LA BIODIVERSIDAD DEL MEDITERRÁNEO ES LA MÁS AMENAZADA DEL PLANETA

Osvaldo Sala, catedrático de la Universidad de Brown, detalló en una conferencia realizada en la Fundación BBVA, las pérdidas de biodiversidad que sufrirá la Tierra hasta el año 2100.

FUENTE: ECOESTRATEGIA. 07-03-08

Osvaldo Esteban Sala, catedrático de Biología de la Universidad de Brown (En Estados Unidos) y autor principal de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, informe elaborado por 1,360 expertos de 95 países a petición del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, expuso en la Fundación BBVA los resultados de sus investigaciones más recientes sobre el futuro de la biodiversidad en la Tierra, en los que se estima la magnitud de los cambios que sufrirán los ecosistemas de nuestro planeta hasta 2100.

La investigación de Sala, que es una figura internacional de primera línea en el ámbito de la Ecología, parte de la identificación de los cinco factores más importantes que determinan los cambios de biodiversidad a escala mundial: cambios de uso del suelo, concentración atmosférica de CO2, deposición de nitrógeno y lluvia ácida, el clima y las invasiones biológicas (colonización de un ecosistema por plantas y animales tras una introducción deliberada o accidental).

Una vez identificados estos vectores de cambio de biodiversidad, se ha utilizado un escenario generado por modelos globales de clima, vegetación y uso del suelo para estimar la magnitud de los cambios que experimentarán los biomas terrestres hasta el año 2100. Los cambios proyectados se clasifican en una escala de 1 a 5 según su magnitud, desde un valor de 1 para cambios pequeños hasta un valor de 5 para grandes cambios.

Se pueden producir extinciones masivas

El modelo predice que la mayoría de los cambios en el uso del suelo podrían provocar en este siglo extinciones masivas de fauna y flora en los bosques tropicales y en los bosques templados de América del Sur, mientras que en las zonas árticas y alpinas (donde la densidad de población humana probablemente seguirá siendo baja) y en bosques templados del Norte (donde se espera que la reforestación exceda a la deforestación) serán mucho menores.

La modificación del hábitat se prevé que sea modesta en desiertos y bosques boreales e intermedia en sabanas, praderas y ecosistemas mediterráneos.

Las concentraciones de CO2 atmosférico se mezclan de manera global cada año, por lo que la investigación supone que todos los biomas experimentarán el mismo cambio en la concentración de CO2. La deposición de nitrógeno es más grande en las zonas septentrionales templadas cerca de las ciudades, y menor en biomas como el ártico y los bosques templados del Sur, que en general están alejados de las fuentes de contaminación.

En cuanto al clima, los resultados de los científicos prevén que se calienten con una mayor intensidad las latitudes altas (especialmente las zonas árticas y boreales) y mucho menos los trópicos, mostrando valores intermedios en otros biomas.

Por lo que respecta a las invasiones biológicas, este indicador refleja el patrón de la actividad humana. Las zonas remotas con poca intervención humana reciben menos especies exóticas que las zonas que se encuentran en la encrucijada de las grandes vías de comercio o en las rutas que acogen una intensa actividad humana. Con la globalización, las introducciones involuntarias de especies tendrán una mayor relevancia.

El cambio en el uso del suelo, el problema más grave

El cambio en el uso del suelo es el vector más grave de los que afectan a la biodiversidad. Por ejemplo, la conversión en pastizales de tierras de cultivo o de bosques tropicales tiene como resultado extinciones locales de la mayoría de las especies de plantas y animales, cuyo hábitat está determinado en gran medida por la composición de especies vegetales. Los organismos subterráneos también se ven gravemente afectados.

El aumento de la deposición de nitrógeno tendrá mayor impacto en los bosques templados, bosques boreales, zonas árticas y alpinas (áreas donde la deposición de nitrógeno es el principal factor limitador del crecimiento), mientras que la biodiversidad de desiertos y bosques tropicales puede verse menos afectada porque en estos ecosistemas las plantas ya están fuertemente limitadas por el agua y el fósforo, respectivamente. Praderas, sabanas y ecosistemas mediterráneos recibirán impactos intermedios.

Se espera que, ante un cambio climático, los biomas de clima extremo sean los que sufran los mayores efectos sobre la biodiversidad, aunque en todos ellos la biodiversidad sea sensible al clima. Pequeños cambios en la temperatura en el ártico y sistemas alpinos, o la precipitación en desiertos y bosques boreales se traducirán en grandes cambios en la composición de la biodiversidad.

Las invasiones biológicas (es decir, el establecimiento exitoso de especies exóticas) varían también en función de las condiciones ambientales. Las invasiones han sido menos frecuentes en los ecosistemas árticos y alpinos. En los trópicos también se espera un cambio proporcionalmente pequeño debido a su elevada diversidad. Por el contrario, se prevé el mayor intercambio biológico en biomas tales como el Sur del Mediterráneo y los bosques templados.

Impactos en los ecosistemas de agua dulce

Por otra parte, los ecosistemas de agua dulce muestran impactos sustanciales debido al uso del suelo, el intercambio biológico y el clima. Se prevé que el uso del suelo tenga grandes efectos, ya que el ser humano habita frecuentemente cerca de cursos de agua y modifica de manera extensiva zonas costeras que de otro modo estarían poco pobladas. Esto da lugar a muchos cambios en los cursos de agua, incluidos el vertido de nutrientes, sedimentos y contaminantes. Además, los seres humanos utilizan los cursos de agua como vías de transporte, lugares de vertido de aguas residuales y reservas de agua, por lo que gran parte del agua dulce disponible en la Tierra ya está captada por los seres humanos.

Las invasiones biológicas, en particular, son más importantes para los ecosistemas acuáticos que para los ecosistemas terrestres debido a la amplia liberación de organismos intencionada (por ejemplo, en cotos de pesca) y no intencionada (como la que produce la liberación del agua de las sentinas de los barcos).

En general, el CO2 y las deposiciones de nitrógeno tienen menos impacto en lagos y arroyos que en ecosistemas terrestres, pero la lluvia ácida (en parte atribuible a la deposición de nitrógeno) y sus interacciones con otros vectores son importantes especialmente en los lagos boreales. Análisis recientes sugieren que, como resultado de todos estos efectos negativos, la biodiversidad de agua dulce a nivel mundial está disminuyendo drásticamente, por lo que se trata de uno de los ecosistemas terrestres más afectados.

Más información sobre el trabajo de este investigador en: http://www.brown.edu/Research/ECI/people/

 

 

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