SAURIOS ALMERIENSES: EL LAGARTO OCELADO

© TEXTO y FOTOGRAFÍA:  JOSÉ JAVIER MATAMALA GARCÍA

Artículo publicado por la revista F&H (febrero de 2003)

Lagarto ocelado -Lacerta lepida-. JJ Matamala

Los reptiles ocupan la mayor parte de las regiones templadas y cálidas del Planeta Azul. Al ser animales poiquilotermos –de “sangre fría”- dependen de la temperatura ambiental para el desarrollo de su actividad vital; así en latitudes que presentan periodos fríos –inviernos- tienen la capacidad de aletargarse, hibernando hasta que las condiciones climáticas mejoran. En la cultura judeocristiana este orden de animales, que otrora dominaran la Tierra, ha soportado una mala fama inmerecida, siendo perseguidos injustificadamente. Sin embargo, su presencia en los diferentes ecosistemas donde se encuentran es fundamental para el propio equilibrio de los mismos y su capacidad de adaptación a través de cientos de millones de años, paradigma de la evolución de las especies. 

El Lagarto ocelado (Lacerta lepida) es un saurio ampliamente distribuido por la Península Ibérica e islas españolas, excepto en la zona septentrional - Cornisa Cantábrica y País Vasco-. Dentro de la Cuenca Mediterránea se encuentra en el Sur de Francia y el Noroeste de África e Italia. Las condiciones climatológicas del Sudeste ibérico son óptimas para este lacértido que se distribuye por casi toda su geografía, desde la costa, hasta las cumbres alpinas de Sierra Nevada –donde se encuentra la subespecie nevadensis-, llegando a vivir en cotas superiores a los 2.000 metros de altitud.

Es un lagarto grande y robusto que puede llegar a alcanzar los 65 cm. de longitud, de los que casi dos tercios corresponden a su larga cola. Su coloración, verde amarillenta, puede variar de unos a otros individuos, aunque lo más notable es la presencia de varias hileras –de dos a cuatro- marcadas por grandes ocelos de color azul –de ahí su nombre común-. Coloniza diversos hábitats naturales y artificiales –cultivos-, prefiriendo entornos secos y soleados, donde abunden matorrales o roquedales que le ofrezcan protección ante sus predadores naturales. Entre estos últimos destacan varias especies de aves rapaces –milanos, águilas calzadas, perdiceras, culebreras, azores, etc. e incluso otros reptiles como la culebra bastarda, capaces de enfrentarse a este saurio dotado de fuertes garras y mandíbulas, y con una velocidad que lo hacen una presa difícil.

Cuando se ven atrapados la cola se autotomiza –se desprende- y permanece “viva” durante algunos minutos llamando la atención del predador de turno y dándole la oportunidad de escapar del mismo. Esta característica, junto con la capacidad de regenerar esta parte de su cuerpo es propia de otros saurios. La cópula se produce mediante una lucha ritualizada, y la hembra entierra bajo los huevos –hasta 20 o más- que eclosionarán a los tres meses. 

Los individuos adultos son omnívoros, aunque la parte fundamental de su dieta está compuesta por insectos grandes -saltamontes y grillos- o caracoles a los que localizan rastreando meticulosamente su territorio. Ocasionalmente también pueden cazar micromamíferos, así como pollos y huevos de aves. Durante la primavera y el otoño buscan ávidamente lugares soleados para acumular las energías suficientes, aunque cuando la radiación es excesiva, sestean en lugares sombreados.

El Lagarto ocelado es una especie estrictamente protegida que aparece incluida en el Catálogo Nacional de Especies Protegidas –desde 1980- y en el Convenio de Berna –1979-, entre otros.