LOS REFUGIOS DE PIEDRA DE ULEILA, SORBAS Y LUBRÍN 

Autor: Juan Antonio Muñoz Muñoz

E-mail: juanmumu@cajamar.es

Publicado en Revista Cultural El aFa. Amigos de Sorbas. Nº 13 (invierno, 2006). Págs. 8-14. SORBAS (ALMERÍA)

 

Refugio de forma semiesférica (El Chive, Lubrín)

 Refugio de forma semiesférica (El Chive, Lubrín)

El presente artículo pretende poner en valor estas genuinas construcciones comarcales actualmente poco conocidas y menos valoradas pero que reúnen los suficientes motivos de interés etnográfico como para convertirse en elementos singulares distintivos dentro de nuestra arquitectura popular.

Estos refugios de piedra seca conocidos de manera imprecisa como chozas, chozos, cuevas, covachas o cortijillos, -según zona, formas o entrevistado- se repiten y extienden por toda la Sierra de Filabres, adoptando variadas formas y tamaños en base al material, función, ubicación y técnica del constructor.

Para la realización de este artículo se han escogido dos pequeñas áreas a caballo entre los límites municipales de Sorbas Lubrín y Uleila y distantes 12 km entre sí, elegidas por contener ambas un elevado número de construcciones en las que podemos observar las diferentes técnicas y soluciones constructivas y sobre todo por ser exponentes de dos de las tipologías de mayor envergadura.

El primer grupo se encuentra en la cara sureste del Cerro de la Virgen, cerca de Uleila, con acceso por la carretera que lleva a Albanchez y alrededores de la localidad. En él, además de otras tipologías, se encuentran grandes construcciones de base rectangular.

El segundo grupo se localiza entre el Chive, las Moletas y Cariatiz, es decir, entre los términos municipales de Lubrín y Sorbas. En este espacio, además de las tipologías intermedias, se encuentran abundantes modelos de base circular y las más escasas de cúpula semiesférica.

En ambos ámbitos y entre ellos, multitud de pequeñas construcciones dominando las majadas y pastizales, utilizados básicamente como refugios de pastores.

Pero antes de proseguir procede definir y acotar el contenido objeto de este artículo.

Los refugios de piedra son construcciones sencillas, prácticas y funcionales enmarcadas sobre todo en los ámbitos agropecuarios de Filabres, edificadas para guarecerse de las inclemencias meteorológicas y dar respuesta a las necesidades inmediatas de pastores y agricultores mientras desarrollan su labor cotidiana. Están construidas con materiales próximos y elementales, siendo la piedra y la tierra sus únicos componentes constructivos.

Son construcciones primarias, imbricadas en el paisaje y emanadas directamente de la propia naturaleza, de tal manera, que se mimetizan con el entorno en una simbiosis natural y estética donde el hombre sólo interviene para reunir y ordenar materiales afines en un ejercicio de arte práctico y funcional que realza y referencia el espacio donde se ubican.

Se podría decir que su construcción resulta un ejercicio necesario e intuitivo de carácter casi instintivo, dada la abundancia del material en el entorno y la necesidad de cobijarse en ciertos momentos del año o del momento. Me refiero a los duros días de invierno, a los calurosos del verano o en caso de fuertes vientos, lluvia, granizadas o nevadas.

También pueden servir de almacén esporádico o de base de operaciones de tareas agrícolas cotidianas.

Muestra de la precisión lograda en el uso de la "técnica de la piedra seca". (Cjo. en la ladera del Cerro de la Virgen. Uleila)

Muestra de la precisión lograda en el uso de la "técnica de la piedra seca". (Cjo. en la ladera del Cerro de la Virgen. Uleila)

Se diría que son construcciones intemporales, tan antiguas como el propio ejercicio del pastoreo o la agricultura. Naturalmente esta hipótesis debería de ser contrastada con estudios arqueológicos, pero me temo que dada la eventualidad de su uso, la simplicidad de la construcción y la ausencia de pobladores que la habiten, y por lo tanto de los restos materiales inherentes a su utilización, resultaría francamente difícil datar sus orígenes en el tiempo y asignarles culturas o pobladores que las introdujeran. Procede remarcar la idea que el guarecerse de las inclemencias es una necesidad lógica y básica en el reino animal, y que la simplicidad de algunas de estas construcciones se le une la abundancia de piedras grandes y planas susceptibles de ser utilizadas para construirse un parapeto y la ausencia de refugios naturales. Hay, por tanto, un deter­minismo medioambiental en sus orígenes, tanto en el uso de los materiales, en la necesidad de guarecerse y en el hecho de su construcción. Por otra parte, y en esta misma línea, es de destacar que en las áreas calizas, con oquedades o grutas naturales próximas no se dan los refugios de piedra.

No se necesitan herramientas para su construcción, ni tampoco elaboración o transformación de materiales, ni por supuesto la alteración del suelo o del entorno. Sólo la pericia en el manejo de la piedra, consistente básicamente en saber elegir la forma y tamaño de cada una de ellas en el momento preciso. La fase que entraña más dificultad es la del cerramiento de la cúpula, que se efectúa siempre por aproximación de hileras siguiendo una técnica lógica y ancestral hasta completarse el cerramiento con una piedra plana de mayor envergadura. Esta técnica se emplea también para el cerramiento de hornos de pan, en la construcción de cochiqueras en el Campo de Níjar y en algunos tipos de aljibes. En las construcciones de mayor tamaño, se deja un orificio u óculo cenital de más de medio metro de diámetro que puede ser cerrado con la utilización de varios aleros planos y alargados. El sustento de las piedras que cierran la hilera se produce desde abajo mediante entibos interiores consistentes en palos anclados al suelo. La fijación de las piedras queda resuelta en el círculo exterior mediante el encaje con las piedras adyacentes y la fuerza del contrapeso que ejercen el conjunto de piedras del cerramiento externo. Esto es así en términos generales, aunque en algunas construcciones de poca altura y reducido tamaño el proceso se simplifica. En otras como las de cúpula semiesférica, el cerramiento por aproximación exige destreza en los encajes y un perfecto calzado de cada una de las piedras.

Grandes piedras en el cerramiento superior

Grandes piedras en el cerramiento superior

Conviene recordar aquí que el dominio en la técnica de la piedra seca es connatural a los habitantes de Filabres. En primer lugar por su omnipresente abundancia y porque su manejo resulta necesario para habilitar los imprescindibles espacios de cultivo. Primero limpiando de piedras el espacio a cultivar y segundo utilizándolas en el aterrazamiento del monte y el escalonamiento de las cañadas, obras básicas para la supervivencia de estas comunidades agrícolas. En algunos lugares la densidad, extensión y factura de los ribazos las convierten en ingentes obras de ingeniería popular dignas de admiración y asombro. Esta obra de colonización agraria de las abruptas laderas de Filabres alcanzó su cenit a principios del s. XX empujada por el hambre y la densidad demográfica. Pero el dominio en esta técnica también se explica porque la piedra es la materia prima esencial en la construcción de cualquier tipo de habitáculo de uso humano o animal.

Refugio en el Cerro del Virgen (Uleila)

Refugio en el Cerro del Virgen (Uleila)

El empedrado de calles, las construcciones hidráulicas, los corrales ganaderos y la red tradicional de caminos, tienen igualmente en el uso y manejo de la piedra su razón de ser. Los pequeños baluartes defensivos locales y la red de torres atalayas también lo fueron básicamente de piedra seca. Así, por ejemplo, los diluidos restos del habitáculo de la cercana torre de la Atalaya, sólo son piedra sin apenas restos de yeso o cal. Sólo la también próxima y hoy derruida torre del Cerro de la Torre, contiene yeso como aglomerante.

Refugio de mediana capacidad

Refugio de mediana capacidad

Y la lista se amplía y continúa hasta abarcar cualquier construcción de índole popular: pequeños puentes, corrales ganaderos de la sierra, marraneras, puestos de caza, tapias, hormas de separación entre el cultivo y el monte, linderos, mojones, majanos, eras, ...

Y si, como decía, el dominio de la técnica de la piedra seca es connatural entre los habitantes de Filabres, este dominio se acentúa hasta profesionalizarse entre los ribaceros, los profesionales dedicados a construir y reparar las pedrizas y ribazos que conforman nuestros abancalamientos y paisajes del agua. Son ellos, en muchos de los casos, los que orientan, colaboran o realizan en exclusiva algunas de las construc­ciones de piedra objeto de este artículo. Desgraciadamente, los últimos representantes de esta actividad, tan habitual en nuestros pueblos, están ya jubilados o han desaparecido. Con el resto de agricultores depositarios de este saber secular también está pasando lo mismo.

Refugio habitual de ribazo

Refugio habitual de ribazo

Así que, ribazo, refugio, bancal o construcción de piedra que cae, ya no se levanta. Y el monte va perdiendo así su capacidad de retención de tierra fértil y de agua. Evidentemente la vegetación y los acuíferos se resienten a la vez que la erosión avanza. Sería conveniente que nuestros técnicos y representantes políticos fueran conscientes de este hecho, ahora que se celebra el año internacional contra la erosión y la desertificación y que Almería opta a ser la sede del organismo dedicado a tal fin.

Refugio de base circular (Uleila)

Refugio de base circular (Uleila)

Refugio semiderruido en el Alto de la Molata de Los Pérez (Sorbas)

Refugio semiderruido en el Alto de la Molata de Los Pérez (Sorbas)

El último escalón en este camino hacia la perfección en el dominio de la técnica de la piedra seca, creo haberlo encontrado entre los antiguos alarifes o maestros de obras, tal como refleja la perfecta factura de las paredes de muchos cortijos de este entorno. Son muros de piedra seca modélicos, reflejo del culmen en el uso de esta técnica. Los podemos encontrar en muchos cortijos abandonados en la cara sureste del Cerro de la Virgen o en algunos de los que se extienden por el llano que llega hasta el Puntal de Sorbas. En ellos el encaje de las piedras es preciso, los pequeños huecos que quedan se emplean para calzar mejor el muro con piedras menores y el conjunto queda compacto, sin orificios y tan sólido, que obras posteriores en las que se ha empleado cala yeso como aglomerante han caído al suelo mientras que estas continúan en pie.

 

Refugios del Cerro de la Virgen

Las piedras utilizadas en esta zona son esquistos con cuarzitas. El primer hecho destacable es su abundancia. Hay una relación directa entre cada pastizal o propiedad y el refugio. Es decir cada agricultor, pastor o familia que se desplaza desde Uleila o cortijadas cercanas hasta este entorno necesita tener un refugio de referencia donde dar cobertura a sus necesidades. Si es un pastor que pernocta en el cortijo puede bastarse con un pequeño refugio desde donde vigilar el ganado o guarecerse de las inclemencias. Si es un agricultor o una familia que se desplazan a la finca durante el día, pueden necesitar más espacio, ya que además de guarecerse, hay que comer, guardar aperos, productos del campo, cobijar a algún niño pequeño y hacer la comida. En este último caso tienen su razón de ser los refugios grandes característicos de este entorno. Estos además permiten pernoctar en caso de necesidad o dar cobertura temporal a los pastores trashumantes.

Para comprender la importancia de los refugios en general, y de este contexto en particular, hay que tener en cuenta que estamos a más de setecientos metros de altura, lejos del núcleo habitado y que un chaparrón o enfriamiento en invierno puede acabar trágicamente. Aunque hoy no lo parezca, muchas de las enfermedades derivadas de enfriamientos podían derivar en pulmonías y éstas, al no existir antibióticos, en la muerte. De hecho la pulmonía (hoy conocida como neumonía) era una causa habitual de mortandad. Es en el espacio del que hablábamos, donde aparece el segundo hecho resaltable, ya que alcanzan sus mayores dimensiones, con largos que pasan de los cuatro metros, anchos cercanos a los cuatro y paramentos de tres metros, a los que hay que añadir el suplemento de la cobertera de launa o barro impermeabilizante (ver gráficos adjuntos 1, 2 y 3).

Refugio de ribazo

Refugio en el cerro de la Molata (Sorbas)

Refugio en barranco Sopalmo (Lubrín)

Versión actual de un refugio tradicional levantado con excavadora (Canteras de Macael)

Versión actual de un refugio tradicional levantado con excavadora (Canteras de Macael)

Refugio de base cuadrada (El Chive, Lubrin)

Refugio de base cuadrada (El Chive, Lubrín)

Refugio de base ovalada y muro vertical (El Chive Lubrín)

Refugio de base ovalada y muro vertical (El Chive Lubrín)

La forma y la factura para conseguir este espacio constituyen el tercer y cuarto rasgo de singularidad, destacando el paso del rectángulo de la base a la cúpula redondeada de su cerramiento en altura. Este paso, que en teoría puede resultar complejo, se resuelve en la realidad de manera elocuente. Para ello, una vez superado el paramento vertical que constituye el zócalo, el tamaño de las piedras que van a iniciar el cerramiento aumenta, a la vez que se emplean las mas planas y alargadas. El cerramiento se resuelve así en escasas hileras o tongas de piedra hasta conformar un óculo ovalado de algo menos de un metro de largo y algo mas de medio de ancho. Esta apertura cenital, donde cierran las hileras por aproximación, se cubre con tres o cuatro piezas muy alargadas y de gran tamaño. A continuación se traba el conjunto, se colocan cascotes y finalmente se cubre con barro la cubierta.

Cabe destacar que las construcciones más grandes, además de llevar una gruesa capa de tierra impermeabilizante como cobertera, sobre los muros laterales pueden llevar grandes piezas planas pizarrosas que conforman el alero con su vuelo. Queda levantada así una construcción sólida y estética (gráfico 2) que se acerca mucho a cualquier habitación o estancia doméstica. El paso siguiente en amplitud es ya la vivienda habitual.

Refugios entre El Chive y Cariatiz.

La cara sur de la Sierra de la Atalaya (en la estribación sureste de Filabres), constituye un entorno único y singular que aúna valores paisajísticos, geológicos, botánicos, faunísticos y antrópicos muy relevantes. Las emigraciones de mediados del siglo pasado dejaron este espacio casi despoblado, y ello, unido a lo abrupto e incomunicado del terreno, lo han preservado de la presión humana.

Pequeño refugio en El Puntal (Sorbas)

Pequeño refugio en El Puntal (Sorbas)

Desgraciadamente, en estos momentos estamos asistiendo a un nuevo fenómeno especulativo que centra sus intereses inmobiliarios en los espacios más conservados o vírgenes de nuestro territorio. Los nuevos pobladores (generalmente ingleses) y las inmobiliarias que les facilitan esta nueva invasión callada del territorio, ya han empezado a colonizar la sierra, por lo que ha llegado el momento de dotarla de algún grado de protección -parque o paraje protegido- antes de que sea demasiado tarde. O si hay voluntad local, simplemente aplicar las leyes de protección del suelo.

Los refugios de piedra, son una más de las singularidades de este entorno a caballo entre Sorbas, Lubrín y Bédar. Y ello, entre otras razones, porque sus suelos de gneis o metagranitos colapsan de piedra la sierra. Para cultivar se hace preciso liberar el suelo de piedras amontonándolas en cientos de majanos, o utilizándolas para aterrazar la montaña. Tanta piedra también da para construir abrigos y refugios, sobre todo refugios con variadas formas y tamaños entre los que destacan los de base circular y tamaño medio. Esta piedra, a diferencia de otras de Filábres, no es laminar o plana sino de formas irregulares con tendencia a formar prismas de cantos redondeados. Una dificultad añadida para su correcta colocación, solventada con la pericia y gran posibilidad de selección.

Los tres tipos de refugios descritos a continuación, no los representan a todos pero si son lo suficientemente significativos y representativos para hacernos una idea del conjunto.

El modelo de tipo cupúlar o semiesférico (gráfico 5) es el más escaso, posiblemente por la complejidad que conlleve ajustar y cerrar las hiladas superiores con las piedras irregulares antes aludidas. Exteriormente parece un montón de piedras colocadas sin encajes entre ellas, pero una vez dentro se observa una factura más cuidada y sólida. Resulta amplio y pueden guarecerse dos o tres personas sin dificultad. La puerta y uno o dos pequeños miradores laterales permiten dominar el territorio circundante sin salir afuera.

Refugio con aleros en la cubierta (Uleila)

Refugio con aleros en la cubierta (Uleila)

El modelo de base circular con pasillo saliente (gráfico 4), se localiza en la Majá Segura, a medio camino entre El Chive y Cariatiz, en un entorno de interés etnográfico por sus aterrazamientos, refugios y pequeños sistemas hidráulicos. Fue rehabilitado como jaraíz construyéndose en el lateral del fondo una bancada para prensar el vino mediante una viga que utilizaba un hueco en la pared como palanca y el recipiente con uva como resistencia, mientras que la potencia se ejerce en el extremo opuesto de la barra. El pasillo de acceso, es un adosado posterior, hecho posiblemente en su remodelación como jaraíz.

Por lo demás representa un Pasillo del refugio y jaraíz al fondo modelo extendido de refugio (Rambla del Chive, Lubrín) caracterizado por su base circular, paredes verticales, cerramiento interior en cúpula realizado por hileras de aproximación y techumbre recubierta con tierra impermeabilizante.

Sus dimensiones y portón permitían pernoctar en su interior. De hecho en un refugio cercano de menores dimensiones, se tiene noticia que una familia de etnia gitana la habitó un tiempo.

El modelo con corral adosado (gráfico 6) también localizado en la Rambla del Chive, tiene la particularidad de disponer de un lugar anexo para recoger el ganado. Además tiene una pequeña apertura cenital para evacuar humos procedentes de la lumbre que puede hacerse en su zona central. El suelo está empedrado, poseía un pequeño portón de madera en el refugio y otro para el corral. De la tierra de cobertera no quedan restos.

Otros refugios.

Además de las tipologías anteriores existen en el entorno otros refugios, generalmente de menores dimensiones y de uso ganadero.

El tipo más corriente y extendido (gráfico 7) es el refugio embutido entre el ribazo y la ladera, de manera que sólo se percibe la entrada en el frontal de la pedriza, quedando el habitáculo excavado en la ladera de la montaña y la cubierta enrasada al suelo del bancal superior. Sus dimensiones varían en función de la necesidad, pero generalmente está pensado para una sola persona. A veces, en el caso de los más grandes, se le practica una apertura en la cubierta para dejar salida al humo de la fogata interior.

Refugio de ribazo

En los altos de Cariatriz, coincidiendo con las zonas de calizas arrecifales, encontramos refugios más pequeños y efímeros (grafico 8) debido a la dificultad de construir con piedras que resultan difíciles de enlazar y trabar por lo irregulares y mediano o pequeño tamaño de las piezas. Son refugios generalmente ganaderos, para una o dos personas, que se alzan domi­nando el pastizal o la cañada.

Refugio en el cerro de la Molata (Sorbas)

En Las Moletas, despejar el suelo y habilitar tierra para el cultivo exige amontonar las piedras sobrantes en grandes montones que se suceden y repiten por todos los bancales de la sierra. En algunos de estos montones o majanos (gráfico 9) se deja un hueco interior al que se accede por una estrecha entrada. A veces la piedra es utilizada para construir gruesos muros, llamado hormas, que sirven de linde y separación entre el cultivo y el monte, donde también se puede habilitar un pequeño refugio. Otra variante de pequeño refugio es el que se construye aprovechando una oquedad o disposición de las grandes rocas que salpican la sierra, protegiendo la parte exterior con un muro de piedra.

Refugio en barranco Sopalmo (Lubrín)

Conclusión

Los refugios de piedra -identificados como chozas, chozos, cuevas o cortijillos- han servido tradicionalmente a pastores y agricultores para guarecerse de las inclemencias meteorológicas y facilitarles sus tareas. Aunque son habituales en toda la sierra de Filabres, en esta zona alcanzan máximos evolutivos en cuanto a factura, tamaño y variedad tipológica, y ello motivado por su adaptación a las diversas necesidades y la existencia de diferentes tipos de piedra.

La belleza, variedad, singularidad y adaptabilidad de estas construcciones los convierten en elementos señeros dentro de nuestra arquitectura popular. Estos deben de obtener su reconocimiento popular mediante la difusión y puesta en valor -motivo de este artículo-, y oficial, mediante la catalogación de las más representativas como bienes patrimoniales de interés etnográfico.