6.- ANEXOS

6.1.- TEXTOS

1. El descubrimiento literario y etnográfico de la zona

“Pasada la Venta de las Canteras, la carretera faldea una zona desnuda, montañosa. Las ondulaciones de Sierra Alhamilla se pierden en el horizonte, lo mismo que en un mar. Una liebre cruza velozmente el camino y desaparece entre los zarzales, como engalgada. Es un magnífico lugar para el ojeo y, suspendida sobre el barranco, veo una paranza de cazador engastada en la roca.

Llegando al cruce de Rodalquilar - allí donde la víspera pasé en camión con el Sanlúcar, el paisaje se africaniza un tanto: cantizales, ramblas ocres y, a intervalos, como una violenta pincelada de color, la explosión amarilla de un campo de vinagreras. Después de hora y media de camino empiezo a sentir la fatiga. Por la carretera no se ve un alma. Sopla el viento y de los eriales surge como un canto de trilla, pero es seguramente una ilusión, pues cuando aguzo el oído y me detengo, dejo de escucharlo.

La carretera de Gata parte de las cercanías de El Alquián y corto a campo traviesa. Se presiente el mar hacia el sur, tras los arenales. El suelo está lleno de trochas que se borran lo mismo que falsas pistas. Sigo una, la abandono, retrocedo. Finalmente descubro un camino de herradura y voy a parar a una rambla seca, sembrada de guijarros.

Cuando llego, una banda de cuervos se eleva dando graznidos. Hay un cadáver descompuesto en el talud y el aire hiede de modo insoportable. Intento ir de prisa, pero las piedras me lo impiden. El cauce de la rambla está aprisionado. Entre dos muros. No se ve un solo arbusto, ni un nopal, ni una pita. Nada más que el cielo, obstinadamente azul, y el lujurioso sol que embiste, como un toro salvaje.

Al cabo de un centenar de metros, subo por el talud. Arriba, la vista se extiende libremente sobre el llano y parece que se respira mejor. El suelo es todavía pedregoso y sorprendo varias culebras. Me duelen los pies, y, mientras ando, acecho el lejano mar de Gata”.

Juan Goytisolo Campos de Níjar Ed. Seix Barral, 1973, p.43-44

2. Descripción de una casa popular

“Entró en la casa, cuya primera pieza era una monumental cocina, en cuyo fondo lucía el hogar, con su chimenea de campana y al frente el vasar de arco, empotrado en la pared, con los estantes llenos de loza rameada, y la pared toda cubierta de pailas de cobre, tapaderas de barro, piñas de botellas vacías y pequeñas estampas.

Detrás del portalón se escondían las labores de esparto. En un testero campeaba sólo la cantarera con los panzudos cántaros de barro, a cuyo lado, un jarrero, del que colgaba una toalla blanca, ofrecía las alcarrazas rezumantes para apagar la sed.

Unos cuantos posetes de pitaco, varias sillas de esparto, y una pequeña mesilla de tabla, completaban el escaso mobiliario.

Tenía algo aquella estancia tan grande, con las paredes tan decoradas y tan desguarnecida de muebles, de patio medroso y solitario. La luz del candil, colgado del alero de la leja, no llegaba a esclarecer los ángulos, en los que jugaban las llamaradas de la leña y de los troncos quemados en el hogar con fantásticos contornos de luz, entre el espesor de las sombras.

Aquella noche se habían encendido las luces de ánimas. Unas vacilantes lucecillas que ardían dentro de una gran fuente de barro azul y verde, llena de agua, sobre la que se tendía una capa de aceite, que sostenía esas lamparillas de cartón tan débiles que se han llamado mariposas.

La fuente estaba llena de lucecillas y cada una recordaba un nombre. Eran una representación, una personificación de un muerto, que hacían vivir y consumirse de nuevo. Allí ardía la lucecilla del padre, de la abuela, de los hijos. La lucecilla de los hermanos, de la novia muerta, del amigo o del vecino”

Carmen de Burgos (Colombine) El último contrabandista Ed. Ramón Sopena, p.11-13

3. La higiene en un espacio árido

La escasez de agua condiciona la higiene corporal y del hogar. Al levantarse se vertía agua del cántaro en la zafa y se mojaba la cara para espabilarse. Al volver de la faena se lavaba la cara, manos y pies. Los domingos y los días de mercado se solía practicar una higiene más íntima utilizándose para ello un barreño de latón al que se le añadía agua caliente si hacía frío. Los cabellos se lavaban con huevo o tierra jabonera.

En verano los muchachos y los chiquillos se bañaban en las balsas, recorriendo a veces varios kilómetros para encontrarlas. Las niñas iban por separado y lo hacían en grupo y vestidas.

Las ropas se lavaba en lavaderos comunales como el del Pozo de los Frailes, la Isleta o Fernán Pérez, en la balsa, en la acequia, en la pileta del aljibe o en tinas situadas junto a la puerta de la casa. Una vez aclarada se porteaba sobre la cabeza. Como detergente se utilizaban tierras jaboneras, jabón casero hecho con sosa y restos de aceites o algunas plantas como el algazul, hojas de pitas trituradas y mata jabonera.

Los cacharros de cocina más sucios se frotaban con esparto impregnado de arenillas calizas y los platos y vasos se enjuagaban utilizando la planta de matagallo a manera de esponja. En los duros años de la posguerra abundaban los piojos, por lo que era costumbre que las madres salieran a la puerta a desparasitar a sus hijos.

Juan Antonio Muñoz

4. La predicción meteorológica popular

“La inseguridad que produce depender de los fenómenos atmosféricos ha llevado a interpretar la naturaleza en busca de signos favorables o indicadores predictorios de las lluvias. Dejamos constancia de algunos de ellos.

Las cabañuelas constituyen un extendido y tradicional sistema de predicción meteorológica, basado en la observación de los agentes atmosféricos que ocurren durante el mes de agosto. Para ello se establece una correlación entre días y meses del año, correspondiendo el día uno del mes a agosto, el dos a septiembre y así sucesivamente, hasta llegar al día doce, que correspondería a julio. A partir de aquí empiezan las “retornas”: el día trece nuevamente significa agosto, el catorce, julio, hasta el veinticuatro, que es septiembre. Los días siete, diecisiete y veintisiete se corresponden con el otoño, primavera y verano, respectivamente; de esta forma, los vientos dominantes en estos días y su meteorología se asocian a las estaciones completas. Es un sistema de predicción que no hemos encontrado muy extendido en los Campos. En otras áreas del Campo, la dirección del viento es un elemento predictorio de primer orden, pues existe un régimen de viento continuo y variable. En verdad, lo que más importa a los lugareños es que “la cabañuela no aborte”, es decir, que durante el día no llueva o chispee, ya que ésto pronostica mes seco. Un día señalado para predecir globalmente el régimen hídrico del resto del año es la observación de la marea (rocío) el día de San Agustín (28 de agosto). Si el día se presenta “mareoso” (abundante en rocío), el año será lluvioso. Según la procedencia de las nubes, los nijareños aseguran que “si pintan gruesas por el río de Almería, al momento llegará la lluvia al Campo; si, por el contrario, pintan por las Salinas, en seguida se las lleva el Cabo”. Si a media ladera de la Sierra de Níjar aparecen nieblas estables es síntoma de cambio del tiempo y lluvias a los pocos días. Si entre Huebro y Las Cuevas de los Medinas y de los Úbedas la niebla permanece pegada al suelo (“sentá”), el viento de levante será duradero. Para San Agustín conviene que haya “blandura” (tiempo húmedo y apacible) y que el tiempo cambie con el día”.

Molina P. y otros La cultura tradicional del agua ..., p. 189

5. Los pozos del antiguo Instituto Nacional de Colonización

“El Instituto Nacional de Colonización fue desde su creación en 1939 el principal instrumento de la reforma agraria del régimen de Franco.

Su actuación durante la década de 1940 se saldó con un absoluto fracaso ya que la Ley de Colonización de las Grandes Zonas no consiguió la transformación integral de ninguna de las previstas. Más adelante, se obtendrán mejores resultados con la más modesta Ley de Colonizaciones de Interés Local. En este marco se produce en 1952 la declaración de un área del Campo de Níjar a ambos lados de la Rambla de Artal, con una superficie de 4.240 ha., como zona de actuación del I.N.C. Hasta 1959 el Instituto procedió a la compra o expropiación de terrenos para su posterior reparto entre colonos que son atraídos desde zonas limítrofes, en unidades de explotación con un tamaño medio de 4 ha. Al mismo tiempo el I.N.C., y posteriormente el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), iba practicando sondeos y perforaciones hasta un número de 45, que permitieron el funcionamiento de una veintena de pozos. Sin embargo, ante los signos evidentes de sobreexplotación del acuífero, un decreto de 1973 prohibió la realización de nuevas perforaciones y, en consecuencia, la explotación de nuevos caudales. En la actualidad funcionan un total de 21 pozos del antiguo I.N.C. transferidos a las comunidades de regantes que se han constituido. Existen otras que aprovechan caudales de diversos pozos que fueron siempre de titularidad privada”.

Rodríguez Vaquero, J. E. El Patrimonio Tecnológico de Andalucía, p.99

6. Mitos en torno a los Aljibes

Los aljibes y tanques guardan el mayor tesoro de esta tierra, es decir, el agua. Además constituyen un peligro para los niños. En torno a estos dos elementos se han creado multitud de historias para preservar su contenido y evitar accidentes.

La resonancia que produce el eco de voces o conversaciones en el interior del deposito, la oscuridad de su interior, el reflejo de la luz y el miedo a caer en ellas abonan el terre no para la creación de historias fantásticas donde intervienen brujas, aparecidas, duendes y fantasmas. Si además, como ocurría en muchas ocasiones, se había ahogado en ellas alguna persona, estos hechos se magnificaban con historias de almas en pena y ánimas en general.

Otro mito en torno a los aljibes es el que podríamos llamar el mito del tesoro dentro del tesoro. Los aljibes guardan el elemento más codiciado de esta tierra, es decir el agua; pero eso se puede magnificar aun más si escondida entre ella se encuentra un tesoro, el mito del tesoro de los moros, en torno a los cuales se cuentan multitud de historias, algunas de las cuales llevan incluso nombres y apellidos.

El aljibe además de constituir el objeto del mito, constituye el lugar idóneo para las relaciones humanas. En torno al aljibe está el sestero o espacio comunal para el ganado y las personas. También suele haber algarrobos, higueras y pitacos, es decir, agua, verde, descanso y comunicación. Ni más ni menos que todo un ideal de vida concentrado en torno a un elemento básico.

Juan Antonio Muñoz

7. La fragilidad del Patrimonio Histórico