LAMENTABLE SITUACIÓN DE LOS HUMEDALES ALMERIENSES

Almediam. 26-11-02

Coincidiendo con la Convención Ramsar sobre zonas húmedas de importancia internacional, que se ha llevado a cabo en Valencia durante la segunda quincena de noviembre, se ha puesto de manifiesto el incumplimiento del “Plan Estratégico de Humedales” propuesto por el gobierno español en 1999, así como los graves problemas que está generando el controvertido Plan Hidrológico Nacional. Agrupaciones conservacionistas como Ecologistas en Acción y grupos políticos como Los Verdes-Izquierda Verde, se han hecho eco de multitud de denuncias planteadas desde hace tiempo en este sentido. Todos parecen coincidir en la necesidad imperiosa de actuar ante la desaparición y degradación de estos ecosistemas amenazados en el ámbito planetario, planteando propuestas alternativas, y se han puesto ejemplos de la mala gestión en “humedales estrella”, como las Marismas del Guadalquivir, La Albufera de Valencia o Las Tablas de Daimiel.

Paralelamente la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, ha aprovechado la ocasión para presentar su “Plan Andaluz de Humedales”, que ha sido calificado por un alto cargo de este organismo como "pionero en la clasificación genético-funcional de los humedales". Lo cierto es que desde la creación del Ente Autónomo de la Agencia de Medio Ambiente y la posterior Consejería, dicha administración ha tenido tiempo más que suficiente como para clasificar, ordenar y gestionar sus propios aguazales y aunque es evidente el oportunismo político de esta presentación “nunca es tarde si la dicha es buena”.

Enmarcada dentro del Sudeste ibérico, Almería cuenta con un rosario de humedales costeros que, sin llegar a superar las 2.000 hectáreas, mantienen poblaciones sedentarias, invernantes y migratorias de más de un centenar de especies de aves acuáticas mayoritariamente protegidas y ubicadas en diferentes categorías de amenaza. La situación geoestratégica de estos aguazales que son visitados por miles de aves en sus desplazamientos entre Europa y África, así como las propias características biofísicas de los mismos que mantienen agua a lo largo de todo el ciclo anual, incluido el implacable estío, confieren a éstos una singular importancia para la protección y conservación de diferentes elementos de la ornitofauna acuática.

Este conjunto de situaciones y la actuación de diversos colectivos conservacionistas y científicos, llevó a la administración andaluza a la inclusión, al final de la década de los ochenta, de alguno de estos humedales dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía –RENPA-que gestiona la Consejería de Medio Ambiente, así como su inclusión en diferentes convenios de carácter internacional. Los humedales que forman parte de la RENPA en Almería son la  Reserva Natural de las Albuferas de Adra, la Reserva y Paraje Natural de Punta Entinas Sabinar – que incluye los charcones de Entinas y las Salinas de Cerrillos- y las Salinas de Cabo de Gata que forma parte del Parque Natural de Cabo de Gata - Níjar.  Se encuentran incluidas en el Convenio Ramsar las Albuferas de Adra y las Salinas de Cabo de Gata, la cual aparece también como Zona de Especial Protección para las Aves –ZEPA- de la UE junto con el Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar, que engloba la Reserva Natural del mismo nombre. Para finalizar las Salinas de Cabo de Gata se hallan dentro del ámbito de una de las dos Reservas de la Biosfera con las que cuenta esta provincia.

Sin embargo, tras más de una década desde la declaración de estos humedales como espacios protegidos, existen diversos y graves problemas derivados de una inadecuada gestión de los mismos, encontrándose algunos en un lamentable estado de conservación. Las situaciones más alarmantes son la inadecuación de la actividad industrial y los ciclos biológicos en Las Salinas de Cabo de Gata, la pérdida de más del 70% de la superficie encharcable en las Salinas de Cerrillos y la especulación urbanística del paraje –común a casi todos los humedales- o los procesos eutróficos en las Albuferas de Adra.

Las Salinas de Cabo de Gata, únicas en actividad dentro del Mediterráneo andaluz, sufren anualmente la inundación de cientos de nidos de larolimícolos, viéndose afectadas gravemente las poblaciones nidificantes de Avoceta –Recurvirostra avosetta – Cigüeñuela –Himantopus himantopus-  y Charrancito –Sterna albifrons- entre otros. Esta situación cíclica, que viene descrita en la literatura científica desde hace más de 20 años, es fácilmente subsanable adecuando los niveles máximos que debe de alcanzar uno de los depósitos –charcones- salineros, donde se concentran la mayoría de las puestas, durante la época de cría. Al disponer el sistema de diversos motores elevadores de agua no supondría un gasto añadido, sino simplemente un acuerdo entre la administración gestora y los propietarios de la industria. El refuerzo y elevación de algunos islotes de nidificación, que se realizó a mediados de los noventa, ha resultado insuficiente y mucho más oneroso que un simple convenio de colaboración entre las partes.

Por otra parte carece de la vigilancia permanente que un espacio de esta categoría tendría que mantener, lo que facilita la entrada de curiosos o pescadores –para la captura de camarón como cebo para la pesca con caña- en las áreas de cría. En 1991, se encontraban nidificando en la localidad más de 500 parejas de Flamencos –Phoenicopterus ruber roseus- que abandonaron sus puestas ante la repetida entrada de personas en su área de nidificación.

Quizá el mayor problema ecológico del espacio se encuentra en la propia inestabilidad de este tipo de industrias que han clausurado su actividad en diversos puntos. Al depender el espacio del aporte de agua marina se podría plantear una situación peligrosa que, ante la diligencia mostrada hasta la actualidad por la administración competente en otros saladares provinciales, podría tener efectos dramáticos. Tampoco debe obviarse la creciente presión urbanística de las salinas, desde la barriada de Almadraba de Monteleva, hasta el perímetro Norte de las mismas donde se han intentado diferentes maniobras especulativas –desde la construcción de un hotel de lujo, hasta la instalación de invernaderos-.

Las Salinas de Cerrillos, pese a su estatus de protección legal, se han encontrado y encuentran bajo actuaciones especulativas constantes. La clausura de la actividad salinera a finales de los ochenta produjo la desecación de más del 70% de la superficie inundada, al cancelarse la dinámica de entrada y salida de agua, inherente a este tipo de procesos industriales, y ante la total ausencia de alternativas de gestión por parte de la administración competente. Como resultado los índices de abundancia –número de individuos- disminuyeron de manera notable, así como la biodiversidad que antaño mantenía este saladar.

Pese a la declaración del área como Paraje Natural y ante la pasividad administrativa, las canteras de áridos –arenas- a cielo abierto han proliferado hasta el agotamiento de las mismas, destruyendo y alterando irreversiblemente las formaciones dunares costeras, así como las comunidades protegidas de vegetación y de paseriformes –alaudidos y sílvidos- que albergaban. La “restauración” del tapiz vegetal con tarayes –Tamarix sp.- y otras especies, fracasó por la continua acción de la maquinaria pesada en el área. Por otro lado, la clausura de las canteras, que tendrían que haber sido rellenadas con calcarenitas según la administración, se realizo mayoritariamente con escombros de las urbanizaciones aledañas.

En la actualidad se está urbanizando la parte exterior del paraje en su sector más oriental, en concreto alrededor del “Charcón del Hornillo” que actualmente concentra la mayor parte de la ornitocenosis acuática del espacio, donde también se han producido desmontes de vegetación de orla estrictamente protegida por la Directiva Habitat de la UE y en el ámbito de una ZEPA de la misma. Este proyecto urbanístico de varios cientos de millones de euros, que fue pactado entre los propietarios de los predios y  la propia administración andaluza a principio de los noventa, se realiza sobre una vía pecuaria, en concreto sobre la Cañada Real de la Costa. Evidentemente la Ley de Vías Pecuarias y la de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, corresponden a ordenanzas de mayor rango que cualquier “convenio” por muy legítimo que este pretenda ser y que tiene que estar supeditado a los anteriores reglamentos. En cualquier caso se trata de un delito grave contra una vía pecuaria –patrimonio de todos-, donde se eliminan los mojones, se limita el acceso libre a la misma y se urbaniza, y todo ello ante la indiferencia de la administración responsable.

Las acciones materiales llevadas a cabo por la Junta son prácticamente inexistentes; tan solo la señalización periférica del espacio y alguna campaña de recogida de basuras y plásticos dentro del entorno son el resultado de más de diez años de gestión del mismo. Por último, cabe destacar el más absoluto de los olvidos en el que ha caído el plan de restauración y aprovechamiento turístico–científico que se recogió, a finales de los noventa, en el Plan de Excelencia Turística del Ayto. de Roquetas de Mar, y que contaba con la aprobación de la propia Consejería. En dicho proyecto se planificaba desde la construcción de un centro de interpretación, hasta la instalación de observatorios científicos y didácticos, pasando por la restauración del tapiz vegetal, adecuación de senderos ornitológicos, control de visitas y un largo etcétera.

Las Albuferas de Adra aparecen literalmente embutidas entre invernaderos. Desde la declaración del humedal como Reserva Natural, la superficie invernada no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado dentro de los limites del espacio protegido, como cualquier fotografía aérea retrospectiva pone de manifiesto. El principal problema es la eutrofización de las dos lagunas que componen este pequeño delta, como consecuencia directa de la infiltración de los abonos de los cultivos adyacentes, además de los diferentes biocidas utilizados que contaminan las láminas de agua y a las comunidades animales y vegetales que la pueblan. No han sido infrecuentes las mortandades periódicas de diferentes especies, aunque los resultados de las biopsias y análisis realizados han ido acompañados de un mutismo casi permanente.

Algunas proyectos como los patrocinados por los fondos estructurales Life de la UE, están intentando realizar campañas de educación ambiental sobre los agricultores del entorno y diferentes acciones en el mismo, bajo el lema de que agricultura y conservación ambiental son perfectamente compatibles. Esta situación puede ser viable en otro tipo de ecosistemas, pero parece condenado al fracaso en el caso de un humedal y su concomitancia con agricultura intensiva bajo plástico. La solución parece pasar por la eliminación de los invernaderos del área –previa expropiación o permuta de los terrenos- y la recuperación de la vegetación de orla del paraje para garantizar definitivamente la integridad de este aguazal de importancia internacional.

Si la situación actual de los humedales almerienses protegidos es, cuanto menos, poco halagüeña, mucho menos alentadora es la de los “no protegidos”. De Este a Oeste los más representativos son el Pantano de Benínar, las Salinas de Guardias Viejas, la Cañada de Las Norias, la Rambla de Morales, las desembocaduras de los Ríos Aguas, Antas y Almanzora, el Salar de los Canos, el Pantano de Cuevas de Almanzora y las Salinas de Terreros, ninguno de los cuales goza actualmente de estatus de protección alguno.

Los pantanos almerienses, ni siquiera están catalogados como humedales por la Junta de Andalucía, aunque su diversidad biológica es importante y poco valorada por los neófitos en estos campos. A modo de ejemplo, el Embalse del Hondo en Alicante es Parque Natural y posee importantes poblaciones de especies reproductoras, y otros muchos pantanos andaluces son fundamentales para multitud de aves acuáticas. La ausencia de criterios ambientalistas en estos espacios produce situaciones dantescas como la muerte de miles de peces continentales, como la que se produjo en el Pantano de Cuevas durante el pasado estío, donde los niveles mínimos no se respetan ni tan siquiera para el mantenimiento de su ictofauna. El Pantano de Benínar mantiene poblaciones importantes de Fartet, un diminuto ciprinodontiforme amenazado de extinción y cuya población andaluza se restringe a la cuenca del Río Adra.

La Cañada de Las Norias es el más importante de los humedales almerienses, atendiendo tanto a su extensión, como a la abundancia y riqueza específica –número de especies distintas- de su ornitofauna acuática, lo que ha llevado a catalogarla por diversos científicos como una de las zonas húmedas españolas de importancia internacional.

Pese a que a mediados de los noventa se propusiera su declaración como ZEPA y como Reserva Natural Concertada –1996- por parte de la Junta de Andalucía, habiendo transcurrido seis años desde entonces, aún  permanecen ajenas a la RENPA. La “artificialidad” de este hábitat, común a otros saladares “reconocidos” y protegidos legalmente, parece haber sido la excusa oportuna para desatender estas propuestas y para que el comité de “expertos” encargado de la propuesta de Lugares de Interés Comunitario –LIC-, que constituirán la futura Red Natura 2000, no incluyera este hábitat de importancia internacional, que mantiene densos tarayales que son especialmente valorados en estas “encuestas”. 

Constituir uno de los lugares del mundo más importantes para la nidificación de la Malvasía Cabeciblanca –Oxyura leucocephala-, la Cerceta Pardilla –Marmaronetta angustirostris-, el Calamón Común – Porphyrio porphyrio- o la Garcilla Cangrejera –Ardeola ralloides-, todas ellas en peligro de extinción y protegidas internacionalmente, así como más de un centenar de diferentes especies de aves, no parece suficiente argumento para estos “expertos” y para la propia administración andaluza que ha permitido que otra administración, en este caso el Ministerio de Medio Ambiente, realice obras en el interior del humedal, afectando a las especies nidificantes y ahora a las invernantes.

Estas obras, enmarcadas dentro del Plan Hidrológico Nacional y que realiza la empresa pública ACUSUR, pretenden “adecuar” estas balsas para el almacenamiento y canalización de agua, aunque se ha filtrado a distintos medios la intención de explotar este espacio para el riego de los invernaderos del “Poniente Almeriense” tras la desalinización del agua.  Este proyecto de “restauración del medio” carece de ningún estudio de evaluación de impacto ambiental y está consolidando una serie de elementos irregulares del entorno, como un desguace de automóviles que invade las lagunas –con la consiguiente contaminación por metales pesados- y que se asienta ilícitamente sobre terrenos correspondientes a huertos familiares.

Ante la destrucción de diversas puestas de aves amenazadas durante la primavera de este año, la Consejería de Medio Ambiente paralizó cautelarmente estas obras, aunque en octubre se han reiniciado y a un mayor ritmo. La creación de taludes en los márgenes de las balsas está acarreando el movimiento de ingentes cantidades de limos rojos y escombros, mientras que cientos de toneladas de residuos agrícolas y plásticos que se abandonan en el lugar, no son retirados, a lo sumo enterrados bajo las arcillas y la lámina de agua. Por otro lado, la vegetación de orla donde se concentran multitud de especies está siendo destruida progresivamente, como los bosques de Taray y otras especies vegetales. Además se ha procedido a comunicar una laguna correspondiente a la planta de reciclado de plástico, situada en el vértice más oriental del complejo, que mantiene grandes concentraciones de residuos sólidos –virutas de plástico- con el resto del complejo lagunar. 

El pasado 13 de noviembre, Almediam se hacía eco de una denuncia acerca de la mortandad de aves acuáticas en este humedal, como probable consecuencia de los movimientos de tierra y residuos que se vienen realizando, sin que hasta la fecha la propia administración autónoma o central se haya dignado a asumir este hecho, ni a comunicar las opiniones de sus propios técnicos al respecto. Así mismo, se puede comprobar el notable descenso en el número de aves acuáticas invernantes que estas obras han producido en la Cañada de Las Norias, que hace solo un año contaba miles de individuos y más de 300 malvasías durante el mismo periodo.

Las Salinas de Guardias Viejas, paradójicamente, si aparecen en el catálogo de humedales andaluces cuando ya no existen. Fueron destruidas en 1998 dentro del movimiento especulativo más descarado realizado en esta provincia y constituyendo el atentado ecológico más grave de las últimas décadas. Sus más de 150 hectáreas de terrenos inundables fueron enterrados por la empresa Ejido-Beach, ante la pasividad administrativa y en contra del movimiento conservacionista y científico. Según la Junta, la “negociación” llevaba implícita la conservación de varias hectáreas del que fuera uno de los humedales más singulares del Sudeste peninsular, aunque la realidad es que no queda ni un solo metro cuadrado del mismo. Por situaciones similares, como el intento de urbanización de las marismas de Santoña, el Estado español fue condenado por el Alto Tribunal de Luxemburgo en 1993. Tan solo cabe esperar que la justicia sea igual de clara en este caso.

La desembocadura de Rambla Morales, situada dentro del P.N. de Cabo de Gata –Níjar, mantiene una formación lagunar separada del mar por una barrera arenosa, con el que se comunica dependiendo de los regímenes de precipitaciones. En la primavera de 2002, nidificaron por primera vez en la localidad  malvasías y Tarros blancos –Tadorna tadorna-, entre otras especies. En octubre de este año se produjo una importante mortandad de aves, entre las que se encontraban malvasías, tal como denunció Ecologistas en Acción. La solución administrativa pasó por comunicar la laguna directamente con el mar para “diluir” el problema, aunque no se han hecho públicos los resultados de las biopsias de los cadáveres encontrados, ni los análisis que supuestamente se realizaron, para poder esclarecer las causas de esta mortandad. A priori, la presencia de una depuradora que vierte sus aguas directamente a esta rambla, así como los lixiviados de los invernaderos que proliferan en esta Reserva de la Biosfera pueden ser las causas.

En la desembocadura del Río Antas han criado malvasías y pardillas entre otras especies y fueron propuestas por la Junta de Andalucía, conjuntamente con la Cañada de Las Norias,  para su declaración como Reserva Natural Concertada. Pese al interés administrativo mostrado hace más de un lustro, aún se siguen practicando deportes acuáticos en el interior de la misma –motos de agua y windsurf- y sufrió un incendio en pleno periodo reproductor hace un par de años. Sin embargo, si aparecen como LIC dentro de la misma propuesta del comité de “expertos” que dejaron fuera a la Cañada de Las Norias.

El Salar de los Canos es un saladar de más de 100 hectáreas que mantiene poblaciones protegidas de vegetación halófila, así como de aves acuáticas en años húmedos. Lo mismo sucede en las Salinas de Terreros, donde se concentra la única población andaluza de Halocnemum strobilaceum otra halófila estrictamente protegida por la Directiva hábitat. En ambos espacios impera la especulación y la ausencia de compromiso administrativo en cuanto a su protección y conservación. Lo mismo puede decirse de las desembocaduras de los ríos Almanzora y Aguas, esta última contaminada por los yesos procedentes de una factoría de este mineral en su cabecera.                             

Almediam desea un éxito rotundo del nuevo “Plan Andaluz de Humedales” del gobierno andaluz y espera del mismo una acción realmente efectiva que permita la protección y conservación definitiva de los aguazales andaluces en general y almerienses en particular. 

José Javier Matamala García

Editor del Portal Ambiental Almediam: http://almeriware.net/almediam/