ESPECIES SINGULARES ALMERIENSES: TORTUGA BOBA -CARETTA CARETTA-

 

Tortuga Boba. Imagen de  Fco. Joaquín Aguilar Delgado

© Texto: José Javier Matamala García, Martín Berbel Granados
© Fotografías: Joaquín Aguilar Delgado, Ecoalmanzora y CREMA.
Publicado en 
CENTRO DE ESTUDIOS DE ECOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE: ECOALMANZORA. 2001

El desove de un ejemplar de Tortuga Boba (Caretta caretta) en una playa naturista del municipio almeriense de Vera  ha despertado un inusual interés en diferentes sectores sociales ante un hecho insólito en el ámbito del agónico Mar Mediterráneo, que aún continúa sorprendiendo a propios y extraños ante la capacidad de supervivencia de este pequeño rincón del Planeta Azul.

 Esta situación, entre otras muchas, debe de constituir un acicate más para apostar definitivamente por la conservación y protección de nuestra franja litoral que no permanece ajena a procesos de contaminación, sobreexplotación pesquera y agrícola, y especulación urbanística. Miles de especies de la fauna y de la flora acuática almeriense dependen directamente de las decisiones que se tomen en el presente. Esperemos que el protagonismo efímero de este entrañable reptil acuático no constituya la anécdota veraniega para aparecer en la foto de rigor, sino que transcienda más allá en la toma de medidas eficaces para la protección efectiva de nuestro litoral.

Generalidades

La Tortuga Boba (Caretta caretta), como el resto de las 260 especies pertenecientes al Orden testudinata (divididos en 12 familias y 90 géneros) que aparecen distribuidas por las zonas templadas y cálidas de la Tierra, tienen un origen ancestral que se remonta a registros fósiles con más de 200 años de antigüedad, en el Triásico, lo que implica que las tortugas aparecieron antes que los grandes dinosaurios poblaran la Tierra y, a diferencia de estos, fueron capaces de  sobrevivir hasta la actualidad.

Sin embargo solo algunas de ellas, que evolucionaron a partir de las terrestres, están adaptadas a la vida en el mar, desarrollando formaciones anatómicas especiales que les permiten nadar y alimentarse en el mismo. Sus extremidades, en forma de aletas, les permiten desplazarse a lugares muy distantes y realizar sorprendentes migraciones. Las tortugas marinas evolucionaron a partir de las terrestres. Son más rápidas y activas, y al vivir en un medio más templado, su hibernación es más ligera. Sin embargo, no se han independizado del todo de éste ya que tienen respiración aérea y salen a tierra para criar. Excepcionalmente pueden alcanzar hasta 150 cm y pesar 100 Kg. o más. 

Distribución y hábitat

Esta tortuga marina es una de las siete especies de la familia de los Quelónidos, que se distribuyen en las plataformas continentales de los océanos templados y subtropicales de la mayor parte del planeta, constituyendo la disminución de temperatura un factor limitante para su presencia. Nada en alta mar, aunque suele visitar las costas y acercarse a los estuarios de los ríos en busca de alimento, haciéndose visible cuando sube para respirar. 

Entre sus principales características se encuentra su capacidad para desplazarse miles de kilómetros en busca de alimento y su tendencia a volver, en la mayoría de los casos, a las mismas playas que las vieron nacer, para desovar.

En el Mediterráneo existe una importante población de Tortuga Boba, mayoritariamente de carácter migratorio, aunque se deben destacar varios puntos reproductores en el Mediterráneo Oriental. Se producen concentraciones significativas en el Mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar

 Según algunos estudios existen diferencias genéticas entre las Tortugas Bobas nacidas en el Mediterráneo y las provenientes del Atlántico, siendo aún aventurado estimar con exactitud la proporción de cada una de ellas que se concentran en las aguas del Mare Nostrum.


Cercos de protección sobre la puesta de los huevos

Alimentación

Su fuerte pico le permite alimentarse de casi todo lo que se ponga a su alcance aunque, exceptuando algunos peces, su dieta está compuesta principalmente por invertebrados acuáticos. Diferentes especies de crustáceos, moluscos, estrellas y erizos de mar, esponjas y medusas constituyen la base trófica de esta tortuga que no desdeña la ingesta de vegetación subacuática.  

Reproducción

Esta longeva tortuga marina, alcanza su madurez sexual cuando sus caparazones superan los 80 cm de longitud. El dimorfismo sexual -aparentemente poco notable- se manifiesta en los machos de la especie que poseen colas más largas y anchas que las hembras, donde se sitúa su órgano reproductor. Las hembras copulan con varios machos, tanto en la superficie, como en el fondo del mar. Estas almacenan el esperma hasta su posterior fertilización.

Entre los principales lugares de cría de esta especie cosmopolita destacan algunas playas situadas en Australia, Brasil, Cabo Verde, costa Occidental de los EEUU, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Japón y Omán, existiendo puestas esporádicas en las Islas Canarias. Las poblaciones reproductoras del Mediterráneo se sitúan en su margen Oriental, desovando en algunas playas de Chipre, Grecia, Libia y Turquía.

La cría de Tortuga Boba en la Península Ibérica constituye un hecho excepcional e irrelevante y tan solo se conocen algunas citas, la mayoría de ellas durante siglo XIX, siendo la más reciente, además de la almeriense, la correspondiente a una tortuga recién nacida hallada muerta en una playa del Delta del Ebro en 1990.

El instante de la puesta y el de su propio nacimiento son los únicos momentos en los que este animal marino se adentra, con ostensible dificultad, para desovar, enterrando los huevos bajo la arena y abandonándolos a su propia suerte. Esta acción puede repetirse hasta tres veces depositando una media de un centenar de huevos por puesta, que entierran bajo la arena en hoyos que realizan con sus patas traseras y que, posteriormente cubren. Éstos y las propias hembras durante el momento del desove pueden ser atacados por diferentes especies. El aumento de las mareas o el oleaje pueden provocar la pérdida de la puesta. El sexo de los neonatos está  determinado por la de temperatura durante el proceso de incubación.  Al cabo de 30 a 65 días -el tiempo de incubación varía según los autores- los huevos eclosionan y las diminutas crías, réplica en miniatura de sus gigantescos padres, emprenden una corta pero vital carrera hacia el mar, su medio natural, donde tan solo una minoría –que se estima en un uno por mil- llegarán al estado de adulto en condiciones ambientales favorables. Durante el período juvenil son presa fácil de diferentes predadores como peces y aves marinas. 

Reglamentos y disposiciones legales

La Tortuga Boba (Caretta caretta) está catalogada como especie en peligro en el ámbito global.

Entre las disposiciones legales más significativas destaca su inclusión en los Convenios de Berna y Bonn, que no solo explicitan la conservación y protección de la especie, sino de sus hábitats naturales. La Lista Roja de Animales Amenazados, elaborada por la Unión internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) considera a las tortugas marinas, en el ámbito global, como especies  en peligro o en peligro crítico.  Situación paralela sucede con la Directiva Hábitat de la Unión Europea, donde aparece como especie estrictamente protegida y de actuación prioritaria. Su inclusión en el Anexo I del Convenio CITES, dispone la prohibición de su caza o comercio en el ámbito mundial.

 El Estado español, no ajeno a la situación crítica de especie, la califica como de “Interés  Especial” en el Real Decreto 439/1990 en el que se desarrolla el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Así mismo, el Real Decreto 1997/1995, la considera como “especie prioritaria” afirmando que su “conservación supone una especial responsabilidad habida cuenta de la importancia de la proporción de su área de distribución natural incluida en el territorio en que se aplica esta”.


Carpa informativa de Ecologistas en acción-Almería  
y kiosco informativo de voluntarios ambientales del litoral

Problemática ambiental

Pese a éstas y otras disposiciones legales  el panorama de la especie en el mundo en general y en el Mediterráneo en particular, no es nada halagüeño.

Tan solo en las costas de la Península Ibérica se ha multiplicado por cuatro, durante lo que va de año, el numero de varamientos de este reptil amenazado.

La “invasión” humana de las áreas litorales y prelitorales del Mediterráneo están enmarcadas dentro de una dinámica poblacional instaurada que hará tremendamente difícil la conservación de ésta y de otras especies, al ir desapareciendo sus áreas naturales de cría. Según previsiones de las Naciones Unidas, dentro de 25 años estas zonas contarán con una población residente de 125 millones de habitantes, estimándose en 760 millones el número de visitantes.

Las artes de pesca en general constituyen una de las principales causas de morbilidad y mortalidad de la especie, que se acerca a ellas atraída por presas fáciles. Durante el estío cientos de Tortugas Bobas son capturadas por palangres en las costas Mediterráneas –recordemos que la mayor flota de palangreros del Mediterráneo se sitúa precisamente en la localidad almeriense de Carboneras- y en menor medida por distintos sistemas de redes destacando los trasmallos, donde quedan atrapadas muriendo ahogadas.

Como otras especies marina están sujetas a la contaminación de los mares y océanos. Entre estos destacan los vertidos de crudo y metales pesados y la ingesta accidental de plásticos –a los que confunden con medusas- correspondientes a las miles de toneladas estos residuos que “nadan” por nuestros mares.

En este último sentido, cabe destacar que, según datos publicados recientemente por Greenpeace , España, Francia e Italia, en su conjunto, son los responsables directos del 60% de los vertidos contaminantes al Mediterráneo, lo que equivale a 5,4 billones de toneladas anuales de residuos industriales y urbanos sin tratar. Según las mismas fuentes por este mar se desplazan la mayor parte de los petroleros y el 30% de los mercantes en el ámbito global. Así mismo, afirma este estudio, que tan solo en el “Campo de Cartagena” se vierten 2.500 toneladas anuales procedentes de la agricultura intensiva.

Según un estudio elaborado por la Consejería de Medio Ambiente y titulado Inventario de Vertidos Líquidos al Litoral de Andalucía (1997), de los 88 puntos activos y de gran diámetro para la conducción de desagües en el litoral almeriense, tan solo 3 están debidamente autorizados, aportando en su conjunto un volumen medio de vertidos diarios de 171.281 metros cúbicos.  Destacan manifiestas irregularidades en redes de saneamiento como las de Adra o Garrucha, cuyos aliviaderos realizan vertidos al mar de forma permanente. En cuanto al estado de las 15 estaciones depuradoras de aguas residuales, en tan solo 2 el funcionamiento es óptimo, mientras que 11 están sin evaluar y en las 2 restantes se cataloga como malo.

Existe un programa conjunto entre la Diputación de Almería y Obras Hidráulicas para el cumplimiento de la normativa comunitaria, que obliga a tratar antes del 2005 las aguas residuales de los núcleos de población mayores de 2.000 habitantes-equivalente.

 Breve cronología de un hecho insólito.


Muestra de los huevos puestos por la tortuga boba  foto:CREMA

 Una supuesta hembra de Tortuga Boba -según apuntan los estudios realizados ulteriormente- enterró, la madrugada del 27 de julio, un número indeterminado de huevos en la playa “Vera Natura”. Los observadores directos de este hecho notificaron su hallazgo al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, quien trasladó la noticia, tanto al ayuntamiento de Vera, como al malagueño Centro de Recuperación de Especies Marinas (CREMA), quien tuvo conocimiento al día siguiente.

El día 30, tras varias jornadas de fuerte temporal de levante, durante las cuales el nido se vio afectado por el oleaje y que se mantendría durante 24 horas más, el CREMA, organismo financiado por la Consejería de Medio Ambiente (CMA), tras el vallado perimetral del área, contactó con la Red de Voluntarios Ambientales del Litoral y Ecologistas en Acción - Almería (EeA) para solicitar su colaboración inmediata, que consistió en situar una barrera de sacos de arena para proteger a los huevos del avance del agua, acción que continuó durante el primer día de agosto con la colaboración de miembros de la CMA y ante la visita de altos cargos de la misma que procedieron a convocan una rueda de prensa para dar a conocer “el fenómeno”.

Desde entonces se ha contado con la vigilancia permanente del área por parte de EeA, CMA, Policía Municipal de Vera, Protección Civil, Red de Voluntarios Ambientales del Litoral y otras personas que han querido participar altruistamente para intentar, entre todos, ver nacer a las pequeñas tortuguitas que probablemente y si Dios quiere lo harán a partir de la segunda quincena de septiembre.

También se ha elaborado un Protocolo de actuación conjunta, a las que además de las anteriores, se ha contado con la participación de la Sociedad Española de Cetáceos y otras entidades científicas, para establecer un plan común de acciones.

El “negocio” de la Tortuga Boba

Los que trabajan con “especies simpáticas”, que se encuentran en peligro, -léase la Foca Monje, el Oso Pardo y otras amenazadas de extinción en los próximos años- saben perfectamente de la importancia que hechos anecdóticos, como éste que estamos tratando, tienen para su propia supervivencia como entidades científicas y conservacionistas. Las imágenes en televisión y en la prensa venden a partir de la actualidad de la noticia y generan un movimiento económico alrededor difícil de cuantificar pero, en cualquier caso, muy productivo. De esta forma se crean partidas presupuestarias inmediatas para investigaciones tan efímeras como, en la mayoría de los casos, infructuosas ya que carecen de continuidad en el tiempo, que es lo que debe de caracterizar a cualquier empresa de este tipo o estudio científico serio.

No hay que ser ningún avezado especialista en biología marina para afirmar que la Tortuga Boba es una especie condenada al fracaso en un mar como el Mediterráneo. Rescatar algunas tortugas en centros especializados, invertir en ellas miles de Euros y devolverlas a su medio natural, constituye un hecho políticamente vendible y económicamente rentable para algunos, aunque en el plano estricto de la protección y conservación de la especie es, simplemente, irrelevante. Aunque esta afirmación pueda levantar la suspicacia o la descalificación por parte de algunos –somos plenamente conscientes de lo que afirmamos-, no cabe duda que si algo caracteriza a las actuales tendencias conservacionistas es cierto “estigma de subjetividad permanente” y un afán creciente de obtener la mayor rentabilidad política.

Sin embargo, esto no significa que estas entidades y organismos no deban continuar con su labor “solidaria”, sino que se podrían establecer los cauces para que los “beneficios” obtenidos de la renta de estos “animales simpáticos”, fuera invertida en cuestiones algo menos “lúdicas”, como el estudio de la calidad ambiental de nuestras costas -galardonadas por “Banderas Azules”, quizá improcedentes- y de otras especies de la fauna y flora marinas, más desconocidas por el público, pero no menos importantes para la biodiversidad del viejo Mare Nostrum.

Recientemente se ha propuesto la inclusión como Lugar de Interés Comunitario de 6.313 hectáreas de esta franja costera, bajo la denominación de “Fondos Marinos del Levante Almeriense”. Este es el primer paso para proteger a éste y otros lugares relevantes del litoral almeriense, sin olvidar nuestros denostados humedales y sierras prelitorales –cada día más castigados-, en lo que constituirá la Red Natura 2.000, un marco de actuación conjunta dentro de la Unión Europea. Actualmente es la autoridad estatal y autonómica la que debe de velar por su conservación y protección, antes de que la vorágine predadora de la especulación –que podemos constatar diariamente- acabe definitivamente con este proyecto, que ni siquiera se ha desarrollado aún.  

En cualquier caso, no hay mejor batalla que aquella que se emprende contra lo irremediable.