Referencias
históricas y realidad social.
Aun
pertenecientes a un mismo entorno
biogeográfico, desde la antigüedad
la Sierra Nevada almeriense ha
estado dividida en dos comarcas bien
diferenciadas. En la cara Norte o
umbría se sitúa la Comarca de
Nacimiento que ha tenido un alto
valor geoestratégico, como lo
demuestran los distintos
asentamientos que en esta se han
producido desde épocas remotas. En
la vertiente Sur o solana aparece
una Comarca con unas características
etnológicas muy determinadas, la
Alpujarra almeriense, cuyo
desarrollo ha estado ligado
principalmente al periodo de
dominación árabe. Ambas Comarcas,
aisladas por las cumbres serranas,
han estado sin embargo ligadas a
través del Puerto de Santillana que
conecta a las localidades de Abla y
Ohanes, alcanzando una altitud de
1.200 m. El otro punto de conexión
se sitúa en la parte más
occidental de la sierra, lindando
con la provincia de Granada y es el
Puerto de La Ragua que alcanza los
2.000 m de altura, uniendo a la alta
Alpujarra almeriense con los llanos
de la Calahorra, aunque en este último
las nieves invernales se encargan de
cerrar su angosto paso durante períodos
variables de tiempo.
Los
primeros asentamientos humanos del
área corresponden al neolítico,
como así lo evidencian los restos
hallados en la Cueva de Nieles en
Canjáyar, las piedras grabadas de
arte esquemático de Ohanes o los
restos cerámicos hallados en El
Castillejo de Abrucena. La riqueza
en caza, en agua y en metales, así
como la situación estratégica de
estos enclaves serranos,
favorecieron el establecimiento de
pequeños núcleos durante la edad
del cobre como el Cerro de Los Pozos
en Canjáyar o la Cueva del Sabinar
en Fondón; también hay restos argáricos,
como los de Cerro del Cuchillo en
Laujar de Andarax.
En
tiempos históricos, antes de la
llegada de los árabes, las
diferentes culturas que se asentaron
en otras zonas de la provincia de
Almería dejaron en Sierra Nevada y
sus zonas de influencia escasas
huellas. Hay que remontarse al
periodo íbero romano para encontrar
algunos asentamientos en la
Alpujarra almeriense entre los que
cabe destacar el poblado de Rigualte
en Berja y el asentamiento de
Paterna del Río, como lo pone de
manifiesto el hallazgo en las minas
de La Gabiarra de espadas iberas.
Durante el periodo romano destaca el
poblado de Villavieja en Berja y
asentamientos en Canjáyar, donde se
ha hallado un lingote de plomo con
la inscripción L. S. REX,
correspondiente al periodo
republicano, que evidencia la
explotación minera de la sierra
durante esta época. En la otra
vertiente el principal núcleo de
población fue Abla, citada ya en el
siglo II y a la que Ptolomeo
denominaba como Abula; de
esta época aún se conservan cerámicas,
lápidas romanas y un mausoleo.
Otros lugares habitados por los
romanos fueron Abrucena y Doña María.
Sin
embargo, fue durante la expansión
del Islam y la formación de Al -
Andalus cuando se fundaron y
consolidaron la mayoría de las
localidades que hoy conforman ambas
comarcas. A esta época corresponden
los importantes avances en las técnicas
de riego implantadas por los árabes;
estas complejas obras de canalización
hidráulica, a través de acequias y
otros sistemas, permitieron el
desarrollo de ricas vegas de regadío,
donde predominaban los cultivos hortícolas
y de cereales. Especial importancia
tuvo durante este periodo el cultivo
de la morera y el comercio de la
seda.
Las
fortalezas de Abla, Fiñana y
Abrucena fueron entregadas en 1489
por el Rey “El Zagal” a los
Reyes Católicos. En la Navidad del
año 1568 se produjo la rebelión de
las Alpujarras, ante la presión
constante a la que estaban sometidos
los moriscos, llegando a afectar
también a la Comarca de Nacimiento
mediante una partida de moros
revelados y enviados por “El Gorri”,
un capitán del partido de Ohanes, a
Abla y Abrucena que secundaron la
rebelión, no ocurriendo lo mismo en
Fiñana. La cruenta intervención
del Marqués de los Vélez en
noviembre de 1569 aplastó la rebelión.
Tras
la expulsión de los moriscos se
procedió a partir de 1571 a una
segunda repoblación con la llegada
de cristianos viejos. Durante esta
época y hasta finales del siglo XVI
destacan las ordenanzas municipales
de la Comarca de Nacimento que hacen
hincapié en la conservación de los
recursos forestales, cinegéticos,
la apicultura, la sericultura y las
actividades ganaderas. La economía
agrícola se basaba también en
cultivos de secano y de regadío,
destacando el de frutales como viñas,
parrales, olivos, morales y otros de
panizo, lino, cáñamo, hortalizas y
cereales.
En
el siglo XVIII la economía continua
siendo agraria y de subsistencia.
Asimismo, tiene una gran importancia
la ganadería, experimentando los
aprovechamientos forestales un
incremento desmesurado y sin
precedentes. El crecimiento de la
población originó un aumento de
los espacios dedicados a la
agricultura y a la ganadería en
detrimento de la masa forestal.
También comenzó una tala
indiscriminada de encinas y de otros
árboles cuya madera era muy
apreciada en los astilleros
almerienses y sevillanos, para la
obtención de carbón vegetal y en
las explotaciones mineras,
ocasionando unos daños
medioambientales que perduran hasta
hoy día.
Durante
el siglo XIX continua esa tendencia
de destrucción de la masa forestal
como evidencian algunos pasajes de
Pascual Madoz, auténtico cronista
de la desaparición decimonónica de
los bosques almerienses. Entre las
diferentes referencias que realiza
este autor pueden destacarse las
siguientes: “... y tiene
al Norte la Sierra llamada Solana de
la de Baza... y al Sur la Sierra
Nevada... y en ambas van
desapareciendo las encinas (Abla)”;
“el monte de encinas va
caminando a su destrucción (Abrucena)”;
“la sierra tenía bastante
arbolado de encina (Bayárcal)”;
“El famoso encinar que había
en la sierra del término, ha sido
consumido en las fábricas de
plomizo y de hierro que hay en las
inmediaciones, y solo existen en la
solana del río Ohanes unas pocas
encinas y chaparros, escaseando
hasta el monte bajo que con tanta
abundancia cría el terreno (Beires)”;
“... el monte principal,
que es el denominado de El
Entredicho, esta escasamente poblado
de encinas, por haberlo desmontado
para la siembra de cereales (Doña
María)”; “... en la
cual se encuentra algo de monte
encinar que camina a su destrucción...
(Ocaña)”. Durante este
periodo destacaron además
importantes incendios forestales,
conservándose una causa judicial
contra un vecino de Abla por
provocar un incendio en el monte.
Tras
este breve análisis de la evolución
histórica de Sierra Nevada, desde
el siglo XVI, hasta la actualidad,
se observa un claro proceso de
deforestación progresiva que alteró
de forma radical el medio ambiente y
cuyas expresiones más importantes
son la destrucción de amplias zonas
de encinar y de otros árboles, así
como de la fauna y de la flora autóctonas.
Entre las múltiples causas que
originaron esta situación pueden
destacarse como principales factores
la explotación irracional de los
recursos forestales y la roturación
de las tierras para el cultivo de
secano.
En
la actualidad, la economía de la
zona está basada principalmente en
la agricultura. Cultivos
tradicionales de olivos, almendros,
cerezos, manzanos, castaños y
cereales, así como la recolección
de plantas aromáticas sustentan a
gran número de sus habitantes.
La
uva de mesa o uva de Ohanes ha
constituido durante gran parte
del siglo XX uno de los
principales cultivos en la
Comarca del Andarax que, por
los avances tecnológicos y la
política agraria desarrollada
en el área, han caído
desgraciadamente en desuso.
Sin
embargo, la uva de parra y la
de vid continúan teniendo un
gran valor cultural y económico
en la zona. La
primera se emplea también para la
elaboración de mostos o
“zurraches” de agradable y
sabroso paladar y que están
destinados al consumo doméstico.
Los de vid han provocado durante las
últimas décadas el florecimiento
de una incipiente industria vitivinícola
con la elaboración y comercialización
de caldos muy apreciados y de
notable calidad. La ganadería ocupa
el segundo lugar en importancia
siendo una de las áreas históricas
de la trashumancia. También son
importantes los aprovechamientos
forestales de madera, resina y
plantas aromáticas y, aunque en
desuso, los minerales de galena,
fluorita, hierro, mercurio,
serpentinas (asbesto) y áridos. Por
último, cabe destacar el creciente
aumento de actividades e
infraestructuras ligadas al turismo
rural que está creciendo rápidamente,
ocupando a un porcentaje cada vez más
importante de la población autóctona.
La nueva declaración como Parque
Nacional podría contribuir al
desarrollo de infraestructuras y de
actividades ligadas al turismo de la
naturaleza, ayudando a consolidar
los núcleos de población que, en
muchos casos, padecen un éxodo
irreversible de sus habitantes. La
conservación y protección de la
naturaleza tiene que pasar
inexorablemente por la potenciación
e integración de las actividades
humanas, no debiendo olvidar que el
hombre constituye una “especie
amenazada” en grandes áreas del
ámbito rural almeriense, por lo que
la consolidación de estos núcleos
de población debe contribuir
positivamente a los aspectos
conservacionistas.
Rutas
de interés
Sería
pretencioso por parte de los autores
realizar en este capítulo un catálogo
exhaustivo de itinerarios y rutas
por este gran gigante llamado Sierra
Nevada, que por si solo bien merecería
una publicación específica. A
continuación se apuntan algunas
sugerencias sobre lugares y rincones
dignos de ser visitados, agrupándolos
por comarcas y animando al viajero a
descubrir otros tantos que quedan en
el tintero.
Valle
del Andarax:
Al abrigo de las Sierras de Gádor y
Nevada, el valle del Andarax va
marcando los principales
asentamientos de esta zona de la
Alpujarra almeriense. En dirección
ascendente podemos observar un
cambio paulatino de la arquitectura
popular y del paisaje que nos
transporta desde los “BadLands”
del desierto de Tabernas, hasta el
bosque y los cultivos tradicionales
de la montaña mediterránea. Cada
localidad mantiene lugares y
costumbres especialmente atractivos
y de cuya existencia la mejor forma
de informarse es hablar con sus
hospitalarias gentes. Así, se irán
descubriendo los pequeños tesoros
que guarda cada pueblo:
En
Laujar de Andarax, cuna del
poeta Francisco Villaespesa y
considerada por algunos como
capital de la Alpujarra,
agradables caldos, iglesia mudéjar
de la Encarnación con un
singular retablo barroco y
algunos lienzos y pinturas en
cobre de la escuela holandesa,
el centro visitantes si está
abierto y adecuación
recreativa de Nacimento; en
Padules, sabrosos soplillos y
Las Canales; En Ohanes,
callejuelas, paisajes
agrarios, punto de información
en el Centro de la Tercera
Edad y área recreativa.
El
acceso a esta zona puede
realizarse a través del desvío
de la N - 340, que une las
poblaciones de Benahadux con
Laujar de Andarax.
Alta
Alpujarra almeriense:
Para obtener una visión aproximada
de la magnitud de esta sierra se
puede ascender por la carretera
comarcal que une las localidades de
Paterna del Río y la Calahorra,
atravesando el Puerto de la Ragua
(2.000 m). Junto al primer pueblo
esta situada el área recreativa de
Fuente Agria, espléndido rincón
donde el río Paterna serpentea a
través del bosque caducifolio.
Atravesando
Bayárcal se llega al Puerto
de la Ragua donde existe un
punto de información y
distintas instalaciones,
visitadas por miles de
almerienses cuando la nieve
hace acto de presencia. Desde
este punto parten diferentes
caminos habilitados para la práctica
del senderismo.
Tanto
en el ascenso, como en el
descenso hasta la Calahorra,
se disfruta de magníficos
paisajes serranos.
De
Nacimiento al Andarax:
Otra interesante manera de conocer
la sierra es atravesarla desde
Ohanes hasta Abla a través del
Puerto de Santillana, por medio de
la pista asfaltada que une las
localidades, pudiendo así
contemplar ambas vertientes y
acceder a la Ermita de Tices y a la
adecuación recreativa del Serval
donde existe una venta en la que
sirven excelentes y variados
manjares y donde nos podrán
informar de como acceder al Aula de
la Naturaleza de Paredes o al
Refugio de Ubeire. Cerca de esta
venta se halla Abrucena desde donde
se puede llegar a la adecuación
recreativa de La Roza, situada en el
corazón de la umbría de la serranía.
Régimen
de protección