|
Albuferas de Adra Las Albuferas de Adra (Adra) están compuestas principalmente por dos lagunas denominadas Albufera Honda y Albufera Nueva. En conjunto ocupan una extensión aproximada de 66 ha embutidas literalmente entre invernaderos (Fig. 1). El humedal, de aguas permanentes, aparece rodeado por un denso cinturón de vegetación palustre compuesto principalmente por carrizales (Phragmites australis), juncales (Juncus maritimus y juncus acutus) y eneales (Typha dominguensis y Typha latifolia) , que aísla a ambas lagunas de su entorno hostil y permite la aparición de multitud de formas de vida.
Situadas dentro de una cuenca endorreica, se nutren principalmente por las aguas de lluvia superficiales procedentes de las ramblas de Las Adelfas y de La Estanquera, así como por infiltraciones subterráneas del acuífero circundante. En las lagunas, la especie más abundante es la Focha común (Fulica atra), sedentaria al igual que la Gallineta común (Gallinula chloropus). Otros rálidos más escasos y raros son el diminuto Rascón europeo (Rallus aquaticus) o el llamativo Calamón común (Porphyrio porphyrio) (Paracuellos, 1991; Matamala et al., 2000). Los patos son el segundo grupo en abundancia y el primero en diversidad específica dentro de este humedal. Entre ellos destacan los ánades que, como el rabudo (Anas acuta), el friso (Anas strepera), el Silbón europeo (Anas penelope) o el Cuchara común (Anas clypeata), invernan en la zona. Otras anátidas como el Porrón europeo (Aythya ferina), el Ánade azulón (Anas platyrhynchos) y el Pato colorado (Netta rufina) son sedentarios y nidificantes en las lagunas. A mediados de los años 80 se incorporó a esta lista la Malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala; Fig. 2), que actualmente tiene en las Albuferas de Adra uno de los principales núcleos reproductores del Mediterráneo Occidental (Matamala et al., 1994).
Entre los zampullines destacan el común (Tachybaptus ruficollis) y el Somormujo lavanco (Podiceps cristatus), ambos nidificantes en la localidad. Por otro lado y al atardecer, cientos de Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) y Garcetas comunes (Egretta garzetta) van acomodándose sobre los cañaverales y carrizales donde pasarán la noche. Las gaviotas utilizan estas someras lagunas para descansar, mientras que los fumareles se alimentan de insectos a ras de su superficie. También, además de existir multitud de paseriformes, destacan las importantes concentraciones de Galápagos leprosos (Mauremys leprosa; Fig. 3) y Ranitas meridionales (Hyla meridionalis).
La presencia del Fartet (Lebias ibera; Fig. 4) constituye un elemento más de la biodiversidad de este hábitat. El pez, “en peligro de extinción”, ocupa buena parte de la cuenca del Río Adra y sus balsas de riego, constituyendo la única población andaluza de la especie (Paracuellos y Nevado, 1994; Matamala et al., 2002).
Declarada como Reserva Natural por la Junta de Andalucía (Matamala et al., 2000), las albuferas están incluidas en el Convenio Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia Internacional (Castro et al., 1998). Recientemente se ha propuesto su catalogación como Lugar de Interés Comunitario (Matamala et al., 2002). Desde 1998, año en el que fue adjudicado para el área un Proyecto Life de la Unión Europea (Nevado, 2002), viene realizándose un ambicioso proyecto de restauración del medio, en el que cabe destacar la propuesta de compra de los terrenos que separan sendas lagunas y que actualmente se encuentran ocupados por cultivos bajo plástico. Sin embargo, estas iniciativas no serán suficientes si no se toman las medidas necesarias que garanticen la protección definitiva del aguazal y que pasan inexorablemente por la eliminación progresiva de los invernaderos que rodean al mismo, los cuales aportan directa o indirectamente pesticidas y nutrientes (abonos) que producen un efecto continuado de contaminación y eutrofización de la lámina de agua (Paracuellos, 2001). |