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CÁRCAVAS, AGUA Y CUEVAS: EL KARST YESÍFERO DE SORBAS. Los desolados llanos que unen las localidades de Tabernas y de Sorbas, vigilados desde cerca por Sierra Alhamilla que los aísla aún más de la influencia marina, aparecen hoy salpicados por considerables extensiones de almendros y, en menor medida, de olivos que contrastan con el tapiz vegetal natural, dominado aquí por retamares y diferentes especies de matorrales capaces de soportar las extremas condiciones de aridez climática que caracterizan el área. Al llegar a Sorbas, el núcleo de población más importante de la comarca, el paisaje cambia drásticamente. Sus “casas colgantes” se asoman sin vértigo a un profundo barranco, modelado por la acción erosiva del agua de un río que hace miles de años dejó de bañar su ahora seco cauce. Avanzando hacia el Este, por la carretera comarcal que une a ésta localidad con la de Carboneras, el viajero se adentra en un valle intermontano cincelado por el Río Aguas y tallado por marcadas cicatrices que le confieren un impresionante aspecto. La aparente asolación contrasta con un abanico de paisajes de peculiar belleza que esconden, tanto en su superficie, como bajo el suelo, una colección de los mayores tesoros de “los desiertos almerienses”. Principales características geológicas y climáticas: El entorno al que nos referimos se encuentra dentro de las zonas más áridas de la provincia, caracterizado por precipitaciones medias anuales inferiores a los 250 litros por metro cuadrado y por un período de insolación superior a 3.000 horas. A partir de éstos y de otros meteoros, en los cuales no se va a incidir en esta somera descripción, el clima del área puede definirse como subtropical mediterráneo desértico. Desde el punto de vista geológico, la zona se encuentra dentro de la denominada “Depresión Tabernas-Sorbas” con un gradiente altitudinal que oscila entre los 300 y los 467 metros sobre el nivel del mar. Los materiales que conforman esta cuenca son diversos, destacando las margas, los conglomerados y los yesos. Estos últimos constituyen la principal bolsa de este mineral dentro del ámbito provincial y forman un impresionante complejo kárstico que se extiende al Este de la localidad de Sorbas, aflorando en una superficie aproximada de 14 Km cuadrados dando lugar a estructuras tanto superficiales como subterráneas. Antes de continuar con esta síntesis geomorfológica sería conveniente aclarar algunos conceptos básicos para el lector no avezado a esta terminología. En primer lugar, la palabra karst (kárstico-a) es un vocablo castellano que se aplica a ciertos tipos de relieves producidos sobre macizos calcáreos por la acción disolvente de las aguas superficiales y subterráneas. En un karst yesífero el macizo calcáreo está constituido por este mineral y los relieves pueden ser subterráneos, como cavidades que contienen simas verticales, galerías, salas, lagos, meandros, sifones, etc., así como superficiales, destacando algunas formaciones características como los túmulos, las dolinas o los poljes. Por otra parte, el yeso o sulfato cálcico (Ca[SO]4-2 H2O) es un mineral típicamente sedimentario que se origina durante el proceso de evaporación de antiguas cuencas marinas o salobres. Entre sus principales propiedades físicas destaca su blandura, ocupando el segundo lugar en la escala de Mohs después del talco, siendo soluble en ácido clorhídrico, así como en agua caliente. Funde fácilmente y al calor de la llama se vuelve blanco al perder el agua que aparece dispuesta entre las laminillas que lo componen. Al calentarlo por encima de 120 ° C sufre una deshidratación casi total, denominándosele entonces yeso cocido; en este estado absorbe rápidamente al agua mientras que se endurece, proceso conocido como fraguado y que constituye uno de sus principales usos en la construcción. También se utiliza como retardante en la solidificación del cemento Portland, como fundente cerámico o como fertilizante. La zona kárstica de Sorbas se encuentra situada sobre una depresión intermontañosa cuyo origen, al igual que el de otras cuencas neógenas, tuvo lugar durante la formación de la Cordillera Bética. Tras los movimientos orogénicos que dieron lugar a la aparición de las Sierras de Cabrera, de Alhamilla y de Filabres que rodean esta depresión, durante una fase tardía del Mioceno, se delimitaron diversas cuencas que estuvieron inundadas por el Mar Mediterráneo durante varios millones de años. El sustrato primigenio de la cuenca de Sorbas que corresponde a materiales de los complejos Nevado-Filábride, Alpujárride y, en menor medida, del Maláguide fue recolectando aportes sedimentarios procedentes de la erosión de las rocas y minerales que conformaban esta depresión y su entorno próximo. Estos sedimentos, compuestos principalmente por dendritas, recibieron además el aporte de los restos orgánicos de los animales marinos que vivían en la zona, responsables de la formación de carbonatos, así como la precipitación de sales saturadas que dieron lugar a los depósitos yesíferos. Estos terrenos sedimentarios, que aparecían cubiertos por conglomerados dendríticos, fueron siendo erosionados durante el Cuaternario hasta producir el afloramiento de la porción yesífera. A partir de ese momento comenzaron los procesos de disolución del manto de yeso por el agua y otros agentes erosivos y la formación de este espectacular complejo kárstico, con más de un millar de profundas y largas cavidades únicas en el mundo.
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