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9.0.- BIOTOPOS ARTIFICIALES
Sierra Nevada, al igual que el resto de los macizos montañosos de la Península Ibérica, no ha estado exenta de la intervención directa del hombre a lo largo de los últimos milenios. En este sentido debe recordarse que gran parte de la serranía está fuertemente antropizada, ya sea por repoblaciones y caminos forestales, pastoreo, producción agrícola, instalaciones deportivas, roturaciones del terreno, caza u otras actividades humanas, que de una u otra forma han contribuido a su aspecto actual. Las comunidades relícticas tan solo se conservan en algunas zonas de alta montaña, roquedos y primitivas manchas boscosas. Cuando la presencia humana se incrementa suelen producirse curiosos ecotonos (zonas de tránsito entre ecosistemas), donde las especies domésticas y las salvajes comparten y compiten por ocupar los mismos nichos ecológicos. Algunas especies animales salvajes suelen aprovechar los recursos alimenticios humanos como fuente de alimento, en un proceso adaptativo sin precedentes en la historia natural. Quizá el caso más representativo sea el del Gorrión común (Passer domesticus), cuya adaptación al medio humano es tan elevada que es raro encontrarlo en zonas agrestes o salvajes. Otras especies de etología (comportamiento) similar son el Ratón casero (Mus musculus), la Rata común (Rattus norvegicus), La Paloma zurita (Columba oenas), cuya dependencia del hombre es cada vez mayor.
Entre los insectívoros y carnívoros,
que cumplen un papel fundamental en el control poblacional de
invertebrados y roedores,
En resumen, se puede afirmar que Sierra Nevada constituye actualmente uno de los hábitats europeos que aportan una mayor biodiversidad, y de cuya conservación, protección y acertada gestión dependen multitud de especies de fauna y flora adaptadas a esta macroecosistema, sin parangón en el viejo mundo. |