|
Salinas de Cabo de Gata Situadas sobre una llanura litoral sedimentaria al Suroeste de la Sierra de Cabo de Gata, estas salinas son las únicas que permanecen en actividad industrial en Andalucía Oriental (Fig.12). La producción anual, que suele superar las 40.000 tm de cloruro sódico (Matamala y Matamala, 1998), se amontona en la zona industrial del recinto, formando blancas montañas que resaltan aún más la singular belleza de este rincón de la costa almeriense.
Paralelas a la línea de playa ocupan una extensión aproximada de 300 ha de terrenos inundables. Se nutren de agua marina a través de un complejo sistema de canalización que comunica al recinto salinero con un grupo de estanques, situados en la base de unos acantilados marinos próximos. Así mismo, reciben aportes por escorrentía superficial a través de las numerosas ramblas que desaguan en la zona y, especialmente, de las procedentes del glacis situado en el Barranco del Sabinal. En años especialmente lluviosos el área inundable puede ampliarse considerablemente, abarcando entonces terrenos situados al Oeste del complejo salinero que se asientan sobre arcillas y se encharcan fácilmente. El origen de estas explotaciones se remonta probablemente al período fenicio o cartaginés, como así lo pondría de manifiesto el origen púnico del término Charidemo que podría traducirse como promontorio de las ágatas.
Del período romano existen evidencias arqueológicas de una industria de salazón, situada junto a la cercana Ermita de Torregarcía. Sin embargo, este aprovechamiento ha sido muy irregular a lo largo de la historia, pasando de periodos de inactividad y de abandono, a otros de frenética producción. (Castro, 1993). La flora de este aguazal está compuesta principalmente por distintas especies de quenopodiáceas, destacando por su gran abundancia la Sosa alacranera (Sarcocornia fruticosa) y otras plantas halófilas. En algunas zonas del perímetro Norte, que reciben el aporte de agua dulce, aparecen carrizales y cañaverales más o menos densos, dependiendo del régimen anual de precipitaciones, mientras que los juncales tienen una distribución más amplia. Las formaciones de mayor porte se limitan a pequeños bosquetes de tarayes y de palmeras, apareciendo algún Azufaifo (Zizifus lotus) aislado, aunque la mayor parte de la llanura litoral aparece tapizada por matorrales y herbazales, entre los que destacan de prados de Pegamoscas (Ononis natrix). El pie de monte que separa las salinas de la sierra presenta formaciones vegetales en las que dominan palmitos (Chamaerops humilis) y cambronales (Licium intrincatum). Entre la vegetación subacuática destacan algas de superficie que cubren importantes extensiones a mediados del estío.
Sin embargo, la principal característica de este saladar es su abundante y diversa ornitocenosis acuática. A lo largo de los últimos veinte años hemos registrado a más de 115 especies de aves acuáticas y marinas. Esta elevada riqueza específica, que tan sólo se supera en un grupo muy reducido de aguazales europeos, se debe, en gran medida, al elevado porcentaje de aves que utilizan a estas salinas, como punto de descanso y avituallamiento en sus movimientos migratorios y que suponen más del 70% del cómputo total (Matamala, 1986; Matamala et al., 1987, 2002). La abundante presencia del Flamenco común (Fig. 8) a largo de todo el ciclo anual es una de las principales singularidades ornitológicas que presentan estas salinas, alcanzando cifras superiores a los 3.000 ejemplares durante los últimos días de julio y los primeros de agosto. El fracaso de sus repetidos intentos de nidificación en la zona, donde llegaron a construir más de 400 nidos durante 1990, obedece principalmente a una gestión inadecuada del espacio, consistente en la entrada de personas y mamíferos, como el Jabalí (Sus scrofa), en las principales áreas de aquerenciamiento durante el período reproductor, provocando el abandono reiterado de los intentos e incluso de las puestas. Un aumento de la vigilancia durante este periodo, la instalación de “pastores eléctricos” en dicho perímetro y la prohibición de entrada de personas en el recinto durante esta época son factores fundamentales para el éxito reproductor de ésta y otras especies (Matamala y Matamala, 1991; Matamala, 1996).
La Avoceta común es el más abundante de las limícolas de estas salinas, donde llega a nidificar en un gran número, superando en ocasiones las 200 parejas reproductoras. La falta de adecuación entre la actividad salinera y los ciclos biológicos de ésta y de otras especies provoca habituales inundaciones de sus áreas de cría, lo que podría evitarse coordinando adecuadamente los intereses industriales con los de conservación y protección. Sin embargo, para dar una solución a este problema se ha optado por opciones más onerosas como la consolidación y aumento de altura de alguno de los islotes donde nidifican, con resultados en cuanto a productividad biológica, al menos, cuestionables (Matamala et al., 2002).
Además de ciertas gaviotas abundantes, como la reidora, la sombría o la patiamarilla, otra de las especies emblemáticas del aguazal es la Gaviota de Audouin (Fig. 6), cuya cada vez mayor presencia ha sido directamente proporcional al asentamiento y crecimiento de la colonia de nidificación de la especie en el Delta del Ebro, agrupándose miles de individuos en este humedal durante los movimientos migratorios y manteniendo importantes contingentes de aves invernantes (Matamala y Matamala, 1991). Entre las aves nidificantes destacan, además, el Chorlitejo patinegro, la Cigüeñuela común, así como el Charrancito común. Como rarezas ornitológicas destacan la nidificación reciente en el área del la Gaviota picofina (Larus genei) (M. Paracuellos com. pers.) y la de la Malvasía cabeciblanca en la cercana Rambla Morales (obs. pers.). Las limícolas constituyen el grupo más variado y heterogéneo, estando mayoritariamente ligadas a la invernada y a los trasiegos migratorios entre África y Europa. La mayoría de las especies aparecen formando bandos mixtos donde pueden observarse Correlimos comunes, menudo, gordo (Calidris canutus), tridáctilo (Calidris alba) y zarapitín (Calidris ferruginea), Archibebes común (Tringa totanus), claro (Tringa nebularia) (Fig. 9) y oscuro (Tringa erythropus), el Ostrero común (Haematopus ostralegus) y las Agujas colinegra (Limosa limosa) y colipinta (Limosa lapponica). Canasteras comunes, Avefrías comunes (Vanellus vanellus) y Alcaravanes comunes colonizan durante este periodo las áreas esteparias que rodean a las salinas, siendo la última también nidificante. Las garzas están bien representadas en este ecosistema, siendo las más representativas la Garceta común y la Garza real, que aparecen durante todo el año sin llegar a nidificar normalmente. Algunas aves marinas utilizan el recinto salinero como área de descanso, destacando el Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo) y el Charrán patinegro (Sterna sandvicensis) durante la invernada (Matamala, 1986, 1997, 2002; Castro, 1993; Paracuellos, 2001). En cuanto al régimen de protección, las Salinas de Cabo de Gata se encuentran amparadas bajo un amplio abanico de figuras de protección legal. De esta forma, están incluidas dentro del Parque Natural Marítimo-Terrestre de Cabo de Gata-Níjar, declarado por la Junta de Andalucía en 1987, apareciendo como Área de Reserva dentro del mismo. Constituyen una Zona de Especial Protección para las Aves dentro de la Unión Europea, así como un Humedal de Importancia Internacional según el Convenio Ramsar. Además, desde 1998 forman parte de una de las dos Reservas de la Biosfera con las que cuenta la provincia de Almería. Recientemente la Consejería de Medio Ambiente ha propuesto su declaración como Lugar de Interés Comunitario (Matamala et al., 2002). Pese a tan amplio marco de protección, este aguazal adolece de una gestión adecuada y acorde con la importancia del mismo. La primera y más importante de las amenazas que se ciernen sobre este saladar está en un posible abandono de la actividad industrial salinera, que llevaría aparejado un elevadísimo coste ecológico, como ocurriera en las Salinas de Cerrillos durante finales de los años 80. En este sentido, debe ser prioritario apoyar y contribuir al mantenimiento de esta explotación, cuya sal marina podría llevar como denominación de origen la de este Parque Natural. En cualquier caso, le corresponde a la administración competente promover líneas de investigación capaces de solucionar la “ecuación” de cómo mantener este ecosistema frente a un hipotético cese de la actividad extractiva.
Para el correcto manejo del espacio es primordial establecer convenios de colaboración entre la administración responsable y los propietarios, tanto de las salinas, como de los terrenos de su entorno próximo. Aún existiendo otras medidas de gestión que deben ser llevadas a cabo, una acción más inmediata, pero no menos importante, es la de establecer una coordinación adecuada entre los ciclos biológicos de las especies que nidifican en estas salinas y las oscilaciones de los niveles de agua a los que son sometidos los charcones por razones industriales durante este período, sin que se vea afectada la “alquimia” salinera y evitando así las inundaciones y los abandonos de las áreas de cría tan frecuentes en este hábitat. La visita organizada y guiada al recinto industrial debe estar incluida en las actividades de educación ambiental que se realicen en este espacio, dado el alto valor antropológico y etnológico que esconden, tanto el poblado industrial, como sus habitantes, especialmente los más ancianos (Matamala y Matamala, 1991; Matamala et al., 2002). |