JUAN ANTONIO MUÑOZ MUÑOZ: Viviendo nuestra tierra: "La sal y la vida". Rev. Paraíso Natural. Nº 4. Págs. 16-17. Almería.

Cerrando la bahía en su parte de levante, varada entre arenales y reflejando los ocres volcánicos de la sierra. se extienden apacibles y azules las Salinas del Cabo de Gata.

Sobre el silencio quieto se desplazan cadenciosas bandadas de flamencos ..., el aire huele a mar y los hombres solo miran ..., desde lejos.

Las Salinas constituyen probablemente el espacio más singular y reconocido del Parque por su belleza, su biodiversidad y por ser el ejemplo perfecto de armonía entre la actividad humana y el equilibrio ecológico.

Forman parte de una zona hundida e inundable sin salida al mar, que los naturales llaman Rasa, diferenciando la Rasa Chica que se extiende por los llanos de Pujaire y los Huertos y la Rasa Grande que corresponde a las Salinas. Esta zona de relleno es heredera de una albufera que se ha ido rellenando con aluviones de la Sierra y las arenas que transportan los fuertes vientos de levante.

Con lluvias de menos de doscientos litros al año, con la insolación más alta de Europa y un enclave tan propicio, no es de extrañar que desde la más remota antigüedad hayan existido en la zona explotaciones salineras para uso doméstico, ganadero y de salazones.

En cuanto a su historia, sabemos que los romanos preparaban salazones en varios puntos de nuestra Bahía como lo demuestran los restos de la factoría de Torregarcía y que comerciaban con la sal ibérica. Tan fundamental es para la vida este mineral que en el mundo romano con la sal se pagaban honorarios, derivando de aquí la palabra salario.

En el siglo XI época de esplendor de la Almería árabe, hay noticias de que funcionaban estas salinas.

Con los Reyes Católicos existen ya datos de producción vendiéndose gran parte en Guadix y Baza. siendo trabajada la sal por moriscos de la vecina y desaparecida población de Tarval, que luego revendían .

Entre el s. XVI aparece también documentada una almadraba de atunes perteneciente a la nobleza, que utilizaba la sal de las salinas. La nobleza gozó del privilegio exclusivo de pesca.

Aunque desde el s. XV soldados de las vecinas fortificaciones de San Miguel del Cabo de Gata y Vela Blanca protegían a estos trabajadores y a sus familias, la inseguridad de esta costa que fue llamada en su día Costa de los Piratas, tras las expulsiones de moriscos hace suponer su abandono o infrautilización durante largos periodos.

En el s, XVIII con la costa más segura y dependiendo las salinas del Duque de Medina se optimiza su producción mediante diversas obras. En el XIX pasan al control estatal.

A principios del siglo XX, D. Antonio Acosta Rodríguez hacendado procedente de la comarca de los Vélez, acomete grandes obras de transformación en este espacio y que van a configurar las Salinas casi tal como ahora las conocemos. Se construye un largo dique de piedra para evitarla inundaciones provenientes de la actual Rasa, se construye un canal de desagüe, se amplían las Salinas con nuevos y más extensos depósitos, se instalan malacates, se edifica la iglesia, el cementerio, casas para los trabajadores.... es decir, se construyen unas grandes instalaciones competitivas sobre las artesanales y rudimentarias anteriores.

El aporte de agua del mar, ha constituido un problema que ha costado solventar.

Al principio el agua entraba al primer depósito por el Canal de la Molina llamado así porque una gran molina de viento similar a las de la zona pero con aspas de latón, movía una rueda. Esta molina estuvo situada junto al Camino Viejo de las Salinas, cerca de Cabo de Gata y los más viejos del lugar aún la recuerdan funcionando en los años 20.

Esta entrada se sustituye por un túnel encimbrado, del que aún quedan restos, situado frente a la zona de almacenamiento de sal, pero los temporales de poniente, al igual que ocurría con el anterior canal lo cegaban, teniéndose que efectuar frecuentes "limpias", posteriormente, se construyen otros túneles de entrada junto al embarcadero sin mejorar los resultados, por lo finalmente, se aborda la construcción de un largo canal de 5 Km. que capta el agua en una zona acantilada situada en el Lancon, mediante un simple pero ingenioso sistema, por el que el oleaje al romper, eleva el agua hasta unas balsas situadas sobre el rompeolas. Este sistema, aunque tiene que ser reconstruido más al interior, continua vigente en la actualidad. Para compensar la falta de oleaje y transvasar agua al canal en el momento que se desee, ahora se emplean motores eléctricos, denominándose este enclave como "Los Motores".

Desde 1925, Unión Salinera era la dueña de estas instalaciones, (recientemente han sido vendidas a una empresa francesa), todos deseamos las mantengan en producción tal como hasta ahora, evitándose así desastres ecológicos como los que han ocasionado el cierre de las restantes salinas almerienses, ya que por el extenso espacio privilegiado que ocupan junto a la playa, las salinas en general son objeto de fuerte presión urbanística, habiendo desaparecido ya las restantes de la provincia, es decirlas las dos de Pulpí, la de Vera, el reciente caso de Guardias Viejas y las dos grandes instalaciones en Roquetas de Mar.

Estas salinas abarcan una espacio de 500 has. de las que 300 has. quedan bajo las aguas. Tienen una longitud de 4.500 m. quedando separadas del mar por una ancha barra arenosa con formaciones dunares, entre las cuales se intercalaron hasta hace unas décadas una singular y autóctona modalidad de huertos hundidos que, a pocos decímetros sobre el nivel del mar quedaban protegidos de los vientos por una duna cuadrangular que los cerraba a modo de gradas de un estadio, quedando la duna artificial coronada en su cima por pitacos y paravientos de cañizo.

Para obtener sal, el agua se lleva a los primeros charcones, donde dobla la concentración salina, luego desciende a otros evaporadores donde pierde un tercio de su volumen y por último pasa a los cristalizadores donde la salinidad superará los 250 gramos por litro, momento este en que la sal se precipita formando una capa de unos 10 cm. de donde se lleva a gigantescos montones para su posterior envasado o transporte al puerto de Almería

No hace mucho, cuando se usaban sistemas de producción tradicionales, la sal se embarcaba desde aquí y junto a las salinas funcionaba una almadraba. Se necesitaba mucho personal que iba rotando de unas tareas a otras. El bullicio era enorme. La sal la llevaban los muleros de la garbera al muelle en vagonetas que circulaban sobre raíles de quita y pon, en el muelle había tolvas que vaciaban la sal en lanchas de 12 toneladas, los barqueros la acercaban a los barcos fondeados en la bahía, los arrieros cargaban sal y salazón en sus reatas de mulos, los carreteros lo hacían en sus carretas. Las mujeres destripaban y preparaban el pescado que era depositado en los tinancos que había en la chanca para salarlo, los críos por seis reales y una melva ayudaban a sus mayores, los pescadores, sobre todo cuando llegaban las melvas y atunes, faenaban sin parar; los comerciantes venían a comprar género, la fábrica de sulfatos funcionaba casi todo el año. Mineros y operarios de la Fabriquilla se sumaban a la actividad. En verano venían barrilleros y recolectores de algazul .... Pero con el tiempo todo esto fue decayendo, sobre todo cuando la Compañía Lloret y Llinares última explotadora de la Almadraba cerró en  el año 35. Luego vino la guerra, tras  ella algún intento de reanudar la explotación por una compañía de Águilas,  pero ya nada fue igual.

Volviendo a la actualidad, una de las características de las salinas es que su funcionamiento es perfectamente compatible con la rica avifauna que albergan.

En primavera, con las Salinas a tope de agua, los flamencos que van en ruta desde África y Doñana hasta la Camarga u otras zonas europeas, hacen una larga escala coincidiendo con otras migratorias como garzas reales y garcetas o las sedentarias avocetas.

En verano, la concentración salina, la entrada de agua y el trasvase entre los evaporadores aumentan. La mayoría de especies ya han criado a sus polluelos, mientras llegan gaviotas reidoras, gaviotas patiamarillas y charranes. Miles de aves de variadas especies conviven en armonía.

Con la llegada del otoño y antes de las tormentas, se cosecha la sal que ha ido precipitándose durante el verano en los cristalizadores. El agua escasea y las aves emigran. Aún se pueden ver vuelvepiedras, archibebes, flamencos que deciden quedarse e incluso alguna cigüeña común.

En invierno se limpian los depósitos y cristalizadores, se corta la entrada de agua y solo quedan las especies sedentarias. Sin embargo en los arenales colindantes la lluvia y la densa humedad van a cubrir las dunas con un tupido manto verde que las llena de vida y otras aves migratorias de invierno pueblan los contornos de las Salinas, porque aquÍ, en este punto  del mapa, independientemente del calendario, la primavera y la vida llegan cuando llueve. El sol lo tenemos siempre.

Agradecemos la valiosa información que nos han dado los mayores del lugar y especialmente Antonio y María del Bar Mediterráneo.