquista del
último territorio musulmán de la Península Ibérica en 1492 por los RR.CC. marca
el inicio de la Edad Moderna. Las capitulaciones o acuerdos permitieron a los
musulmanes mantener íntegramente sus bienes raíces así como libertades
personales, leyes propias, religión y cultura. Pero pronto faltó la voluntad política
de cumplir lo acordado y la convivencia entre musulmanes y cristianos nunca fue
fácil.
Tras el levantamiento
mudéjar (musulmanes bajo dominio cristiano) de 1500 contra el incumplimiento de
las capitulaciones, éstos serán obligados a bautizarse, verán prohibidas sus
costumbres y con ello pasarán a ser denominados moriscos. Muchos prefirieron
emigrar al Magreb.
Sin embargo la
población de nuestra Alpujarra almeriense continuaba siendo mayoritariamente
morisca (90% ), en contraposición a la minoría de cristianos viejos. Aquellos
constituían la base de la población rural, con una agricultura intensiva
obteniendo elevados rendimientos de cultivos sobre
bancales y paratas venciendo un relieve
abrupto, complementada con cultivo en secano de cereales y olivos.
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Guerra de los
moriscos
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La intransigencia
política y religiosa del periodo poco facilitaba la convivencia. Además los
moriscos se consideraban ultrajados por la Iglesia y la burocracia real. La
rebelión de 1568 se convirtió en un baño de sangre, sofocado por el marqués de
Los Vélez a finales de noviembre de 1569. Sucesos como la matanza de cristianos
en el castillo de Gérgal en la Navidad de 1568 ilustra el odio entre ambas
comunidades.
Pero además ahora se
implanta un nuevo modelo político y administrativo. La jurisdicción señorial
del sistema castellano es el pago de los RR.CC. a la nobleza que le apoyó en la
guerra de Granada. Fiñana, Abla y Abrucena fueron entregadas en señorío el 8 de
Marzo de 1501 a don Diego López de Haro, señor de Sorbas y Lubrín, aunque
posteriormente Fiñana quedará como territorio realengo. El Duque de Maqueda
obtuvo toda la zona baja del río Nacimiento, y el Señor de Gor, D. Sancho de Castilla
y Enríquez, recibe en 1504 el territorio de la antigua taha de Alboloduy, que
comprendía Alboloduy, Nacimiento y Sta. Cruz. El Conde de la Puebla obtuvo el
territorio de Gérgal, ampliado posteriormente hasta Velefique.
Pero la expulsión
morisca de 1571 creó un despoblamiento de la zona.
Ello exigía una
repoblación castellana y una administración de las haciendas confiscadas a los
moriscos, acusados de traición al rey. Los nuevos pobladores recibían unas
condiciones muy beneficiosas: casas en propiedad y tierras distribuidas en
suertes, pagando un diezmo de todo el producto, además del diezmo eclesiástico.
Esta distribución quedaría reflejada en un libro de apeo guardado en el
municipio. Pero ni el volumen poblacional ni el económico de los nuevos pobladores
recuperó el esplendor económico de la zona, que entrará en una profunda
decadencia.
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Torre mudéjar de la iglesia de Fiñana
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La casa–pósito del
duque de Gor en Nacimiento y algunas casonas muy transformadas en Abla,
caracterizadas en su cubierta por un tambor octogonal con 4 ventanales de iluminación
e interiormente por un cubierta de madera, son los únicos recuerdos de esa
nobleza rural. El deslinde en 1717 de los términos municipales de Abla,
Abrucena y Fiñana producirá enfrentamientos seculares que han llegado hasta
nuestros días en cuanto al reparto y aprovechamiento de las aguas de la sierra.
El catastro del
marqués de Ensenada de 1752, verdadero censo de personas, propiedades y bienes,
es un reflejo exacto de la realidad comarcal.
La producción de seda
continua siendo importante (muchos morales), y los árboles dominantes son las
higueras, árboles frutales y algunos olivos. Los montes eran comunales para
pastos y madera.
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Abrucena en el Catastro de Ensenada |
EDAD
CONTEMPORÁNEA
El siglo XIX significa
importantes cambios administrativos, como la segregación en 1834 de las nuevas
poblaciones de Dª María, Ocaña y Escúllar (hoy agrupadas en el único municipio
de Las Tres Villas), que desde tiempo atrás habían reclamado su emancipación.
Rambla Encira se abandona y la población se traslada a Nacimiento. Surgen gran
número de cortijadas.
La desamortización
eclesiástica favorecerá la concentración de la propiedad en unas pocas familias
hacendadas. La deforestación del monte y la desaparición de encinares seculares
van ligados a la presión de la minería y a un abandono de esta fuente de
riqueza. La repoblación del siglo XX con pinares de rápido crecimiento, es sólo
un sucedáneo, mientras los restos del encinar autóctono se refugia en
escondidas umbrías o en aisladas cumbres.
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Pero el siglo XIX se caracteriza
por la fiebre minera, actividad milenaria en nuestro poblamiento prehistórico
(El Argar o Los Millares), pero que ahora presenta un desarrollo espectacular
al hilo de la reciente revolución industrial, abriendo expectativas de trabajo
a los sectores populares y oportunidades de rápidas ganancias para la
burguesía.
Si la minería de plomo
de la sierra de Gádor se centra básicamente en la 1ª mitad del siglo XIX, las
explotaciones de nuestra comarca aprovechan la vertiente sur de la sierra de
Filabres o bien son punto de embarque del mineral extraído de Sierra Nevada,
como en el caso del cable procedente de Beires, que estuvo en activo hasta los
años 30 del siglo pasado.
Este «boom minero» se
integra en la denominada «Edad de hierro» de la minería almeriense (1885–1914),
en relación con la bonanza de la industria siderúrgica mundial en la época del
rearme militar previo a la Primera Guerra Mundial. Normalmente estas minas
están en manos de sociedades extranjeras o vizcaínas, que deben invertir grandes
capitales en infraestructuras de transporte hasta el embarque del hierro en la
costa, como consecuencia del bajo valor por tn. Ello obligará a construir
ferrocarriles y cables aéreos. |
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Puente de ferrocarril de la Rambla de
las Adelfas |
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Será una explotación
colonial, donde se exporta el mineral en bruto a los centros consumidores
europeos, salvo la calcinación para aumentar la pureza metálica. Esta minería
tendrá problemas con el cierre de mercados durante la Primera Guerra Mundial y
la crisis total será la depresión de los años 30.
Municipios como
Gérgal, con 5.000 habitantes a principios del siglo XX, quedaron despoblados,
al igual que los efímeros poblados mineros.
El único recuerdo
permanente será la vía del ferrocarril uniendo con la capital y el resto de
España, además de algunos espectaculares puentes para su trazado.
La economía familiar
retornó a la agricultura, con una cierta prosperidad en la 1ª mitad del XX
gracias al cultivo de la uva de mesa destinada a la exportación. Su crisis
determinará una fuerte emigración desde los años 60 a Europa.
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Animales en las faenas del campo, una
imagen ya poco habitual |
Sin embargo la
situación comienza a cambiar en la última década gracias al acercamiento a la
capital provincial y al resto de España con la apertura de la A92. El turismo
de interior, con un notable incremento de alojamientos rurales, y la búsqueda
de segundas residencias al pie del paisaje privilegiado de Sierra Nevada, han
mejorado sustancialmente las expectativas económicas.
Ahí el Patrimonio
Histórico recogido en estas páginas debe ser un elemento fundamental del
desarrollo, siempre en equilibrio con la preservación de un espacio natural
privilegiado. La declaración de Parque Nacional de este entorno también debe
significar una potenciación de estos municipios.
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