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4.2.1.- La vivienda Es una edificación simple, compacta y funcional, con formas cúbicas de paredes blancas y terrados grisáceos, que se adapta al medio en una simbiosis natural y estética que hace de la estampa resultante un conjunto armónico (la vivienda queda enmarcada entre pitacos y paletares sobre un fondo ocre y azul luminoso del cielo). Las paredes se construyen con piedra y barro, empleándose el yeso en los tramos que demandan más solidez. El mortero de cal también se emplea si hay caleras en las cercanías. El ensolado se realiza con yeso y más raramente el empedrado. Para el techado se emplean soportes de pitacos o maderas dispuestas en paralelo y sobre las que se extiende un entramado de cañas unidas con guitas de esparto. El cañizo se cubre con una capa de yeso y finalmente se dispone una capa de tierra impermeabilizante (launas y tierras royas). Cada una de las habitaciones lleva su techumbre independiente, quedando el terrado dividido en tantos rectángulos como estancias tenga la casa y puede que en diferentes alturas. La evacuación de aguas se hace mediante canaleras. La iluminación interior se consigue a través de pequeños ventanucos enrejados con palos y en ocasiones con una efectiva iluminación cenital, para lo que se practica un tragaluz en el techo. Las puertas son pequeñas y quedan unos decímetros elevadas sobre el piso exterior, por lo que se suele construir un portal de acceso. Las casas de hacendados tienen puertas grandes enmarcadas, techos altos, dos plantas y balconadas, además de mayor número de dependencias y ornamentación exterior e interior. Junto a la puerta suele plantarse algún geranio o se colocan unas pocas macetas. A) Estancia principal
Es la habitación más grande de la casa, a la que se accede directamente desde la calle, y funciona como entrada, cocina, salón y lugar de trabajo. Su parco mobiliario consta de mesa, sillas y algún cuadro familiar. Dentro de la sobriedad, los elementos constructivos de carácter funcional (caramanchones, cantareras, fresqueras, arquerías...) “amueblan” la estancia y aportan con su presencia una belleza escueta y racional, perfecto exponente de un involuntario arte funcional y minimalista. Sus elementos más significativos son: a) Caramanchones y cocinas. Cubren el hogar y conforman una gran campana que dirige los humos hacia la chimenea. Ocupa todo el lateral y se apoya en una repisa donde descansan los cacharros de cocina y de iluminación, ya sea candil, vela, mariposa, “carburo” o quinqué. Por la noche la iluminación quedaba centralizada en el caramanchón, bien por efecto del fuego del hogar o por el pobre aporte lumínico de los cacharros mencionados. Para ir de una habitación a otra era necesario el candil. Cuando el hogar se cubre con una construcción menor que sólo ocupa la parte central de la pared, se le denomina cocina. A ambos lados (salvo que en uno de ellos se abra un vano) se colocan lejas. b) Lejas o basales. Estantes de obra construidos en yeso y adosados a la pared, preferentemente junto al hogar y que sirven de soporte a utensilios de cocina. c) Alacenas y fresqueras. Huecos en la pared donde se construyen lejas y se protegen con puertas o una cortina. Si esta alacena se sitúa en una pared interior relativamente protegida de las oscilaciones térmicas, se emplea como despensa y se le denomina fresquera. Se cierran con una puerta con su correspondiente llave, a la que se le ha dejado ventilación a través de palillería de cruceta o tela metálica. El hueco de la escalera también suele ser utilizado para este fin.
d) Cantareras. Aunque pueden ser de madera, lo habitual en el Campo de Níjar son las cantareras de obra situadas bajo la alacena o en un hueco habilitado a este fin. Los cántaros almacenan toda el agua consumida en el hogar. El acarreo del agua lo hacían normalmente las mujeres y niños, llevándose el cántaro a la cabeza o apoyado en la cadera. Si la fuente se encontraba lejos, se aperaba el burro con sus aguaderas y se traía una “carga de agua”, equivalente a cuatro cántaros. e) Arquerías. Permiten aumentar el espacio de la cocina más de una nave, al practicar un gran arco en la pared que las separa.
Este sistema también se empleaba en la construcción de los porches, si bien son inusuales en las casas más populares.
B) Dormitorios. Lo normal es que existan tres dormitorios. La alcoba o dormitorio principal, donde duerme el matrimonio y algún hijo pequeño, es el más grande y mejor situado. El mobiliario es mínimo: una cama vestida con el ajuar que aportó la novia (sabanas, colcha bordada y jarapas), un baúl donde se guarda la ropa de cama y del matrimonio, un crucifijo o estampa religiosa, una o dos mesitas de noche y a veces una percha y una silla. En el cuarto de las mujeres duermen las hijas y la abuela, siendo las camas compartidas; la estancia es reducida y cuenta con un arca para las ropas. El cuarto de los hombres es similar, siendo en ambos el colchón de perfolla (mondaduras de la mazorca de maíz).
C) La cámara y la troj
Es una estancia elevada sobre la vivienda y más protegida de la humedad, por lo que se emplea como almacén y despensa en la que se conservaban los productos del campo (higos secados al sol, pimientos asados, tomates secos, dátiles, racimos de uvas, granadas, patatas...). Unos se colgaban del techo, otros como los dátiles e higos se prensaban en cajas, algunos se colocaban sobre maderas o jarapas y los más perecederos eran debidamente metidos en paja, donde aguantaban largos periodos de tiempo. Del techo se colgaban cañas de las que pendían los embutidos de la matanza. Las trojes son depósitos de grano levantados con tabiquería en un lateral de la cámara y con una cabida que oscila entre uno y dos m3 por cada troj. D) El pajar Los cortijos asociados al llano, más dependientes del cereal, suelen disponer de una planta adicional donde se encuentra el pajar, que queda localizado en la parte que da a la era y se accede mediante una rampa exterior escalonada. El pajar se ubica en alto para evitar que la humedad dañe a la paja. E) La solana o secadero El secado de plantas, frutos y legumbres para, una vez deshidratados, hacer acopio de ellos, se realiza en un lugar de la casa orientado al mediodía y fuera del alcance de los animales. F) El horno
En los núcleos de población existía uno o más hornos con su hornero correspondiente. A la hora acostumbrada iban llegando las mujeres portando sus tablas de pan sobre la cabeza, para cocer según su turno y el hornero cobraba según las tarifas vigentes. A veces en vez de pan se llevaban bandejas con preparados para asar. En el medio rural cada cortijo o familia tenía su propio horno en las inmediaciones de la vivienda o dentro de ella. G) El porche Aquí el porche no es habitual, pero si encontramos suficientes ejemplos. Es un espacio cubierto intermedio entre la casa y la calle, y levantado sobre uno o varios arcos de medio punto, que sirve para crear un fresco y habitable espacio de sombra donde se realizan tareas domésticas y agrícolas, o simplemente se descansa. Al resguardo del porche se dejan las bestias de tiro y sus aperos, las herramientas, el carro, el verde de los animales de corral, las macetas ... Además de ser un elemento práctico, confiere cierta distinción a la casa que lo posee. H) Otros elementos constructivos singulares a) Las canaleras. Son unos tubos o medios tubos cerámicos o metálicos que recogen el agua del terrado y la derraman a la calle, alejando su caída de la fachada. También se pueden emplear tejas, piedra de cantería labrada, piezas cerámicas ornamentadas o simplemente una muesca en el pretil, que dejan caer el agua por las paredes.
b) Claraboyas. Son aberturas practicadas en el techo para la iluminación y ventilación de habitaciones interiores. Sobre el hueco se construye una casetilla orientada al mediodía y se cubre esta cara con un cristal, portezuela o ventana.
c) Celosías y yeserías.
Estas figuras de yeso están formadas por dibujos geométricos de círculos entrelazados que son ahuecados en parte, y son obras de arte funcional que decoran la casa y permiten el paso de luz y aire de una habitación iluminada y exterior a otra interior. Estos motivos geométricos están ligados al espíritu islámico, que ha perdurado en la cultura cristiana popular, y su técnica de elaboración era transmitida entre generaciones de maestros albañiles, hasta que éstos han desaparecido engullidos por las constructoras y las inmobiliarias. Su dinamismo decorativo se intensifica cuando la luz se filtra entre ellos formando cambiantes figuras con una prolongación infinita. Otra modalidad de adorno con figuras geométricas circulares en relieve y atauriques son las yeserías, que aparecen sobre algunas cocinas y paredes. d) Puertas, ventanas y vanos. Los vanos interiores se cierran con una cortina y las puertas de madera se emplean para la calle. Los huecos de las ventanas son pequeños y sin acristalar, por la misma razón económica y porque la arquitectura popular mantiene vivas las soluciones arquitectónicas musulmanas y mediterráneas, donde la casa, reflejo de la idiosincrasia musulmana, es clara expresión de una arquitectura introvertida, concebida desde dentro hacia afuera, guardando para el interior los aspectos ornamentales. Por eso al exterior son simples paramentos en los que se abre una pequeña puerta de acceso y diminutos ventanucos de ventilación. e) Contrafuertes. Son pilares de fábrica que actúan como refuerzos exteriores adosados a los paramentos. Es un elemento de sustentación muy empleado en este área por dos razones fundamentales: los muros de carga realizados a base de piedra y barro son poco consistentes y tienden a “abombarse”, y la ausencia de una cimentación firme hace que las paredes cedan y se agrieten con facilidad, necesitando contrafuertes para paliar este efecto.
f) Cuevas. La cueva natural es un refugio utilizado desde siempre por el hombre para guarecerse de la climatología adversa y de los peligros. En cuanto a la cueva artificial hay dos núcleos con aplastante predominio de las cuevas: las Cuevas de los Medinas y las Cuevas de los Úbedas, situadas en el límite Oeste de nuestra zona de estudio. g) Chozas y chamizos. En la zona del Cabo de Gata y asociadas a los arenales se construyen sobre los “lomos” que separan los abancalamientos pequeñas chozas con cañas, taray, juncos y ramaje. Estas construcciones se utilizan “de sol a sol”, como viviendas de día, y si hay que vigilar la cosecha, también se duerme en ellas. Constan de una sola habitación de unos seis m2, donde se amontonan herramientas del campo, aperos de las bestias, la producción del día, una mesa y alguna silla. El gran problema de estos habitáculos era su poca resistencia a los fuertes vientos de poniente, teniendo que repararse tras los vendavales más intensos.
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