5.6.- NÍJAR. HISTORIA, ARQUITECTURA Y ARTESANÍA

El término municipal de Níjar, con casi 600 Km2, es uno de los más grandes de España, extendiéndose entre Sierra Alhamilla y el mar, incluyéndose en ese territorio la sierra de Cabo de Gata y los Campos de Níjar. Pero el pueblo propiamente dicho se sitúa en la ladera sur de la sierra, con un caserío blanco destacando sobre la montaña ocre, que le permiten unas privilegiadas vistas de la comarca, pudiendo reconocerse magníficamente el cabo de Gata y el mar a pesar de los 20 Km. de distancia.

 

Vista del pueblo a los pies de la torre vigía

Su imagen nos recuerda el típico pueblo blanco andaluz, con pequeños oasis verdes contrastando con la aridez del paisaje, y una arquitectura popular bien conservada en la parte alta del pueblo.

Los telares, la cerámica, la labor callada de los artesanos, llenan de contenido cultural y artístico un municipio privilegiado de la tierra almeriense.

La historia del núcleo urbano está ligada a dos importantes nacimientos de agua, el de Huebro y el propio de Níjar. Los romanos dejaron huellas en la zona, pero es con la civilización musulmana cuando las fértiles alquerías de Níjar y Huebro alcanzarán su esplendor, como lo demuestra entre otras cosas los dos castillos que se construyeron en ambas poblaciones. Dominando el pueblo y los Campos de Níjar se alza el cerro de la Atalaya, donde una torre recuerda el antiguo emplazamiento del castillo y el núcleo originario desarrollado al abrigo de esta defensa, huyendo de los peligros que amenazaban la costa.

5.6.1.- Boquera

A la entrada del pueblo y junto al restaurante-pizzería el Mirador, encontramos la Boquera del Toyo, hoy en desuso y, salvo la captación de la rambla, el resto del recorrido se identifica plenamente. Así justo enfrente del restaurante observamos un partidor de obra que divide las aguas en dos cañones o ramales. Uno va paralelo a la carretera y al llegar a cada terraza, dispone de un tramo de obra con una ranura para meter una compuerta o tablacho para dirigir el agua al bancal deseado. Se supone que una vez lleno o embotado se repite el proceso en la terraza inferior.

En el campo de Níjar todo el territorio de secano que bordea las ramblas y que es susceptible de ser abancalado se habilita para ser regado por boqueras, que se suceden una tras otra a ambos lados del cauce por todo su curso medio y bajo. Además de regar las tierras, frenan las avenidas y recargan los acuíferos.

5.6.2.- Artesanía tradicional: cerámica, telares y esparto

Seguimos el recorrido por la C/ las Eras, entrada tradicional y donde se asientan las alfarerías que siguen funcionando en Níjar. Nada más empezar la calle encontramos alfares que permiten contemplar la fabricación artesanal de piezas a grupos de alumnos. Basta recordar la vasijas de Los Millares o el Argar para mostrar la antigüedad de la cerámica almeriense, y aún hoy siete municipios almerienses suman 23 talleres en activo, de los cuales 6 están en Níjar.

  Tienda de cerámica.

El auge de los alfares en Níjar está vinculado, además de a las necesidades tradicionales, a la demanda de recipientes para el transporte y almacenamiento de agua de una comarca sin apenas manaderos, donde había que buscarla a distancia del domicilio y alma-cenarla en recipientes.

 

Artesanía del esparto.

Hoy en día la producción es básicamente ornamental y turística, con predominio de los típicos recipientes vidriados de Níjar, producidos mediante la técnica del “chinado”, consistente en gotear óxidos azulados que se difunden o desparraman por superficies y bordes. Estos colores azulados y verdosos distinguen visualmente la cerámica nijareña. Otro rasgo tradicional es el descamado que se produce en los puntos de contacto, normalmente tres, con otros recipientes durante el proceso de cocción. Este rasgo hace que mucha gente rechace la pieza al suponerla defectuosa. 

Una vez recorrida la C/ de las Eras nos dirigimos al centro urbano para encontrar algunos telares, donde podremos presenciar la fabricación de la tradicional jarapa. La escasez de recursos de las clases populares obligaba a las familias a reutilizar la ropa raída y ya desgastada mediante su corte en tirajos, que luego se iban uniendo para formar una larga tira. Esta tira se liaba en ovillos y cuando había suficiente se llevaba al telar para tejerla en jarapas, utilizadas básicamente como ropa de cama. Actualmente los telares se nutren de restos de tejidos e hilaturas procedentes de la industria textil y la mayoría de las jarapas en venta se producen de forma industrial, generalmente en Murcia. 

En cuanto al esparto, como ocurre con otros productos artesanales de uso cotidiano, en la cultura del Argar se han encontrado restos de variedad de útiles de esparto tales como cordelería, suelas o esteras. Hasta mediados del s. XX su uso en el ámbito rural abarcaba a la casi totalidad de los recipientes de sólidos y de grano, además de la cordelería, aparejos de labranza y de tiro. 

La abundancia de esta planta en Níjar y el turismo ha propiciado que la elaboración y venta de estos útiles tradicionales perdure en nuestros días, aunque no hay talleres dedicados a tal efecto, siendo pastores y jubilados quienes los elaboran normalmente. Antes era una tarea habitual en la familia, siendo necesario cogerlo, machacarlo, macerarlo y trenzarlo de diversas formas según el útil a elaborar. 

5.6.3.- Arquitectura tradicional 

Vivienda en la plaza de Níjar.

Durante todo el recorrido hemos estado viendo la arquitectura popular en sus variadas representaciones, pero Níjar reúne otras tipologías y elementos constructivos. En primer lugar hemos recorrido la C/ de las Eras, eje del barrio tradicional de artesanos, braceros asociados a la artesanía y pequeños propietarios, con casas sencillas y funcionales sin ornamentaciones destacables, pero de bella factura debido a su estética de conjunto, al blanco de la cal y la suma de pequeños detalles estéticos, como la ornamentación con plantas, la pintura de las puertas y ventanas y alguna yesería. Pero, sobre todo, destaca la bulliciosa y larga calle principal repleta de tiendas y talleres artesanales que sacan el producto a la calle, de muchos otros pequeños comercios de trato familiar y vecinal, que en Níjar aun perduran sobreviviendo a los supermercados impersonales de nueva factura.

Terminada la C/ de las Eras, entramos en el centro por la C/ Almería, y la cuesta de la C/ Carrera, que conduce a la plaza, y aquí predominan casas amplias de dos y tres alturas, con elaborados enrejados y numerosas balconadas, con tipologías historicistas características de la segunda mitad del XIX y principios del XX. En el exterior grandes huecos simétricos enmarcados con molduras y cubiertos con el característico arco segmentado. Estas molduras, plintos, aleros y cornisas, adquieren en Níjar una variedad y riqueza destacable, compitiendo las diversas fachadas en ornamentación y originalidad. El colorido con el que se enmarcan y las diversas fuentes de inspiración, conforman un conjunto digno de estudio, que se puede apreciar sobre todo entre la Plaza de la Iglesia, la Plaza del Granero y Plaza del Mercado.

5.6.4.- Iglesia parroquial de Santa María

  La iglesia se construye desde 1560 en las afueras del primitivo núcleo urbano, aprovechando la existencia de una torrefuerte anterior, a la cual se adosa. La nueva trama urbana se configura en torno a la iglesia, creándose junto a ella una plaza que desde entonces será el centro de la vida urbana, lugar de reunión de la población, en la cual se sitúan las viviendas de la clase pudiente y edificios públicos como el Ayuntamiento.

La iglesia en su conjunto nos transmite un claro mensaje acerca de su época. La nueva sociedad cristiana surgida tras la conquista necesita defenderse del peligro de la mayoría morisca y para ello construye torres-fuertes adosadas a sus viviendas. A la vez, debe atraer a los recién conversos a la nueva religión y así se construyen numerosos templos que no rompen totalmente con la tradición musulmana en sus técnicas constructivas. El mudéjar será el estilo que dé respuesta a estas necesidades, y por su sencillez y funcionalidad, estará vigente hasta el siglo XVIII.

La de Níjar corresponde al modelo de iglesia cajón con capilla mayor diferenciada, con una sola nave a la que adosan dos laterales en el siglo XVIII, separadas de la central con un arco de medio punto sobre pilares octogonales. La cabecera está diferenciada con un arco toral apuntado sobre gruesos pilares, y presenta el habitual coro elevado a los pies del templo. Pero, sobre todo, destaca el bello artesonado que cubre la nave central y la cabecera, cuyos paños están decorados con atauriques de estrella y lacería. La sencilla portada de la fachada principal está adornada con el escudo del obispo Corrionero (1558-1570).

El elemento exterior más llamativo es el campanario, levantado sobre una torre-fuerte edificada durante el reinado de Felipe II, que quedó adosado al templo. Presenta restos de las matacanes defensivos en el remate del primer cuerpo y está decorado por un escudo imperial.

5.6.5.- Cerro de la Atalaya y torre vigía

Torre vigía dominando la trama urbana

Salimos de la plaza del Mercado atravesando el arco del Portillo, giramos a la derecha y ascendemos por la C/ San Antón. Conforme subimos al Barrio de la Atalaya, las casas del centro dejan paso a pequeñas casitas de clases más humildes. Destacan los minúsculos huecos de los ventanucos, las portezuelas en los bajos donde quedaban los corrales, el cubismo de su arquitectura, los terrados de launa, el encalado de sus fachadas, el escalonamiento de sus cuerpos y sus empinadas callejuelas. Son, sin duda, el ejemplo más genuino de la arquitectura popular almeriense, que se repite en los barrios altos de todos los pueblos del litoral.

Por alguna callejuela de las que suben al Cerro de la Atalaya, llegamos hasta el antiguo castillo y observamos una panorámica general del pueblo, sus huertas y todo el Campo de Níjar, con su hábitat disperso de los numerosos cortijos de las inmediaciones. Se adivinan las estancias principales, los cuerpos independientes, los corrales, las pequeñas cochineras y el horno.

Como son viviendas asociadas a la huerta no tienen aljibe, pero sí balsas para acumular el agua que les corresponde por tanda o por sobrantes y poder regar cuando haga falta. De esta manera se produce una concentración de balsas de mediano tamaño que caracteriza a esta huerta nijareña.

Estas aguas proceden de las dos fuentes ya mencionadas, la de Huebro y la de Níjar, que nace a los pies del castillo y distribuye sus aguas entre dos acequias. La de la izquierda, que discurre al otro lado del barranco, riega en el barrio del Cerrillo y recoge las aguas sobrantes de la acequia del margen derecho. La acequia principal, a este lado, pasaba por el lavadero del pueblo. Ambas acequias movían molinos, de los que aún podemos distinguir sus huellas en el paisaje. Se distinguen estas acequias principales por su mayor envergadura y porque discurren entre un pequeño corredor verde alimentado por sus filtraciones, efecto que no se produce con el encauzamiento actual por entubado. El desnivel del terreno obliga al escalonamiento de los cultivos siguiendo la técnica tradicional, es decir, con muros de piedra seca o pedrizas.

Los huertos son familiares, con cultivos tradicionales de consumo doméstico (patatas, ajos, cebollas, tomates, pimientos, pepinos, habas, calabazas, lechugas, acelgas....) y unos pocos árboles frutales que se repiten en todas las huertas.