Principales
características físicas.
La
Isla de Alborán es un testigo geológico del
primitivo Macizo Bético Rifeño que hace más de
300 millones de años, durante el Paleozoico,
permanecía emergido en la vertiente occidental del
Mar de Tethys, uniendo los primitivos Continentes
Europeo y Africano.
Su
origen es reciente dentro de la geomorfología
del Mediterráneo y tubo lugar a partir de las
manifestaciones volcánicas que acontecieron
en el área durante los plegamientos alpinos
del Mioceno y Plioceno, a partir de los cuales
apareció la Isla como resto de una caldera
explosiva.
Posteriormente
debió sufrir procesos de inmersión durante
la fase más cálida entre las glaciaciones de
Riss y Würm que produjeron una notable subida
de los niveles de agua del Mare Nostrum, como
lo ponen de manifiesto los sedimentos marinos
que aparecen en su superficie. Desde entonces,
esta ínsula sufre un proceso irreversible
tanto de desgaste erosivo, como de desplome
dentro de la cordillera submarina sobre la que
se asienta, que acarrea un lento pero
constante e inexorable hundimiento de su
superficie.
Como
el resto de las islas almerienses se caracteriza por
su origen volcánico. Su suelo está compuesto por
andesitas piroxénicas, rocas características de
las emisiones magmático eruptivas, recubiertas por
depósitos más recientes de arenas finas y gruesas,
arcillas y limos. Algunas de estas andesitas
presentan una variedad única, rica en calcio, sin
olivino y con incrustaciones de hiperstena, que han
dado lugar a un nuevo mineral descubierto por Becke
en 1899, denominado alboranita. Otros
minerales frecuentes que aparecen en la constitución
de sus arenas y rocas son la augita, la calcedonia,
la hornblenda, la magnetita, la goethita,
el hematite o la ilmenita.
Los
fondos que la bordean, rocosos y muy abruptos,
descienden en fuertes pendientes hasta alcanzar los
60 metros de profundidad, donde son sustituidos por
la plataforma continental, que rodea y separa a la
Isla de simas de hasta 1.500 metros de profundidad y
que corresponden a la cordillera submarina sobre la
que se asienta, dividiendo al Mar de Alborán en dos
Cuencas: una Oriental y otra Occidental.
El
clima de tipo subtropical mediterráneo desértico
es muy seco y está expuesto a vientos de poniente y
de levante, destacando los procedentes del Sáhara
que acentúan aún más su aridez. En cualquier
caso, hay que destacar la influencia directa de la
humedad aportada por el mar o maresia que va a
condicionar el ralo tapiz vegetal que aparece en la
superficie de la isla.
Fauna
y flora.
Las
especiales características del área, como su
aislamiento geográfico, la aridez climática, la
presencia de fuertes vientos y una atmósfera
impregnada en sal, o el carácter arenoso de su
suelo sin apenas capacidad para retener agua,
influyen directamente en su tapiz vegetal.
La
procedencia de las distintas especies que
componen su flora se debe, tanto a la traslación
de semillas por incursiones humanas desde África
y Europa, como por las deposiciones de las
aves granívoras que se aposentan en la Isla
durante sus viajes migratorios. La
cubierta vegetal está compuesta por
matorrales rastreros correspondientes a doce
especies
de fanerógamas.
Entre
estas cabe destacar la presencia, como especie
más abundante, de Frankenia corymbosa
forma alboranensis, con
flores de color rosado vivo y cuyas raíces
son parasitadas por Tylenchorhynchus
alboranensis, un nemátodo autóctono
de la Isla. Otras especies endémicas o que
presentan variaciones significativas con
respecto a sus poblaciones originales son
algunas plantas compuestas como Senecio
alboranicus maire y Anacyclus
alboranensis, así como la crucífera Diplotaxix
siettiana maire, planta crasa de
frutos y flores amarillos.
Entre
los invertebrados terrestres destaca el
caracol Helix pisana vrd. alboranensis,
endémico y en peligro de extinción, así
como algunas especies de arácnidos, lepidópteros
y coleópteros como zophosus alborana,
especie propia de la Isla.
No
podemos obviar la abundante presencia de cucarachas,
citadas ya a principios de siglo. Los únicos
vertebrados terrestres capaces de colonizar su
superficie son algunas comunidades de aves marinas
de carácter pelágico. Tanto la gaviota
patiamarilla como la de Audouin nidifican
en su rasa superficie al abrigo de algún matorral o
roca. La presencia de esta última especie como
nidificante es reciente y posiblemente esté
relacionada con la importante colonia de nidificación
que mantiene en las Islas Chafarinas, al Norte de
Melilla. Ambas son principalmente piscívoras,
aunque durante los pasos migratorios que realizan
multitud de pajarillos entre África y Europa, como
la abubilla, la lavandera blanca o el gorrión
moruno, pueden ser incluidos en su dieta,
aprovechando la debilidad de los mismos durante
dicho período. Durante los días 26 y 27 de mayo de
1995 se observó en la vertiente Norte del pequeño
Islote de la Nube a cinco paiños comunes incubando
sobre pequeñas hendiduras de esta roca volcánica,
sin que pudiéramos constatar el éxito reproductor
de los mismos al no realizar visitas posteriores y
comprobar la presencia de sus pollos nidícolas; sin
embargo, no existen referencias anteriores ni
posteriores de la nidificación de esta especie en
la Isla de Alborán, por lo que en esta cita es la
primera y única hasta este momento.
Además
de las anteriores es frecuente la observación
durante el invierno y los movimientos migratorios de
otras especies como el alca común, el gavión,
el frailecillo, las gaviotas reidora, sombría,
picofina, cana, enana, tridáctila
y cabecinegra u otras grandes aves marinas
como el alcatraz común o los cormoranes
grande y moñudo, que suelen descansar en
alguno de los roquedales de la Isla. La presencia en
semilibertad de aves y mamíferos domésticos para
su consumo por parte de la guarnición militar, como
gallinas, faisanes, conejos y cerdos debería estar
estrictamente controlada por el daño potencial que
pueden causar a la escasa flora insular.