Comunidades
de flora y fauna:
Una
serranía es ante todo, al menos en España, una anomalía común
del relieve que conlleva una serie de consecuencias ecológicas
importantes. De esta forma, pie de monte, laderas y atalayas
constituyen hábitats diferenciados que son colonizados por
distintas comunidades de seres vivos.
Quizá
el rasgo más singular de esta sierra, desde el punto de vista
biológico, sea la presencia de una importante masa forestal
compuesta por un primitivo encinar que ocupa gran parte
de sus cumbres y media montaña a partir de los 800 m de
altitud, colonizando suelos, tanto básicos, como ácidos.
Estos bosques abiertos, que aparecen desarrollados
principalmente en la vertiente Norte, debieron constituir
antaño la vegetación habitual de la mayor parte de las
serranías del litoral almeriense.
Como elementos introducidos destacan
las repoblaciones de coníferas llevadas a cabo desde finales
de los sesenta con pino carrasco y pino resinero,
que poseen un valor ecológico muy inferior al del encinar
aunque, bajo su sombra, crecen con cierta facilidad distintas
especies de Quercus.
El encinar de las cumbres
de Sierra Alhamilla aparece acompañado por otras especies de
matorrales entre los que destacan torbiscos,
raspalenguas, tomillos, mejoranas y jaras
pringosas que, junto con la coscoja, pasan a
constituir la vegetación habitual cuando éste se degrada.
Estas
masas boscosas han sido castigadas históricamente por
diversas actividades humanas como el carboneo y la
minería dando paso a formaciones vegetales subseriales
compuestas básicamente por jarales, retamares, tomillares
y espartales, que mayoritariamente se adaptan bien
a los suelos de carácter silíceo y abundan en la mayor
parte del complejo. En las cotas inferiores aparecen
comunidades de espino negro, acebuche
y lentisco, que son sustituidos progresivamente por
las series de vegetación descritas en el Desierto Tabernas
y en otros secarrales del litoral almeriense.