Medio Ambiente

El karst yesífero de Sorbas

Escrito por Redacción

Los desolados llanos que unen las localidades de Tabernas y de Sorbas, vigilados desde cerca por Sierra Alhamilla que los aísla aún más de la influencia marina, aparecen hoy salpicados por considerables extensiones de almendros y de olivos que contrastan con el tapiz vegetal natural, dominado aquí por retamares y diferentes especies de matorrales capaces de soportar las extremas condiciones de aridez climática que caracterizan el área.

Al llegar a Sorbas, el núcleo de población más importante de la comarca, el paisaje cambia drásticamente. Sus “casas colgantes” se asoman sin vértigo a un profundo barranco, modelado por la acción erosiva del agua de un río que hace miles de años dejó de bañar su ahora seco cauce. Avanzando hacia el Este, por la carretera comarcal que une a esta localidad con la de Carboneras, el viajero se adentra en un valle cincelado por el Río Aguas y tallado por marcadas cicatrices que le confieren un impresionante aspecto. La aparente asolación contrasta con un abanico de paisajes de peculiar belleza que esconden, tanto en su superficie, como bajo el suelo, una colección de los mayores tesoros de “los desiertos almerienses”.

Principales características geológicas

Antes de iniciar esta síntesis geomorfológica sería conveniente aclarar algunos conceptos básicos para el lector no avezado a esta terminología. En primer lugar, la palabra karst (kárstico-a) es un vocablo castellano que se aplica a ciertos tipos de relieves producidos sobre macizos calcáreos por la acción disolvente de las aguas superficiales y/o subterráneas. En un karst yesífero el macizo calcáreo está constituido por este mineral y los relieves pueden ser subterráneos, como cavidades que contienen simas verticales, galerías, salas, lagos, meandros, sifones, etc., así como superficiales, destacando algunas formaciones características como los túmulos, las dolinas o los poljes.

Por otra parte, el yeso o sulfato cálcico (Ca[SO]4-2 H2O) es un mineral típicamente sedimentario que se origina durante el proceso de evaporación de antiguas cuencas marinas o salobres. Entre sus principales propiedades físicas destaca su blandura, ocupando el segundo lugar en la escala de Mohs después del talco, siendo soluble en ácido clorhídrico, así como en agua caliente. Funde fácilmente y al calor de la llama se vuelve blanco al perder el agua que aparece dispuesta entre las laminillas que lo componen. Al calentarlo por encima de 120 ° C sufre una deshidratación casi total, denominándosele entonces yeso cocido; en este estado absorbe rápidamente al agua mientras que se endurece, proceso conocido como fraguado y que constituye uno de sus principales usos en la construcción. También se utiliza en la solidificación del cemento Portland, como fundente cerámico o como fertilizante.

Desde el punto de vista geológico, la zona se encuentra dentro de la depresión Sorbas-Tabernas, con un gradiente altitudinal que oscila entre 300 y 467 m s. n. m. Entre los materiales que conforman destacan las margas, los conglomerados y los yesos. Estos últimos constituyen la principal bolsa de este mineral dentro del ámbito mundial, y forman un impresionante complejo kárstico que se extiende al Este de la localidad de Sorbas, aflorando en una superficie aproximada de 12 km2, dando lugar a estructuras, tanto superficiales, como subterráneas.

La zona kárstica de Sorbas se encuentra situada sobre una depresión intramontañosa cuyo origen, al igual que el de otras cuencas neógenas, tuvo lugar durante la formación de la cordillera Bética. Tras los movimientos orogénicos que dieron lugar a la aparición de las sierras de Cabrera, Alhamilla y Los Filabres que rodean esta depresión (durante una fase tardía del Mioceno), se delimitaron diversas cuencas que estuvieron inundadas por el mar Mediterráneo durante varios millones de años.

El sustrato de la cuenca de Sorbas se corresponde con el de materiales de los complejos Nevado-Filábride, Alpujárride y, en menor medida, Maláguide. En la cuenca se fueron acumulando aportes sedimentarios procedentes de la erosión de los materiales que conformaban la depresión y su entorno próximo. La serie sedimentaria, compuesta principalmente por rocas detríticas, consta, además, de niveles carbonáticos arrecifales perfectamente conservados en los bordes de la cuenca y de depósitos de yesos que precipitaron en el centro de la misma.

Los materiales sedimentarios fueron intensamente erosionados durante el Plio-Cuaternario, hasta producir el afloramiento de la porción yesífera. A partir de ese momento comenzaron los procesos de disolución del manto de yeso por el agua y otros agentes erosivos, así como la formación de este espectacular complejo kárstico. La porosidad de este tipo de materiales, su elevada solubilidad y facturación permiten una fácil circulación del agua en el subsuelo. Asimismo, estos factores favorecen la rápida absorción de las precipitaciones que quedan almacenadas para, posteriormente, ser expulsadas hacía el exterior con mayor lentitud. El río Aguas, sus diferentes afluentes, ramblas y manantiales, constituyen parte esencial en la dinámica actual y pasada de estos espectaculares sistemas de cuevas.

La presencia de las mencionadas sugerencias naturales de agua constituye una garantía para el futuro de este complejo kárstico. Entre otras, puede destacarse el manantial de Los Molinos, la principal de todas ellas, con un caudal superior a 70 l/s, incluso durante los prolongados períodos de sequía. También son notables las surgencias de Las Viñitas y de la fuente del Peral con caudales medios aproximados de 1 l/s.

De la protección de estos y otros manantiales (de la cueva del Agua, de La Fortuna, del Infierno, etc.) dependerá en gran medida la conservación de este complejo kárstico, cuyo mayor peligro se encuentra en las explotaciones de yeso a cielo abierto, que ya han destruido diferentes cavidades y afectado a los manantiales, invadiendo, además, los límites del Paraje Natural del Karst en Yeso de Sorbas.

Con más de 1.000 cavidades en yeso, la mayoría aún sin explorar, este gran “queso de gruyère” es uno de los de mayor importancia en su género a escala mundial. Aunque con una superficie notablemente inferior a la de otros karst en yeso, como los de Bolonia en Italia y Podolia en Ucrania, el de Sorbas posee unas características y peculiaridades que lo hacen único desde el punto de vista geomorfológico, confiriéndole un extraordinario valor científico.

Hasta la fecha, se han explorado más de 50 km de galerías en este laberinto de cavidades. La cueva del Agua, con una longitud de 8.600 m, es la más larga de las existentes en la Península Ibérica en este tipo de materiales. Entre otras simas notables, cabe destacar la cueva de Covadura que, con más de 4 km de longitud, alcanza una profundidad de 126 m. En esta cavidad aparecen estalactitas en bandeja y estalagmitas huecas de yeso, estas últimas únicas en el mundo y que se localizan, principalmente, en la galería del “Bosque”. Otra de sus peculiaridades es la presencia de bolas de yeso que surgen a modo de exudados en las paredes.

Hay que resaltar, además de la anterior, las simas del Corral, del Campamento, del Yoyó y la cueva del Lapo, las cuales alcanzan profundidades entre 94 y 130 m. Bajo el barranco del Infierno discurre una de las cavidades más conocidas de la comarca, la cueva de Yeso, que fue la primera en ser descubierta (1967) de todo el complejo. Ésta actualmente concentra gran parte de la actividad turística y didáctica que se desarrolla en la zona.

Cerca de la anterior, en la parte más meridional del complejo kárstico, se sitúa una de las cavidades más espectaculares, la cueva del Tesoro, en la que destacan las grandes maclas del yeso en punta de flecha que aparecen en algunos puntos de sus más de 2 km de galerías. Por último, pueden destacarse otras oquedades singulares, como la cueva del Peral, que presenta diversas lagunas en su recorrido, o la sima del Estadio, en donde se encuentra la sala de mayores dimensiones en este tipo de cavidades, con unos 2.000 m2 de superficie.

Flora

La presencia de un suelo pobre y, a la vez, especialmente rico en yesos, constituye un factor altamente limitante para el desarrollo de la mayoría de las especies de plantas. No obstante, la austeridad de estas comunidades vegetales contrasta con la riqueza y diversidad de su flora, que se acrecienta por la presencia de endemismos de carácter local, especialmente, entre las gipsófilas. Destacan, entre éstas, el garbancillo torero (Ononis tridentata), el narciso de Sorbas (Narcissus tortifolius), la jarilla de Sorbas (Helianthemum alypoides), el jabunal (Gypsophila struthium) o el romerillo de Turre (Teucrium turredanum).

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