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Nemagón: un pesticida devastador Fuente/BBC Mundo/Costa Rica. Julio 2007 Por Gilberto Lópes
"El consejo del médico fue: 'procure no tener un hijo, porque puede nacer un monstruo'. Yo era estéril y punto". Mucho antes de que el nemagón se inyectara en la tierra con bombas manuales, se distribuía por cañería, de noche, para evitar que el olor fuera muy fuerte, en el día. Sentado a su lado está su esposa, Ayda Lia Rodríguez. "Muy jóvenes nos fuimos a vivir a las bananeras, en el 68. Yo iba a dejarle el almuerzo a mi esposo. Uno no sabía el efecto de este veneno. Uno se quedaba ahí un rato, sentada, se comía unos bananos". Ilusiones perdidas "Después iba a lavar la ropa afectada y ya comencé a padecer del estómago, y unas hemorragias, terribles dolores de cabeza. Después me dieron muchos nervios, la desesperación mía era que, ya ese mes, iba a quedar embarazada. Con esa gran ilusión, ya teníamos nombres y todo". Eso nunca fue posible, aunque el matrimonio de Jaime y Ayda Lía no se desintegró, como el de otros.
Mauricio Arias, 54 años, también comenzó a los 17 en las bananeras. Su historia es la misma, repetida miles de veces.
"Le doy gracias a dios que me dio una señora que, tal vez, no la merezca. A pesar de que nunca pude darle un hijo, nunca me hizo reclamos", le comentó a BBC Mundo.
"Yo estuve un tiempo un poco extraviado. A veces me echaba unos tragos, por despecho, no me sentía bien", recuerda. Hoy ha superado eso.
Un artículo escrito por Orlando Barrantes, uno de los dirigentes de los bananeros señala que "entre 1968 y 1979, miles de trabajadores bananeros en la Zona Atlántica y en la Zona Sur de Costa Rica inyectaron en la tierra, alrededor de las matas de banano unos 5 millones de litros de DBCP, para combatir los microscópicos gusanillos que viven en tierras cultivadas".
"Los trabajadores no usaban guantes, ropa protectora ni equipo de ninguna clase que les ayudara a evitar la absorción por medio de la piel o por inhalación", señala la nota.
Como consecuencia, se han planteado diversas demandas, en tribunales estadounidenses y centroamericanos, contra las empresas bananeras que usaban el productos, y las químicas que lo fabricaban, la mayoría de EE.UU., pero también una israelí.
Ahora que se ventila en un tribunal de la ciudad de Los Angeles el caso de trabajadores bananeros nicaragüenses, renace la esperanza de todos ellos de recibir alguna indemnización que, por lo menos, les permita "para pasar una vejez más bajable", como afirma Mauricio Arias.
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