Cabo de Gata y la limitación del acceso EN VEHÍCULOS a zonas de baño

Almediam. 20-08-03

La limitación del acceso al tráfico rodado a ciertas áreas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, ha constituido una de las aspiraciones de buena parte de los grupos ecologistas y conservacionistas almerienses, a lo largo de la última década. Este tipo de restricciones no supone ninguna novedad dentro del marco de otros espacios protegidos españoles donde se aplica. Sin embargo, la puesta en marcha de esta decisión a finales del mes de agosto es, cuanto menos, cuestionable; por no aplicar otro tipo de calificativo más contundente...

A finales de los ochenta, un prestigioso y conocido ecólogo español aseveraba que sólo existen dos modelos iniciales para la preservación de espacios naturales que, dadas sus especiales características, merecen de una protección y conservación directa. La primera de ellas era la del “anonimato”, consistente en la ausencia de publicidad sobre el espacio en cuestión, que actuaría como garante de la propia presión ejercida por una facultad innata al ser humano, como es la curiosidad. La segunda, estaría enmarcada en la publicidad del mismo, con el gravamen añadido de establecer políticas ambientales de “carácter preventivo”. Es decir, realizar estudios preliminares sobre la supuesta sobrecarga de visitantes a un espacio concreto, antes de publicitarlo, e indicando las medidas correctoras previas a su “lanzamiento mediático”.

Los responsables de esta Reserva de la Biosfera han actuado, en parte, conforme al último modelo expuesto, pero obviando algo tremendamente importante como son las “medidas correctoras”. Cabo de Gata es el más "manido" de los espacios portejidos dentro de Almería y uno de los más simbólicos en el ámbito andaluz. Es más, su imagen se utiliza por la propia Administración responsable como estandarte provincial, invirtiendo parte del erario público en su publicidad. Por lo cual, a nadie, con no más de un par de neuronas, le puede sorprender el aumento progresivo en el índice de visitantes, partiendo de la propia dinámica establecida por ésta.

Lo que es inaceptable son las declaraciones de un alto cargo de la Administración responsable que, cuestionado por el despropósito de “limitar el acceso de vehículos a las  calas de San José”, afirmaba a los medios:  en años sucesivos se tomará algún tipo de medida”... “hay muchas playas con encanto más que suficiente a lo largo del litoral del levante almeriense”. Ambas afirmaciones, ponen en cuestión los principios de eficiencia y eficacia que deben dinamizar cualquier acto administrativo. Es inadmisible afirmar que en años venideros se tomarán no se sabe que tipo de medidas y, la última es realmente “genial”... evidentemente existen miles de kilómetros de playa en el Estado español, y en toda la cuenca mediterránea. Pero, si la memoria no me falla, uno de los objetivos principales de los “Parques Naturales” es el desarrollo sostenible y el apoyo a los habitantes de estos espacios que se sitúan en áreas económicamente deprimidas.

En cualquier caso, inicialmente este tipo de medidas requieren de estudios pormenorizados y expuestos públicamente sobre la supuesta “carga” de cada una de las zonas “afectadas”, así como de alternativas consecuentes para la misma, en el caso que se demuestre un perjuicio "antrópico" sobre la franja costera. Atendiendo a la legislación vigente el acceso a las playas del Estado español es libre, por lo cual las limitaciones de tránsito han de prever medios de transporte público hacia las mismas, así como zonas de aparcamiento seguras para los visitantes. Actuaciones como las que se han detallado en el párrafo inicial, sin tener en cuenta estas alternativas, sólo sirven para ofrecer una penosa imagen de la gestión de este espacio, que atenta directamente contra el turismo y, por ende, contra los habitantes locales.

José Javier Matamala García

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