AGUAZALES ALMERIENSES: LAS ALBUFERAS DE ADRA

© TEXTO Y FOTOGRAFÍA: - JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA, FCO. JOAQUÍN AGUILAR DELGADO y ELOY GIL GONZÁLEZ

Artículo publicado por la revista Foco Sur (2000) : nº 47: 42-44

Definición y conceptos básicos 

La expresión zona húmeda procede de la traducción literal del término inglés “wetland”, que engloba a un gran número de hábitats que tienen en común su vinculación a la presencia de agua, abarcando, en líneas generales, a cualquier anomalía hídrica positiva del paisaje que sea temporalmente significativa. Quizá, la definición más extendida en la actualidad sea la establecida por el Convenio Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia Internacional, que entiende por humedales “... las zonas de marisma, pantano, turbera o aguas rasas, naturales o artificiales, permanentes o temporales, de aguas remansadas o corrientes, dulces, salobres o salinas, con inclusión de aguas marinas cuya profundidad en marea baja no exceda de los seis metros”. 

Pese a esta amplia definición las zonas húmedas constituyen uno de los ecosistemas más amenazados de la Tierra, además de poseer unos índices de biodiversidad que superan con creces al resto de los hábitats del planeta y que pueden compararse con los registrados en las selvas tropicales o en los arrecifes de coral. Asimismo son uno de los mejores medios donde poder evaluar la calidad ambiental del entorno al acusar tanto los impactos positivos como los negativos, amén de constituir un excelente recurso a la hora de establecer planes científicos o proyectos de educación ambiental. 

A lo largo de la última mitad del siglo XX han desaparecido en España aproximadamente el 50 % de los humedales preexistentes. Esta destrucción masiva obedece al total desprecio que los aguazales por si mismos han tenido para el hombre que los ha desecado, siguiendo absurdas políticas sanitarias y de especulación urbanística o los ha reconvertido en zonas de cultivo que, casi siempre, han producido resultados muy por debajo de los esperados. Esta situación ha sido favorecida en ocasiones de forma directa por la propia Administración, como lo demuestra la tristemente famosa Ley de 24 de junio de 1918, conocida popularmente como “Ley Cambó”, que alentaba a la desecación de lagunas, marismas y terrenos pantanosos, bajo pretextos insostenibles de garantizar la salud pública y que estuvo en vigor hasta 1986.

Humedales almerienses 

Dentro de un entorno árido como el que caracteriza a la mayor parte del litoral almeriense, donde las formas vivas están supeditadas a un estrés hídrico casi constante, la presencia de un pequeño grupo de aguazales costeros que suman en conjunto poco más de 2.000 hectáreas, contribuye directamente a aumentar la biodiversidad de este rincón del Sudeste peninsular. Cabe destacar que en los aguazales almerienses han llegado a registrarse más de 115 especies de aves acuáticas y marinas, lo que representa un elevado porcentaje con respecto al total de las catalogadas en la Península Ibérica. 

En primer lugar, destaca su situación estratégica que coincide con las rutas migratorias empleadas por multitud de aves durante sus pasos migratorios pre y postnupciales entre Europa y África, lo que añadido a la práctica ausencia de otros humedales costeros hasta el Estrecho de Gibraltar, a excepción de la desembocadura del Río Guadalhorce, confieren a estos aguazales una gran importancia como áreas de alimento y reposo para estos incansables viajeros. 

En segundo lugar, características climatológicas como la ausencia de un invierno térmico, el elevado número de horas de insolación o el amplio fotoperiodo que caracteriza a estas latitudes, convierten a estos hábitats en áreas idóneas para la invernada de un importante contingente de zancudas, anátidas y larolimícolos. 

Por último, pese a la aridez circundante, la mayor parte estos humedales mantienen niveles hídricos óptimos incluso durante el implacable estío almeriense. Esta situación, debida a la presencia de acuíferos subterráneos o a la inundación artificial de los terrenos como ocurre en las salinas, contrasta con la desaparición o disminución de las láminas de agua de la mayoría de las lagunas andaluzas en el verano, lo que aumenta su valor ecológico, actuando como auténticos reservorios de vida durante los prolongados períodos de sequía que caracterizan a la Península Ibérica en general y al Sur de la misma en particular.

Albuferas de Adra 

Las Albuferas de Adra, situadas en el término municipal del mismo nombre, están compuestas por dos lagunas denominadas Albufera Honda y Albufera Nueva que en conjunto ocupan una extensión aproximada de 75 hectáreas. Este humedal de aguas permanentes aparece rodeado por un denso cinturón de vegetación palustre compuesto principalmente por carrizos, cañas, juncos y eneas, aunque quizá su característica morfológica más destacable sea la de presentar amplias láminas de “aguas libres” donde se concentra una variada y rica ornitofauna.  

Situadas dentro de una cuenca endorreica se nutren principalmente por las aguas de lluvia procedentes de las ramblas de “Las Adelfas” y de “La Estanquera”, así como por infiltraciones subterráneas de los acuíferos circundantes, destacando también las de origen marino. En este sentido cabe resaltar que la “Albufera Nueva“ -la más próxima a la costa- se originó a partir de una primitiva bahía, separada del mar por una franja de depósitos endorreicos como consecuencia del encauzamiento durante el siglo XIX del Río Adra hasta esta zona, para evitar así las avenidas e inundaciones que afectaban periódicamente a la localidad de Adra. En cualquier caso, es el humedal que mantiene los niveles más bajos de salinidad en comparación con el resto de los aguazales almerienses.

Actualmente se encuentran literalmente embutidas entre invernaderos, situación que compromete tanto a sus valores estéticos y paisajísticos como a la calidad ambiental de sus aguas. Sin embargo, pese a soportar y estar amenazadas por procesos de eutrofización y de contaminación por biocidas, este aguazal constituye uno de los principales enclaves de Andalucía Occidental para el mantenimiento estacional de miles de rállidos, zampullines y anátidas. La especie más abundante es la focha común, sedentaria al igual que la gallineta común; otros rállidos más escasos y raros son el diminuto rascón, la focha cornuda  -de carácter ocasional - o el llamativo calamón, especie amenazada como la anterior que pese a su gran tamaño y brillante colorido azulado suele pasar desapercibido, siendo detectado por su inconfundible canto dentro de la espesura del carrizal.  

Los patos o ánades constituyen la segunda familia en abundancia y la primera en diversidad específica en este aguazal. Entre éstos destacan los ánades que, como el rabudo, el friso, el cuchara, el silbón, el tarro blanco, las cercetas común y carretona o el ánsar común, invernan en la zona o aparecen durante los pasos migratorios, al igual que los porrones moñudo, bastardo y pardo, siendo este último una especie muy escasa y estando globalmente amenazada. Otras anátidas como el porrón común o europeo, el ánade real o pato azulón y el pato colorado son sedentarios nidificando entre la orla de vegetación de estas lagunas durante la primavera. En general, puede afirmarse que la mayoría de las anátidas descritas poseen marcados pasos migratorios, destacando el postnupcial que concentra a miles de ejemplares durante los meses de septiembre y octubre, siendo esta la época más aconsejable para la realización de observaciones. 

A mediados de los años 80 se incorporó a esta lista la malvasía cabeciblanca. Este pequeño pato, de pico azul y cola alzada en los machos durante el período reproductor, estuvo a punto de extinguirse a mediados de la década de los setenta, en la que tan solo quedaban en España no más de una veintena de ejemplares. La protección de sus áreas de reproducción contribuyó positivamente al aumento del número de efectivos que puede estimarse en más de un millar y medio de aves en el Mediterráneo Occidental, manteniendo sin embargo un alto riesgo de extinción. En la actualidad las Albuferas de Adra, junto con la Cañada de Las Norias - El Ejido - y el charcón del Hornillo en las Salinas de Cerrillos - Roquetas de Mar- acumulan más del 80% de los pollos nacidos en España, convirtiendo a Almería en una zona clave para el futuro de esta especie. Pese a este aumento poblacional es fundamental el mantenimiento del centro de cría en cautividad del Parque Nacional de Doñana que garantiza posibles desastres de la población en libertad, además de posibilitar su reintroducción en áreas mediterráneas donde se ha extinguido por completo. De hecho, en agosto de 1991 se procedió a la liberación de una veintena de individuos procedentes de este centro en las Albuferas de Adra, con el doble objetivo de reforzar la población y estudiar los movimientos migratorios de la especie -aves anilladas-. Sus principales problemas actuales radican en la llegada a España de la malvasía canela, especie foránea perteneciente al mismo género que la autóctona y procedente de aves asilvestradas en Gran Bretaña. Esta especie hibrida con la malvasía cabeciblanca provocando una contaminación genética. También la introducción de carpas en algunos de sus hábitats provoca un enturbecimiento del agua y da lugar al abandono de éstos por parte de la especie. Cabe destacar el aumento de las observaciones de cerceta pardilla, otra especie incluida en la categoría de “en peligro”, dentro del Libro Rojo de los Vertebrados de España y que nidifica en la cercana Cañada de Las Norias. 

Entre los zampullines destacan el chico y el somormujo lavanco, ambos nidificantes en la localidad, además del cuellinegro que forma nutridos bandos durante el invierno. Al atardecer, cientos de garcillas bueyeras y garcetas comunes y otros ardéidos más escasos como las garzas reales, los martinetes y los avetorillos van acomodándose sobre los cañaverales y carrizales donde pasarán la noche, siendo ocasional la presencia de la garcilla cangrejera, otra de las joyas de la ornitofauna ibérica. Las gaviotas utilizan estas someras lagunas para descansar, estando representadas prácticamente todas las especies del litoral entre las que destacan la reidora, la patiamarilla, la sombría, la cabecinegra, la enana, la picofina o la de Audouin. También pueden aparecer diferentes estérnidos como los charranes común y patinegro o el charrancito, mientras que los fumareles como el común, el cariblanco y el rarísimo aliblanco se alimentan de insectos a ras del agua. 

Además de las aves acuáticas y marinas que visitan o viven en la Albufera, destaca la presencia de multitud de paseriformes o pajarillos que desarrollan su vida alrededor de la vegetación palustre, como distintas especies de carriceros, mosquiteros, ruiseñores, lavanderas o pechiazules, existiendo también rapaces ligadas a estos medios como el inconfundible aguilucho lagunero.  

Sin ánimo de realizar un análisis global de la fauna de este espacio, no debe obviarse la presencia de otros vertebrados como el fartet. Este pequeño pez, que raramente supera los 4 cm de longitud, aparece distribuido en algunas localidades del levante y Sureste peninsular, existiendo otra especie similar en las Marismas del Guadalquivir. Probablemente el fartet, que aparece tanto en las Albuferas como en el Río Adra y balsas de riego próximas, constituye una variedad única lo que le confiere un mayor valor biológico. Desde el punto de vista fisiológico presenta notables características, como la de soportar diferentes gradientes de salinidad -desde aguas dulces y salobres- y oscilaciones importantes de temperatura. Es un insaciable devorador de larvas de mosquitos, contribuyendo al control biológico de estos molestos insectos. Actualmente esta considerada como una especie en peligro de extinción dada la escasez de núcleos de población existentes. 

Entre los reptiles destaca el galápago leproso que presenta en este aguazal las mayores concentraciones dentro del ámbito provincial. Dentro de Europa está presente tan sólo en la Península Ibérica y desde los Balcanes hasta el Peloponeso. Habita  en aguas someras y de curso lento donde se alimenta de insectos acuáticos, gusanos y también de plantas. Las parejas se aparean generalmente en el agua y los huevos (de una a media docena) son depositados en la orilla, donde nacerán las pequeñas tortuguitas de apenas 3 cm de longitud.  

Las Albuferas de Adra fueron declaradas como Reserva Natural en 1989 por la Junta de Andalucía. Aparecen incluidas en el Convenio Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia Internacional, aunque paradójicamente no han sido aún catalogadas como Zona de Especial Protección para las Aves -ZEPA- de la Unión Europea. Recientemente se ha propuesto por el Gobierno Andaluz su inclusión como Lugar de Interés Comunitario (LIC). Desde 1998, año en el que fue adjudicada para el área una subvención correspondiente a los fondos estructurales “Life”, de la Unión Europea, viene realizándose un ambicioso proyecto de restauración del medio, en el que cabe destacar la propuesta de compra de algunos los terrenos que separan sendas lagunas y que actualmente se encuentran ocupados por cultivos bajo plástico. También son notables diversas iniciativas llevadas a cabo en la zona, entre las que destaca la colaboración con la Escuela - Taller “José Oliva” de Adra en diferentes programas de educación ambiental, dirigidos principalmente a los agricultores de la zona, además de a la defensa y reintroducción del fartet en las balsas adyacentes. 

Sin embargo, estas iniciativas no serán suficientes sino se toman las medidas necesarias que garanticen la protección definitiva del aguazal y que pasan inexorablemente por la eliminación progresiva de los invernaderos que rodean al mismo, los cuales aportan directa o indirectamente pesticidas y nutrientes -abonos- que producen un efecto continuado de contaminación y eutrofización de la lámina de agua, la cual sobrevive a duras penas gracias a su dinámica hidrológica. 

El acceso a la localidad puede realizarse a través de la A-340 desde donde parte un desvío hacia la localidad de Adra, conectando a esta vía con la antigua N-340. Desde ésta, las Albuferas aparecerán al margen derecho de la carretera transcurridos unos 2 Km en dirección a Almería. Para acceder a la Reserva o a alguno de los tres observatorios de uso científico instalados en el aguazal se precisa autorización de la Delegación Provincial de Medio Ambiente. Sin embargo, pueden obtenerse vistas generales del área e incluso observaciones ornitológicas con telescopio desde la propia carretera que transcurre a lo largo del perímetro Norte del humedal. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

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