12.
MOLINAS.
La molina es un ingenio
que resulta de la unión de una noria y el mecanismo motriz de un molino
de viento. Exteriormente apenas difiere de un molino, pero en su interior
se oculta el pozo y entramado de la noria a la que se le ha suprimido la
rueda horizontal que es movida por la energía eólica.
En cuanto a su
funcionamiento, la energía recogida por las velas hace girar un largo eje
circundado por una gran rueda (rueda de viento). Los engranajes de esta
rueda transmiten su giro a un eje vertical (linterna), que mueve la rueda
horizontal de la noria y esta a su vez eleva el agua, mediante unos jarros
(arcaduces) que van colgados a un par de cuerdas que en
su rotar, descienden y suben del pozo.
Toda la parte superior
de la molina (chapitel) es una estructura móvil que se orienta con las
velas al viento y se sujeta a tierra mediante una viga de madera (timón)
que desciende al suelo para su anclaje.
La molina y el molino
de los Campos de Níjar funcionan con velas, al igual que los del Campo de
Cartagena y no con aspas como los manchegos, lo que les permite aumentar,
disminuir o suprimir velas tal como ocurre en la navegación.
Su eficacia es superior
que la de las norias, permitiendo elevar mas agua a mayor profundidad .
Han desaparecido
completamente de los Campos de Níjar y salvo la molina situada en Ruescas,
que aun dispone de restos de su mecanismo, de las demás solo queda la
torre de obra, habilitada normalmente para guarecer un motor eléctrico de
bombeo, en la mayoría de los caso inutilizado por el descenso de los acuíferos.
13.
NORIAS DE SANGRE.
Con respecto a la noria
de sangre en los Campos de Níjar, los autores Molina, Checa y Muñoz,
1998 apuntan lo siguiente:
La
noria de sangre es una máquina compuesta básicamente de dos grandes
ruedas, una horizontal que movida por un animal, transmite su giro a otra
vertical instalada sobre la boca del pozo, la cual lleva aparejada una
cuerda circular con vasijas adosadas que cuelga hasta el fondo del pozo y
que con el girar de la rueda eleva el agua hasta la superficie.
La
construcción de las norias la llevaban a cabo maestros carpinteros. Una
vez excavado el pozo el carpintero tomaba las medidas del brocal y
teniendo en cuenta la profundidad del pozo se fabricaban utilizando para
ello "maderas duras" previamente curadas de las existentes en
los alrededores. El uso de clavos o soportes de hierro era escaso o nulo
empleándose cuñas y ensamblajes de madera. Las reparaciones las solían
hacer los mismos dueños reponiendo sobre todo las piezas de los
engranajes sujetas al desgaste por rozamiento.
Durante
el presente siglo se construyeron norias de hiero con una mecánica mas
resistente y de menor mantenimiento aunque de mayor costo económico
fabricadas por maestros herreros que procedían de manera similar a los
carpinteros.
La
elaboración de la maroma era una tarea comunal en la que intervenían
varios vecinos o familiares tal como se hacía en las matanzas o en la
trilla. Para ello se hacían guitas con las que se trenzaban sogas de tres
ramales, las cuales se unían a su vez en grupos de 4 para formar cabos.
Grupos de 4 cabos se trenzaban para constituir finalmente la maroma. Este
proceso exigía el trabajo y la pericia de 6 ó 7 hombres que la
estiraban, manipulaban y trenzaban las cuerdas. Un artilugio simple de
madera con cuatro canales (uno por cabo) en forma de pirámide alargada
llamada borrego cerraba el proceso de trenzado juntando los cabos de la
maroma.
Las
vasijas, llamadas jarros o arcaduces tenían una capacidad de unos 4
litros, estaban hechas de barro y llevaban un pequeño agujero al fondo
para su vaciado una vez que dejaba de girar la noria. Estas iban unidas
mediante guitas a la maroma, la cual con el girar de la rueda vertical de
la noria, entraban y salían del pozo. En cuanto a la fuerza motriz,
aunque en alguna época lejana fue ocasionalmente humana, la llevaban a
cabo bestias de tiro, básicamente mulos y asnos. Sin embargo en el
entorno del Cabo de Gata se solían emplear vacas, ya que además de ser
muy resistentes, sus crías eran muy cotizadas y se podían ampliar en el
resto de las tareas agrícolas.
Los
pozos de noria son alargados, casi siempre rectangulares y como los demás
pozos, fuentes, galerías subterráneas y otros sistemas de captación de
aguas se localizaban generalmente en las zonas abancaladas que existen
junto a las ramblas, buscando las corrientes subterráneas de aguas poco
profundas con que abastecer a las fértiles huertas y núcleos de población.
El
entramado de la noria se colocaba sobre una plataforma elevada, de aquí
bajaba el agua para depositarse en la balsa y luego mediante un sistema de
turnos de riego llamados tandas (caso de ser comunal la noria y la balsa)
se regaban los bancales.
La
instalación de motores de bombeo y el descenso generalizado de los acuíferos
debido a su sobreexplotación han hecho desaparecer las norias dejando de
funcionar las últimas existentes en esta provincia a principio de los años
80.
Una
de las últimas norias que han dejado de funcionar en el P.N. de Cabo de
Gata-Níjar -año 1983- ha sido la noria del Pozo de los Frailes; la cual
fue construida a principios de siglo mediante la ampliación de un pozo
existente que fue financiado por un particular a cambio de quedarse con
los sobrantes del agua. En fechas recientes una ejemplar actuación de la
Consejería de Medio Ambiente en colaboración con la Consejería de
Cultura han hecho posible la reconstrucción de la noria respetando
fielmente el modelo original de madera.
De
norias como la que acabamos de comentar estaban llenos nuestros campos
hace escasamente medio siglo, explotando los escasos recursos hídricos de
que disponemos de manera racional ya que la escasa profundidad de los
pozos impedía abusar de las extracciones, manteniéndose por tanto los
niveles freáticos.
14.
PEDRIZAS DE BARRANCO Y CAÑADA
Llamados también balates o ribazos, son muros de
piedra seca que permiten el escalonamiento del barranco o cañada
consiguiendo aumentar el espesor y calidad de la tierra de labor, captando
y almacenando el agua que discurre por las laderas o por el mismo cauce
evitando que esta se desaproveche y almacenándola a manera de esponja.
Sus
borden se alzan unos decímetros por encima del nivel del suelo para
permitir que esta pequeña presa encharque suficientemente el cultivo,
antes de seguir el agua su camino a los abancalamientos inferiores. Cuando
esto ocurre, el agua salta al escalón inferior a través de un sangrador,
que para que la fuerza de la corriente de agua no lo destruya, esta
construido con piedras bien ancladas y consistentes. En el caso de las cañadas
por las que puede discurrir abundante caudal en caso de tormentas, el
sangrado supera el metro de anchura y desciende de manera inclinada,
reforzándose el piso de este, sobre todo la zona de caída del agua. Los
saltos o sangraderas están dispuestos en zigzag para frenar la corriente
entre una y otra terraza.
Algunas
de estas construcciones consigue una perfección asombrosa , como las
situadas en La Tórtola, construidas con consistentes muros inclinados
hacia interior y reforzados por pequeños escalones o rezalpas, y disponiéndose
en forma de media luna tal como se construyen las presas hidráulicas.