EL ABANDONO DEL MEDIO RURAL: UNA APUESTA POR LA DESERTIZACIÓN

© TEXTO y FOTOGRAFÍA:  JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA

Artículo publicado por la revista F&H (2002)

Gérgal y Sierra de Filabres. JJ Matamala

Las actividades económicas desarrolladas en la mayoría de las poblaciones rurales han estado y están íntimamente ligadas al sector primario de producción. Agricultura, ganadería, pesca o minería han constituido la base del sustento para estas pequeñas localidades que jalonan la geografía almeriense. Puede afirmarse que la principal fuente de ingresos de la mayor parte de los pueblos de interior se halla en aprovechamientos agrícolas de distinto tipo que van desde el cultivo extensivo de cereales en la Comarca de Los Vélez a las vegas y regadíos de las cuencas del Andarax o del Almanzora.

Sin embargo los usos del territorio no son inmutables y han cambiado considerablemente en la reciente historia provincial. La minería decimonónica transformó comarcas y serranías enteras como Alhamilla, Gádor, Filabres o Almagrera, donde los procesos de fuerte inmigración y la transformación del agricultor en minero supusieron, a  principios del siglo XX –con la caída del mercado internacional de plomo y plata- el despoblamiento y la vuelta a una economía de subsistencia ante un medio natural tremendamente transformado y deteriorado.

El nacimiento durante el último tercio del siglo XX de la agricultura bajo plástico también ha supuesto importantes alteraciones de los usos del suelo y de la distribución de la población. Los “parraleros” de la Alpujarra almeriense se transformaron en hábiles constructores de invernaderos y sus pueblos de origen sufrieron un proceso paulatino de despoblamiento y de abandono de la agricultura tradicional que en ellos se realizaba.

El despoblamiento y abandono del medio rural, así como de sus aprovechamientos agrícolas tiene repercusiones directas tanto en lo sociocultural como en lo medioambiental. En medios áridos, como los que caracterizan a gran parte de la provincia de Almería, los cultivos tradicionales constituyen en gran parte del territorio el último eslabón antes de la pérdida de suelo fértil y del avance de los procesos de erosión grave y desertización.

Los ejemplos de este proceso son múltiples en el ámbito de la Almería rural y se caracterizan, entre otros parámetros, por un envejecimiento de la población local, la disminución o pérdida de las actividades agrícolas y una “reconversión inacabada” de los sectores productivos descapitalizados y dependientes de ayudas sociales de diversa índole. La mayor parte de la población activa se traslada a otras localidades que le ofrecen mayores posibilidades de desarrollo económico y social.

A la enorme importancia de la pérdida irreparable de valores antropológicos, culturales y sociales de estas poblaciones, le acompaña un proceso de desertización de los cultivos abandonados, la pérdida de suelo fértil y el progresivo deterioro del medio. Algunas fórmulas como el controvertido Plan de Empleo Rural y otras formas de intervención administrativa son necesarias para el mantenimiento del patrimonio no solo antropológico, sino natural de nuestras comarcas menos “agraciadas”. La búsqueda de usos alternativos de estos espacios es otra opción, como el desarrollo del turismo rural entre otros, pero precisa de una dinámica empresarial con cierto criterio y con el riesgo siempre asumible de cualquier inercia que precise la inversión de capital.