HUMEDALES ALMERIENSES

Dentro de un entorno árido como el que caracteriza a la mayor parte del litoral almeriense, donde los organismos están supeditados a un estrés hídrico casi constante, la presencia de un pequeño grupo de aguazales costeros contribuye sustancialmente a aumentar la biodiversidad de este rincón del Sudeste peninsular. Las no más de 2.000 ha de humedales almerienses son de vital importancia para multitud de especies de aves acuáticas y marinas, que los utilizan en sus movimientos migratorios entre Europa y África, durante la invernada y el estío o como zonas de reproducción durante la primavera (Paracuellos et al., 1994).

Pantano de Benínar. JJ Matamala Pantano de Cuevas de Almanzora. JJ. Matamala

La singularidad de las zonas húmedas de Almería se encuentra condicionada por tres factores fundamentales: 

(1) En primer lugar destaca su situación estratégica, que coincide con la de las rutas migratorias empleadas por multitud de aves durante sus pasos migratorios pre y postnupciales por la costa mediterránea ibérica entre Europa y el Norte de África, lo que añadido a la práctica ausencia de otros humedales costeros hasta el Estrecho de Gibraltar confiere a estos aguazales una gran importancia como áreas de alimento y descanso. 

(2) En segundo lugar, características climatológicas como la existencia de un invierno térmico o el elevado número de horas de insolación que caracteriza a estas latitudes convierten a estos hábitats en áreas idóneas para la invernada de un importante contingente de zancudas, anátidas y larolimícolas.

(3) Por último, pese a la aridez circundante, la mayor parte estos humedales mantienen niveles hídricos positivos, incluso durante el implacable estío del Sudeste ibérico. Esta situación en los humedales almerienses, debida a la presencia de importantes acuíferos subterráneos o a la inundación artificial de los terrenos, contrasta con la desaparición o disminución de las láminas de agua de la mayoría de las lagunas andaluzas en el verano, lo que aumenta el valor ecológico de los primeros, actuando como auténticos reservorios de vida durante los prolongados períodos de sequía que caracterizan a la Península Ibérica, en general, y al Sur de la misma, en particular. (Matamala y Matamala, 1991).

Lagunas de oxidación de Retamar y desembocadura de Rambla Morales. JJ Matamala Salar de Los Canos. JJ Matamala

Atendiendo a la definición de zona húmeda establecida por el Convenio Ramsar y utilizando a las aves acuáticas y marinas como bioindicadores se puede afirmar que los humedales más representativos de Almería están compuestos, de Oeste a Este, por el Pantano de Benínar, las Albuferas de Adra, las Salinas de Guardias Viejas, los Charcones de Punta Entinas-Sabinar, la Cañada de las Norias, las Salinas de Cerrillos, la desembocadura del Río Andarax, las lagunas de oxidación de Retamar, la desembocadura de la Rambla Morales, las Salinas de Cabo de Gata, la desembocadura del Río Aguas, el Salar de los Canos, la desembocadura del Río Antas, el Pantano de Cuevas del Almanzora, la desembocadura del Río Almanzora y las Salinas de Terreros.

Cabe destacar que, de los dieciséis aguazales mencionados, tan sólo cuatro poseen actualmente algún estatus de protección, mientras que de los catorce restantes dos han desaparecido a lo largo de la última década, presentando el resto importantes procesos de degradación del medio (Matamala, 2002)

A este rosario de aguazales prelitorales habría que añadir la presencia de algunas lagunas artificiales de los campos de golf de Almerimar (El Ejido) y Playa Serena (Roquetas de Mar) que presentan algunas singularidades en cuanto a su ornitocenosis acuática. (Paracuellos, 2001).

En las siguientes líneas se intentará realizar una breve síntesis de los aspectos más singulares de las localidades principales en este rosario de humedales, destacando aquellos que por su singularidad e importancia ambiental merecen un especial tratamiento.