ISLAS
E ISLOTES: VIVIENDO EN EL DESTIERRO
Las
islas han jugado un papel crucial a lo largo
de la historia de la humanidad, contribuyendo
a la conexión y expansión de culturas y
civilizaciones. Estos territorios, apartados
de los continentes y ganados a mares u
océanos, han despertado la curiosidad y la
codicia desde que el hombre comenzó a
desplazarse torpemente sobre el líquido
elemento. Mayoritariamente, poseen algún
grado de colonización y de utilización, bien
por la riqueza de sus recursos naturales
superficiales o submarinos, o bien por su
situación estratégica para el control del
tráfico marítimo comercial o militar.
Desde
un punto de vista medio ambiental estos
hábitats constituyen auténticos laboratorios
de la naturaleza, donde los procesos de
adaptación y evolución de los organismos
vivos son más evidentes por el aislamiento de
los mismos, entre otros muchos factores.
Cada
isla suele constituir un ecosistema único y treméndamente
frágil, una especie de micro mundo intransferible
al resto del Planeta Azul.
Pocos
almerienses conocen de la existencia de islas e
islotes en su litoral que, aunque modestas en
extensión, poseen algunas de las características
referidas anteriormente. De Sur a Norte, destacan
las de Alborán, de San Andrés o de Carboneras,
Negra y de los Terreros o de Terreros. Tan solo la
primera de ellas a dado nombre a un Mar, a un
mineral e incluso a un Marquesado.
ISLA
DE ALBORÁN
La
Isla de Alborán se localiza a 56 Km al Norte
del Cabo Tres Forcas en Marruecos y a 90 Km al Sur
de la localidad almeriense de Adra, dentro del Mar
al que da nombre. Desde una perspectiva aérea tiene
forma de triángulo isósceles cuya base se sitúa
al Suroeste y su ángulo menor hacia el Noroeste; su
longitud y anchura máxima son de 605 por 265 metros
respectivamente, ocupando una extensión aproximada
de 71.200 m2.
La
superficie es llana presentando desniveles
inapreciables desde el mar y alcanzando una
altitud máxima de 14,2 m. A 100 m en
dirección Noroeste se sitúa el Islote de La
Nube y otro pequeño roquedal. En el centro de
la Isla hay un canal subterráneo que la
traspasa de parte a parte y que es navegable
con buen tiempo, denominado “Cueva de las
Morenas”.
La
mayor parte de su perímetro está constituido
por acantilados fuertemente erosionados por la
acción marina, siendo frecuentes los
desplomes, formando singulares estructuras
pétreas similares a las que aparecen en las
playas volcánicas de Cabo de Gata como la de
Mónsul (Níjar). Existen tan solo dos
pequeñas playas que se han formado al amparo
de sendos embarcaderos, situados a poniente y
a levante en la vertiente Sur de la Isla.
Entre
las escasas infraestructuras con las que cuenta el
islote destaca su faro del Siglo XIX, siendo el
edificio más importante e identificativo del mismo;
su base está formada por un complejo construido en
piedra y sillería.
Desde
1860 ha estado habitado de forma regular por
fareros, de cuya existencia quedan como
testimonio las tres tumbas que aparecen en el
pequeño cementerio de la Isla, fuera del cual
existe otra que según algunos autores
correspondería a Al - Borany, corsario
tunecino que dio nombre a la misma.
Actualmente,
el faro de Alborán está totalmente automatizado y
se alimenta a través de energía solar, dependiendo
su mantenimiento de la Autoridad Portuaria de Málaga.
Entre el resto de las construcciones destacan un
barracón prefabricado del destacamento de Infantería
de Marina, una granja, un mirador con una placa
conmemorativa del destacamento naval de Alborán,
dedicada a sus jefes fallecidos en acto de servicio,
un helipuerto que permite la comunicación aérea
con la Península, un campo de fútbol, algunos
caminos de tierra, un observatorio sísmico y un
escudo de la Armada Española visible desde el aire.
Carece de agua potable, salvo la de los aljibes que
son abastecidos regularmente por barcos de la
Armada. Cabe destacar que la Isla es punto de enlace
del cable telefónico submarino que une a las
ciudades de Almería y de Melilla.