Cañada
de las Norias.
Sin
duda es el aguazal más singular de cuantos
existen en la provincia de Almería.
Su
origen reciente, que se remonta al principio
de la década de los ochenta, se ha
producido tras la extracción masiva y
continuada de arcillas (limos rojos)
procedentes de materiales sedimentarios del
Cuaternario, muy apreciadas como sustrato básico
para la formación del suelo artificial de
los cultivos bajo plástico.
Estas
explotaciones han dado lugar a la formación de
extensas canteras a cielo abierto que en esta
zona, donde las aguas subterráneas son muy
superficiales, han permitido el afloramiento de
las procedentes del Acuífero Superior Central, el
mayor de los existentes en el “Poniente
Almeriense”, caracterizado por su pésima
calidad para el riego dado su alto gradiente de
salinidad. Esta situación ha contribuido a que
sus reservas medias no hayan variado en los últimos
años e incluso sean excedentarias en áreas como
esta.
El
resultado final ha sido la creación de un humedad
artificial de casi 200 hectáreas de terrenos
inundables en los parajes de La Molina, Cañada
del Puerco, Balsa del Sapo, El Salitral, El Antis
y Cañada de la Higuera, todas ellas cercanas a la
pedanía ejidense de las Norias de Daza y a la que
un reducido grupo de naturalistas almerienses
bautizamos, a principios de la década de los 90,
con el nombre de “Cañada de Las Norias”,
denominación con la que actualmente se la conoce
internacionalmente.
El
carácter permanente de sus aguas permite el
mantenimiento de un denso cinturón vegetal,
compuesto principalmente por comunidades de eneas,
carrizos, cañaverales, juncadales
y tarayales cuya distribución depende de
la profundidad (en algunos puntos llega a alcanzar
los 10 m) y de la antigüedad de las extracciones.
En cuanto a las comunidades algares destaca la
presencia de especies pertenecientes a las
familias Potanogetoncaeae y Ruppiaceae,
fuente de alimento de multitud de anátidas.
Sin
duda, los vertebrados más representativos de la
Cañada de Las Norias son las aves y en especial
las acuáticas que suponen el 55% del total; su
diversidad y abundancia han hecho de esta
localidad uno de los aguazales andaluces más
singulares y conocidos en el ámbito
internacional.
Desde
1988 hasta la actualidad hemos registrado un
total de 160 especies entre acuáticas y
terrestres, de las que 52 nidifican en la
localidad, siendo muy importantes los
contingentes invernantes y la presencia de
aves durante los pasos migratorios.
La
focha común es la especie más abundante a lo
largo del ciclo anual y en sus densos bandos puede
aparecer la escasa y amenazada focha cornuda;
otros rállidos presentes en la localidad son la gallineta
común, nidificante al igual que el rascón
y el calamón común muy escaso en la Península
Ibérica.
Entre
los zampullines destaca el chico
de carácter sedentario y, durante el
invierno, el somormujo lavanco y el zampullín
cuellinegro que llegó a nidificar en
1994, constituyendo la primera cita de cría
para la especie en el ámbito provincial.
Las
garzas están ligadas a los pasos
migratorios y a la invernada, aunque algunas
han llegado a nidificar en la localidad como
la garcilla bueyera, el martinete o
la garcilla cangrejera que se
encuentra amenazada globalmente. También
aparecen representadas la garceta
común, las garzas real e
imperial, y el avetorillo común.
Las cigüeñas comunes visitan el área
durante la dispersión postnupcial, siendo más
rara la presencia de cigüeñas negras
y grullas comunes. En los últimos años
es frecuente la presencia invernal del morito,
un elegante ibis de color oscuro que se
encuentra gravemente amenazado.
Los
ánades forman importantes contingentes
durante la invernada y los pasos migratorios
en los que aparecen especies como el
tarro blanco, la cerceta común,
los ánades silbón y friso,
el pato colorado y otros más escasos
como los porrones pardo y moñudo
o el tarro canelo.
Algunos
se han hecho sedentarios como el ánade real
o azulón y el porrón europeo,
mientras que otros nidifican ocasionalmente como
el pato cuchara o el ánade rabudo.
Sin
lugar a dudas, las “joyas” de la avifauna acuática
de La Cañada son la malvasía cabeciblanca
y la cerceta pardilla, especies en peligro
de extinción que han hallado en este humedal uno
de los escasísimos puntos donde se reproducen con
normalidad sobre todo durante los largos períodos
de sequía, cuando la mayoría de los aguazales
andaluces permanecen bajo mínimos o se secan. La
malvasía, que comenzó nidificar en
1992, superaba dos años más tarde el centenar de
pollos nacidos, convirtiendo a este aguazal en
punto de referencia obligado a la hora de hablar
de la conservación y protección de esta especie
en Europa.
La
cerceta pardilla, especie amenazada
globalmente al igual que la anterior,
nidifica con cierta regularidad desde 1993.
Este pato raro y en franca regresión se
distribuye en algunos puntos del Suroeste
asiático, Norte de África y Península
Ibérica, donde su población no supera los
350 ejemplares. Nidifica en algunos puntos
del Este y Sur de España.
Puede
confundirse con la hembra de la cerceta común,
por lo que también se ha procedido a prohibir la
caza de esta especie en el ámbito andaluz. Este
ánade nadador gusta de aguas someras donde se
alimenta principalmente de algas. Es una especie
en peligro en el ámbito global que está incluida
en el Libro Rojo de los Vertebrados de España.
El
grupo más variado y heterogéneo es el de los limícolos,
destacando la población nidificante de cigüeñuelas
que, con más de 75 parejas reproductoras, es la más
importante dentro del ámbito provincial, lo que
podría dar pie a su propuesta como zona incluida
dentro del Convenio Ramsar.
También
crían los chorlitejos patinegro
y chico, así como la avoceta.
El
resto de agujas, andarríos, vuelvepiedras,
archibebes, combatientes, avefrías
y correlimos, están ligados al
periodo invernal y los pasos migratorios.
Algunas
gaviotas como la reidora y la patiamarilla
nidifican en el área, mientras que entre los estérnidos
destacan las concentraciones postnupciales de fumareles
comunes o la presencia durante el estío de la
pagaza piconegra que nidifica
ocasionalmente. A este abanico de aves acuáticas
hay que añadirles más de 70 especies terrestres,
algunas tan singulares como el águila
pescadora, divagante invernal en la localidad.
Algunos
mamíferos como el erizo común, el
zorro o la rata campestre, anfibios y
reptiles como la rana, el sapo y la salamanquesa
comunes, la lagartija colirroja o las culebras
bastarda, de herradura, de escalera
y de collar o peces la carpa
completarían esta síntesis zoológica.
Pese
a la extraordinaria relevancia ecológica de este
singular humedal y de las especies de fauna
amenazada que en él se albergan y que obligan a
la administración competente a realizar una
conservación efectiva del mismo, en la
actualidad, la localidad carece de un marco legal
que garantice definitivamente su protección. En
1993 se propuso su calificación como Zona de
Especial Protección para las Aves dentro de la
Unión Europea; sin embargo, pese a los informes
favorables de la Consejería de Medio Ambiente aún,
se encuentra en fase de tramitación. Situación
similar ocurre con el expediente para la declaración
del espacio como “Reserva Natural Concertada”,
iniciado en 1996 y que aún no ha visto la luz. De
“lamentable error” y de “atentado contra la
normativa ambiental” puede calificarse la decisión
de la administración competente de no incluir a
este humedal en la propuesta de Lugares de Interés
Comunitario, que van a constituir el marco de
referencia legal para la conservación y protección
de espacios naturales durante el siglo XXI. Las únicas
actuaciones llevadas a cabo en el humedal han
partido de algunas organizaciones no
gubernamentales y del ayuntamiento de El Ejido
que, durante 1994, realizó labores de limpieza y
señalización del mismo e incluyó a este espacio
dentro de un programa de higiene rural, apoyado
por los fondos estructurales “life”.