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ESPECIES
SINGULARES ALMERIENSES: EL FLAMENCO ROSADO © TEXTO
Y FOTOS: JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA Artículo
publicado por la revista Foco Sur (2000) : nº 29: 36-37
La relación entre
hombre y flamenco en el ámbito mediterráneo ha sido siempre estrecha.
Los egipcios lo consideraban como un animal fabuloso capaz arder cada día
para resurgir al siguiente de sus propias cenizas; el mito del
Ave Fénix tuvo
continuidad en la vieja Grecia donde fue denominado phoenicopterus,
palabra adoptada por los zoólogos para designar a uno de los principales
géneros de esta zancuda. El
bellísimo espectáculo que ofrecen los bandos de flamencos cuando
levantan el vuelo al alba o durante el ocaso, mostrando entonces el color
escarlata vivo de sus coberteras alares, debió ser sin duda fuente de
inspiración para los creadores de esta hermosa y conocida fábula. Para
los pragmáticos romanos estos animales tenían otro interés menos fantástico;
su musculosa lengua constituía un exquisito manjar, reservado tan solo a
algunos privilegiados paladares; también fueron aprovechados como fuente
de alimento sus huevos y destruidas sus colonias de cría en las salinas
industriales lo que influyó en la disminución, tanto de las áreas de
distribución, como del número total de ejemplares de esta huidiza
zancuda que antaño debió ser una de las más abundantes del área
mediterránea. Los flamencos
constituyen un grupo de aves que a lo largo de su historia evolutiva se
han especializado en la colonización de aguazales salinos e hipersalinos.
Taxonómicamente están divididos en cuatro especies, una de las cuales (Phoenicopterus ruber)
presenta tres subespecies. Aparecen ampliamente distribuidas por las
regiones templadas de la cuenca mediterránea, África, Suroeste de Asia y
algunas áreas de Centro y Suramérica. Los fósiles más antiguos de
flamencos se remontan al Mioceno; según estos registros hace más de 10
millones de años estas zancudas ocupaban también la mayor parte de
Europa, Norteamérica y Australia. La subespecie que se
observa en la Península Ibérica, el Flamenco
Rosado (Phoenicopterus
ruber roseus), se distribuye de forma discontinua por África,
Suroeste asiático y Europa meridional,
desde el nivel del mar, hasta los 3.100 m. de altura que se
alcanzan en Dasht-e-Nawar (Afganistán). Su población mundial se estima
en unas 800.000 aves, de las que aproximadamente el 10% viven en el
Mediterráneo Occidental, distribuyéndose en saladares costeros de
Francia, España, Marruecos, Argelia y Túnez y de algunas islas, como
Cerdeña y Baleares. Este núcleo mediterráneo mantiene cierto grado de
intercambio con las poblaciones mauritanas y senegalesas, flujo que se
establece gracias a la existencia de algunos humedales que bordean al
Desierto del Sahara.
Características
principales Estas aves han
desarrollado un conjunto de adaptaciones anatómicas y fisiológicas que
les permiten ocupar los niveles superiores de las cadenas alimenticias de
los saladares que habitan. Sus largas patas de cigüeña y su
desproporcionado cuello de garza les capacita para explotar las zonas
profundas de las lagunas, donde no pueden hacerles competencia otras pequeñas
zancudas como los limícolos; sus pies palmeados, como los de los patos,
les facilitan remover y andar sobre el fango, así como nadar con
destreza. Pero sin duda es su
grotesco pico el sistema adaptativo más característico de este grupo de
aves. Su configuración anatómica lo convierte en una eficaz herramienta
para el filtrado de los lodos donde se encuentran las partículas
alimenticias que componen su dieta; las mandíbulas, rodeadas por
laminillas córneas, actúan como un cedazo que criba el fango gracias a
la acción de succión y expulsión del mismo desde
su cavidad bucal y que realiza mediante su musculosa lengua.
La estrecha relación entre el flamenco y los medios salinos ha
conllevado a interesantes procesos coevolutivos con otras especies también
ligadas a estos hábitats. Es el caso de Flamingolepis
ligoloides, un invertebrado parásito perteneciente al mismo género
que las tenias humanas (cestodos) y cuyos huéspedes son el crustáceo Artemia
salina y uno de sus principales predadores, el Flamenco Rosado. Los flamencos suelen
alimentarse en bandos lo que favorece un mayor movimiento de los lodos del
fondo, facilitando una mejor filtración de los mismos. Su dieta está
compuesta principalmente por pequeños invertebrados, organismos
unicelulares y restos y semillas vegetales, que viven o se asientan sobre
los lodos salinos. Entre los invertebrados destacan las larvas de dípteros,
como las de los quironómidos, y
de coleópteros, pequeños moluscos y crustáceos como Artemia salina, un braquiópodo que constituye una de las formas
vivas mejor adaptadas a los medios hipersalinos. En ocasiones se alimentan
de camarones (Palaemonetes sp.),
picoteando entonces frenéticamente la superficie del agua para
capturarlos. Cabe destacar que los tonos rojizos que caracterizan su
plumaje, que tienen una importancia fundamental durante el período
reproductor, proceden directamente de las ricas fuentes de pigmentos
carotenoides que se encuentran en algunos de los microorganismos que
componen su dieta. Durante las paradas
nupciales que se inician a partir de febrero, los machos adultos exhiben
un complejo cortejo que, a modo de danza ritualizada, realizan de forma
sincronizada; el objetivo es atraer a las hembras con las que mantendrán
vínculos monógamicos que podrán continuarse durante más de una estación.
Los nidos se sitúan en apretadas colonias; de forma tronco-cónica están
constituidos por barro y restos orgánicos de plantas, plumas, etc. Los
huevos (generalmente uno) son incubados por ambos miembros de la pareja,
eclosionando a los 28-31 días. Los pollos seminidífugos son alimentados
inicialmente por sus padres mediante una secreción lipoprotéica
remotamente parecida a la leche de los mamíferos. Pasado un mes se
alimentan por si solos, formando bandos con otros jóvenes que se
distinguen por el tono gris oscuro de su plumaje, pico y patas, mientras
que son vigilados por adultos como si de guarderías se tratase. A partir
de julio comienzan a abandonar las áreas de nidificación para
distribuirse por las zonas de invernada.
Población almeriense El Flamenco Rosado es una especie característica de los saladares
almerienses, observándose
principalmente en las Salinas de Cerrillos, en los Charcones de Entinas y
en las Salinas de Cabo de Gata donde se alcanzan concentraciones estivales
de más de 3.000 aves. Otra localidad importante la constituían las
Salinas de Guardias Viejas en El Ejido, que han sido destruidas
impunemente durante el presente año en lo que puede calificarse como el
atentado ecológico más importante que ha sufrido Almería a lo largo de
la última década. Otras localidades visitadas esporádicamente por esta
bella zancuda son las desembocaduras de los ríos Almanzora, Aguas, Antas
y Andarax, la Rambla de Morales o las antiguas Salinas de Terreros en Pulpí.
Los humedales
almerienses son utilizados durante los movimientos migratorios entre
Europa y África, como área de invernada y también como zona de veraneo
cuando la mayoría de los aguazales ibéricos y norteafricanos están
secos o alcanzan sus mínimos hídricos, mientras que éstos permanecen
casi ajenos al estiaje por su propia dinámica hidrogeológica. Se ha
podido demostrar mediante la lectura de anillas (amarillas las de Camarga
y naranjas las de Fuente de Piedra) la importancia que las salinas
almerienses tienen dentro del núcleo de población del Mediterráneo
Occidental y especialmente para la colonia de nidificación de Fuente de
Piedra, desde donde en ocasiones los individuos adultos que nidifican en
ella se desplazan para alimentarse hasta los saladares almerienses, cuando
la escasez de agua y de nutrientes los obligan ha realizar estos heroicos
esfuerzos para mantener a sus polladas. Así mismo, destacan
varios intentos de nidificación en las Salinas de Cabo de Gata a lo largo
de las dos últimas décadas; a finales de los ochenta se construyó un
islote artificial para potenciar el asentamiento de una colonia de la cría
que, imitando modelos ensayados con éxito en la Camarga francesa, supuso
un rotundo fracaso. La más importante de estas tentativas fue sin duda la
realizada durante 1990 en el que participaron más de 750 parejas de aves
adultas con el resultado final de 388 nidos construidos y la puesta de
tres huevos. Estos reiterados fracasos se deben principalmente a las
molestias a las que son sometidas las colonias de nidificación con el
libre deambular de personas, el sobrevuelo de aeronaves, la entrada en el
recinto de predadores como el jabalí o la descoordinación entre los
ciclos biológicos y la actividad salinera que produce la inundación de
las áreas de cría, situaciones todas ellas controlables con más dosis
de imaginación que de inversión económica si existieran la sensibilidad
y la voluntad necesarias para corregirlas,
más cuando se trata de un espacio incluido en el Convenio Ramsar sobre
Zonas Húmedas de Importancia Internacional y parte integrante de una
Reserva de la Biosfera. El asentamiento de una nueva colonia de cría en Almería contribuiría a garantizar el futuro de la población del Mediterráneo Occidental que, actualmente, depende no solo de la buena gestión de humedales como Fuente de Piedra, sino de algo menos predecible como son los prolongados períodos de sequía durante los que quedan inertes éste y otros puntos de nidificación de la especie en la cuenca mediterránea. |