II . HISTORIA.

El cercano yacimiento de Venta Micena, se ha encontrado restos del antiquísimo hombre de Orce anterior al Neanderthal.

Yacimientos paleolíticos más cercanos de comunidades cazadoras-recolectoras, se encuentran en las proximidades en la zona del alto de la Monja, la Cueva de Ambrosio y otros.

El Neolítico es el periodo en que el hombres se sedentariza y toma cuerpo la agricultura y la ganadería, por lo que debemos suponer que ya se emplean ciertas técnicas agrícolas. Yacimientos de esta época aparecen en la Rambla de Chirivel, cercanas al Barranco Morcillones y el alto del Fraile.

El curso de agua que ofrecía la rambla, los nacimientos situados cerca de los altos que dominan este corredor, el humedal que se crea en su entorno y la abundancia de terreno plano susceptible de ser aprovechado con fines agrícolas son sin duda un aliciente para el establecimiento de grupos humanos en este periodo. El ejemplo más representativo lo constituye el estratégico y abundante enclave del alto del Fraile situado sobre, bajo un nacimiento de agua potable, sobre un humedal rodeado de rica tierra de labor y dominando los arenales de la rambla.

De la Edad de los Metales se han encontrado restos de viviendas y útiles en la misma área de los asentamientos neolíticos mencionados anteriormente. El Alto del Fraile esta situado también sobre una rica zona minera .

La cultura ibérica, que se desarrolla en contacto con los comerciantes fenicios y griegos se valió sin duda este corredor para comunicarse y desarrollarse.

En cuanto al periodo cartaginés, se ha llegado a situar en las cercanías de Vélez rubio la ciudad de Anitorgis que ocupo Asdrubal en sus luchas con Escipión del que también se dice que tiene su sepulcro en un monte del municipio de Vélez Rubio.

En época romana, la vía Augusta, que comunicaba las provincias Bética y Tarraconensis y más exactamente las ciudades de Cástulo con Cartago Nova, discurría junto a la rambla. El yacimiento del Villar en Chirivel, del que los viejos del lugar por testimonios orales de sus abuelos rememoran algunas restos de ruinas aun en pie, es una prueba de que este espacio estaba ya habitado y posiblemente colonizado. Los abundantes y variados descubrimientos de materiales de origen romano encontrados en la zona , llevaron a D. Fernando Palanqués , historiador local de principios de siglo, a sugerir que estos restos podrían pertenecer a la ciudad no encontrada de Ad-Morum o incluso Aglaminor documentadas junto a la Vía Augusta entre la antigua Eliocroca (Lorca) y Basti (Baza). Sea población o simplemente una villa romana asociada a la calzada, es de suponer que este espacio concreto se beneficio del cercano surgidero natural de aguas que hay junto a la iglesia por ser el mas próximo y abundante. De ser así, y puesto que los romanos disponían de los conocimientos y técnicas suficientes para construir un entramado hidráulico, bien podían haber sido ellos los primeros colonizadores de este espacio agrario, a tenor de la abundancia de los variados restos romanos que se encuentran en el área de estudio de este trabajo.

Poco sabemos del periodo visigodo y la Baja Edad Media, pero todo parece indicar que hubo un paulatino despoblamiento de este área.

Durante el resto de la Edad Media, esta tierra de paso y cercana a la frontera entre el reino nazarí y el cristiano, sufrió los avatares de incursiones y batallas entre los bandos contendientes. Los cercanos castillos de Vélez Blanco, Castellón, Olías y Xiquena junto con las numerosas torres así lo atestiguan.

Tras la conquista del Reino de Granada, los nuevos pobladores se suman a los moriscos dando lugar a una difícil convivencia que estallaría en guerra en 1568 -aunque en esta zona no hubo rebelión-, y que llevo a la postre a la expulsión decretada por Felipe II a comienzos del s. XVII. Esta expulsión no fue vista con agrado por el marqués de los Vélez , que ve como se le va una población tan cualificada y rentable para ser sustituida por otra foránea que además contará con exenciones fiscales y disfrutará de derechos como el de la caza.

A partir de aquí se impone un enorme vacío humano y una profunda crisis económica del territorio. Este vacío que conllevaron las deportaciones y expulsión final, no pudo ser suplido por las políticas repobladoras. Pero sobre todo, se diluyó una cultura material y simbólica del agua que se había perfeccionado durante siglos en un proceso de adaptación al clima y al terreno. Los árabes, grandes horticultores, asentados sobre fértiles islas de regadío, optimizaron los recursos hídricos, modelaron el paisaje y organizaron con practicidad los sistemas y usos de riego.

Desde el Consejo de Población de Granada se manda apear, deslindar y repartir los bienes que habían quedado vacantes y que son agrupados en suertes o conjuntos de igual valor que incluyen casa, tierra arbolado, etc. para su posterior reparto entre los nuevos colonos.

Desde la Administración cristiana se trato de mantener los espacios irrigados, sus usos y costumbres acudiendo incluso a los deportados para que explicaran los usos de tandas y uso del agua en general. En algunos casos como el de las aguas de Vélez Rubio y Vélez Blanco la perdida del antiguo reglamento y su sustitución por otro mas acorde con intereses particulares y que desvinculaba el agua de la tierra, -algo impensable en los usos moriscos- dio lugar a largos conflictos. Pero no todo el regadío fue ocupado, ni los repobladores provenientes en su mayoría del dominio del secano cerealístico y la ganadería, se adaptaron. El cultivo extensivo crece en detrimento del intensivo de manos de repobladores venidos de Extremadura, Aragón, Cuenca, ... y sobre todo de los cercanos pueblos de Murcia.

A pesar de las adversidades climáticas, del terremoto y sobre todo de la gran mortandad que produjo la epidemia de peste de 1648 en esta comarca, la población sigue aumentando.

El cambio en el paisaje agrícola es evidente, durante el s. XVII se extiende el secano, se conceden mercedes con este fin y los Vélez se convierten en el granero de la región. Esto junto con el auge del pastoreo reducen la superficie de bosque.

En el s. XVIII, siglo de la organización estatal y de la Ilustración, con el aumento demográfico la tendencia continua , si bien el regadío por necesidades demográficos aumenta su extensión y se optimizan sistemas hidráulicos. La iglesia, llega a eximir temporalmente del pago de diezmos a agricultores que pasen secanos a regadío -del regadío se obtiene mas diezmo por razones obvias-. Aunque la centralización hace perder autonomía a los municipios y el poder real, vía corregidores se instala en los ellos a través de los alcaldes mayores y regidores, pudiendo estos últimos controlar los temas hidráulicos a través de su función como alcalde de aguas del campo, en los Vélez la autoridad señorial es preeminente. Así cuando en 1734 el Concejo inicia los trabajos parta el encauzamiento de las aguas de la rambla de Chirivel a la altura de Vélez Rubio, el marqués D. Fadrique Álvarez, juzgando invadidos sus privilegios suspendió las obras e incluso encarcela al director de dichos trabajos. Veinte años mas tarde, su hijo D. Antonio, promoverá la realización del inacabado trabajo. En 1789, se produce un auto del Consejo de Castilla mandando que sean del rey todas las aguas de esta zona.

Importancia especial en el encauzamiento de la Rambla de Chirível merece la actuación propiciada por Antonio José Navarro, responsable del Comisionado de Caminos para el Partido de Baza, notable ilustrado y naturalista almeriense, que fue cura de Vélez Rubio y estudioso del ámbito velezano.

El s. XIX, comienza con la invasión francesa viéndose la zona afectada por el paso habitual de contingentes militares. Se reaviva el pleito de aguas de la Rambla. Sigue el aumento demográfico y agrícola de la zona. Los componentes del antiguo régimen aunque en decadencia siguen ejerciendo poder. La industria local decae al sufrir la competencia de la nacional. Chirivel se erige definitivamente en municipio en 1859. Surgen grupos culturales y se editan varios periódicos y revistas en Vélez Rubio.

El efecto de la desamortización de Mendizábal fue escaso en la comarca, con solo siete compradores de tierras concentrándose el grueso en solo dos que adquieren 165 y 135 Ha. Hubo compradores solo de agua y también quienes adquirieron la tierra solo pensando en el valor agua.

El s. XX verá aumentar los regadíos y los sistemas hidráulicos, fundamentalmente con la extensión y mejora de la acequia de los Molinos, lo que favorece el aumento demográfico. La emigración y cambios socioeconómicos que se acrecientan en los años sesenta, propician que queden tierras libres, que los tradicionales braceros y medieros se hagan con un pequeño capital con el que compran las tierras a los terratenientes o emigrados, pasando la casi totalidad de la tierra y el agua a pequeños propietarios que la cultivan con sus manos y que, a su vez, son los constructores y usuarios del sistema. En el último tercio de siglo se incrementa el abandono de las tierras y la profusión de pozos hace descender el acuífero e introduce un cambio drástico en los usos del agua, tal como se verá más adelante.

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