CABO
DE GATA: ENTRE EUROPA Y ÁFRICA
Aridez
y mar, sierra volcánica y salinas, acantilados y dunas.
Un lugar arrancado de África y bañado por las mansas y
aquí límpidas aguas del Mediterráneo. Los navegantes
fenicios bautizaron a esta sierra con el nombre de Charidemo,
promontorio de las ágatas; Gata para el almeriense,
recortando sílabas y ahorrando el esfuerzo que el
implacable sol recomienda durante el caluroso estío.
Pueblos blancos, casi cegadores, testigos vivos de un Al
- Andalus perdido y, a la vez, omnipresente. Jarapa,
esparto y cerámica en el interior. En la costa, pesca
artesanal. Hombre y naturaleza, armónicamente
entrelazados han configurado el aspecto actual de uno de
los lugares más bellos y singulares del Mediterráneo.
Características
climáticas, geológicas y paisajísticas.
Uno
de los factores decisivos en la configuración de la
vida dentro de estos parajes es la aridez. El clima, de
tipo subtropical mediterráneo desértico, se
caracteriza por presentar precipitaciones anuales que
oscilan entre los 150 y los 250 l/m 5, alcanzando el
índice pluviométrico más bajo de la Península
Ibérica.
Las lluvias suelen aparecer tras el prolongado
y seco estiaje, durante los meses de octubre y de
noviembre, no siendo raro el carácter torrencial de las
mismas que contribuyen positivamente a la erosión del
escaso suelo fértil. Las temperaturas medias anuales
rondan los 20 °C,
destacando la ausencia de un invierno térmico. La
humedad relativa es elevada, superior al 72%, lo que
contribuye, junto a la presencia habitual de
precipitaciones ocultas (calimas, nieblas y rocíos), a
contrarrestar la falta de agua, siendo uno de los
factores condicionantes para el desarrollo del tapiz
vegetal que de la zona. Otro de los meteoros importantes
es del viento, ya que tan sólo el 20% de los días al
cabo del año pueden calificarse como de calma, siendo
“los ponientes” los más frecuentes. El
prolongado tiempo de insolación, en torno a las
3.000 horas anuales, completaría esta síntesis
climatológica. Cabe destacar que los índices de
aridez obtenidos en el área de Cabo de Gata son
los más elevados de Europa y similares a los de
amplias zonas del Norte de África y Oriente
Medio.
La
Sierra de Cabo de Gata constituye el macizo de origen
volcánico más importante de la Península Ibérica,
tanto por su extensión, como por su complejidad
petrográfica. Según afirman algunos expertos, la
formación de este promontorio comenzó inmediatamente
después de la Orogenia Alpina, en la que se
estructuraron las Cordilleras Béticas. Los reajustes
tectónicos de las sierras surgidas durante este
plegamiento, como Filabres, Alhamilla y Cabrera, dieron
lugar a la aparición de una gran falla de más de 30 Km
de longitud, situada en dirección Suroeste - Nordeste. Esta
hendidura sirvió de salida a los distintos
materiales eruptivos que la constituyen, en un
tipo de volcanismo “calco – alcalino” de
mantuvo diferentes épocas de actividad a lo largo
del Neógeno, durante el Terciario, en un periodo
de tiempo que oscila entre los 17 y los 6 millones
de años de antigüedad.
Parte
de los materiales afloraron directamente al exterior,
mientras que otros se inyectaron debajo del terreno.
Durante la formación del macizo hubo períodos de
progresión y de regresión marina lo que explica la
riqueza fosilífera de algunos puntos del área.
Actualmente aparecen sumergidos bajo el mar partes de
este complejo, como el Banco Pollux, una prolongación
hacia el Suroeste de la Sierra de Cabo de Gata.
Otros
afloramientos volcánicos sumergidos son el Macizo
Submarino de la Polacra y la Cresta de los Genoveses,
que se sitúan a varios kilómetros al Sur de Mesa
Roldán. Entre
los componentes más abundantes, correspondientes a
distintos episodios, destacan las andesitas piroxénicas,
las dacitas, las riolitas y las tobas. Asimismo,
aparecen diversos minerales volcánicos, como el
cuarzo (ágatas, amatistas, etc.), el jaspe
sanguíneo, la hornblenda o la obsidiana, un
cristal negro de origen magmático y rocas como la
bentonita, originada por la degradación de
ciertos materiales de origen volcánico y cuya
extracción constituye actualmente la principal
actividad minera del espacio.
 
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