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5.3.- EL POZO DE LOS FRAILES. El Pozo de los Frailes fue una pequeña cortijada asociada a un pequeño humedal, donde se construye un pozo para abastecimiento humano y ganadero. Esta zona perteneció en su día a los frailes dominicos de Almería, los cuales se arriesgaron en la colonización de estas tierras en un tiempo en que la piratería asolaba la costa. 5.3.1.- La noria
Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando un hacendado construye esta noria para poner en regadío unas tierras contiguas, y él se quedaba con los sobrantes, mientras se mantenía el agua comunal. Esta noria estuvo en funcionamiento hasta el año 1983, en el que quedó abandonada, y recientemente una ejemplar actuación de la Consejería de Medio Ambiente, en colaboración con la Consejería de Cultura, han hecho posible la reconstrucción de la noria respetando fielmente el modelo original de madera. Pero esta no es la única noria, ya que en los alrededores quedan restos de otras once más, lo que nos da una idea de la importancia que adquiere la noria en la agricultura tradicional y no sólo en este enclave sino en todo el Parque, ya que hay censadas mas de un centenar.
El arte de la noria se instala sobre el brocal del pozo y todo ello queda elevado sobre una plataforma circular por la que gira el animal de tiro que mueve las ruedas. La elevación de esta plataforma permite irrigar mas bancales. En este caso concreto no existe balsa junto a la noria para acumular el agua, tal como ocurre en el resto de las norias, pero si un lavadero y un abrevadero para los rebaños.
5.3.2.- El lavadero
El agua propiciada por la noria permite la existencia de este lavadero comunal, lugar obligado de reunión. Todos los vecinos podían utilizarlo; bastaba con guardar el turno. Para lavar se empleaba jabón casero hecho con sosa y restos de aceite. El espacio comunal que rodea la noria podía ser empleado en el secado de la ropa, aunque normalmente cada lavandera porteaba sus cubos de ropa escurrida sobre la cabeza. Aquí también se llenaba agua para beber, que era transportada por burros mediante cuatro cántaros debidamente colocados en las aguaderas con sus dos capazos situados a cada lado del animal y que, además de servir para el acarreo del agua, se utilizaban como instrumento habitual de transporte en las faenas del campo y en los viajes largos. Pero el lavadero era además un espacio público de comunicación donde las mujeres comentaban sus quehaceres diarios, se difundían las noticias de los alrededores, paraban los caminantes para beber y descansar, llegaban los pastores de la trashumancia con noticias de lejanas tierras, y donde los mozos y las mozas se veían y relacionaban.
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