SIERRA NEVADA: EL MONTE SOLARIUS

© TEXTO Y FOTOS: José Javier Matamala García.

Artículo publicado por la revista Foco Sur (1997) : nº 10: 44-47 

Sierra Nevada es sin duda el complejo serrano más importante de Andalucía. Tanto por su longitud como por su altitud, esta espectacular mole posee un carácter único dentro de Europa Occidental, tan solo comparable a los Alpes. Los romanos la bautizaron con el nombre de “Monte Solarius”, haciendo referencia a una de sus principales características. Su actual denominación es igualmente apropiada. Sus cumbres suelen permanecen nevadas o heladas durante gran parte del ciclo anual; incluso, durante los más tórridos estíos, persisten gélidos rodales de nieves perennes que rememoran la presencia en estas latitudes de la última glaciación. Pero si algo diferencia a esta sierra de otras cordilleras es su gran diversidad, tanto biológica, como paisajística, que la han convertido en punto de parada obligada de naturalistas de todo el mundo, así como su enorme riqueza antropológica cuyo más conocido exponente son las Alpujarras.

Principales aspectos climáticos y geológicos 

El clima de Sierra Nevada está condicionado principalmente por su situación geográfica en el sudeste peninsular y por la cercanía del Mediterráneo. La vertiente Sur o “solana” es la más expuesta a los vientos cálidos de levante y africanos procedentes del litoral, que determinan frecuentes precipitaciones tormentosas que se desarrollan durante el otoño, mientras que la vertiente Norte o “umbría” es más fría y húmeda. Así mismo, la zona occidental es más lluviosa que la oriental, debido a la influencia directa de los frentes atlánticos que concentran su actividad durante el invierno y la primavera. Las precipitaciones medias anuales, condicionadas por los anteriores parámetros, no son homogéneas dentro del complejo serrano, presentando amplias oscilaciones entre áreas de clima semiárido (200 a 350 l/m²) y otras de clima húmedo (1.000 a 1.600 l/m²), siendo generalmente de nieve por encima de los 2.500 metros (95% de los casos). Las temperaturas medias anuales oscilan entre los 2 a 4ºC. de las cumbres y los 16 a 18ºC. del piso inferior. En este sentido debe tenerse en cuenta que por cada 100 metros de ascenso la temperatura disminuye de los 0,5 Cº. durante el estío, a los 0,7ºC. durante el invierno.

Perteneciente a la cordillera Penibética y situada en su extremo oriental, Sierra Nevada atraviesa de Este a Oeste parte de las provincias de Almería y Granada, ocupando una extensión superior a 170.000 hectáreas. La génesis de este inmenso macizo tuvo lugar durante la era terciaria como consecuencia del contacto y fricción entre Eurasia y África dentro de la orogenia Alpina. Entre los distintos “mantos geológicos” que aparecen superpuestos destaca, como núcleo principal, el complejo Nevado-Filábride, compuesto básicamente por rocas metamórficas que afloran en forma de grandes rocas lisas y grisáceas, llamadas coloquialmente  “lastras” (micasquistos grafitosos). A su vez este núcleo está rodeado por un conjunto de mantos de corrimiento denominado complejo Alpujárride y que da lugar a las formaciones conocidas popularmente con el nombre de “Launas” (pizarras y filitas arcillosas).

Cabe destacar que el límite Sur de los hielos de la última glaciación, que se desarrolló hace aproximadamente 20.000 años, estaba situado en la cordillera Penibética, de modo que en Sierra Nevada se asentaron los glaciares más meridionales del continente.

Comunidades de flora y fauna 

La enorme variedad de formas vivas que alberga Sierra Nevada corresponde a la confluencia de multitud de parámetros medioambientales y antrópicos, que le confieren un carácter único en nuestro planeta azul. En ella pueden distinguirse casi la totalidad de los pisos bioclimáticos presentes en el área mediterránea, lo que nos permite realizar un viaje imaginario desde el desierto sahariano, desde su base hasta la tundra ártica de sus cumbres. Esta situación junto a otros factores biogeográficos ha condicionado la aparición de formas vivas exclusivas de la sierra (endemismos), confiriendole un mayor valor ecológico.

La flora de Sierra Nevada está compuesta por más de 2.000 especies vegetales, siendo el lugar de Europa que posee la mayor concentración de endemismos: 242 entre exclusivos e ibéricos. A esta situación contribuyen la diversidad geológica, tanto del relieve, como de los suelos, la influencia de las glaciaciones del cuaternario que en sus avances y retiradas fueron trayendo especies de distribución boreal y africana respectivamente y la existencia de diversos microclimas, que potencian la especialización de las comunidades vegetales que albergan.

La fauna, que a diferencia de la flora posee la capacidad de desplazarse en mayor o menor medida, no está tan condicionada por límites bioclimáticos. De hecho aparecen migraciones en dirección ascendente o descendente a lo largo del ciclo anual. Algunas especies de aves y mamíferos suelen poseer hábitats determinados para criar, mientras que se alimentan en biotopos diferentes.

Visitantes y habitantes de la alta montaña  

En las cumbres más elevadas de Sierra Nevada las condiciones para la vida son extremas. El hielo, la nieve, el viento, la elevada insolación y las bajas temperaturas limitan su aparición, sobre todo durante el invierno. Las comunidades vegetales que se asientan en estas altitudes son de escaso porte y poseen un período vegetativo muy corto. Paradójicamente y coincidiendo con alturas superiores a los 2.800 m., donde se sitúa el área de “tundra”, aparece la mayor concentración de endemismos vegetales de la sierra, como la manzanilla real. 

En cotas inferiores (2.000 a 2.800 m.), pero también coincidiendo con la alta montaña mediterránea, las plantas se distribuyen en función de la composición de los suelos; así en  terrenos silicios las comunidades características están compuestas por el piorno moruno y el enebro enano y varias especies de pastizal, como los borreguiles, de gran importancia para el ganado durante el estío. En los suelos calizos se asientan bosques de pino silvestre de carácter autóctono, junto con arbustos como el enebro y la sabina rastrera y otras plantas como el endrino, el agracejo o el majuelo.

Entre los vertebrados más representativos de estas altitudes destacan el acentor alpino, la culebrilla ciega o el topillo nival, capaz de sobrevivir durante el crudo invierno bajo la protección de sofisticadas galerías que construye bajo la nieve. Algunos invertebrados endémicos también viven en estas alturas, como el carábido Iberodynodes baeticus. 

Tras el deshielo, gran parte de los insectos que permanecían aletargados convierten a esta zona en un gran torbellino de vida que es aprovechado como recurso alimenticio por un considerable número de aves como la alondra común, la cogujada montesina, la collalba gris, el colirrojo tizón, el mirlo capiblanco o la chova piquirroja. Otras especies nidifican durante esta época en roquedales y cantiles en estas y otras cotas inferiores como las palomas bravía y  zurita, los roqueros rojo y solitario, el avión roquero, el vencejo real, la collalba negra, el gorrión chillón, el escribano montesino, el cernícalo común,  el mochuelo y las cada vez más escasas parejas de águilas perdiceras, águilas reales y búhos reales. También algunos mamíferos vienen a alimentarse a estos prados de alta montaña, como la comadreja, el zorro y la garduña, expertos cazadores de lirones caretos y topillos comunes; entre éstos destaca como especie simbólica de la sierra la cabra montés que utiliza estas áreas como zona de pasto durante el estío. 

Los bosques de Sierra Nevada

Al descender en altitud son cada vez más frecuentes las formaciones arbóreas y arbustivas que, aunque degradadas y sustituidas por pinares de repoblación, aun conservan parte de su antiguo esplendor. Entre los 1.400 y los 2.000 m. se sitúan bosquetes de quejigos, servales, arces y cerezos silvestres, y algunos arbustos como el majuelo o el endrino bético. Las precipitaciones que se registran en esta franja altitudinal son lo suficientemente abundantes, como para mantener  bosques de hoja caduca; así, en suelos silicios, aún persisten bosques de roble melojo, fresno o arce, sustituidos en su mayoría por antiguas repoblaciones de nogales y castaños. También aparecen retamas negras, enebros y genistas, y en las zonas más degradadas jarales y algunas plantas aromáticas.

Entre los 800 y 1.400 m. la especie más representativa es el encinar. Cuando éste se degrada, aparecen retamares  y  arbustos espinosos como el agracejo, así como tomillares y otras plantas aromáticas como la salvia (endemismo bético), además de diversos tipos de gramíneas. Por debajo de estas cotas, el bosque se va haciendo más denso dando lugar a otra formación característica: “el maquis”. El encinar se entremezcla entonces entre coscojas, acebuches, lentiscos, hiniestas, espinos negros y algunas variedades de orquídeas. En zonas donde el suelo es escaso aparecen otras especies como el esparto, la aulaga, el tomillo, la zahareña y diversas clases de jaras. 

En estos hábitats las aves constituyen el grupo más numeroso de vertebrados. Entre las típicamente forestales destacan el pito real, el agateador común, el mito, el reyezuelo listado, el pinzón vulgar, el piquituerto, el lúgano, el verderón serrano o el torcecuello. Las rapaces más representativas de estas espesuras son el azor, el gavilán, el águila calzada y el ratonero común entre las diurnas y el búho real y el autillo entre las nocturnas. Antaño estos bosques fueron territorio de caza de lobos y linces, masacrados por el hombre. El aumento de las poblaciones del omnívoro jabalí, que actualmente no posee predadores directos a excepción del hombre, es un claro ejemplo de lo expuesto anteriormente. Sin embargo aún puede observarse al escaso gato montes y otros hábiles cazadores como la gineta, el tejón y el turón. También están presentes diferentes especies de pequeños mamíferos como erizos, ardillas, musarañas, musarañitas y distintas variedades de murciélagos.

Los vertebrados de sangre fría están aquí representados por la lagartija cenicienta, el lagarto ocelado de Sierra Nevada, la culebra de escalera y la culebra de cogulla, entre los reptiles, y por el sapo común, el sapo corredor y la salamandra entre los anfibios.

Matorrales y pastizales 

En sentido amplio, los matorrales nevadenses corresponden a un conjunto de hábitats con características ecológicas similares, que pasan desde los pastizales, tomillares y espartales, a matorrales densos, mayoritariamente espinosos y aromáticos que aparecen como etapas de degradación de los bosques preexistentes.

Constituyen una de las áreas más ricas en cuanto a mariposas exclusivas tanto de la sierra como ibéricas. Entre las primeros destacan Plebicula golgus, Parnasius apollo nevadensis, Agriades glandon spp. zullichi, Agrodiaetus thersites spp. tova y entre las segundas Erebia hispania, estando casi todas en peligro de extinción.

También son frecuentados por predadores propios de otros biotopos, como el bosque o el roquedal, que los utilizan como zona de caza. Es el caso del águila real, el águila perdicera, el halcón común, el ratonero común, el búho real y, ocasionalmente, el buitre leonado que antaño habitaba de forma sedentaria esta serranía.

Entre los mamíferos herbívoros podemos añadir a los ya descritos el lirón careto, la liebre común, el conejo común o el ratón de campo.

La avifauna de estos páramos es rica y abundante, estando representada por especies comúnmente conocidas como el pardillo, el jilguero, el verderón común, el verdecillo, el triguero, el escribano hortelano, el gorrión moruno, la perdiz, la codorniz, la tarabilla común, la bisbita campestre, la abubilla, el mirlo común, el abejaruco, el alzacola, la totovía , la cogujada común y diferentes especies de zorzales, currucas, chotacabras y collalbas.

Los matorrales, pastizales, áreas pedregosas y roquedos son un hábitat propicio para el desarrollo de distintas especies de reptiles como la víbora hocicuda, las culebras bastarda, lisa, de herradura, y de escalera, la coronela meridional, las lagartijas colirroja,  ibérica, colilarga y cenicienta y los eslizones tridáctilo e ibérico. Entre los anfibios podemos citar a los sapos partero, corredor y  de espuelas o al sapillo  moteado.

Los habitantes del río

La calidad y pureza de cursos de aguas permanentes que nacen en Sierra Nevada potencian el desarrollo de una variada fauna tanto de vertebrados como de invertebrados. Pese a esto, en los ríos, riachuelos y arroyos de esta sierra, los vertebrados acuáticos propiamente dichos sólo tienen un representante autóctono, la trucha común, probablemente una subespecie que vive en las cabeceras fluviales. Junto a éstos elementos conviven otras poblaciones de trucha común y arcoiris de repoblación que ocupan los tramos más bajos de los cursos fluviales. Sin embargo, esos cursos de agua y sus aledaños, los sotos fluviales, mantienen una rica fauna de invertebrados que hacen de estos ecosistemas un territorio perfecto de cría y caza para diversos vertebrados. No sólo abundan insectos y otros artrópodos, sino que también se encuentran diversas especies de planarias, sanguijuelas, caracoles, bivalvos y crustáceos, entre los que destaca el cangrejo de río.

El anfibio emblemático de este ecosistema húmedo es el gallipato, una especie muy parecida a los tritones cuya área de distribución se restringe a la Península Ibérica y Norte de África, llegando a medir hasta 30 cm de longitud y a vivir más de 20 años. Dentro de este grupo están presentes también la rana común, la ranita de San Antonio y el sapillo pintojo.

Entre los reptiles más representativos de este hábitat destacan los galápagos leproso y   europeo y las culebras de collar y viperina.

El mamífero mejor adaptado a estos medios acuáticos es la rata de agua, apareciendo también pequeños roedores como el musgaño de Cabrera. Parecen existir indicios de la presencia de la nutria común, aunque actualmente esté probablemente extinguida en esta sierra.

Quizá el grupo más representativo y con más facilidades para su observación sea el de las aves. Entre las más representativas y mejor adaptadas a estos medios destacan el martín pescador, el mirlo acuático, las lavanderas blanca, cascadeña y  boyera, así como diferentes especies de papamoscas, mosquiteros y zarceros.

Rutas de interés 

Valle del Andarax: Al abrigo de las Sierras de Gádor y Nevada, el valle del Andarax va marcando los principales asentamientos de esta zona de la Alpujarra almeriense. En dirección ascendente podemos observar un cambio paulatino de la arquitectura popular y del paisaje que nos transporta desde los “BadLands” del desierto de Tabernas, hasta el bosque y los cultivos tradicionales de la montaña mediterránea. Cada localidad mantiene lugares y costumbres especialmente atractivos y de cuya existencia la mejor forma de informarnos es hablar con sus hospitalarias gentes. Así, iremos descubriendo los pequeños tesoros que guarda cada pueblo: En Laujar, agradables vinos, iglesia mudéjar, centro visitantes y adecuación recreativa; en Padules, sabrosos soplillos y Las Canales; En Ohanes, callejuelas, paisajes agrarios, punto de información y área recreativa ... . El acceso a esta zona puede realizarse a través del desvío de la N - 340, que une las poblaciones de Benahadux con Laujar de Andarax.

 

Alta Alpujarra almeriense: Para obtener una visión aproximada de la magnitud de esta sierra podemos ascender por carretera comarcal que une las localidades de Paterna del Río y la Calahorra, atravesando el Puerto de la Ragua (2.000 m.). Junto al primer pueblo esta situada el área recreativa de Fuente Agria, esplendido rincón donde el río Paterna serpentea a través del bosque caducifolio. Atravesando Bayárcal se llega al Puerto de la Ragua en cuyo ascenso y descenso hasta la Calahorra, disfrutaremos de magníficos paisajes serranos.

De Nacimiento al Andarax: Otra interesante manera de conocer la sierra es atravesarla desde Ohanes hasta Abla, por medio de la pista asfaltada que las localidades, pudiendo así contemplar ambas vertientes y acceder a la ermita de Tices y a la adecuación recreativa del Serval. Cerca de la última localidad se halla Abrucena desde donde se puede llegar a la adecuación recreativa de La Roza, situada en el corazón de la umbría de la serranía.

Referencias históricas y realidad social

Los primeros asentamientos humanos del área corresponden al neolítico, como así lo evidencian los restos hallados en la Cueva de Nieles (Canjáyar) o las piedras grabadas de arte esquemático de Ohanes. La riqueza en caza, en agua y en metales, así como la situación estratégica de estos enclaves serranos, favorecieron el establecimiento pequeños núcleos durante la edad del cobre como el Cerro de Los Pozos (Canjáyar) o la Cueva del Sabinar (Fondón); también hay restos argáricos, como los de Cerro del Cuchillo (Laujar de Andarax). En tiempos históricos, antes de la llegada de los árabes, las diferentes culturas que pasaron por la zona dejaron escasas huellas, entre las que cabe destacar el poblado íbero-romano de Rigualte y el romano de Villavieja, ambos situados en Berja. Es durante la expansión del Islam y la formación de Al - Andalus cuando se fundaron la mayoría de las localidades que hoy conforman la Comarca de Nacimiento y la Alpujarra Almeriense. 

En la actualidad, la economía de la zona está basada principalmente en la agricultura. Cultivos tradicionales de olivos, almendros, cerezos, manzanos, castaños y cereales, así como la recolección de plantas aromáticas sustentan a gran número de sus habitantes; entre estos cultivos destacan los de uva de mesa, desgraciadamente en desuso, empleados también para la elaboración de mostos o “zurraches” de consumo doméstico y los de vid que han provocado durante las últimas décadas el florecimiento de una incipiente industria vitivinícola. La ganadería ocupa el segundo lugar en importancia siendo una de las áreas históricas de la trashumancia. También son importantes los aprovechamientos forestales de madera, resina y plantas aromáticas y, aunque en desuso, los minerales de galena, fluorita, hierro, mercurio, serpentinas (asbesto) y áridos. Por último, cabe destacar el creciente aumento de actividades e infraestructuras ligadas al turismo rural. 

Régimen de protección 

La práctica totalidad de esta serranía (171.646 Has., de las cuales 51.772 Has. corresponden a la provincia de Almería) fue declarada en 1989 como Parque Natural por la Junta de Andalucía, incluyendo parte de los municipios de Abla, Abrucena, Alboloduy, Alhabia, Almócita, Alsodux, Bayárcal, Beires, Bentarique, Canjáyar, Las Tres Villas, Fiñana, Fondón, Illar, Instinción, Laujar de Andarax, Nacimiento, Padules, Ohanes, Paterna del Río, Rágol, Santa Cruz y Terque. Posee una normativa específica regulada por un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y un Plan Rector de Uso y Gestión  y se prevee a medio plazo la declaración como Parque Nacional del área de cumbres, por encima de los 2.000 metros. También está catalogada como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la U.E. y, con anterioridad, Reserva Nacional de Caza (1966) y Reserva de la Biosfera (UNESCO-1986). El acceso a ciertas áreas dentro del Parque y el desarrollo de algunas actividades precisa de autorización por parte de la autoridad administrativa (Consejería de Medio Ambiente).

Por último, deseo agradecer la colaboración de D. Antonio Escobar Sánchez y D. José Luis Pérez Campos, cuya aportación de datos y correcciones han contribuido decisivamente a la conclusión de este artículo.