Los contratistas de El Algarrobico 'se comen' tres
millones de euros por la paralización
FUENTE:
IDEAL/ÁFRICA MATEO. 24-11-07
Una
veintena de empresas de la provincia tienen material almacenado sin
poder darle salida desde hace 21 meses Este «palo gordo» llevó a alguna
a pensar en cerrar y a otras a acceder a ser subcontratadas por menos de
lo que cobran
«Fue
un palo muy gordo». Todos los contratistas que trabajaban en la
construcción del hotel de El Algarrobico de Carboneras, vivieron
momentos desesperados el 22 de febrero de 2006, cuando el juez Jesús
Rivera ordenó la paralización cautelar de las obras a raíz de una
denuncia del colectivo conservacionista 'Salvemos Mojácar'.
Se acerca el segundo aniversario de la suspensión de los trabajos y el
Tribunal Superior de Justicia de Andalucía aún no se ha pronunciado.
Mientras, una veintena de empresas trabajan a destajo para paliar el
desastre económico que arrastran desde entonces como consecuencia de
esta decisión.
Carpinterías, cristalerías, constructoras y empresas de pinturas son las
principales afectadas por la decisión judicial. La peor parte se la han
llevado las empresas locales de Carboneras. Precisamente porque una de
las características que diferenciaron desde el principio el proyecto de
Azata fue la implicación del tejido empresarial local para ejecutar los
trabajos.
Nadie podría imaginar que, por ejemplo, la sede de la empresa que se
encargaba de poner las ventanas de todo el hotel -Cristalería Caparrós-
sea el garaje del domicilio familiar o que la sociedad formada por
Germán Manrrubia y su padre, que consiste en dos pequeñas droguerías y
un almacén para almacenar la pintura fuera la encargada de pintar todo
el edificio.
Pero esta era la realidad del hotel de El Algarrobico. Por eso, cuando
Azata acudió a los empresarios locales, aceptaron de muy buen grado.
«Era la obra más importante que habíamos tenido jamás en nuestra cartera
de pedidos», reconoce Francisco García, director general de 'Ramón Ruiz
Construcciones', empresa a la que se contrató la estructura del hotel y
buena parte de las infraestructuras que lo rodean, como la evacuación de
aguas residuales, la urbanización de la zona y las canalizaciones. Estos
trabajos se han quedado al 50%, al paralizarse la obra, pero cuando el
juez dictó la orden, ya habían comprado todo el material necesario. Eso
sí, como estaba almacenado en el hotel y no han podido ni entrar a
recuperarlo, «Azata nos ha liquidado todo».
A pesar de esto, a los pocos días de tener que abandonar la obra,
tuvieron que despedir a 40 trabajadores del municipio y de la comarca,
que habían contratado para esta obra tres años antes. Lo más negativo
para esta empresa ha sido la reducción en el volumen de facturación y la
ralentización en el crecimiento de la empresa. «Era una obra muy
importante y destacaba sobre todas las que hemos hecho», reconoce
Fernández, que aseguró que en aquella época rechazaron otras obras a las
que luego tuvieron que acudir para ofrecer sus servicios.
Peor parada que la constructora ha salido la Cristalería Caparrós, que
se encargaban del cristal de las ventanas y los ventanales. A José
Caparrós, propietario de esta empresa carbonera, le quedaba alrededor
del 25% del trabajo por hacer. En el hotel, se deterioran los cristales
que habían llevado para colocar y, lo que es peor, los caballetes
necesarios para realizar este trabajo, que requieren de más inversión y
que han tenido que reponer con nuevos. Pero su almacén también está
lleno de cristales que no han podido colocar en otros lugares, por sus
características especiales. «Para todos los que hemos trabajado allí ha
sido un desastre y un perjuicio total». «Cada uno hizo sus previsiones y
realizó una inversión para un volumen muy grande que nunca habíamos
manejado», reconoce Caparrós que contrató a un trabajador más «que ahora
tengo que sostener con menos trabajo».
Trabajar por menos
A Germán Manrrubia, la decisión del juez Rivera le cogió con el 70%
del trabajo hecho. «De la noche al día tuve que despedir a nueve
personas» que había contratado expresamente para pintar el hotel.
Manrrubia gastó 600.000 euros en pinturas que ahora trata de despachar
en sus pequeñas droguerías de La Puebla de Vícar y Berja. Fue muy duro.
«No tenía en qué emplear a los trabajadores y tuve que acceder a que me
subcontrataran para trabajos por los que cobré mucho menos de lo
habitual». La cuestión era trabajar cuanto antes para sufragar los
gastos de la pintura.
Estos son sólo tres ejemplos. Pero en El Algarrobico trabajaban casi 40
empresas, la mitad de ellas almerienses, que han sufrido un varapalo muy
grande. Todavía conservan la esperanza de que se levante la paralización
cautelar para poder concluir los trabajos. Pero en sus almacenes tienen
un 'stock' de materiales y herramientas que asciende a tres millones de
euros. Esta cifra se deduce de lo que ya ha pagado Azata -que ha
liquidado todos los trabajos hechos y los materiales que hay sin colocar
en el hotel- y de lo que resta con lo presupuestado a cada empresa.