TABERNAS: UN DESIERTO AL SUR DE EUROPA

Tabernas constituye un paisaje único en el contexto europeo. © JJMGCárcavas, taludes, torrenteras y ramblas. Desierto y desolación. Paisaje transportado desde los ricos fondos marinos del Mediterráneo hasta estas calcinadas y áridas llanuras almerienses, donde una paradójica sensación de incertidumbre, desasosiego y asombro se apodera de gran parte de sus visitantes. Cuna de los primeros pobladores de la Península Ibérica, y único por sus condiciones ecológicas dentro de Europa, al Desierto de Tabernas le precede su fama de “marco incomparable” para la realización de multitud de películas, rodajes publicitarios, etc. que, en cualquier caso, es ajeno a su entorno más íntimo y a su incalculable valor biológico y antropológico. Estos prados, que se ofrecen yermos e inertes ante una primera mirada, obsequiarán a sus más osados exploradores con una visión única dentro de nuestro Continente.

Aspectos climáticos, geológicos y paisajísticos.

El subdesierto de Tabernas constituye el único desierto, propiamente dicho, dentro de Europa. Un conjunto sumamente complejo de factores climáticos, edáficos, geológicos, geográficos y antropológicos ha contribuido a modelar este sobrecogedor paisaje, el cual evoca a algunos parajes saharianos. Los “BadLands” de Tabernas (como denominan a estas zonas los anglosajones) son un conjunto de cárcavas, ramblas, barrancos, torrenteras y planicies, de austera vegetación y sometidos a continuos procesos de erosión grave.

Los "BadLands" del desierto de Tabernas son un ejemplo de la aridez climática del Sudeste peninsular. ©  JJMGAsentado sobre materiales Terciarios (Mioceno Superior) y Cuaternarios, procedentes de depósitos sedimentarios de las cercanas sierras de Alhamilla y Filabres, se ubica dentro de la depresión formada por el corredor Tabernas - Sorbas, donde son frecuentes grandes fracturas del terreno y mantos de corrimiento.  

Entre los materiales más característicos destacan, por un lado, las areniscas, las margas y los conglomerados de origen marino que coronan los puntos más elevados, cuyo alto contenido en sodio y la escasa profundidad de sus suelos limitan fuertemente su tapiz vegetal y, por otro, las arenas, las gravas y las arcillas de carácter fluvial que se depositan en el lecho de las ramblas, donde la humedad ambiental contrasta con la aridez circundante, potenciando el asentamiento de diferentes comunidades de fauna y de flora.

Existen referencias históricas y restos en asentamientos prehistóricos según los cuales esta calcinada depresión presentaba en otras épocas un aspecto menos árido, con la presencia de encinares y de bosques abiertos de coníferas y otros árboles y arbustos mediterráneos situados, en cualquier caso, al límite de sus exigencias biológicas y ecológicas. En época prehistórica existieron linces, gatos monteses, ciervos y cabras montesas, así como un caballo singular del que no existe registro alguno en ningún otro punto de Andalucía, lo cual implicaba inexorablemente la existencia de masas forestales en el área actualmente desértica. Esta frágil foresta inicial, sometida a una explotación constante desde el Neolítico, fue desapareciendo progresivamente, favoreciendo la denudación del pobre suelo y desencadenando los procesos de erosión grave y desertización.

Por otra parte, es indudable que la situación geográfica del Desierto de Tabernas, emplazado en el punto de la Península Ibérica más alejado de las borrascas atlánticas, contribuye a la escasez de precipitaciones dentro del área y favorece los fenómenos de continentalidad propios de las regiones desérticas. Además se encuentra rodeado por una sucesión de pasillos montañosos (las Cordilleras Béticas y Penibéticas) que se interponen frente a las nubes, dificultando su avance y contribuyendo a que lleguen exhaustas a estos secarrales. Las precipitaciones, que raramente superan los 300 l/m2 anuales, suelen poseer carácter torrencial, provocando importantes avenidas que arrastran a miles de toneladas de suelo hacia el mar, lo cual contribuye a la erosión del mismo. La barrera montañosa formada por Sierra Alhamilla favorece el aislamiento de la zona de la influencia marina, provocando el calentamiento del aire procedente del Mediterráneo (un efecto Fohën a escala reducida) lo que hace disminuir la humedad relativa y contribuye a extremar las oscilaciones térmicas (-5ºC/48ºC).