ZONAS
HÚMEDAS ALMERIENSES
Dentro
de un entorno árido como el que caracteriza a
la mayor parte del litoral almeriense, donde las
formas vivas están supeditadas a un estrés hídrico
casi constante, la presencia de un pequeño
grupo de aguazales costeros contribuye
sustancialmente a aumentar la biodiversidad de
este rincón del Sudeste peninsular. Los
humedales constituyen uno de los hábitats más
diversos y ricos del Planeta Azul, concentrando
unos niveles de biomasa igualados tan sólo por
algunos ecosistemas como los arrecifes de coral
o las selvas tropicales, además de ser un
excelente recurso para el desarrollo de
actividades de educación ambiental. Su
conservación y protección definitiva a de
constituir una de las acciones prioritarias e
ineludibles para las administraciones
competentes que tienen el deber, tanto moral,
como legal, de su tutela efectiva.

Definición
y conceptos básicos.
La
expresión “zona húmeda” procede de la
traducción literal del término inglés “wetland”,
que engloba a un gran número de hábitats que
tienen en común su vinculación a la presencia
de agua. El concepto de humedal o zona húmeda
es muy amplio y abarca en líneas generales a
cualquier anomalía hídrica positiva del
paisaje que sea temporalmente significativa.
Quizá, la definición más extendida en la
actualidad sea la establecida por el Convenio
Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia
Internacional, que entiende por humedales “...
las zonas de marisma, pantano, turbera o aguas
rasas, naturales o artificiales, permanentes o
temporales, de aguas remansadas o corrientes,
dulces, salobres o salinas, con inclusión de
aguas marinas cuya profundidad en marea baja no
exceda de los seis metros”.
Siguiendo
esta definición, que a priori parece un
gran cajón de sastre, puede afirmarse que los
aguazales constituyen uno de los ecosistemas más
amenazados a escala global. Una de sus
principales características es la de soportar
índices de productividad muy elevados, en
comparación con la mayoría de los biotopos del
Planeta Azul, siendo capaces de albergar a ricas
y heterogéneas comunidades de animales y
vegetales, algunas de las cuales están tan
estrechamente ligadas a estos hábitats que su
supervivencia depende de la existencia de los
mismos. Asimismo, son uno de los mejores medios
donde poder evaluar la calidad ambiental del
entorno ya que se comportan a modo de
laboratorios naturales, acusando tanto los
impactos positivos, como los negativos. Por otro
lado, constituyen una forma eficaz de
acercamiento entre hombre y naturaleza, siendo
un recurso excelente a la hora de establecer
planes o proyectos de educación ambiental.
Situación
actual de los humedales ibéricos.
La
destrucción de estos privilegiados ecosistemas
ha constituido una constante histórica
extrapolable a la mayor parte del globo. Como
ejemplo ilustrativo, cabe destacar que según
datos históricos hace unos 2.000 años las
Marismas del Guadalquivir y la Albufera de
Valencia poseían una extensión superior en un
60 y 90 % respectivamente, con respecto a la
superficie actual. Sin embargo, ha sido durante
el siglo XX cuando la aniquilación de estos hábitats
se ha hecho más patente. Así, desde mediados
de los años cuarenta hasta la actualidad, han
desaparecido la mitad de los humedales españoles,
que ocupan el 1% de la Península Ibérica, o
solo el 0,2% si se prescinde al contabilizarlos
de las zonas marismeñas. Para comprender la
magnitud de estas pérdidas puede valer como
ejemplo la desecación, durante dicho período,
de las lagunas de La Janda, Antela y la Nava,
que en su conjunto ocupaban 30.000 hectáreas de
zonas húmedas. Esta situación ha sido
favorecida en ocasiones, de forma directa, por
la propia Administración, como lo demuestra la
tristemente famosa la Ley de 24 de junio de
1918, conocida popularmente como “Ley Cambó”,
que alentaba a la desecación de lagunas,
marismas y terrenos pantanosos, bajo pretextos
insostenibles de garantizar la salud pública y
que ha estado en vigor hasta 1986.
La
situación en Andalucía, pese a los esfuerzos
de la administración, es poco alentadora. Este
vasto territorio cuenta con 697 lagunas, 20
salinas y 16 zonas marismeñas, que en total
suman 113.339 hectáreas. Las marismas, que por
sí solas constituyen el 80% (90.541 hectáreas)
de los aguazales andaluces, raramente superan la
calificación de pésima en cuanto a la calidad
de sus aguas según los propios datos oficiales.
Accidentes como el de las minas de Aznalcollar
en Sevilla, que han comprometido al mayor de los
refugios de vida europeos, el Coto de Doñana,
debastando miles de hectáreas de tierras de
labor, o la destrucción de zonas húmedas de
reconocida importancia como las Salinas de
Guardias Viejas, en El Ejido, ambos hechos
acontecidos durante 1998, ponen de manifiesto la
necesidad de realizar un mayor esfuerzo, por
parte de las administraciones competentes, para
garantizar y conseguir de una vez por todas la
protección y salvaguardia definitiva de este
patrimonio natural de incalculable valor.
Humedales
almerienses.
Dentro
de un contexto árido, como el que caracteriza a
la mayor parte del litoral almeriense, contrasta
la presencia de un pequeño rosario de humedales
costeros que suman en conjunto poco más de dos
millares de hectáreas y que son de vital
importancia para multitud de especies de aves
acuáticas y marinas, que los utilizan en sus
movimientos migratorios entre Europa y África,
durante la invernada y el estío o como zonas de
reproducción durante la primavera. La
singularidad de las zonas húmedas almerienses
puede resumirse en tres parámetros
fundamentales.
En
primer lugar, destaca su situación estratégica
que coincide con las rutas migratorias empleadas
por multitud de aves durante sus pasos
migratorios pre y postnupciales, lo que añadido
a la práctica ausencia de otros humedales
costeros hasta el Estrecho de Gibraltar, a
excepción de la desembocadura del Río
Guadalhorce, confieren a estos aguazales una
gran importancia como áreas de alimento y
descanso para estos incansables viajeros.
En
segundo lugar, características climatológicas
como la ausencia de un invierno térmico, el
elevado número de horas de insolación o el
amplio fotoperiodo que caracteriza a estas
latitudes, convierten a estos hábitats en áreas
idóneas para la invernada de un importante
contingente de zancudas, anátidas y
larolimícolos.
Por
último, pese a la aridez circundante, la mayor
parte de estos humedales mantienen niveles hídricos
óptimos, incluso durante el implacable estío
almeriense. Esta situación, debida a la
presencia de acuíferos subterráneos o a la
inundación artificial de los terrenos como
ocurre en las salinas, contrasta con la
desaparición o disminución de las láminas de
agua de la mayoría de las lagunas andaluzas en
el verano, lo que aumenta su valor ecológico,
actuando como auténticos reservorios de vida
durante los prolongados períodos de sequía que
caracterizan a la Península Ibérica, en
general, y al Sur de la misma, en particular. En
este sentido, cabe destacar que en los humedales
almerienses han llegado a observarse más de 115
especies de aves acuáticas y marinas, lo que
representa un elevado porcentaje con respecto al
total de las registradas en la Península Ibérica.
Atendiendo
a las definiciones anteriormente realizadas y
utilizando a las aves acuáticas y marinas como
bioindicadores se puede afirmar que los
humedales más representativos de Almería están
compuestos, de Oeste a Este, por el Pantano de
Benínar, las Albuferas de Adra, las Salinas de
Guardias Viejas, los Charcones de Entinas y
Salinas de Cerrillos, la Cañada de las Norias,
las Salinas de San Rafael, la desembocadura del
Río Andarax, las Lagunas de Oxidación de
Retamar, la desembocadura de Rambla Morales, las
Salinas de Cabo de Gata, las canteras de
bentonita de las Serrata de Níjar, la
desembocadura del Río Aguas, el Salar de los
Carros, la desembocadura del Río Antas, el
Pantano de Cuevas del Almanzora, la
desembocadura del Río Almanzora y las Salinas
de Terreros. Cabe destacar, que de los dieciocho
aguazales mencionados, tan sólo cuatro poseen
actualmente algún estatus de protección,
mientras que de los catorce restantes tres han
desaparecido a lo largo de la última década,
presentando el resto importantes procesos de
degradación del medio.
En
las siguientes líneas se intentará realizar un
breve síntesis de los aspectos más singulares
de cada uno de estos humedales, destacando
aquellos que por su importancia como hábitats
naturales merecen un especial tratamiento.