GENERALIDADES SOBRE LOS BOSQUES. LA GESTIÓN DE LOS BOSQUES. PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN DE LOS BOSQUES MEDITERRÁNEOS

© TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: JOAQUÍN VALERO GARCÍA -2000-

 

ÍNDICE 

GENERALIDADES SOBRE EL BOSQUE

VALORACIÓN Y BENEFICIOS DEL MONTE 

PROBLEMÁTICA FORESTAL

Degradación de ecosistemas

Presión socioeconómica

Desertificación

Plagas y enfermedades forestales

Incendios forestales 

GESTIÓN FORESTAL EN LA SIERRA DE FILABRES - BAZA

Encuadre

Geología

Climatología

Hidrología

Vegetación

Normativa

Régimen de propiedades

Problemática ambiental

1) Erosión

2) Explotaciones mineras y canteras

3) Sobreexplotación de recursos renovables

Ejecución de actuaciones dentro del PLAN FORESTAL

1.- Programa de restauración de ecosistemas degradados y lucha contra la erosión

2.- Programa de utilización de los recursos renovables

3.-Programa de defensa de la vegetación frente a plagas, enfermedades y agentes contaminantes

4.- Programa de defensa frente a incendios forestales

5.- Programa de uso público y recreativo   

BIBLIOGRAFÍA


GENERALIDADES SOBRE EL BOSQUE
 

La primera consideración que debemos tener en cuenta al hablar del bosque es la diversidad de interpretaciones técnicas que tiene este concepto, sobre todo cuando estas difieren de la idea intuitiva que normalmente se tiene del mismo.

Parece claro que todos entendemos el bosque como una agrupación de árboles, pero aquí mismo es donde empiezan las distinciones. La silvicultura, ciencia que desarrolla el cultivo y cuidado del bosque, limita la noción de árbol a los vegetales con más de 7 m de altura con un solo tronco definido y copa diferenciada; entre 3 y 7 m se denomina matorral arbustivo y entre 1,5 y 3 m matorral alto o subarbustivo. Botánicamente se recoge el limite inferior de la categoría arbórea en 5 m, con copa diferenciada pero sin especificar un solo tronco definido. Por otro lado, la definición de la RAE recoge la necesidad de una determinada espesura y extensión. De esta forma, los pies deben estar suficientemente próximos como para cubrir como mínimo 1/3 de la superficie del terreno y su extensión mínima debe ser tal que permita el desarrollo de un microclima propio, el cual determinará una flora característica adaptada a estas condiciones diferenciadas del entorno, especialmente al grado de sombra y humedad. Sin embargo, el sentido más amplio y genérico del término parece ser el utilizado en la interpretación geobotanica de los bosques ibéricos realizada en un trabajo publicado 1998 con el mismo titulo: siempre que "el árbol es un elemento conspicuo y repetido en las formaciones vegetales, con independencia de su talla, densidad (número de pies por hectárea), o grado de sombra proporcionado". Por tanto, de acuerdo con esta interpretación, lo que caracteriza al bosque es el predominio del estrato arbóreo sobre otros herbáceos o arbustivos.

Para terminar este primer apartado de definiciones vamos a recoger las distintas categorías de bosques estudiadas en un informe de 1994 sobre el estado de conservación de estas formaciones para Europa Occidental, realizado por Fondo Mundial para la Naturaleza (WWL):

BOSQUE VIRGEN: Aquél en que el hombre no ha ejercido influencia alguna, y si lo ha hecho, hoy ya no quedan rastros de ello, de forma que todo lo presente se puede entender como producto de procesos y funcionamiento puramente naturales.

BOSQUE NATURAL: Cuanto más cerca esté un bosque de su situación original (virginal) más natural se considera. En ocasiones se ha considerado como naturales a los derivados  de los existentes en 1800 o cuando proceden del momento histórico con menor presencia de este tipo de formaciones.

BOSQUE VIEJO: Cuando ha existido de forma continuada al menos durante 300 o 400 años, manteniendo árboles de estas edades o cercanas.

BOSQUE SEMINATURAL: Formación que, aunque haya sufrido o sufra alteraciones de origen humano, aún mantiene buena parte de sus características naturales. Esta situación puede encontrarse tras abandonar el uso de los bosques y permitir su desarrollo sin interferencias durante décadas, aunque también algunos de los usos tradicionales del bosque permiten el mantenimiento continuo de una situación que se puede considerar seminatural.

De este informe (tabla 1) destacamos los resultados correspondientes a España. Es uno de los países con mayor proporción de superficie forestal con relación al territorio total, lo que no debe sorprendernos puesto que en nuestro país tradicionalmente la superficie forestal se ha entendido ligada al concepto de monte, que incluye las superficies de pastos, matorral y arbolado disperso. Casi todos los tipos principales de bosques cuentan con muy poca representación (menos del 1 % de su territorio potencial) y algunos se encuentran prácticamente extinguidos. La superficie forestal original se ha estimado para todos los países como el 80 % del territorio nacional (es discutible que en España y sobre todo en Almería amplias zonas no correspondiesen de forma natural con estepas sin presencia de arbolado, o con este muy disperso), dando como resultado que la proporción actualmente existente de bosques naturales y seminaturales sea solamente del 0.2 %. Incluso para ser más pesimistas, algunas valoraciones remarcan que mucho de lo incluido en estas categorías es, en realidad, matorral de gran desarrollo, sobre todo en la zona mediterránea.

El concepto de bosque ligado al más amplio de monte nos lleva a la idea de serie de vegetación o sucesión ecológica. La sucesión es el proceso que transcurre desde la ocupación de un terreno desnudo (por parte de vegetación colonizadora o pionera), hasta el establecimiento de las etapas finales, más complejas y de mayor biomasa, compatibles con unas condiciones ambientales concretas (clímax, vegetación potencial o ecosistemas terminales), pasando sucesivamente por la sustitución de unas comunidades por otras (etapas seriales).

El sentido evolutivo puede ser progresivo, tendencia natural si las condiciones no varían, o regresivo, cuando algún agente natural o antrópico modifica las condiciones del medio (p.e. incendios con perdida de suelo por erosión). Si la alteración del medio es suficientemente grave, la situación inicial (o la etapa serial previa) posiblemente no pueda ser recuperada y se derive hacia otro estado terminal diferente.

La idea de clímax tradicionalmente ha tenido connotaciones de estabilidad y equilibrio en el tiempo, características que se ponen en duda en la actualidad. Los cambios climáticos, que pueden producirse en periodos relativamente cortos, la alteración del suelo y la heterogeneidad con que se presenta en cuanto a topografía y litología, hacen que las formaciones residuales (testigos de la vegetación previa a la alteración por los factores externos) deban entenderse con cautela como representantes de la vegetación potencial. En este sentido se ha encontrado que la encina, en zonas donde se considera vegetación potencial (Rivas Martínez, 1987), tiene muchos problemas para reproducirse por semilla a causa de las heladas (García Fernández, 1986), caso que sería asimilable a amplias zonas de Almería en el caso de la aridez. La encina persiste en estas zonas gracias a su sistema de reproducción vegetativa, pero quizás esto sea un indicio de que las condiciones ambientales actuales sean más adecuadas para otras especies afines, en el caso de heladas el quejigo y de aridez la coscoja.

En cualquier caso, según Mota Poveda (1993) la distribución hipotética  de la vegetación clímax en Almería de forma general sería la siguiente: 1) Encinares en todos los núcleos montañosos por encima de la cota de 800 m y en la totalidad del área al norte de Sierra de las Estancias, incluyendo la Sierra de Urracal-Partaloa, Sierra de Lúcar y la Comarca de los Vélez. 2) Bosques abiertos y mantos rastreros de coníferas de alta montaña en las altas cumbres de las sierras, por encima de los 1800/1900 m. 3) Bosquetes xerófilos  en el resto de la provincia coincidiendo con el sector corológico almeriense.

VALORACION Y BENEFICIOS DEL MONTE

Sea cual sea el estado de degradación o de recuperación, según se mire, es indudable que la presencia del monte conlleva una serie de beneficios, mayores, generalmente, cuanto más cerca se encuentra su situación de una masa arbolada con distintos estratos de ocupación. Clásicamente se ha dividido entre beneficios cuantificables o directos y no cuantificables o indirectos (tabla 2).

Entre los primeros cabe destacar, en el ámbito provincial, la realidad de un aprovechamiento de madera como consecuencia de las necesidades de intervención en los pinares procedentes de repoblación. Este aprovechamiento aunque pequeño a largo plazo, debido a las características de aridez, es muy considerable a corto y medio plazo, proporcionando situaciones tan curiosas como que se exporte madera procedente de Sierra de Filabres a países tradicionalmente productores de Europa. Igualmente las perspectivas a medio plazo para la leña son buenas, tanto por su utilización para consumo domestico como por su utilización industrial en modernos procesos de transformación (se están realizando pruebas de rendimientos de poder calorífico así como estimaciones de los residuos generados en los tratamientos silvícolas con la intención de establecer una planta de cogeneración eléctrica en la zona del Marquesado de Zenete). Por otro lado, los aprovechamientos tanto de hongos como de plantas aromáticas actualmente y a pesar de contar en el segundo caso con una regulación especifica, no están suficientemente recogidos en las valoraciones estadísticas por ser recolecciones familiares o por encontrarse en el ámbito de la economía sumergida. No deja de ser llamativa la proliferación de romanas de plantas aromáticas por todos los pies de monte de nuestras sierras o la afluencia masiva de recolectores industriales de hongos, especialmente de niscalos, procedentes de provincias limítrofes (incluso de Valencia y Alicante), alentados por los altos precios que alcanza el mercado o por revistas y libros de divulgación que incluyen nuestras sierras como lugar preferente de recolección (revista Biológica).

En el otro extremo, debemos destacar como beneficio indirecto sobre el suelo, además de la disminución de la erosión, un aumento de la fertilidad por aporte de materia orgánica, junto con el retraso de su mineralización y desecación al amortiguar la acción directa del viento. Entre los beneficios no cuantificables que aparecen en la transparencia vamos a comentar más detalladamente el efecto de regulación del régimen hídrico, por la importancia que tiene en nuestra provincia y también por ser el menos evidente a primera vista. Siguiendo la ponencia de Juan Ruiz de la Torre en las jornadas técnicas "El bosque como defensa contra las sequías e inundaciones" realizadas en Málaga en el mes de noviembre de este año, se recogen las siguientes funciones de la vegetación en relación con el ciclo del agua. Entendiendo que los máximos efectos se conseguirán para las formaciones vegetales con mayor biomasa, representadas por el bosque denso donde este sea posible.

Aumento de la pluviometría. La reducción del albedo, energía solar reflejada, hace que el bosque funcione como centro frío lo que provoca un aumento de las precipitaciones, efecto similar al producido en las zonas de montaña con mayor altitud donde las masas de aire cargadas de humedad al enfriarse favorecen la condensación y la descarga.

Condensación de la humedad sobre las hojas, efecto conocido como precipitación horizontal, es muy variable dependiendo del tipo de vegetación o de su disposición. En cualquier caso, en algunas investigaciones se han registrado precipitaciones hasta tres veces superiores a las recogidas en terreno despejado. Este efecto se ha citado como el factor principal en la presencia del encinar achaparrado en la cumbre de Sierra Alhamilla.

Regulación de escorrentías, mediante el retraso de la saturación de la hojarasca y el suelo, lo que conlleva una demora en la generación de escorrentía  y un incremento del tiempo de concentración de las escorrentias del agua superficial.

Aumento del embalse hídrico del suelo; en suelos forestales maduros se produce un aumento de la porosidad del suelo, formándose un embalse pasivo del agua que ocupa los huecos y facilitando la transferencia a niveles profundos y acuíferos. Por otro lado, la disminución de la energía cinética al chocar con las hojas y ramas reduce la velocidad del agua cuando llega al suelo que junto con el efecto de rozamiento en tallos, partes rastreras y hojarasca provoca un aumento del tiempo de contacto y, por tanto, del volumen total de agua infiltrado. 

Retraso en el agotamiento de las reservas hídricas del suelo, disminuyendo la intensidad y duración del período de sequía en el suelo, como consecuencia del incremento del embalse edifico.

Mejora de la calidad del agua superficial, la retención de nutrientes procedentes del agua de lluvia o decantados directamente del aire por parte del follaje y la permanencia de la cubierta muerta, que actúa como freno al arrastre de partículas del suelo (arcilla, limos, fertilizantes, etc.), hacen que las aguas de escorrentía en los bosques maduros lleguen a ser más puras aún  que las de lluvia.

Disminución de la sublimación del agua en forma de nieve, debido al efecto protector de las copas de los arboles que protege a la nieve que llega al suelo, reduciendo los efectos de la insolación y del viento.

PROBLEMÁTICA FORESTAL

De acuerdo con la Conferencia Internacional del Monte Mediterráneo, celebrada en Málaga en 1998, encontramos las siguientes:  

Degradación de ecosistemas.- Conlleva una simplificación de los procesos biológicos, reflejada en una menor diversidad de especies, densidades inadecuadas o deficientes estructuras en las formaciones. Las principales causas actuales de origen humano en el ámbito mediterráneo son: la transformación en cultivos intensivos, la urbanización (en zonas turísticas especialmente del litoral) y la sobreexplotación de recursos, esencialmente el pastoreo en el caso de recursos renovables. En un pasado reciente y centrándonos en la provincia de Almería, las causas principales fueron (Sánchez Picón, 1996): el desarrollo de la industria minera y metalúrgica (afectando mayoritariamente a Sierra de Gador, Sierra de Filabres y Sierra Almagrera), las roturaciones para cultivos agrícolas prácticamente en toda la provincia (debidos a la aceleración del crecimiento de la población en la primera mitad del siglo XIX) y el aprovechamiento de leñas para carboneo o de esparto para la obtención de fibra (sobre todo en la segunda mitad de ese siglo). 

Presión socioeconómica.- En general el monte mediterráneo presenta una baja rentabilidad económica directa debido principalmente a limitaciones climáticas. El bajo nivel de renta que presentan las comunidades rurales provoca una mayor presión sobre los ecosistemas  forestales para intensificar los aprovechamientos, especialmente el ganadero, o para convertirlos a cultivos agrícolas. Por otra parte, los únicos aprovechamientos de los montes con una amplia valoración social (la caza, la pesca y el uso recreativo) se han convertido, en ocasiones, en problemas para la conservación de estos espacios. Una gran afluencia de visitantes puede producir alteraciones negativas, agravándose la situación al realizarse sobre medios de gran interés ecológico, al ser tanto los más frágiles como los más demandados.

Desertificación.- La falta de cobertura vegetal del suelo o la degradación de la misma potencian los procesos erosivos, con la consiguiente perdida de suelo fértil. La perdida de suelo admisible, aunque este concepto es muy relativo, se estima por debajo de las 10-12 t/ha.año, cantidad superada por terrenos con pendientes superiores al 12 % dedicados a cultivos marginales (secano, almendros y vides) y sin practicas efectivas de conservación de suelos o en aquellos otros con matorral de escasa cobertura y pendientes superiores al 25 %. La practica totalidad de la provincia se encuentra con niveles de erosión grave o muy grave de acuerdo con los datos del Plan de Medio Ambiente 95-00. La concurrencia de varias circunstancias negativas explica esta situación:

- Relieve muy accidentado, con grandes desniveles y fuertes pendientes, que elevan la energía cinética del agua de escorrentia.

-Terrenos muy disgregables e inestables.

-Clima con precipitaciones irregulares, que habitualmente se producen con gran intensidad y corta duración.

-Falta de cobertura vegetal del suelo por presencia de vegetación con poco desarrollo serial y por la existencia de amplias zonas con cultivos agrícolas marginales.

Plagas y enfermedades forestales.-  La abundancia de agente causantes de plagas y enfermedades está determinada por su potencial biótico y por la resistencia del medio. El potencial reproductor depende de cada especie y varia muy poco con el tiempo, pero la resistencia del medio es muy variable. Cuando aumenta, las poblaciones de agentes disminuyen, pero cuando se reduce estas presentan una expansión rapidisima, apareciendo la plaga o enfermedad. Así pues, en situaciones de equilibrio estos agentes pueden vivir a costa de los arboles, manteniéndose por debajo de unos niveles críticos, sin suponer una amenaza para la masa en su conjunto.

Entre las principales plagas destacamos la procesionaria del pino, insecto defoliador que forma los típicos bolsones blancos y cuyo daño consiste en la disminución o paralización del crecimiento del pie, siendo muy poco frecuente la muerte del mismo que en caso de producirse esta relacionada con otros factores de debilitamiento. Como todos sabemos produce alergias y urticarias en algunos casos muy graves, principalmente en personas expuestas repetidamente como los trabajadores forestales. Es con mucho la plaga más activa en cuanto a superficie afectada en toda la comunidad y también en Almería. Desde principios de los 90 se esta realizando un Plan de Lucha integrada que comporta tanto acciones de tratamiento directo con distintos productos (inhibidores del crecimiento, Baccilus thuringensis y feromonas principalmente) y distinta metodología (aplicación aérea o manual, mediante cañón o nidales), como un seguimiento y evaluación anual del estado de desarrollo de la plaga  en cada una de las parcelas de intervención, que da como resultado la decisión de actuar de acuerdo con un determinado protocolo que recoge la evolución más probable para cada estado concreto de infestación.

No obstante, la actuación más frecuente en Almería es el tratamiento aéreo con inhibidores del crecimiento dadas las condiciones topográficas y de desarrollo de las repoblaciones que limitan los otros a las zonas más optimas. Por otro lado, este tipo es el menos recomendado desde el punto de vista de conservación por sus implicaciones directas o indirectas sobre el resto de la fauna. Un reciente trabajo de la Universidad de Salamanca (S. Peris y J.M. Calvo, 97) relaciona los efectos sobre las aves de los tratamientos fitosanitarios, aconsejando la realización de estudios tendentes a encontrar el equilibrio entre el uso de insecticidas, su concentración y el papel indicador de especies concretas de aves para cada hábitat. A pesar de que los estudios realizados hasta la fecha no han aportado datos sobre bosques de coníferas (se han llevado a cabo sobre bosques de melojos, dehesas de encina y zonas esteparias con cultivos agrícolas colindantes) creemos que los tratamientos contra la procesionaria, al menos en Almería donde  comienzan a mediados o finales de agosto, no deben afectar en gran medida a las poblaciones de aves puesto que la concentración es inferior a 4 g de materia activa por ha, cantidades inferiores al máximo legalmente permitido y que  de acuerdo con los datos de los productores son inocuas en cuanto a los efectos directos sobre las aves silvestres. Los efectos indirectos, principalmente la disminución de las poblaciones de insectos que son la base de la alimentación de determinadas aves, tampoco sería en exceso importante por no coincidir la época de aplicación con la de reproducción de las aves, cuando es más necesaria una abundancia de presas para adultos y pollos, como ocurría en las zonas estudiadas.

Sin embargo, y puesto que el efecto sobre las poblaciones de insectos es inevitable, en aquellas ocasiones en que la presencia de especies de interés con poblaciones amenazadas lo aconseja, se ha propuesto el establecimiento de un perímetro de protección excluido de tratamiento, suficientemente amplio para que la dispersión por factores como el viento no pueda afectar a las localizaciones a proteger. Este es el caso, por ejemplo, de la mariposa apolo de Sª de Filabres en la que una población citada en un determinado paraje con aproximadamente 2 ha de extensión, y no encontrada durante los dos últimos años, a provocado la exclusión el año pasado del tratamiento aéreo contra la procesionaria de  una superficie cercana a las 30 ha, donde se propusieron otros tratamientos más localizados.

De las restantes plagas quizás sólo debamos destacar, por su incidencia provincial, los insectos perforadores de madera de los géneros Tomicus y Ortotomicus. Esta plaga, al contrario que la anterior, si es letal cuando el ataque es intenso, situaciones normalmente asociadas con años de sequía o a problemas en la eliminación de residuos forestales. En la actualidad, en el ámbito andaluz, se mantiene una red de puntos cebo para evaluar el ciclo biológico de las diversas especies, con objeto de determinar las prescripciones técnicas que deben regir en los tratamientos selvicolas según las especies y épocas del año. En el ámbito provincial, se esta realizando un trabajo de investigación por parte de la Universidad de Almería con el fin de inventariar todas las especies presentes, conocer las adaptaciones de los ciclos biológicos a la diversidad de ambientes (especialmente en el caso de Sierra de Filabres) y establecer medidas especificas de control y en su caso de gestión de los factores desencadenantes.

Aún cuando se encuentran presentes en todas las masas de pinar de la provincia, los daños más severos se produjeron durante el año 1996 en las repoblaciones de Sierra Alhamilla, con la muerte de cerca de 200 ha de repoblación  de carrasco.

En cuanto a las enfermedades tenemos que destacar las defoliaciones de esta especie de pino, "brote seco", producidas en los últimos años en toda Andalucía, principalmente en primavera, con muerte de acículas y de ramillos, y sobre todo en los dos tercios inferiores de la copa. Es una enfermedad detectada muy recientemente, no siendo considerada mortal en la actualidad, aunque sus daños son muy notables.

Incendios forestales.- Además del aumento de los riesgos erosivos por desprotección del suelo, se produce una perdida de diversidad retrocediendo la serie vegetal hacia formas de carácter pirofito si se repiten los incendios con frecuencia. El suelo se mineraliza rápidamente, pierde nitrógeno y se disgrega la estructura. Tras unos años de aparente mantenimiento, o incluso aumento de su productividad, por la mineralización de sus componentes, los fuegos repetidos disminuyen drásticamente su potencial productivo. El problema sobre el suelo y la vegetación puede ser incrementado aún más cuando la recuperación del medio se limita por la acción del ganado, en especial en las primeras etapas de regeneración.

En la evolución del nº de incendios (de acuerdo con el Plan Forestal Andaluz y los Informes de Medio Ambiente anuales) se observa un aumento paralelo al incremento de inversiones y medios en este campo durante el periodo 1970-1988, este incremento continua hasta 1991 para iniciar un descenso que con variaciones sitúa la media para el periodo 1988-1998  en 1200 incendios/anuales aproximadamente. Igualmente, se produce un aumento de la proporción de conatos o incendios menores a 1 ha. Una interpretación (Porrero M.A., 2000) podría ser que se ha producido una respuesta al aumento y profesionalización de los medios por parte de las personas empeñadas en mantener un determinado uso del suelo, en el sentido de que la superficie que se quemaba en un solo incendio ahora necesita diez, dándose el caso de que a lo largo de una misma campaña se tenga que apagar el mismo incendio, o la misma zona, tres o cuatro veces. Como posible solución se ha apuntado la realización de quemas controladas con la conciliación de intereses productivos (generación de pastos y desbroces de antiguos cultivos principalmente) y conservacionistas, a pesar de los riesgos que comportan estas prácticas. Un programa piloto de este tipo de actuaciones se ha iniciado en la provincia de Málaga durante el año pasado con aparente buen resultado.

La disposición y tipo de combustible presente en un monte son factores decisivos tanto para el inicio de los focos como para la velocidad de propagación de los incendios. La existencia de extensas masas de pinar procedentes de repoblación, generalmente continuas, ofrece una estructura del combustible optima para que el fuego avance sin obstáculos. La selvicultura preventiva compagina la mejora del estado del monte con la defensa contra incendios, para lo cual crea discontinuidades de forma que el monte arbolado se transforma en un mosaico con alternancia de edades, especies o espacios abiertos entre la masa, afectando tanto a la cantidad de combustible como a la estructura del mismo. Actualmente, por ejemplo, se persigue la transformación de los tradicionales cortafuegos lineales en áreas cortafuegos donde se reduce en gran medida la vegetación pero permitiendo cierto grado de cobertura, a la vez que se realizan podas y desbroces del matorral en las zonas colindantes con el fin de romper la continuidad vertical del combustible. Una actuación similar se realiza en las fajas auxiliares centradas en líneas de defensa establecidas normalmente por caminos y pistas forestales. El gran problema que presenta este tipo de actuaciones preventivas es, además del alto coste inicial, el mantenimiento regular del desbroce  de la vegetación arbustiva y del regenerado, en algunos casos, espectacular del pinar.

Este tipo de actuaciones en terrenos particulares es obligatorio tras la aprobación el pasado año de la Ley de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales de Andalucía, debiéndose realizar bien a través del correspondiente Proyecto de Ordenación o Plan Técnico o mediante un Plan de Prevención de Incendios específico. Esta normativa incluye en materia de financiación, ayudas e incentivos a los particulares para la ejecución de estas actividades junto con las obligatorias, también, de restaurar las superficies quemadas. Igualmente, se recoge la necesidad para los titulares de los terrenos de abonar el importe de la extinción mediante la Tasa de Extinción de Incendios Forestales.