ALMERÍA BAJO EL MAR: UN MUNDO POR DESCUBRIR 

© Texto:  José Javier Matamala García, Fernando Adam Matamala, Joaquín Aguilar Delgado y Eloy Gil González

© Fotografía:  Miguel Ángel Cervantes

Artículo publicado por la revista Foco Sur (1998) : nº 26: 8-14

El mar ocupa casi las tres cuartas partes de la superficie del planeta tierra que, en cualquier caso, debió denominarse planeta agua. Esta situación de privilegio marca una fundamental diferencia entre nuestro mundo y el resto de cuerpos celestes hasta ahora conocidos. En los océanos se originó la vida hace más de 3.500 millones de años. Todos los animales y vegetales que actualmente pueblan, tanto los fondos marinos, como la superficie terrestre, parten de antecesores que vivieron inmersos en los mares del planeta azul, desde primitivos organismos unicelulares como las algas verdiazules, hasta el propio hombre. Los seres humanos aun conservamos señas de identidad de este pasado común; así, durante su cuarta semana de vida el feto presenta primitivos y efímeros arcos branquiales, mientras que flota en un pequeño mar salado constituido por líquido amniótico.

El Mar de Alborán, que baña a la mayor parte del litoral almeriense, actúa como una enorme válvula de conexión entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, los cuales permanecen conectados mediante un flujo constante a través del Estrecho de Gibraltar. Se estima que este mar interior se renueva totalmente mediante este proceso cada 97 años. Las aguas atlánticas, menos saladas, se superponen a las mediterráneas que quedan en el fondo; así mismo, la mayor concentración de oxígeno disuelto de las primeras favorece el desarrollo de fitoplancton y zooplancton, creando las condiciones idóneas para el asentamiento de un importante banco pesquero rico en especies de alto valor culinario y económico, como el mero, el jurel, la gamba roja, el pulpo, la sepia o el calamar, entre otras muchas, que han sido explotadas secularmente por los habitantes de ambas orillas del Mare Nostrum, constituyendo en la actualidad uno de los principales caladeros de la flota pesquera de andaluza.

Las plataformas continentales que bordean a las tierras emergidas, que en el caso del Mediterráneo tienen una anchura media de 5 kilómetros, albergan casi a las cuatro quintas partes de todos los seres vivos de nuestro planeta, alcanzando densidades que solo pueden expresarse mediante números gigantescos. Una sola gota de agua en suspensión puede contener miles de animales y plantas microscópicos cuyo conjunto forma el plancton, primer y vital eslabón de la cadena trófica de los océanos. Así mismo, estas aguas litorales son utilizadas por gran número de peces, moluscos, crustáceos y otros seres marinos para reproducirse y criar, por lo que de su estado de conservación depende en buena medida la vida de los océanos. 

Con 226 Km de longitud, la costa almeriense presenta un gran número de accidentes geográficos debido a la proyección del sistema penibético y del área volcánica de Cabo de Gata sobre el mar, dando como resultado un singular y variado litoral compuesto por amplias playas, coquetas y recónditas calas, cinturones dunares y formidables acantilados marinos. En el poniente se dibuja un suave perfil costero, formado por grandes playas de arenas finas con importantes asentamientos turísticos y espacios naturales de singular belleza como Punta Entinas Sabinar. En el levante se sitúan  impresionantes edificios pétreos como la sierra volcánica del Cabo de Gata o la de Cabrera, kilómetros de playas sin urbanizar e innumerables calas y playas prácticamente vírgenes, que esconden espectaculares fondos marinos.

Principales fondos marinos de Almería 

La franja sublitoral almeriense se caracteriza por presentar una sucesión de fondos de roca y de arena donde se asientan diferentes comunidades de fauna y flora marinas, adaptadas a distintas condiciones de luz, profundidad y oleaje. En términos generales el estado de los mismos puede calificarse como bueno, aunque no queda exento de los problemas de sobreexplotación pesquera y contaminación comunes a los mares costeros del planeta. Pese a ello es difícil encontrar a lo largo de las costas del Mediterráneo, una representación tan amplia y bien conservada de lo que debieron ser sus fondos primigenios. Aunque las generalidades siempre son inciertas, podemos distinguir en el litoral almeriense tres tipos principales de fondos con entidad propia: los rocosos, los arenosos y las praderas de Posidonia oceanica.  

Fondos rocosos 

Este tipo de fondos está bien representado dentro del ámbito provincial y suele coincidir con prolongaciones submarinas de las diferentes cordilleras y roquedales litorales. Lo primero que llama la atención es su belleza y variedad paisajística con la presencia de pasillos, “roquedos”, hendiduras, cuevas, grietas, así como la gran variedad de formas vivas que albergan. 

La cubierta vegetal de algas suele ser muy densa, sobre todo a poca profundidad donde la llegada de luz solar es abundante, ofreciendo cobijo y alimento a diferentes especies de anélidos, crustáceos, moluscos, estrellas de mar, erizos, anémonas o madréporas como Astroides calycularis, especie colonial que tiene en la costa de Cabo de Gata el límite septentrional de distribución en el Mediterráneo Ibérico. Distintos peces frecuentan en este tipo de hábitat,  destacando el rascacio, el abadejo, el congrio, el pez de San Pedro o el corvallo y, a menor profundidad, los peces verde y músico, el verrugallo, la morraja, la babosa, la castañuela o el salmonete real, habitante de grietas, cuevas y otros lugares oscuros. 

Entre los más ilustres moradores de estos fondos se encuentra el mero, especie en franca regresión por la pesca excesiva a la que se ha visto sometida durante las últimas décadas. Estos robustos serránidos, de prominente mandíbula inferior, pueden llegar a alcanzar los 50 años de vida, un peso de 40 kilos y una longitud de hasta 140 cm. Poseen un carácter solitario y territorial y suelen permanecer junto a su guarida al acecho de posibles presas, ayudándose para capturarlas de su capacidad de mimetizarse con el entorno variando el tono de la piel. Es un animal hermafrodita, que nace hembra y se  transforma en macho a los 10 o 12 años de edad. En el litoral andaluz se encuentran 12 especies pertenecientes a esta familia que incluye desde el pequeño serranillo de unos 13 cm, a la cherna que puede alcanzar hasta 2 metros de longitud. 

  Las grietas y fisuras de los roquedales submarinos son también el hábitat preferido del pulpo, el molusco que presenta el cerebro más complejo dentro de los invertebrados; posee una desarrollada capacidad de camuflaje que le sirve, tanto para esconderse de sus predadores, como para dar caza a los peces y crustáceos que componen su dieta; durante el día permanece escondido en alguna pequeña grieta, desarrollando su actividad por la noche; su único enemigo natural es la morena sobre todo cuando eligen la misma grieta para pasar el día.

Fondos de arena

 Los fondos de arena son los más abundantes del  litoral almeriense. Asentados sobre substratos limosos suelen estar formados por arenas finas que parten desde la orilla, hasta alcanzar los 20 o 30 metros de profundidad. No presentan comunidades algares, aunque en ocasiones pueden aparecen parcialmente colonizados por plantas fanerógamas entre las que destaca Cymodocea nodosa. Desde el punto de vista paisajístico son bastante homogéneos y poco relevantes. Sin embargo, presentan comunidades de fauna especializada y poseen un importante interés económico para la pesca litoral. Camuflados bajo la arena aparecen coquinas, chirlas y otros moluscos bivalvos, que suelen formar grandes bancos y ser explotados comercialmente. Las "chañaillas", muy valoradas por su interés culinario, son uno de los gasterópodos más abundantes, concentrándose en ocasiones por millares en áreas cercanas a la costa. También aparecen representadas en este hábitat diversas especies de invertebrados, como la gran estrella de arena y otras pertenecientes al género Astropecten entre los equinodermos, crustáceos como el cangrejo de arena y el ermitaño o moluscos como la jibia y el pulpo que depositan sus huevos bajo la arena.  

Entre la ictiofauna más representativa de estos fondos destacan los peces planos como el lenguado que aparece mimetizado con la arena, o bien oculto bajo la misma, desde donde tan solo asoman sus vigilantes ojos. La araña de mar muestra las espinas ponzoñosas de su aleta dorsal cuando se ve amenazada por un predador; al ser pisada o tocada accidentalmente por algún bañista clavan los aguijones de la primera aleta dorsal y de los opérculos; tras la lesión los primeros síntomas son un fuerte dolor que se irradia también a otras zonas, inflamación y, en ocasiones, necrosis de la zona afectada; en cualquier caso, se debe acudir a un centro médico lo más pronto posible. Otros peces frecuentes en la zona son el tordo, el salmonete, la herrera o los torpedos o tembladeras que capturan a sus presas ayudándose de las descargas eléctricas que producen.       

Praderas de Posidonia oceanica

  Uno de los fondos más singulares del litoral almeriense es el constituido por las praderas de Posidonia oceanica, las más extensas del litoral andaluz. Esta fanerógama marina no es un alga, sino un vegetal superior que posee rizomas, hojas que pueden llegan a medir más de un metro, flores y un sistema radicular como si de una planta terrestre se tratara. Estas praderas submarinas, denominadas popularmente algueros, han sido diezmadas durante las últimas décadas, principalmente por la pesca de arrastre, aunque aun ocupan extensas áreas sobre substratos arenosos y a veces también sobre  roca. Para su normal desarrollo necesitan abundante luz solar por lo que se hallan en aguas superficiales, escaseando a partir de los 20 metros de profundidad. 

Desde el punto de vista ecológico poseen un extraordinario valor, actuando sobre el medio que los rodea de diferentes formas. Por un lado, contribuyen positivamente a la oxigenación del agua marina e incluso a su limpieza, atrapando a las partículas sedimentarias que quedan en suspensión. Por otro, sus rizomas favorecen la fijación de los substratos arenosos sobre los que se asientan, lo que unido a su capacidad de amortiguar el oleaje, incide en la disminución de los procesos erosivos de las zonas litorales.  

Otra de las características de esta comunidad endémica del Mediterráneo es su capacidad para albergar a una rica y variada fauna y flora, alcanzando unos índices de biodiversidad muy elevados.  Entre las  algas macroscópicas presentes en este hábitat destacan las verdes como la lechuga de mar, las pardas y las rojas; estas últimas de aspecto coralino como consecuencia de su elevado contenido en calcio. Al amparo de estas praderas viven y se refugian multitud de crustáceos, moluscos como los cefalópodos o las bellas liebres de mar, equinodermos como la estrella roja o la holoturia y gusanos marinos. Entre los invertebrados más representativos se encuentra la nacra, un bivalvo que vive al amparo de los rizomas de estas plantas y que llega a alcanzar hasta un metro de longitud; su recolección indiscriminada a producido un alarmante descenso en sus poblaciones. 

  Los peces aparecen ampliamente representados en este hábitat, siendo utilizado por muchas especies no solo como área de alimento y refugio, sino como zonas de puesta de huevos y de crecimiento de sus alevines. Algunas especies como la lubina, el mújol, la salema o el tordo son bastante representativas. Sorprende la presencia de los caballitos de mar, que se sujetan con su cola a las hojas de Posidonia oceanica. Otros peces que frecuentan estas praderas son los pertenecientes a la familia de los espáridos; de carácter gregario se alimentan, tanto de algas, como de moluscos y de otros peces pequeños. Por lo general presentan un cuerpo oval, aplanado por ambos lados y de color plateado con diferentes manchas según la especie. A esta familia pertenecen doradas, pargos, herreras, besugos, sargos, obladas, brecas, etc., todos ellos muy apreciados a nivel culinario. 

Entre dos aguas 

  Además de las anteriores existen multitud de especies que viven entre dos aguas sobre todo de zooplancton y fitoplancton que constituyen la base de la cadena alimenticia de los mares, así como de medusas. Aunque de carácter principalmente pelágico hay que destacar las concentraciones de gran número de túnidos como melvas, bonitos y atunes, que se producen en algunas épocas del año, coincidiendo con sus desplazamientos migratorios y que han sido tradicionalmente capturados mediante artes como la moruna o la almadraba, constituyendo aun un importante recurso para la pesca almeriense. Mención especial merece el pez luna, otra especie migratoria del que se cree que freza en el Mar de los Sargazos; de cuerpo plano y con forma de disco,  llega a alcanzar los 3 metros de diámetro. 

Entre los reptiles marinos destaca la tortuga boba cuya población y colonias de reproducción mediterráneas están en franco retroceso; esta especie amenazada y protegida es víctima indirecta de redes de deriva, palangres y otros tipos de artes pesqueros, al igual que la tortuga laúd de escasa presencia en el litoral almeriense. Estos quelonios mueren a menudo por obstrucciones producidas por la ingestión de grandes cantidades de bolsas de plástico, a las que confunden con las medusas que componen su dienta. Dentro de los mamíferos, no son raros los varamientos  de calderones y otros zifios o del delfín listado que quedan atrapados en las redes antes referidas; así mismo, esta última especie se encuentra amenazada por una epidemia vírica que ha diezmado a su población mediterránea desde el comienzo de la década de los noventa. 

Por último, no podemos obviar el alto interés científico y conservacionista que supondría la reintroducción de la foca monje en Almería; la situación crítica por la que pasa la población mundial de esta especie, las referencias de la misma en el Cabo de Gata, así como el actual estatus de protección de este espacio, podrían garantizar el éxito de un programa de reintroducción de este pinnípedo en algunos puntos del Parque Natural como el área de dunas fósiles oolíticas del Playazo de Rodalquilar.

Itinerarios submarinos  

  El litoral almeriense aún presenta una elevada biodiversidad con más de un millar de especies de fauna y flora submarinas y unos índices de contaminación que, en cualquier caso, son menores a los de la mayor parte del Mediterráneo. Esta riqueza biológica se debe, en gran medida, a la confluencia en estas costas de corrientes marinas atlánticas y otras propiamente mediterráneas que se desplazan en sentidos opuestos. Entre otras características generales destaca la gran visibilidad que ofrecen sus aguas (de 15 a 20 metros), llegando a alcanzar más de 25 metros en el litoral de Cabo de Gata, y la bonanza de sus temperaturas que oscilan entre los 12-13 ºC durante el invierno y los 21-25 ºC del verano, haciendolas muy atractivas para la práctica del buceo en sus diferentes modalidades, desde la inmersión con escafandra autónoma o a pulmón libre (apnea), la fotografía de la naturaleza o el buceo de superficie .   

En el levante destacan por su belleza los fondos submarinos que rodean a Isla Negra y a la Isla de Terreros en los alrededores de San Juan de los Terreros (Pulpí); cabe destacar que desde esta ensenada, hasta Villaricos se extienden las praderas de Posidonia más extensas de la provincia de Almería. Esta última localidad y sus antiguas instalaciones portuarias sumergidas ofrecen también cierto atractivo y permiten recordar el efímero esplendor del siglo minero almeriense.  

Un conjunto de singular belleza y riqueza biológica es el constituido por los fondos marinos de Cabo de Gata, presentando condiciones de visibilidad óptimas de hasta 30 metros. Este espacio protegido, declarado Parque Natural por la Junta de Andalucía, incluye bajo su tutela a una milla náutica, que engloba a seis reservas marinas; en estas últimas se prohíbe la práctica de deportes náuticos, incluido el buceo con escafandra autónoma, por lo que es recomendable informarse previamente. Existen multitud de itinerarios submarinos posibles, así como diversas empresas locales dedicadas específicamente a este tipo de actividades.  

  Algunos puntos de la costa como Cala del Plomo, Aguamarga, Cala de San Pedro, El Playazo de Rodalquilar, La Isleta del Moro, Los Escullos, Cala Higuera o el Corralete ofrecen al buceador fondos muy atractivos a los que se puede acceder desde la propia linea de playa o en puntos cercanos a la costa; los paisajes predominantes suelen estar constituidos por intrincados pasillos submarinos de rocas y coladas volcánicas, adornados por esponjas multicolores y alfombrados por praderas de Posidonia oceanica.  

Entre los fondos submarinos más singulares de la zona destaca el cráter situado al Suroeste de la Isla de San Andrés, frente al pueblo de Carboneras que, con 30 metros de diámetro y unos 20 de profundidad, aparece horadado en la roca y tapizado por diferentes organismos. Los “roquedos” constituyen otro elemento característico de este litoral; algunos poseen nombre propio como la Piedra de Los Meros, situado a media milla al Sureste de la Isleta del Moro; se trata de una gran mole de piedra de paredes verticales que se encuentra sumergido a unos 28 metros, donde antaño abundaban los meros; otros roquedales conocidos son los de Cala Amarilla o los situados frente a la Ermita de Torregarcía. Cabe señalar la abundancia cavernas y  cuevas submarinas; entre estas últimas destaca la Cueva del Francés, que se encuentra a unos ocho metros de profundidad en el acantilado de la Punta de la Hoya de la Torre y tiene una longitud de más de 25 metros.  

Entre los pecios más representativos se encuentra El Águila, una fragata de combate del siglo XVIII cuyos restos se encuentran a 24 metros de profundidad y  a una distancia de una milla de los Escullos. Al Suroeste del Faro de Cabo de Gata se halla un mercante de vapor de 75 metros, hundido en la década de los treinta, refugio de gran cantidad de vida submarina; tanto por la profundidad a la que se encuentra (hasta 40 metros), como por la existencia de fuertes corrientes en la zona, es una inmersión muy peligrosa. 

Los fondos situados frente a la playa del Zapillo en Almería están muy esquilmados, aunque presentan algunos roquedales y anclas tipo almirantazgo que pueden constituir un buen recurso para la práctica del buceo. Los acantilados de Sierra de Gádor, que separan Almería y Aguadulce, alcanzan grandes profundidades a pocos metros de la costa; destaca en este área la Piedra del Caballo, un roquedo situado a más de 30 metros de profundidad frente a la Playa del Palmer donde viven serránidos y otro tipo de fauna submarina. 

Otra zona especialmente atractiva para la práctica del buceo es la franja sublitoral comprendida entre Punta Entinas y Guardias Viejas, que alberga una gran riqueza biológica, así como fondos  bien conservados. Extensos algueros, profundos “bajos” e interesantes “roquedos”, caracterizan a este área donde las frecuentes corrientes marinas hacen aconsejable extremar las precauciones durante las inmersiones, así como contactar con algunas de las empresas especializadas que se encuentran en la zona.  

Frente al castillo de la localidad ejidense de Guardias Viejas aparece una sucesión de grandes bloques de piedra una de las cuales, la Piedra del Moro, llega a alcanzar la superficie; es una zona muy rica en fauna y de escasa profundidad, pudiendose llegar a nado desde la playa. Disponiendo de una embarcación se pueden visitar otros fondos rocosos más alejados de la linea de playa, que presentan formaciones de gran interés y vida abundante, como el Roquedo de Félix, la Boca del Mono o la Baliza, en alguno de los cuales no es rara la presencia de ánforas y otros restos arqueológicos. Entre estos últimos cabe destacar el Pecio de los Gandolfo, correspondiente a una embarcación romana.   

En cualquier caso, hay que recordar y advertir que la práctica de estos deportes entraña siempre considerables riesgos para la vida y seguridad de las personas y que la mejor forma de realizarlos es tutelados y en compañía de personal especializado y debidamente acreditado. 

Problemática ambiental de los mares costeros

Contaminación de las áreas litorales

Los mares costeros del planeta han sido utilizados tradicionalmente como enormes basureros. Se consideraba que dada su gigantesca magnitud eran capaces de absorber y diluir toda clase y volumen de deshechos originados por la actividad humana. Sin embargo, el ingente vertido de todo tipo de residuos ha saturado ya a estos enormes vasos que, como en el caso del Mediterráneo, empiezan a mostrar claros síntomas de agonía. Cada año miles de millones de toneladas de substancias tóxicas, elementos radiactivos, metales pesados como los compuestos del mercurio o productos químicos orgánicos como los pesticidas, están contribuyendo a que se alcancen índices de contaminación hasta ahora desconocidos. 

La presión humana sobre las áreas litorales del planeta es enorme y va en aumento. En este sentido, cabe señalar que el 60% de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, viven a menos de 60 Km de  la costa, esperándose que para el año 2100 esta proporción llegue a alcanzar el 75%. Así mismo, dos tercios de las ciudades de más de 2,5 millones de habitantes están situadas en las proximidades de un estuario. El Mediterráneo ocupa tan solo el uno por ciento de la superficie oceánica; sin embargo, acumula casi el 50% del total de los vertidos contaminantes que se realizan en los mares del planeta. A los vertidos procedentes de industrias químicas, hay que añadir las ingentes cantidades de detritus de origen humano que se acumulan especialmente en el estío. Durante este período la avalancha de turistas prácticamente duplica la población de las áreas costeras mediterráneas. Según previsiones de las Naciones Unidas, dentro de 25 años estas zonas contarán con una población residente de 125 millones de habitantes, estimándose en 760 millones el número de visitantes.

Más del 75% de la contaminación marina se origina en el uso urbano o rural de las tierras. La agricultura practicada en el interior suele tener efectos contaminantes en la franja costera, debido al depósito de abonos y biocidas en las aguas litorales. Este exceso de nutrientes procedentes de aguas residuales, abonos, residuos orgánicos, etc. provoca el proceso conocido con el nombre de eutrofización, consistente en el crecimiento rápido y en la descomposición de las algas, que disminuye la proporción de oxígeno disuelto y produce la muerte de peces y otras formas vivas del medio acuático. En ocasiones estas floraciones de algas están además compuestas por especies tóxicas, por lo que el consumo de mariscos y otros organismos marinos puede entonces resultar peligroso. Graves efectos para la salud puede tener también la presencia de ciertos metales pesados, en especial el mercurio; un ejemplo extremo fue el acontecido entre 1952 y 1960 en la ciudad japonesa de Minimata, donde 40 personas murieron y más de 2.000 padecieron graves transtornos psíquicos y físicos tras ingerir mariscos contaminados por mercurio. La mayor parte de los grandes peces y mamíferos marinos que se encuentran en la cúspide de la cadena alimenticia, van acumulando las sustancias tóxicas no excretables que se encuentran en sus presas, presentando a la larga importantes cantidades de mercurio y cloro orgánico en su organismo. 

Se estima que en las placas continentales se encuentran almacenados 2 trillones de crudo, lo que equivale aproximadamente a la mitad de las reservas terrestres conocidas. Así mismo, los depósitos aluviales de minerales como cobre, hierro, estaño, plata, tugsteno y piedras preciosas se hallan principalmente situados en las desembocaduras actuales y antiguas de los ríos. La extracción y el transporte de estos elementos constituyen una fuente de contaminación de primer orden, por el elevado número de siniestros y accidentes que se registran y las desastrosas consecuencias que producen las frecuentes “mareas negras” para la salud y para el medio ambiente. El Mediterráneo soporta un volumen muy elevado de transportes marinos potencialmente peligrosos, así como el lavado de tanques cisternas que, aunque prohibido a nivel internacional, es práctica habitual. 

Por último destaca la alteración de las desembocaduras de las cuencas fluviales o la construcción de infraestructuras en las áreas litorales, como puertos, embarcaderos, espigones, creación de playas artificiales, etc. que causan efectos desastrosos en la dinámica de las aguas costeras, al interceptar y alterar a las propias corrientes marinas, así como la distribución de distintas especies, llegando a modificar los perfiles costeros y sus comunidades biológicas. 

La disminución de los recursos pesqueros 

La industria pesquera posee una gran importancia a nivel global, tanto por los beneficios que genera, como por el número de puestos de trabajo directos e indirectos que dependen de ella. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) más del 90% de la pesca marina mundial, que supone unos 82 millones de toneladas incluyendo a la procedente de acuicultura, se lleva a cabo cerca de la costa o en aguas pertenecientes a la plataforma continental. La pesca comunitaria de pequeña escala representa casi la mitad de la cantidad destinada al consumo humano, empleando a más de 12 millones de personas. Así mismo, cabe destacar que el 60% de la población de los países en desarrollo obtiene del mar más del 40% de su ración anual de proteínas. 

El principal problema actual del sector pesquero es la sobreexplotación de los recursos naturales, con la asolación y destrucción irreparable de un número cada vez mayor de caladeros. En regiones como el Mar Mediterráneo se practica una exportación excesiva que ha producido una disminución sustancial del volumen total de capturas. La aplicación de nuevas tecnologías y el aumento de las poblaciones humanas no han hecho más que acelerar este proceso. Entre las técnicas más dañinas se encuentra la pesca de arrastre que, como un auténtico rastrillo, barre toda la vida de los fondos litorales, destruyendo la cobertura vegetal e imposibilitando que se desarrollen los huevos de peces y moluscos que allí son depositados; otras técnicas tremendamente lesivas para la fauna acuática son las artes de deriva a gran escala que, aunque prohibidas por algunos países como España, aun no se han llegado a erradicar. 

La ausencia de propiedad reconocida de los recursos marinos y, por lo tanto, la inexistencia de mecanismos para limitar el acceso a las reservas pesqueras, ha provocado la sobreexplotación salvaje y el agotamiento de los mismos, a lo largo de gran parte de este último siglo. Esta situación potenció la creación de una descomunal industria pesquera que, basada en alcanzar  altos beneficios a corto plazo, dejo tras de sí ecosistemas rotos y poblaciones humanas arruinadas. En los años setenta, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar, acordó establecer la soberanía de los estados costeros a 370 kilómetros de sus respectivos litorales, dando paso a diferentes regulaciones más o menos afortunadas. Entre las que menos está el intentar mantener por medio de subvenciones a fondo perdido a las actuales flotas pesqueras, tremendamente dimensionadas y que carecen de otra solución que no sea su desmantelación progresiva pero rotunda. En cualquier caso, los gastos sociales producidos por esta reestructuración deberán ser asumidos por los gobiernos de los propios países que permitieron su crecimiento incontrolado.  

Datos sobre el estado del litoral almeriense

A priori, el litoral almeriense parece gozar de buena salud o, por lo menos, mejor que la de la mayor parte del Mediterráneo. Los principales problemas son los comunes a otras áreas del Mediterráneo, como la sobreexplotación pesquera, el vertido de residuos y la contaminación marina o la alteración de la dinámica de las aguas litorales con la construcción de puertos y otras infraestructuras. Algunos bioindicadores como la ausencia del alga Caulerpa prolifera, indicativa de la eutrofización de las aguas, o el buen estado de conservación de las praderas de Posidonia oceánica plantean un panorama esperanzador en áreas como Cabo de Gata. Sin embargo, ni siquiera esta privilegiada franja de la costa almeriense es ajena a los principales factores que amenazan la integridad de los mares costeros. Así, los desastrosos efectos ecológicos causados por una “marea negra”, producida en 1990 y que afectó a algunos puntos de esta costa, aun persisten en la actualidad y tardarán probablemente años en recuperar su estado inicial. 

Nuestra provincia cuenta con una importante flota pesquera, que se distribuye principalmente por los puertos de Almería, Adra, Garrucha, Carboneras y Roquetas de Mar. Durante 1997 estas instalaciones portuarias registraron un volumen de captura de 9.353.315 kilos y unos beneficios brutos de 4.192.210.722 de pesetas. En cualquier caso, se trata de una flota sobredimensionada, que carece de sentido dentro del actual contexto pesquero de la Unión Europea y que precisa de un desmantelamiento y de una reconversión efectiva del sector en los próximos años y no de incoherentes subvenciones a fondo perdido que a nadie benefician. En este sentido, cabe destacar que durante 1997 se subvencionaron en los puertos de la provincia de Almería junto con el de Motril más de 1.200 millones de pesetas,  en conceptos de ayuda por nuevas construcciones de buques y modernización de los mismos.  

Aunque la mayor parte de la flota faena en caladeros alejados de la costa, en diferentes puntos del Mar de Alborán, un porcentaje considerable lo hace dentro de la plataforma continental, como algunos barcos de arrastre entre los que destacan las bacas y baquillas. Estas artes solo pueden emplearse en profundidades superiores a los 50 metros; sin embargo, estos límites no se respetan habitualmente, utilizándose en fondos poco profundos donde el daño ecológico y para las propias reservas de pesca es demoledor. Algo similar ocurre con algunas artes de cerco como las utilizadas por las traíñas, que solo pueden utilizarse en profundidades superiores a 35 metros; cuando se lanzan en fondos de menor calado se produce un efecto similar al arrastre, con la destrucción de los fondos y pérdida de huevos y alevines. Frente a esta situación parece evidente la necesidad de dotar a las administraciones competentes de los medios suficientes para el estricto cumplimiento de la normativa vigente. 

En este sentido, cabe destacar algún tipo de iniciativa como el hundimiento de arrecifes artificiales que se han realizado en el Parque Natural de Cabo de Gata - Níjar, cuyo objetivo es limitar este tipo de usos irregulares de las artes y regenerar los fondos submarinos donde se asientan. Según datos de la propia administración durante el bienio 1993-94 se invirtieron en este proyecto 86 millones de pesetas, a los que hay que añadir 10 millones de una reciente asistencia técnica y  1.644 millones que se pretenden invertir durante los próximos años en esta línea de actuaciones.  Sin entrar en valoraciones sobre los resultados y el coste económico de este tipo de actuaciones que, en cualquier caso, parecen bastante cuestionables, sorprende el hecho de que no se utilicen de forma habitual otros medios como el hundimiento de embarcaciones por encima de los 35 metros; debidamente lastradas y eliminadas las partes contaminantes, este tipo de estructuras potencian el desarrollo de una gran cantidad de vida, impiden eficazmente el uso ilegal de artes de pesca y suponen un atractivo añadido a los fondos submarinos, todo ello con costos económicos muy reducidos.

Entre las actividades deportivas más denostadas durante los últimos años se encuentra la pesca submarina. Se ha achacado a esta práctica la disminución de buena parte de los recursos biológicos de las aguas costeras, habiéndose prohibido dentro de algunas áreas protegidas como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Si bien es cierta su incidencia negativa sobre algunas especies de peces sedentarios como el mero, parece exagerado y poco riguroso responsabilizar a esta actividad de la sobreexplotación a la que se ve sometida la mayor parte del litoral almeriense. A la hora de analizar esta situación no debe olvidarse que la pesca submarina es una actividad deportiva perfectamente regulada y que constituye un reclamo turístico añadido para la costa de Almería. Probablemente el futuro de esta actividad no pase por su “persecución” social y administrativa, sino por erradicar actividades colaterales ilegales y muy dañinas, como la comercialización de pescado obtenido mediante este método que aun ofrece pingües beneficios y que se potencia a través de la demanda generada por algunos establecimientos costeros, el uso de torpedos para inmersiones rápidas, la pesca nocturna y el uso de escafandra autónoma. Así mismo, se podría proceder al control efectivo de fusiles neumáticos y de aire comprimido que actualmente carecen de regulación y prohibir cautelarmente la pesca de algunas especies que se encuentren amenazadas dentro de determinados hábitats como el mero.  

Un reciente estudio, realizado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, aporta información abundante y significativa sobre los vertidos que se realizan en la costa de esta comunidad autónoma. Según los datos referidos a la provincia de Almería, que aparecen en este Inventario de Vertidos Líquidos al Litoral de Andalucía (1997), de los 88 puntos activos y de gran diámetro (mayor a 600 mm. o emisarios) en la conducción de desagües, tan solo 3 están debidamente autorizados; el volumen medio de vertidos se establece en 171.281 m³/día, de los que 72.719 carecen de autorización; 5 de los 7 puntos de vertidos de origen industrial que aparecen en esta provincia derraman sin autorización 3.692 m³ diarios. Cabe destacar, la existencia de irregularidades en algunas redes de saneamiento cono las de Adra o Garrucha, cuyos aliviaderos de emisarios realizan vertidos al mar de forma permanente. En cuanto al estado de las 15 estaciones depuradoras de aguas residuales, en tan solo 2 el funcionamiento es óptimo, mientras que 11 están sin evaluar y en las 2 restantes se cataloga como malo. En este sentido, y según la misma fuente, cabe destacar la existencia de un programa conjunto entre la Diputación de Almería y Obras Hidráulicas para el cumplimiento de la normativa comunitaria, que obliga a tratar antes del 2005 las aguas residuales de los núcleos de población mayores de 2.000 habitantes-equivalente.

Según el mismo estudio, los vertidos de naturaleza industrial representan casi el 50% del total; de éstos el 96% (90.000 m³/día) corresponden a la Central Térmica de Carboneras de ENDESA, contando con autorización expresa de la Consejería de Medio Ambiente, siendo así “porque en la costa de Almería hay un escaso número de actividades de este tipo”. Así mismo, en lo referente a la empresa DERETIL, S.A. (Cuevas del Almanzora) se espera que la aprobación de un sistema de cogeneración “permitirá, en alguna medida, la reducción de la carga contaminante o volumen de efluentes de sus instalaciones”. Pese a estos datos tan significativos y que despiertan ciertas dudas sobre la tan proclamada calidad ambiental del litoral almeriense,  el trabajo concluye afirmando que “Almería puede considerarse como una provincia con escasa problemática de vertidos al litoral”. En cualquier caso, atendiendo a estas cifras,  parece que es mucho lo que hay que hacer para que esta frase no se transforme en una declaración de intenciones.  

En línea con lo anteriormente expuesto, destaca un fenómeno relativamente frecuente en el litoral almeriense como es la floración de ciertas algas durante el estío, conocido por los pescadores con el nombre de “lipón”. Se trata de concreciones de tipo mucoso que corresponden principalmente a secreciones de diatomeas, así como de otras algas. Cuando son muy abundantes se forman grandes masas de aspecto gelatinoso, que quedan adheridas a las artes de pesca y que pueden producir grandes mortandades entre los organismos que viven en los fondos marinos los cuales quedan atrapados en esta maraña. En este proceso parecen intervenir diversos parámetros aunque la principal causa esté, probablemente, en la gran cantidad de abonos y fertilizantes que son arrastrados por las lluvias, desde las áreas de cultivo litorales, hasta la costa. En cualquier caso, es un tema lo bastante serio como para ser estudiado y analizado con el rigor que se merece.