SIERRA DE GÁDOR: LA GRAN DESCONOCIDA

 

 © TEXTO:    José Javier Matamala García. Eloy Gil González.  Fco. Joaquín Aguilar Delgado.                   

© FOTOS:     José Javier Matamala García.

 

Artículo publicado por la revista Foco Sur (1997) : nº 12: 36-39

 

Las actividades humanas desde la prehistoria han influido directamente en la composición, distribución y diversidad genética de los actuales ecosistemas. Esta situación, extrapolable a la mayor parte de Europa, es más evidente en la región mediterránea donde el hombre ha actuado como elemento modelador del medio; de hecho podemos decir que no existen en nuestra provincia paisajes estrictamente naturales, sino antropizados en mayor o menor medida. Esta afirmación no implica necesariamente una pérdida del valor ecológico del entorno, pero sí un cambio sustancial tanto cualitativo como cuantitativo con respecto al panorama inicial. Sin embargo, cuando el aprovechamiento de los recursos naturales supera la capacidad de adaptación entre hombre y medio ambiente, se produce la degradación y/o destrucción del mismo, en un proceso por lo general irreversible. En este artículo vamos a comentar y a reflexionar sobre una de las mayores catástrofes ecológicas acaecidas en la Almería del Siglo XIX. La Sierra de Gádor o “del plomo”, como la denominara José María Artero, fue su escenario.

Entre Sierra Nevada y el Mediterráneo

Localizada en el extremo Sur occidental de la provincia y perteneciente a la cordillera penibética, la Sierra de Gádor ocupa una extensión aproximada de 42.525 hectáreas, limitando al Norte con Sierra Nevada a través del Valle del Andarax, Oeste con la Sierra de la Contraviesa y al Sur con la gran llanura de origen sedimentario del Campo de Dalías, llegando a asomarse al mar a través de escarpados acantilados situados entre las localidades de Aguadulce y Almería. Su altitud, con cotas superiores a los 2.000 metros (Morrón 2.242 m.), la sitúa en el segundo lugar dentro del ámbito provincial. Desde el punto de vista geológico su edad se localiza en la era secundaria y puede definirse como una gran mole de materiales carbonatados, compuestos principalmente por calizas y dolomías que durante la Orogenia Alpina emergieron definitivamente de los fondos submarinos. El complejo estuvo sometido a violentos procesos volcánicos que transformaron sus rocas y que finalmente dieron lugar a fenómenos hidrotermales, responsables de su gran riqueza mineral, sobre todo en plomo, azufre y calamina (cinc). Esta sierra carece de cursos de aguas permanentes, aunque por su estructura geológica actúa literalmente como una enorme esponja que nutre al complejo sistema de acuíferos del Poniente Almeriense, aflorando también a través de sus múltiples fuentes y nacimientos y contribuyendo a la alimentación de la cuenca del Andarax.

Si algo define el clima de la comarca es la aridez y la influencia mediterránea. Las precipitaciones anuales, que oscilan entre los  a 300 y 500 l/m², se concentran durante el invierno y finales del otoño, pudiendo entonces coincidir con la temida “gota fría” cuyas torrenciales lluvias se derraman sin obstáculo por las desoladas laderas de su solana hasta el mar. De especial importancia son las habituales y efímeras nevadas invernales, principales responsables de la recarga del sistema de acuíferos de su vertiente sur. También destacan por su fuerza y frecuencia los “ponientes” y “levantes”; de hecho se está  construyendo en la zona del primer parque eólico de la provincia. 

Del encinar al pinar

Las masas forestales que actualmente se desarrollan en Sierra de Gádor se sitúan en las vertientes Norte y Oeste, estando compuestas principalmente por pinares (pino carrasco), como consecuencia de las repoblaciones llevadas a cabo en la zona durante el último tercio de siglo, constituyendo los incendios su peor enemigo; en este sentido, recordamos que sólo durante 1.991 ardieron más de 8.000 Has. Aún quedan rodales de encinar que constituye la vegetación potencial del área, así como algunos pies aislados de pino salgareño, roble, alcornoque, serval, acer, castaño, nogal, etc. El retroceso de la foresta inicial potenció el desarrollo de retamas y bolinas, destacando la presencia del endémico espino negro. Abundan atochares, tomillares y diferentes  plantas aromáticas. En las cumbres se localizan algunas especies de piorno como Vella spinosa. El resto de las laderas presentan un aspecto desolado; la destrucción ininterrumpida de la cubierta vegetal durante más de una centuria, provocó la práctica denudación del suelo iniciándose un proceso de progresiva desertización. 

Sin embargo, esta serranía mantiene una rica y variada flora con multitud de especies catalogadas y diversos endemismos como Centaurea gadorense, Coronopus navasii, Lavatera oblonguifolia, Seseli intrincatum que convive con Thymus serphylloides ssp. gadorensis o Teucrium intrincatum

Fauna: la gran olvidada

Entre los animales el grupo más numeroso es el de los invertebrados, destacando por su importancia las mariposas; de hecho, la Junta de Andalucía la catalogó a esta sierra como Zona de Especial Interés Lepidopterológico. Existen bellísimas representantes endémicas, como Melitaea trivia ssp. augustini o la Mariposa Apolo de Sierra de Gádor (Parnassius apollo ssp. gadorensis). Una de las especies más singulares es un caracol denominado popularmente como “chapa” (Iberus gualteriano), cuya recolección abusiva lo ha puesto al borde de la extinción. 

Los vertebrados de este macizo son quizá los más desconocidos y menos estudiados de la provincia de Almería. Los datos que se exponen a continuación son el resultado de rutas y censos, que hemos realizado durante los últimos tres años. El grupo más abundante es el de las aves, entre las que destacan las de paso (42%), seguidas de las sedentarias, las invernantes y las estivales. La presencia de más de 130 especies incluye a esta zona entre las de más rica ornitofauna  dentro del ámbito provincial. Las estrictamente forestales están escasamente representadas como consecuencia del actual monocultivo de pinares. Aún así, cabe destacar la existencia de rapaces nocturnas como el autillo, los búhos real y chico, o la lechuza campestre, cuyos cantos delatan su presencia en las frías noches invernales, así como otras de carácter diurno caso del águila real, el alcotán, el esmerejón, o el cernícalo vulgar. También habitan estos bosques diversas especies de pajarillos como lúganos, pinzones, mirlos, carboneros y  herrerillos; el cuco y el críalo  aprovechan los nidos ajenos para depositar sus huevos en un alarde de descarado parasitismo. Mención aparte merece la nidificación de la tórtola común, hasta hace poco ligada a los pasos migratorios. Los roquedales de son el último refugio para algunas parejas de águila perdicera  y de otros pájaros como el avión roquero. Los pastizales, asentados sobre altiplanicies dentro del complejo serrano, constituyen el hábitat idóneo para comunidades de aves esteparias como alcaravanes, calandrias, alondras, terreras y cogujadas, mientras que en las asoladas ramblas y cárcavas nidifican especies de distribución ibero-africana, como el camachuelo trompetero, la carraca, el abejaruco, la oropéndola, el vencejo real, alcaudones y collalbas. Las zonas de cultivo y los sotos fluviales de la umbría son las que aportan un mayor número de aves como el verdecillo, el pardillo, el jilguero, la abubilla, el petirrojo y distintas especies de currucas, verderones, colirrojos, carriceros, mosquiteros, lavanderas, mirlos, ruiseñores, escribanos, etc. 

Entre los mamíferos más frecuentes destaca el jabalí. La presencia de pequeñas manadas de cabras monteses, procedentes de Sierra Nevada, puede contribuir al aumento de esta especie amenazada si se controla su caza furtiva. Dentro de los pequeños predadores abundan zorros, ginetas, comadrejas y  tejones. Recientemente (1995-96) hemos podido constatar la presencia del gato montes en las estribaciones gadorenses de Illar y de Alhama de Almería, lo cual abre cierta esperanza para este pequeño felino amenazado de extinción. También abundan conejos, liebres, topos y  topillos comunes, ratones de campo, musarañas, musarañitas y erizos. Las cuevas y minas abandonadas sirven actualmente de refugio para varias especies de murciélagos. Entre los reptiles y anfibios más abundantes destacan las lagartijas ibérica, colirroja y colilarga, el Lagarto ocelado, las culebras bastarda, de herradura y de escalera, así como las denominadas culebras de agua (Natrix natris y Natrix maura) que comparten su hábitat con sapos comunes y corredores, ranas y salamanquesas. La presencia del camaleón común en la vertiente Sur oriental de la sierra es consecuencia de la reintroducción de esta especie amenazada, que antaño colonizó gran parte del mediterráneo árido. 

Crónica de una muerte anunciada

Bajo este título (con el beneplácito de García Márquez) podrían haberse enmarcado las referencias que Madoz (1845-50), coetáneo de la destrucción de la Sierra de Gádor, realizó en su conocido “Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico”, en las medianías del Siglo XIX. Para iniciar este breve relato histórico citamos literalmente algunos de sus pasajes: “Solo debemos advertir, que terminará mucho antes que debiera su producción, por el fatal sistema de laboreo llamado de partidos, que propiamente es el de saqueo, á que por sus dueños se han entregado muchas minas”. ... “ el combustible del monte alto y bajo ha desaparecido, casi enteramente por el consumo de las minas y fábricas”. ... “su extenso y bien poblado bosque de encinar ha sido talado del todo y consumidas en los hornos de fundición hasta las raíces”. ... “ha desaparecido el grande encinar y hasta el monte bajo que la cubría, hallándose en la actualidad toda pelada, a excepción de la dehesa de Berja y el monte de Dalías”... . 

Aunque la explotación de estas minas se remonta al Siglo III a. de C., por parte de los cartagineses y posteriormente de los romanos y árabes, la “fiebre del plomo” se desató a partir del Decreto de 4 de julio de 1825, que liberaba para su laboreo las minas, desvinculándolas de la Corona y potenciando el desarrollo de pequeños núcleos de explotación. Entre 1796 y 1860 se extrajeron casi un millón de toneladas de plomo, convirtiendo a Almería en la primera potencia mundial en explotación de este rico mineral. Para fundir estas ingentes moles de galena fueron necesarias 1.355.966 Tm. de atochares y 52.058 Tm. de encinas. Según estudios recientes de Sánchez Picón (1996) estas cifras serían extrapolables a la destrucción de 40.000 a 50.000 Has. de espartal y 28.000 Has. de encinar, aproximadamente medio millón de árboles, lo que produjo la asolación y destrucción del complejo serrano, en pro de un “beneficio” económico que, además no repercutió nunca en la zona. Para estos menesteres existieron 20.000 mineros y 10.000 jornaleros empleados en las fundiciones y el transporte del mineral, que combinaban esta actividad con la agrícola principalmente orientada al cultivo de la uva de parra, haciendo del Valle del Andarax y de la vega de Berja - Dalías la zona con mayor densidad de población de la Península Ibérica. Las roturaciones para cultivos en las fértiles laderas serranas y las talas para el abastecimiento de la población, contribuyeron positivamente a la destrucción de los últimos bosques autóctonos. La irrupción, al final de esta centuria, del plomo americano en el mercado internacional, amén de las obsoletas infraestructuras provinciales no profesionalizadas y dependientes de capitales extranjeros, provocó uno de los más sonados desastres en nuestra reciente historia económica y ecológica.

 De la prehistoria a la actualidad

Desde el Neolítico hasta la Cultura del Argar (Edad del Bronce) destacan interesantes asentamientos como El Cerrón, El Cerroncillo y Celín en Dalías, el Cerro de Villavieja, Negite y la Cueva de Las Cimas en Berja o el megalito de Guainos Alto en Adra. Sin embargo, el más importante de todos ellos es  el poblado de Los Millares, declarado en 1931 como Monumento Histórico Artístico, dando incluso nombre a una Cultura específica. En él podemos contemplar las murallas de piedra y los fosos, que hace más de 4.000 años defendían las cabañas circulares de aquel próspero núcleo, así como el centenar de tumbas que eran usadas para enterramientos colectivos. Como dato curioso, destacamos que el Río Andarax era navegable desde Los Millares hasta su desembocadura en el Mar Mediterráneo, en una época mucho más húmeda que la actual. La mayor parte de los restos hallados se encuentran depositados en el Museo Arqueológico de Almería, cuyas “eternas“ remodelaciones limitan la contemplación de uno de los mayores tesoros culturales de la provincia.

En época histórica se procedió a la creación de distintas ciudades como la fenicia Abdera (Adra), ocupada posteriormente por cartagineses y romanos; estos últimos fundaron Murgis (El Ejido), Virgis (Berja), Turaniana (Paraje de los Bajos - Roquetas de Mar) y Urci (El Chuche), la musulmana Bayyana, embrión de lo que sería la Almería islámica. Los romanos denominaron a estos montes como Illipula. La época de máximo esplendor estuvo ligada a la colonización árabe del lugar conocido entonces como “Germita de Heb” o Cueva del Oro, fundandose la totalidad de las poblaciones que rodean el entorno, destacando algunas necrópolis como la de Paulenca, bajo la organización en distritos llamados Tahas. La innovadora tecnología agrícola y el manejo de los escasos recursos hídricos, hicieron de ésta una de las comarcas más prósperas del Sureste peninsular. Tras la conquista de Granada, por los Reyes Católicos, se procedió a la recolonización del área a partir de “cristianos viejos” y al aplastamiento de las sublevaciones moriscas a finales del Siglo XVI con sangrientas batallas en localidades como Berja, Enix y Felix. El resultado final fue el empobrecimiento y despoblamiento del área, que se mantuvo hasta el resurgimiento decimonónico ya comentado. 

La economía actual se basa principalmente en diversos tipos de aprovechamiento agrícola. En la Baja Alpujarra Almeriense domina el cultivo de la parra. Sin embargo, la decadencia de este sector está dando paso a grandes plantaciones de almendros y a la incursión del invernadero, en la vega de Dalías - Berja, provocando una  transformación del paisaje secular. Berja es el núcleo más poblado de la comarca; con más de 12.500 habitantes conserva algunos edificios y zonas singulares, como el barrio de los Cerrillos de calles morunas y ricas fuentes, la Torre de los Enzysos o la Casa del Molino del Perrillo. Desde esta localidad podemos acceder a la adecuación recreativa de Castala, antiguo vivero destinado a la repoblación del entorno, cuyas pistas forestales nos conducen a las últimas infraestructuras mineras de las sierra. Las Fuentes de Marbella, situadas al Oeste de la villa constituyen un lugar de indudable valor ecológico y paisajístico progresivamente degradado ante la ausencia de la protección de la zona. En Dalías, además del estruendoso clamor de tracas y petardos que acompaña a la festividad del Cristo de la Luz (septiembre), destaca la zona recreativa de Celín.

En el bajo Andarax se sitúa el pueblo de Gádor, que dio nombre a esta sierra. De su origen ibero - romano destacan dos interesantes tallas del “Buen Pastor”, que curiosamente representan a carneros. Rica en fuentes y con algún edificio singular como el Palacio del Rey Chico, es la capital de la “ruta del azahar”. Los cultivos de cítricos, sobre todo naranjos, jalonan otras localidades como Alicún, Huécija, Illar, etc. Encaramados en la sierra destacan los baños termales de Alhama de Almería y, en la solana, las poblaciones de Enix y Felix, de exquisitas aguas y cuya estampa nos recuerda a la de otras localidades de nuestro vecino continente.

Régimen de protección y actuaciones administrativas.

En la década de los cincuenta se dictó una Ley de Reserva Minera de Sierra de Gádor, poniendo a disposición de los poderes centrales la totalidad de las concesiones de prospección y explotación de la zona. Las actuaciones estrictamente medioambientales dentro de la comarca, donde gran parte de la superficie corresponde a Montes del Estado se han centrado en repoblaciones, restauración hidrológico - forestal, creación de infraestructuras (refugios) y caminos  forestales, tratamientos selvícolas y prevención de incendios. En este sentido cabe destacar la reciente creación de un Centro de Defensa Forestal, en la localidad de Alhama de Almería, así como, la clausura de diversos vertederos incontrolados de la comarca. El Plan Especial de Protección del Medio Físico, incluyó en su Catálogo de Espacios y Bienes Protegidos a la Sierra de Gádor como Complejo Serrano de Interés Ambiental , a las Vegas de Berja, Dalías y del Medio y Bajo Andarax como Paisajes Agrícolas Singulares, al Parque Forestal de Castala como Espacio Forestal de Interés Recreativo y a los Acantilados de Almería - Aguadulce como Paraje Sobresaliente. Se prevee la próxima declaración del Peñón de Bernal como Monumento Natural por la Junta de Andalucía.

Consideramos que sería decisivo para la conservación eficaz de los hábitats descritos su declaración a medio plazo como Parque Natural y/o Paraje Natural, figuras con capacidad para asegurar la protección definitiva de la gran biodiversidad, los valores paisajísticos y antropológicos que alberga esta gran desconocida llamada Sierra de Gádor.