RESURGIENDO DE SUS CENIZAS: EL AVE FÉNIX

Phoenicpoterus ruber roseus. JJ Matamala

© TEXTO y FOTOGRAFÍA:  JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA

Artículo publicado por la revista F&H (2003) : nº 51: 16

A lo largo de la historia de humanidad, de sus diferentes culturas y creencias,  ha sido frecuente atribuir a ciertos elementos del entorno propiedades mágicas o sobrenaturales, llegando incluso a convertirlos en deidades. Animales, plantas o paisajes fantásticos aparecen representados en la mitología de cada rincón del Planeta Azul, evidenciando la secular interdependencia entre hombre y natura. En el ámbito mediterráneo existen diversos ejemplos, especialmente dentro de las principales culturas que forjaron su civilización.    

El Ave Fénix, capaz de arder y de resurgir de sus propias cenizas, aparece descrito en el antiguo Egipto. Este fabuloso animal tuvo su continuidad en la mitología griega donde fue denominado Phoenicopterus, palabra adoptada por los zoólogos para designar al género del Flamenco común –Phoenicopterus ruber roseus-. El bellísimo espectáculo que ofrecen los bandos de esta hermosa zancuda cuando levantan el vuelo al alba o durante el ocaso, mostrando entonces el color escarlata vivo de sus coberteras alares, debió ser sin duda fuente de inspiración para los creadores de esta conocida fábula.

El Flamenco común es una especie característica de los saladares almerienses,  observándose principalmente en las Salinas de Cerrillos, en los Charcones de Punta Entinas-Sabinar, en la Cañada de Las Norias y en las Salinas de Cabo de Gata, localidad donde se alcanzan concentraciones estivales de más de 3.000 aves. La población del Mediterráneo Occidental, a la que corresponde la española, se reproduce principalmente en La Camarga francesa -Delta del Ródano- y en la laguna malagueña de Fuente de Piedra. Se ha podido demostrar, mediante la lectura de anillas, la importancia que las salinas almerienses para la población mediterránea y, especialmente, para la colonia de nidificación de Fuente de Piedra, desde donde en ocasiones los flamencos adultos que crían en ella se desplazan para alimentarse hasta los saladares almerienses, cuando la escasez de agua y de nutrientes los obligan ha realizar estos heroicos esfuerzos para mantener a sus polladas.

Sus largas patas y su desproporcionado cuello les capacita para explotar las zonas profundas de las lagunas, donde no pueden hacerles competencia otras pequeñas zancudas como los limícolos; sus pies palmeados les facilitan remover y andar sobre el fango, así como nadar con destreza. Pero sin duda su grotesco pico constituye el sistema adaptativo más característico de este grupo de aves. Su configuración anatómica lo convierte en una eficaz herramienta para el filtrado de los lodos donde se encuentran las partículas alimenticias que componen su dieta; las mandíbulas, rodeadas por laminillas córneas, actúan como un cedazo que criba el fango gracias a la acción de succión y expulsión del mismo desde su cavidad bucal y que realiza mediante su musculosa lengua. Los flamencos suelen alimentarse en bandos lo que favorece un mayor movimiento de los lodos del fondo, facilitando una mejor filtración de los mismos. Su dieta está compuesta principalmente por pequeños invertebrados, organismos unicelulares y restos y semillas vegetales, que viven o se asientan sobre los lodos salinos.