LA POLÍTICA AGRARIA COMUNITARIA: ¿UN BENEFICIO?

 © TEXTO y FOTOGRAFÍA:  JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA

Artículo publicado por la revista F&H (2002) : nº 46: 22

El proceso de integración del Estado español al Mercado Común Europeo, actualmente rebautizado como Unión Europea, constituyo un proceso de largas y complejas negociaciones políticas y económicas que supuso fuertes reajustes de diferentes sectores productivos en nuestro país. 

Almedos y erosión. JJ MatamalaLa forma de acceso a la UE fue ampliamente criticada en su día por analistas económicos y por los diferentes grupos sociales afectados, que observaron una manifiesta precipitación a la hora de defender los intereses nacionales por parte del gobierno español, especialmente en las concesiones realizadas en materia de agricultura, ganadería y pesca.

La Política Agraria Comunitaria –PAC- es el reglamento se la UE por el que se rige el presente y futuro de este sector de vital importancia económica y social. Si bien los beneficios de la integración en la Unión han sido muy importantes para el desarrollo socioeconómico español, también es cierto que la agricultura ha sufrido importantes reajustes no siempre acertados, ni deseables.

Según Eduardo de Miguel Beascoechea, responsable del Área de Agricultura en el Fondo del Patrimonio Natural Europeo, la actual política de abandono de tierras de cultivo que favorecen las directrices de la PAC, está produciendo un fenómeno de gran repercusión social y ambiental. La población activa agraria ha disminuido del 27% al 8% en los últimos 20 años y se han dejado de cultivar medio millón de hectáreas.

El suelo no es un recurso finito como el agua, pero sí es limitado; además se puede conocer a priori de cuanto se dispone y en que condiciones. Sin embargo, una de las principales ausencias en este tipo de políticas es la planificación del territorio, como elemento indispensable a la hora de adecuar y establecer las necesidades de cada región o comarca. 

Los fondos estructurales que acompañan, por ahora, a este tipo de transformaciones de los usos del suelo han potenciado la creación de cultivos arbóreos de secano, como el olivo y el almendro. Las subvenciones comunitarias han animado a muchos agricultores a plantar este tipo de árboles, los cuales ocupan una considerable extensión de nuestra geografía provincial. 

En este sentido, cabe destacar que la mayoría de los expertos consideran a estas especies como elementos favorecedores de los fenómenos de erosión grave y de la pérdida de biodiversidad del medio. Se ha comprobado que las nuevas plantaciones de almendros y de olivos están mucho más expuestas a los procesos de desertización, con la consiguiente pérdida de suelo fértil, especialmente en regiones como Almería caracterizadas por la gran fragilidad de los ecosistemas que la integran.

Otro problema añadido es qué pasará con estos cultivos, cuando los fondos estructurales de la UE dejen de subvencionarlos –lo que puede suceder en breve- y sean abandonados a su suerte en buena parte de las plantaciones. La lucha contra el avance del desierto y la protección del suelo fértil precisa de acciones comprometidas que garanticen la conservación del medio. En juego “tan solo” está el futuro del paisaje y paisanaje de nuestras comarcas agrícolas.