ALGUNAS CONSIDERACIONES Y ANÁLISIS al artículo: Un colapso ecológico acabó con la cultura argárica del Sudeste ibérico

FUENTE: ALMEDIAM. 10-12-07

Haciéndonos eco, como siempre, de los comentarios llegados a nuestra redacción, transcribimos las palabras de un arqueólogo almeriense sobre este artículo.

"NO ME CREO NADA, ME EXPLICO:

Antonio Ramón Escobar Sánchez

En los años 20-30, del pasado siglo, los historiadores influenciados por las nuevas corrientes de pensamiento (Italia y Alemania), veían la Historia como algo dirigido por grandes líderes: César, Napoleón, Alejandro...

En los 50-70, con las ideologías social-liberal, se empiezan estructurar las explicaciones historiográficas como respuestas de grupos sociales y nada de personalismos. Al final de la Guerra Fría también se acaban las explicaciones catastrofistas-cataclismos, y ahora, todo se basa en el cambio climático.

¿Es que desapareció La Cultura Argárica como la Atlántida?, ¿Acaso no fue parte del proceso que arrancó desde el Neolítico hasta nuestros días, en el llamado Occidente?. Ya en Los Millares se aprecia en las especies de caza y en los cultivos, esa inercia a la sequedad, ¿habría que poner la frontera entonces en ése momento?.

Si algo he aprendido con los años, es que todo cambio-evolución, no se significa por una sola explicación, es el producto de varias circunstancias convergentes, que a veces trabajan soterradamente y no se evidencia su influencia hasta el final del proceso.

En otras civilizaciones ganaderas, por ejemplo, no se ha apreciado el cambio, aún siendo evidente que la climatología no era la misma, solución: Se elevaron los hábitats para seguir manteniendo los pastos frescos y la pluviosidad necesaria para subsistir... en civilizaciones agrícolas, que también recibieron el impacto, se hizo evidente el uso intensivo de canales de riego, acequias, embalses y demás soluciones para conservar su medio de vida basado en los cultivos...

Creo que en contra de toda la "prudencia" que los científicos siempre hacen gala para explicaciones globales, en la Universidad de Murcia se han ido por la explicación "facilona" de hoy día. No hay que olvidar que la civilización del Argar se extendió hasta tierras de Jaén o Alicante, y allí continuó mucho tiempo hasta la llegada de nuevas ideas o soluciones tecnológicas, que obligó a un cambio material y social" 

 

Un colapso ecológico acabó con la cultura argárica del Sudeste ibérico

FUENTE: EL MUNDO/ROSA M. TRISTÁN/MADRID. 27-11-07

La cultura argárica, que se asentó en el sudeste de la península Ibérica hace entre 4.500 y 3.600 años, desapareció por una mala gestión de sus recursos naturales. El colapso ecológico tuvo mucho que ver con la deforestación a la que sometieron a una zona que ya sufría de aridez y en la que los incendios fueron una constante.

Ésta es la conclusión a la que ha llegado científicos de la Universidad de Murcia, gracias al estudio de los fósiles de polen y de los carbones hallados en el subsuelo de la Sierra de Baza (en Granada) y en la Sierra de Gádor (Almería).

Los argar, llamados así porque los primeros indicios de su existencia aparecieron en el poblado almeriense de El Argar, fue una de las primeras sociedades urbanas de Europa Occidental, en plena Edad de Bronce. Después de alcanzar un amplio grado de desarrollo, su desaparición repentina, unos 1.500 años a. de C., siempre ha sido un misterio. Algunos creen que se debió al agotamiento de las minas en las que conseguían el material para hacer sus adornos, sus puñales o sus hachas, otros hablan de invasiones o de cambio climático.

Vasijas de la cultura argárica. (Foto: Universidad de Murcia)

Vasijas de la cultura argárica. (Foto: Universidad de Murcia)

Sin embargo, José S. Carrión, del Departamento de Biología Vegetal de Murcia, y sus colegas aseguran, en la revista científica 'Quaternary Science Reviews', que hubo un desastre ecológico causado por el hombre en una región que ya era propensa a la sequía.

Evolución ambiental

Polen fosilizado visto por el microscopio. (Foto: Universidad de Murcia) Los investigadores tomaron dos testigos de los sedimentos acumulados en el suelo de la Cañada del Gitano (Sierra de Baza) y en la Sierra de Gádor. La máxima profundidad a la que llegaron fue 4,17 metros, hasta dar con el lecho de roca. El objetivo era reconstruir el ecosistema de aquella lejana época y comparar los resultados para ver cómo había evolucionado el medio ambiente en esta región levantina a lo largo de miles de años, en pleno Neolítico, gracias al estudio de los fósiles de diferentes tipos de polen.

Después vino el estudio del material en el laboratorio. "Retrocedimos hasta 8.400 años en la historia y comprobamos que ya hace 5.500 años el clima inició un cambio, se hizo más árido, pero la vegetación se adaptó y no hubo colapso", explica Carrión a EL MUNDO.

Sin embargo, con la cultura argárica, hace unos cuatro milenios, se intensificó la minería y comenzaron a producirse excedentes agrícolas y una mayor explotación de los bosques. Gracias a los carbones, se sabe que hace unos 4.100 años se extendieron los fuegos provocados, quizás para aumentar los pastos, y hace 3.800 años la vegetación había cambiado: los bosques originales se transformaron en matorrales y plantas espinosas.

Polen fosilizado visto por el microscopio. (Foto: Universidad de Murcia)

"Se perdió una gran biodiversidad ecológica y de forma muy rápida, en menos de una década. El cambio del clima no transformó el ecosistema, pero sí lo hizo la tala, los fuegos y el exceso de población. Se acabó la madera y sólo 300 años después la cultura argárica desapareció", argumenta Carrión. La agricultura y el pastoreo, básicas para su supervivencia, se hicieron imposibles y las comunidades tuvieron que emigrar.

Con estas conclusiones en la mano, el investigador recuerda que son muchas las culturas que han sufrido "un suicidio ecológico por sobreexplotación del medio», sobre todo en sociedades que han vivido en los márgenes de ecosistemas frágiles". "Debemos aprender del pasado. Cuando las comunidades son pequeñas, son sostenibles, pero el problema llega con la sobreexplotación brutal de un espacio", advierte

 

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