PRINCIPALES CAUSAS DEL AVANCE DEL DESIERTO EN ALMERÍA

Desierto de Tabernas. JJ Matamala

© TEXTO y FOTOGRAFÍA:  JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA

Artículo publicado por la revista F&H (2002) : nº 50: 22

Más de un tercio de la Península Ibérica se encuentra ante procesos de erosión grave, mientras que en Andalucía se producen perdidas de suelo fértil que superan las 50 toneladas por hectárea y año. En Almería, al igual que en gran parte de Sudeste peninsular, estos procesos son aún de mayor magnitud, afectando a más del 70% de su territorio y contribuyendo a la desertización progresiva de su superficie, pudiendo afirmarse que el avance del desierto es el principal problema ambiental en el ámbito provincial. La desertización no solo contribuye a la alteración de los hábitats naturales y de las comunidades de flora y fauna que albergan, sino que tiene una dimensión socioeconómica trascendental, especialmente, sobre sectores productivos como la agricultura y ganadería y, por ende, sobre las poblaciones humanas que se asientan en estas zonas.

Estos procesos se hallan inmersos en una compleja dinámica donde intervienen múltiples parámetros ambientales –biogeográficos y climáticos-, aunque la influencia humana ha sido realmente devastadora y decisiva en la configuración del actual panorama. La deforestación masiva que ha sufrido la provincia de Almería es un hecho fácilmente constatable a lo largo de su historia. Si hubiera que resaltar un periodo concreto de ésta sería sin duda “siglo minero”. El diccionario histórico, geográfico y estadístico de Pascual Madoz constituye el acta de defunción de los bosques almerienses. En este libro se relata de forma prolija, cómo centenares de miles de hectáreas de vegetación fueron utilizadas durante el siglo XIX en los hornos de fundición, dejando asoladas serranías completas como Gádor, Filabres, Almagro o Almagrera y acabando con el bosque mediterráneo, dominado por encinares, que otrora colonizó gran parte de nuestra geografía provincial. Durante el segundo tercio del siglo XX los incendios forestales han constituido la principal causa de deforestación, pudiendo afirmarse que más del 90% se originan por negligencias o deliberadamente.

Dentro de hábitats extremadamente áridos como los que caracterizan a gran parte de Almería, la destrucción de la vegetación de cobertura ya esté compuesta por matorrales, arbustos o árboles, constituye una pérdida irreparable para el débil equilibrio de estos ecosistemas subdesérticos y una puerta abierta para el avance de los elementos erosivos que, como la lluvia, arrastran literalmente el terreno fértil, dejando el suelo sin las condiciones mínimas para su propia regeneración.

La solución al avance del desierto no solo pasa por políticas de reforestación, de prevención de incendios y de tratamientos forestales adecuados –donde se ha avanzado bastante en la última década-, sino que requiere de una reordenación del territorio y los recursos naturales, incluida la sobreexplotación agrícola, ganadera y de los acuíferos, el abandono del medio rural y de la agricultura tradicional, y la abolición de prácticas especialmente dañinas como los desmontes en terrenos en pendiente con maquinaria pesada o la quema indiscriminada de rastrojos.