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GENERALIDADES
SOBRE LOS BOSQUES. LA GESTIÓN DE LOS BOSQUES. PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN
DE LOS BOSQUES MEDITERRÁNEOS
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TEXTO
Y FOTOGRAFÍAS: JOAQUÍN VALERO GARCÍA -2000-
ÍNDICE VALORACIÓN Y BENEFICIOS DEL MONTE
Degradación
de ecosistemas
Presión
socioeconómica
Desertificación
Plagas
y enfermedades forestales
Incendios
forestales GESTIÓN FORESTAL EN LA SIERRA DE FILABRES - BAZA
Encuadre
Geología
Climatología
Hidrología
Vegetación
Normativa
Régimen
de propiedades Problemática ambiental
1)
Erosión
2)
Explotaciones mineras y canteras
3)
Sobreexplotación de recursos
renovables
Ejecución
de actuaciones dentro del PLAN FORESTAL
1.-
Programa de restauración de ecosistemas degradados y lucha contra la
erosión
2.-
Programa de utilización de los recursos renovables
3.-Programa
de defensa de la vegetación frente a plagas, enfermedades y agentes
contaminantes
4.-
Programa de defensa frente a incendios forestales
5.-
Programa de uso público y recreativo
La
primera consideración que debemos tener en cuenta al hablar del bosque es
la diversidad de interpretaciones técnicas que tiene este concepto, sobre
todo cuando estas difieren de la idea intuitiva que normalmente se tiene
del mismo.
Parece
claro que todos entendemos el bosque como una agrupación de árboles,
pero aquí mismo es donde empiezan las distinciones. La silvicultura,
ciencia que desarrolla el cultivo y cuidado del bosque, limita la noción
de árbol a los vegetales con más de 7 m de altura con un solo tronco
definido y copa diferenciada; entre 3 y 7 m se denomina matorral arbustivo
y entre 1,5 y 3 m matorral alto o subarbustivo. Botánicamente se recoge
el limite inferior de la categoría arbórea en 5 m, con copa diferenciada
pero sin especificar un solo tronco definido. Por otro lado, la definición
de la RAE recoge la necesidad de una determinada espesura y extensión. De
esta forma, los pies deben estar suficientemente próximos como para
cubrir como mínimo 1/3 de la superficie del terreno y su extensión mínima
debe ser tal que permita el desarrollo de un microclima propio, el cual
determinará una flora característica adaptada a estas condiciones
diferenciadas del entorno, especialmente al grado de sombra y humedad. Sin
embargo, el sentido más amplio y genérico del término parece ser el
utilizado en la interpretación geobotanica de los bosques ibéricos
realizada en un trabajo publicado 1998 con el mismo titulo: siempre que
"el árbol es un elemento conspicuo y repetido en las formaciones
vegetales, con independencia de su talla, densidad (número de pies por
hectárea), o grado de sombra proporcionado". Por tanto, de acuerdo
con esta interpretación, lo que caracteriza al bosque es el predominio
del estrato arbóreo sobre otros herbáceos o arbustivos.
Para
terminar este primer apartado de definiciones vamos a recoger las
distintas categorías de bosques estudiadas en un informe de 1994 sobre el
estado de conservación de estas formaciones para Europa Occidental,
realizado por Fondo Mundial para la Naturaleza (WWL):
BOSQUE
VIRGEN: Aquél en que el hombre no ha ejercido influencia alguna, y si
lo ha hecho, hoy ya no quedan rastros de ello, de forma que todo lo
presente se puede entender como producto de procesos y funcionamiento
puramente naturales.
BOSQUE
NATURAL: Cuanto más cerca esté un bosque de su situación original
(virginal) más natural se considera. En ocasiones se ha considerado como
naturales a los derivados de
los existentes en 1800 o cuando proceden del momento histórico con menor
presencia de este tipo de formaciones.
BOSQUE
VIEJO: Cuando ha existido de forma continuada al menos durante 300 o
400 años, manteniendo árboles de estas edades o cercanas.
BOSQUE
SEMINATURAL: Formación que, aunque haya sufrido o sufra alteraciones
de origen humano, aún mantiene buena parte de sus características
naturales. Esta situación puede encontrarse tras abandonar el uso de los
bosques y permitir su desarrollo sin interferencias durante décadas,
aunque también algunos de los usos tradicionales del bosque permiten el
mantenimiento continuo de una situación que se puede considerar
seminatural.
De
este informe (tabla 1) destacamos los resultados correspondientes a España.
Es uno de los países con mayor proporción de superficie forestal con
relación al territorio total, lo que no debe sorprendernos puesto que en
nuestro país tradicionalmente la superficie forestal se ha entendido
ligada al concepto de monte, que incluye las superficies de pastos,
matorral y arbolado disperso. Casi todos los tipos principales de bosques
cuentan con muy poca representación (menos del 1 % de su territorio
potencial) y algunos se encuentran prácticamente extinguidos. La
superficie forestal original se ha estimado para todos los países como el
80 % del territorio nacional (es discutible que en España y sobre todo en
Almería amplias zonas no correspondiesen de forma natural con estepas sin
presencia de arbolado, o con este muy disperso), dando como resultado que
la proporción actualmente existente de bosques naturales y seminaturales
sea solamente del 0.2 %. Incluso para ser más pesimistas, algunas
valoraciones remarcan que mucho de lo incluido en estas categorías es, en
realidad, matorral de gran desarrollo, sobre todo en la zona mediterránea.
El
concepto de bosque ligado al más amplio de monte nos lleva a la idea de
serie de vegetación o sucesión ecológica. La sucesión es el proceso
que transcurre desde la ocupación de un terreno desnudo (por parte de
vegetación colonizadora o pionera), hasta el establecimiento de las
etapas finales, más complejas y de mayor biomasa, compatibles con unas
condiciones ambientales concretas (clímax, vegetación potencial o
ecosistemas terminales), pasando sucesivamente por la sustitución de unas
comunidades por otras (etapas seriales).
El
sentido evolutivo puede ser progresivo, tendencia natural si las
condiciones no varían, o regresivo, cuando algún agente natural o antrópico
modifica las condiciones del medio (p.e. incendios con perdida de suelo
por erosión). Si la alteración del medio es suficientemente grave, la
situación inicial (o la etapa serial previa) posiblemente no pueda ser
recuperada y se derive hacia otro estado terminal diferente.
La
idea de clímax tradicionalmente ha tenido connotaciones de estabilidad y
equilibrio en el tiempo, características que se ponen en duda en la
actualidad. Los cambios climáticos, que pueden producirse en periodos
relativamente cortos, la alteración del suelo y la heterogeneidad con que
se presenta en cuanto a topografía y litología, hacen que las
formaciones residuales (testigos de la vegetación previa a la alteración
por los factores externos) deban entenderse con cautela como
representantes de la vegetación potencial. En este sentido se ha
encontrado que la encina, en zonas donde se considera vegetación
potencial (Rivas Martínez, 1987), tiene muchos problemas para
reproducirse por semilla a causa de las heladas (García Fernández,
1986), caso que sería asimilable a amplias zonas de Almería en el caso
de la aridez. La encina persiste en estas zonas gracias a su sistema de
reproducción vegetativa, pero quizás esto sea un indicio de que las
condiciones ambientales actuales sean más adecuadas para otras especies
afines, en el caso de heladas el quejigo y de aridez la coscoja.
En
cualquier caso, según Mota Poveda (1993) la distribución hipotética
de la vegetación clímax en Almería de forma general sería la
siguiente: 1) Encinares en todos los núcleos montañosos por encima de la
cota de 800 m y en la totalidad del área al norte de Sierra de las
Estancias, incluyendo la Sierra de Urracal-Partaloa, Sierra de Lúcar y la
Comarca de los Vélez. 2) Bosques abiertos y mantos rastreros de coníferas
de alta montaña en las altas cumbres de las sierras, por encima de los
1800/1900 m. 3) Bosquetes xerófilos
en el resto de la provincia coincidiendo con el sector corológico
almeriense.
VALORACION
Y BENEFICIOS DEL MONTE
Sea
cual sea el estado de degradación o de recuperación, según se mire, es
indudable que la presencia del monte conlleva una serie de beneficios,
mayores, generalmente, cuanto más cerca se encuentra su situación de una
masa arbolada con distintos estratos de ocupación. Clásicamente se ha
dividido entre beneficios cuantificables o directos y no cuantificables o
indirectos (tabla 2).
Entre
los primeros cabe destacar, en el ámbito provincial, la realidad de un
aprovechamiento de madera como consecuencia de las necesidades de
intervención en los pinares procedentes de repoblación. Este
aprovechamiento aunque pequeño a largo plazo, debido a las características
de aridez, es muy considerable a corto y medio plazo, proporcionando
situaciones tan curiosas como que se exporte madera procedente de Sierra
de Filabres a países tradicionalmente productores de Europa. Igualmente
las perspectivas a medio plazo para la leña son buenas, tanto por su
utilización para consumo domestico como por su utilización industrial en
modernos procesos de transformación (se están realizando pruebas de
rendimientos de poder calorífico así como estimaciones de los residuos
generados en los tratamientos silvícolas con la intención de establecer
una planta de cogeneración eléctrica en la zona del Marquesado de Zenete).
Por otro lado, los aprovechamientos tanto de hongos como de plantas aromáticas
actualmente y a pesar de contar en el segundo caso con una regulación
especifica, no están suficientemente recogidos en las valoraciones estadísticas
por ser recolecciones familiares o por encontrarse en el ámbito de la
economía sumergida. No deja de ser llamativa la proliferación de romanas
de plantas aromáticas por todos los pies de monte de nuestras sierras o
la afluencia masiva de recolectores industriales de hongos, especialmente
de niscalos, procedentes de provincias limítrofes (incluso de Valencia y
Alicante), alentados por los altos precios que alcanza el mercado o por
revistas y libros de divulgación que incluyen nuestras sierras como lugar
preferente de recolección (revista Biológica).
En
el otro extremo, debemos destacar como beneficio indirecto sobre el suelo,
además de la disminución de la erosión, un aumento de la fertilidad por
aporte de materia orgánica, junto con el retraso de su mineralización y
desecación al amortiguar la acción directa del viento. Entre los
beneficios no cuantificables que aparecen en la transparencia vamos a
comentar más detalladamente el efecto de regulación del régimen hídrico,
por la importancia que tiene en nuestra provincia y también por ser el
menos evidente a primera vista. Siguiendo la ponencia de Juan Ruiz de la
Torre en las jornadas técnicas "El bosque como defensa contra las
sequías e inundaciones" realizadas en Málaga en el mes de noviembre
de este año, se recogen las siguientes funciones de la vegetación en
relación con el ciclo del agua. Entendiendo que los máximos efectos se
conseguirán para las formaciones vegetales con mayor biomasa,
representadas por el bosque denso donde este sea posible.
Aumento
de la pluviometría.
La reducción del albedo, energía solar reflejada, hace que el bosque
funcione como centro frío lo que provoca un aumento de las
precipitaciones, efecto similar al producido en las zonas de montaña con
mayor altitud donde las masas de aire cargadas de humedad al enfriarse
favorecen la condensación y la descarga.
Condensación
de la humedad sobre las hojas, efecto conocido como precipitación
horizontal, es muy variable dependiendo del tipo de vegetación o de su
disposición. En cualquier caso, en algunas investigaciones se han
registrado precipitaciones hasta tres veces superiores a las recogidas en
terreno despejado. Este efecto se ha citado como el factor principal en la
presencia del encinar achaparrado en la cumbre de Sierra Alhamilla.
Regulación
de escorrentías,
mediante el retraso de la saturación de la hojarasca y el suelo, lo que
conlleva una demora en la generación de escorrentía
y un incremento del tiempo de concentración de las escorrentias
del agua superficial.
Aumento
del embalse hídrico del suelo;
en suelos forestales maduros se produce un aumento de la porosidad del
suelo, formándose un embalse pasivo del agua que ocupa los huecos y
facilitando la transferencia a niveles profundos y acuíferos. Por otro
lado, la disminución de la energía cinética al chocar con las hojas y
ramas reduce la velocidad del agua cuando llega al suelo que junto con el
efecto de rozamiento en tallos, partes rastreras y hojarasca provoca un
aumento del tiempo de contacto y, por tanto, del volumen total de agua
infiltrado.
Retraso
en el agotamiento de las reservas hídricas del suelo,
disminuyendo la intensidad y duración del período de sequía en el
suelo, como consecuencia del incremento del embalse edifico.
Mejora
de la calidad del agua superficial,
la retención de nutrientes procedentes del agua de lluvia o decantados
directamente del aire por parte del follaje y la permanencia de la
cubierta muerta, que actúa como freno al arrastre de partículas del
suelo (arcilla, limos, fertilizantes, etc.), hacen que las aguas de
escorrentía en los bosques maduros lleguen a ser más puras aún
que las de lluvia.
Disminución
de la sublimación
del agua en forma de nieve, debido al efecto protector de las copas de los
arboles que protege a la nieve que llega al suelo, reduciendo los efectos
de la insolación y del viento.
De acuerdo con la Conferencia Internacional del Monte Mediterráneo,
celebrada en Málaga en 1998, encontramos las siguientes:
Degradación
de ecosistemas.-
Conlleva una simplificación de los procesos biológicos, reflejada en una
menor diversidad de especies, densidades inadecuadas o deficientes
estructuras en las formaciones. Las principales causas actuales de origen
humano en el ámbito mediterráneo son: la transformación en cultivos
intensivos, la urbanización (en zonas turísticas especialmente del
litoral) y la sobreexplotación de recursos, esencialmente el pastoreo en
el caso de recursos renovables. En un pasado reciente y centrándonos en
la provincia de Almería, las causas principales fueron (Sánchez Picón,
1996): el desarrollo de la industria minera y metalúrgica (afectando
mayoritariamente a Sierra de Gador, Sierra de Filabres y Sierra
Almagrera), las roturaciones para cultivos agrícolas prácticamente en
toda la provincia (debidos a la aceleración del crecimiento de la población
en la primera mitad del siglo XIX) y el aprovechamiento de leñas para
carboneo o de esparto para la obtención de fibra (sobre todo en la
segunda mitad de ese siglo).
Presión
socioeconómica.-
En
general el monte mediterráneo presenta una baja rentabilidad económica
directa debido principalmente a limitaciones climáticas. El bajo nivel de
renta que presentan las comunidades rurales provoca una mayor presión
sobre los ecosistemas forestales para intensificar los aprovechamientos,
especialmente el ganadero, o para convertirlos a cultivos agrícolas. Por
otra parte, los únicos aprovechamientos de los montes con una amplia
valoración social (la caza, la pesca y el uso recreativo) se han
convertido, en ocasiones, en problemas para la conservación de estos
espacios. Una gran afluencia de visitantes puede producir alteraciones
negativas, agravándose la situación al realizarse sobre medios de gran
interés ecológico, al ser tanto los más frágiles como los más
demandados.
Desertificación.-
La falta de cobertura vegetal del suelo o la degradación de la misma
potencian los procesos erosivos, con la consiguiente perdida de suelo fértil.
La perdida de suelo admisible, aunque este concepto es muy relativo, se
estima por debajo de las 10-12 t/ha.año, cantidad superada por terrenos
con pendientes superiores al 12 % dedicados a cultivos marginales (secano,
almendros y vides) y sin practicas efectivas de conservación de suelos o
en aquellos otros con matorral de escasa cobertura y pendientes superiores
al 25 %. La practica totalidad de la provincia se encuentra con niveles de
erosión grave o muy grave de acuerdo con los datos del Plan de Medio
Ambiente 95-00. La concurrencia de varias circunstancias negativas explica
esta situación:
-
Relieve muy accidentado, con grandes desniveles y fuertes pendientes, que
elevan la energía cinética del agua de escorrentia.
-Terrenos
muy disgregables e inestables.
-Clima
con precipitaciones irregulares, que habitualmente se producen con gran
intensidad y corta duración.
-Falta
de cobertura vegetal del suelo por presencia de vegetación con poco
desarrollo serial y por la existencia de amplias zonas con cultivos agrícolas
marginales.
Plagas
y enfermedades forestales.-
La abundancia de agente causantes de plagas y enfermedades está
determinada por su potencial biótico y por la resistencia del medio. El
potencial reproductor depende de cada especie y varia muy poco con el
tiempo, pero la resistencia del medio es muy variable. Cuando aumenta, las
poblaciones de agentes disminuyen, pero cuando se reduce estas presentan
una expansión rapidisima, apareciendo la plaga o enfermedad. Así pues,
en situaciones de equilibrio estos agentes pueden vivir a costa de los
arboles, manteniéndose por debajo de unos niveles críticos, sin suponer
una amenaza para la masa en su conjunto.
Entre
las principales plagas destacamos la procesionaria del pino, insecto
defoliador que forma los típicos bolsones blancos y cuyo daño consiste
en la disminución o paralización del crecimiento del pie, siendo muy
poco frecuente la muerte del mismo que en caso de producirse esta
relacionada con otros factores de debilitamiento. Como todos sabemos
produce alergias y urticarias en algunos casos muy graves, principalmente
en personas expuestas repetidamente como los trabajadores forestales. Es
con mucho la plaga más activa en cuanto a superficie afectada en toda la
comunidad y también en Almería. Desde principios de los 90 se esta
realizando un Plan de Lucha integrada que comporta tanto acciones de
tratamiento directo con distintos productos (inhibidores del crecimiento,
Baccilus thuringensis y feromonas principalmente) y distinta metodología
(aplicación aérea o manual, mediante cañón o nidales), como un
seguimiento y evaluación anual del estado de desarrollo de la plaga en cada una de las parcelas de intervención, que da como
resultado la decisión de actuar de acuerdo con un determinado protocolo
que recoge la evolución más probable para cada estado concreto de
infestación.
No
obstante, la actuación más frecuente en Almería es el tratamiento aéreo
con inhibidores del crecimiento dadas las condiciones topográficas y de
desarrollo de las repoblaciones que limitan los otros a las zonas más
optimas. Por otro lado, este tipo es el menos recomendado desde el punto
de vista de conservación por sus implicaciones directas o indirectas
sobre el resto de la fauna. Un reciente trabajo de la Universidad de
Salamanca (S. Peris y J.M. Calvo, 97) relaciona los efectos sobre las aves
de los tratamientos fitosanitarios, aconsejando la realización de
estudios tendentes a encontrar el equilibrio entre el uso de insecticidas,
su concentración y el papel indicador de especies concretas de aves para
cada hábitat. A pesar de que los estudios realizados hasta la fecha no
han aportado datos sobre bosques de coníferas (se han llevado a cabo
sobre bosques de melojos, dehesas de encina y zonas esteparias con
cultivos agrícolas colindantes) creemos que los tratamientos contra la
procesionaria, al menos en Almería donde
comienzan a mediados o finales de agosto, no deben afectar en gran
medida a las poblaciones de aves puesto que la concentración es inferior
a 4 g de materia activa por ha, cantidades inferiores al máximo
legalmente permitido y que de
acuerdo con los datos de los productores son inocuas en cuanto a los
efectos directos sobre las aves silvestres. Los efectos indirectos,
principalmente la disminución de las poblaciones de insectos que son la
base de la alimentación de determinadas aves, tampoco sería en exceso
importante por no coincidir la época de aplicación con la de reproducción
de las aves, cuando es más necesaria una abundancia de presas para
adultos y pollos, como ocurría en las zonas estudiadas.
Sin
embargo, y puesto que el efecto sobre las poblaciones de insectos es
inevitable, en aquellas ocasiones en que la presencia de especies de interés
con poblaciones amenazadas lo aconseja, se ha propuesto el establecimiento
de un perímetro de protección excluido de tratamiento, suficientemente
amplio para que la dispersión por factores como el viento no pueda
afectar a las localizaciones a proteger. Este es el caso, por ejemplo, de
la mariposa apolo de Sª de Filabres en la que una población citada en un
determinado paraje con aproximadamente 2 ha de extensión, y no encontrada
durante los dos últimos años, a provocado la exclusión el año pasado
del tratamiento aéreo contra la procesionaria de
una superficie cercana a las 30 ha, donde se propusieron otros
tratamientos más localizados.
De
las restantes plagas quizás sólo debamos destacar, por su incidencia
provincial, los insectos perforadores de madera de los géneros Tomicus y
Ortotomicus. Esta plaga, al contrario que la anterior, si es letal cuando
el ataque es intenso, situaciones normalmente asociadas con años de sequía
o a problemas en la eliminación de residuos forestales. En la actualidad,
en el ámbito andaluz, se mantiene una red de puntos cebo para evaluar el
ciclo biológico de las diversas especies, con objeto de determinar las
prescripciones técnicas que deben regir en los tratamientos selvicolas
según las especies y épocas del año. En el ámbito provincial, se esta
realizando un trabajo de investigación por parte de la Universidad de
Almería con el fin de inventariar todas las especies presentes, conocer
las adaptaciones de los ciclos biológicos a la diversidad de ambientes
(especialmente en el caso de Sierra de Filabres) y establecer medidas
especificas de control y en su caso de gestión de los factores
desencadenantes.
Aún
cuando se encuentran presentes en todas las masas de pinar de la
provincia, los daños más severos se produjeron durante el año 1996 en
las repoblaciones de Sierra Alhamilla, con la muerte de cerca de 200 ha de
repoblación de carrasco.
En
cuanto a las enfermedades tenemos que destacar las defoliaciones de esta
especie de pino, "brote seco", producidas en los últimos años
en toda Andalucía, principalmente en primavera, con muerte de acículas y
de ramillos, y sobre todo en los dos tercios inferiores de la copa. Es una
enfermedad detectada muy recientemente, no siendo considerada mortal en la
actualidad, aunque sus daños son muy notables.
Incendios
forestales.-
Además del aumento de los riesgos erosivos por desprotección del suelo,
se produce una perdida de diversidad retrocediendo la serie vegetal hacia
formas de carácter pirofito si se repiten los incendios con frecuencia.
El suelo se mineraliza rápidamente, pierde nitrógeno y se disgrega la
estructura. Tras unos años de aparente mantenimiento, o incluso aumento
de su productividad, por la mineralización de sus componentes, los fuegos
repetidos disminuyen drásticamente su potencial productivo. El problema
sobre el suelo y la vegetación puede ser incrementado aún más cuando la
recuperación del medio se limita por la acción del ganado, en especial
en las primeras etapas de regeneración.
En
la evolución del nº de incendios (de acuerdo con el Plan Forestal
Andaluz y los Informes de Medio Ambiente anuales) se observa un aumento
paralelo al incremento de inversiones y medios en este campo durante el
periodo 1970-1988, este incremento continua hasta 1991 para iniciar un
descenso que con variaciones sitúa la media para el periodo 1988-1998 en 1200 incendios/anuales aproximadamente. Igualmente, se
produce un aumento de la proporción de conatos o incendios menores a 1
ha. Una interpretación (Porrero M.A., 2000) podría ser que se ha
producido una respuesta al aumento y profesionalización de los medios por
parte de las personas empeñadas en mantener un determinado uso del suelo,
en el sentido de que la superficie que se quemaba en un solo incendio
ahora necesita diez, dándose el caso de que a lo largo de una misma campaña
se tenga que apagar el mismo incendio, o la misma zona, tres o cuatro
veces. Como posible solución se ha apuntado la realización de quemas
controladas con la conciliación de intereses productivos (generación de
pastos y desbroces de antiguos cultivos principalmente) y
conservacionistas, a pesar de los riesgos que comportan estas prácticas.
Un programa piloto de este tipo de actuaciones se ha iniciado en la
provincia de Málaga durante el año pasado con aparente buen resultado.
La
disposición y tipo de combustible presente en un monte son factores
decisivos tanto para el inicio de los focos como para la velocidad de
propagación de los incendios. La existencia de extensas masas de pinar
procedentes de repoblación, generalmente continuas, ofrece una estructura
del combustible optima para que el fuego avance sin obstáculos. La
selvicultura preventiva compagina la mejora del estado del monte con la
defensa contra incendios, para lo cual crea discontinuidades de forma que
el monte arbolado se transforma en un mosaico con alternancia de edades,
especies o espacios abiertos entre la masa, afectando tanto a la cantidad
de combustible como a la estructura del mismo. Actualmente, por ejemplo,
se persigue la transformación de los tradicionales cortafuegos lineales
en áreas cortafuegos donde se reduce en gran medida la vegetación pero
permitiendo cierto grado de cobertura, a la vez que se realizan podas y
desbroces del matorral en las zonas colindantes con el fin de romper la
continuidad vertical del combustible. Una actuación similar se realiza en
las fajas auxiliares centradas en líneas de defensa establecidas
normalmente por caminos y pistas forestales. El gran problema que presenta
este tipo de actuaciones preventivas es, además del alto coste inicial,
el mantenimiento regular del desbroce
de la vegetación arbustiva y del regenerado, en algunos casos,
espectacular del pinar.
Este
tipo de actuaciones en terrenos particulares es obligatorio tras la
aprobación el pasado año de la Ley de Prevención y Lucha contra los
Incendios Forestales de Andalucía, debiéndose realizar bien a través
del correspondiente Proyecto de Ordenación o Plan Técnico o mediante un
Plan de Prevención de Incendios específico. Esta normativa incluye en
materia de financiación, ayudas e incentivos a los particulares para la
ejecución de estas actividades junto con las obligatorias, también, de
restaurar las superficies quemadas. Igualmente, se recoge la necesidad
para los titulares de los terrenos de abonar el importe de la extinción
mediante la Tasa de Extinción de Incendios Forestales. |