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EL FLAMENCO ROSADO O EL AVE FÉNIX La
relación entre hombre y flamenco en el ámbito
mediterráneo ha sido siempre estrecha. Los egipcios
lo consideraban como un animal fabuloso capaz de arder
cada día para resurgir al siguiente de sus propias
cenizas; el mito del Ave Fénix tuvo
continuidad en la antigua Grecia donde fue denominado Phoenicopterus,
palabra adoptada por los zoólogos para designar a uno
de los principales géneros de esta zancuda.
El bellísimo espectáculo que ofrecen los bandos de flamencos cuando levantan el vuelo al alba o durante el ocaso, mostrando entonces el color escarlata vivo de sus coberteras alares, debió ser sin duda fuente de inspiración para los creadores de esta hermosa y conocida fábula. Para los pragmáticos romanos estos animales tenían otro interés menos fantástico; su musculosa lengua constituía un exquisito manjar, reservado tan solo a algunos privilegiados paladares. También fueron aprovechados como fuente de alimento sus huevos y destruidas sus colonias de cría en las salinas industriales lo que influyó en la disminución, tanto de las áreas de distribución, como del número total de ejemplares de esta huidiza zancuda que antaño debió ser una de las más abundantes del área mediterránea. Los flamencos constituyen un grupo de aves que a lo largo de su historia evolutiva se han especializado en la colonización de aguazales salinos e hipersalinos. Taxonómicamente están divididos en cuatro especies, una de las cuales (Phoenicopterus ruber) presenta tres subespecies. Aparecen ampliamente distribuidas por las regiones templadas de la cuenca mediterránea, África, Suroeste de Asia y algunas áreas de Centro y Suramérica. Los fósiles más antiguos de flamencos se remontan al Mioceno; según estos registros hace más de 10 millones de años estas zancudas ocupaban también la mayor parte de Europa, Norteamérica y Australia. La subespecie que se observa en la Península Ibérica, el flamenco rosado (Phoenicopterus ruber roseus), se distribuye de forma discontinua por África, Suroeste asiático y Europa meridional, desde el nivel del mar, hasta los 3.100 m de altura que se alcanzan en Dasht-e-Nawar (Afganistán). Su población mundial se estima en unas 800.000 aves, de las que aproximadamente el 10% viven en el Mediterráneo Occidental, distribuyéndose en saladares costeros de Francia, España, Marruecos, Argelia y Túnez y de algunas islas, como Cerdeña y Baleares. Este núcleo mediterráneo mantiene cierto grado de intercambio con las poblaciones mauritanas y senegalesas, flujo que se establece gracias a la existencia de algunos humedales que bordean al Desierto del Sahara.
Características principales Estas aves han desarrollado un conjunto de adaptaciones anatómicas y fisiológicas que les permiten ocupar los niveles superiores de las cadenas alimenticias de los saladares que habitan. Sus largas patas de cigüeña y su desproporcionado cuello de garza les capacita para explotar las zonas profundas de las lagunas, donde no pueden hacerles competencia otras pequeñas zancudas como los limícolos; sus pies palmeados, como los de los patos, les facilitan remover y andar sobre el fango, así como nadar con destreza. Pero sin duda es su grotesco pico el sistema adaptativo más característico de este grupo de aves. Su configuración anatómica lo convierte en una eficaz herramienta para el filtrado de los lodos donde se encuentran las partículas alimenticias que componen su dieta. Las mandíbulas, rodeadas por laminillas córneas, actúan como un cedazo que criba el fango gracias a la acción de succión y expulsión del mismo desde su cavidad bucal y que realiza mediante su musculosa lengua. La estrecha relación entre el flamenco y los medios salinos ha conllevado a interesantes procesos coevolutivos con otras especies también ligadas a estos hábitats. Es el caso de Flamingolepis ligoloides, un invertebrado parásito perteneciente al mismo género que las tenias humanas (cestodos) y cuyo huésped es el crustáceo Artemia salina, parte fundamental de la dieta del flamenco rosado.
En ocasiones se alimentan de camarones (Palaemonetes sp.), picoteando entonces frenéticamente la superficie del agua para capturarlos. Cabe destacar que los tonos rojizos que caracterizan su plumaje, que tienen una importancia fundamental durante el período reproductor, proceden directamente de las ricas fuentes de pigmentos carotinoides que se encuentran en algunos de los microorganismos que componen su dieta. Durante las paradas nupciales que se inician a partir de febrero, los machos adultos exhiben un complejo cortejo que, a modo de danza ritualizada, realizan de forma sincronizada. El objetivo es atraer a las hembras con las que mantendrán vínculos monógamicos que podrán continuarse durante más de una estación. Los nidos se sitúan en apretadas colonias; de forma troncocónica están constituidos por barro y restos orgánicos de plantas, plumas, conchas, etc. Los huevos (generalmente uno) son incubados por ambos miembros de la pareja, eclosionando a los 28-31 días. Los pollos seminidífugos son alimentados inicialmente por sus padres mediante una secreción lipoprotéica, remotamente parecida a la leche de los mamíferos. Pasado un mes se alimentan por si solos, formando bandos con otros jóvenes que se distinguen por el tono gris oscuro de su plumaje, pico y patas, mientras que son vigilados por adultos como si de guarderías se tratase. A partir de julio comienzan a abandonar las áreas de nidificación para distribuirse por las zonas de invernada. Población almeriense El flamenco rosado es una especie característica de los saladares almerienses, observándose principalmente en las Salinas de Cerrillos, en los Charcones de Entinas y en las Salinas de Cabo de Gata donde se alcanzan concentraciones estivales de más de 3.000 aves. Otra localidad importante la constituían las Salinas de Guardias Viejas en El Ejido, que fueron destruidas impunemente durante 1998 en lo que puede calificarse como el atentado ecológico más importante que ha sufrido Almería a lo largo de la última década. Otras localidades visitadas esporádicamente por esta bella zancuda son las desembocaduras de los ríos Almanzora, Aguas, Antas y Andarax, la Rambla de Morales, las antiguas Salinas de Terreros en Pulpí y la Cañada de Las Norias. Los humedales almerienses son utilizados durante los movimientos migratorios entre Europa y África, como área de invernada y también como zona de veraneo cuando la mayoría de los aguazales ibéricos y norteafricanos están secos o alcanzan sus mínimos hídricos, mientras que éstos permanecen casi ajenos al estiaje por su propia dinámica hidrogeológica. Se ha podido demostrar mediante la lectura de anillas (amarillas las de Camarga y naranjas las de Fuente de Piedra) la importancia que las salinas almerienses tienen dentro del núcleo de población del Mediterráneo Occidental y especialmente para la colonia de nidificación de Fuente de Piedra. En ocasiones los individuos adultos que nidifican en esta localidad se desplazan para alimentarse hasta los saladares almerienses, cuando la escasez de agua y de nutrientes los obligan ha realizar estos heroicos esfuerzos para mantener a sus polladas. Destacan
varios intentos de nidificación del flamenco en las
Salinas de Cabo de Gata a lo largo de las dos últimas décadas;
a finales de los ochenta se construyó un islote
artificial para potenciar el asentamiento de una colonia
de la cría que, imitando modelos ensayados con éxito
en la Camarga francesa, supuso aquí un rotundo fracaso.
La más importante de estas tentativas fue sin duda la realizada durante 1990 en el que participaron más de 750 parejas de aves adultas con el resultado final de 388 nidos construidos y la puesta de tres huevos. El fracaso reiterado en el éxito reproductor se debe principalmente a las molestias a las que son sometidas las colonias de nidificación, con el libre deambular de personas, el sobrevuelo de aeronaves, la entrada en el recinto de predadores como el jabalí o la descoordinación entre los ciclos biológicos y la actividad salinera que produce la inundación de las áreas de cría; situaciones todas ellas controlables con más dosis de imaginación y diálogo que de inversión económica, si existiera la sensibilidad y la voluntad necesarias para corregirlas, más cuando se trata de un espacio incluido en el Convenio Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia Internacional y parte integrante de una Reserva de la Biosfera. El asentamiento de una nueva colonia de cría en Almería contribuiría a garantizar el futuro de la población del Mediterráneo Occidental que, actualmente, depende no solo de la buena gestión de humedales como Fuente de Piedra, sino de algo menos controlable como son los prolongados períodos de sequía durante los que quedan inertes éste y otros puntos de nidificación de la especie en la cuenca mediterránea. |