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Vegetación: del piornal al espartal.
Pero quizá, el aspecto fundamental en la actual composición de la flora filábride sea la elevada intensidad de la actuaciones humanas, que se ponen de manifiesto en las extensas áreas roturadas, las talas indiscriminadas producidas por la minería del hierro y, actualmente, por las canteras de mármol y las repoblaciones forestales. En el ingente esfuerzo contra la desertización del área se han reforestado más de 60.000 hectáreas desde la década de los cincuenta, empleando principalmente distintas variedades de pino entre las que destacan el silvestre, el laricio, el carrasco y el negral, incluyendo también a la encina desde la década de los ochenta, lo que constituye la principal obra de ingeniería forestal de la provincia de Almería. Las técnicas y las especies utilizadas han sido criticadas por algunos especialistas, argumentando que las plantaciones de pinos sobre terrenos silíceos “potencian un cultivo forestal, el cual requerirá una constante intervención humana para su conservación con gravísimos costos económicos, ecológicos y paisajísticos” (Pallarés, 1991). Sin cuestionar la veracidad de estas afirmaciones, no se puede obviar el hecho de que gracias a estas actuaciones se ha conseguido frenar a tiempo el proceso de erosión grave y denudación del suelo que estaba afectando a la mayor parte de la serranía, posibilitando así intervenciones y correcciones, tanto presentes, como futuras, y de otro modo no hubieran sido factibles. El análisis botánico de un territorio tan vasto y heterogéneo como este precisaría de un estudio con detalle que está fuera de las pretensiones de esta obra, que tan sólo pretende divulgar, no sentar cátedra, por lo se ha optado por simplificar los hábitats y señalar tan solo las especies más relevantes.
Los terrenos de labor abandonados y el pastoreo intensivo del área han dado lugar a la estructuración de complejas formaciones de pastizales y tomillares, entre los que puede aparecer la bella digital o dedalera de Sierra Nevada, endemismo compartido entre ambas serranías y utilizado desde antiguo en el tratamiento de ciertas afecciones cardíacas, al obtenerse de ésta la digitalina.
Las zonas intermedias y altas de la montaña estuvieron dominadas por la encina, árbol emblemático del bosque mediterráneo y cuyas masas más antiguas aún se conservan en algunos lugares como “Los Sapos” y “El Marchal” (Serón), donde también aparecen quejigos. Otra especie correspondiente al género Quercus, al igual que las dos anteriores, y que precisa condiciones de humedad adecuadas es el alcornoque, que debió ser abundante en algunos puntos de la sierra; la existencia de topónimos como “El Alcornocal” en Benizalón o “Los Alcornocales” en Laroya, así como la existencia de diversas referencias históricas parecen confirmar esta hipótesis.
Por debajo de los 1.200 m, en el piso mesomediterráneo, el encinar va dando paso a formaciones arbustivas entre las que destaca la coscoja, a la que suelen acompañar enebros y sabinas moras. Cuando éstas son degradadas aparecen otras comunidades de menor porte como jarales, bolinares y atochares. En los parches calizos que salpican el complejo aparece también el “pinar natural”, formado principalmente por pino salgareño y carrasco, pudiendo todavía contemplarse en algunos puntos como “El Horcajo” en Serón y el “Pinar de Bayarque”, así como en las cercanas sierras de Partaloa y Lúcar que se sitúan en la vertiente Norte del Río Almanzora. Las áreas basales de la sierra, con altitudes inferiores a los 600 m, ya dentro del piso Termomediterráneo, presentan actualmente un aspecto desolado donde domina un ralo espartal, acompañado por albardines, bolinas y diversas plantas aromáticas, como tomillo, espliego, romero o artemisia. Sin embargo, este paisaje se caracterizó por la existencia de abundantes formaciones arbustivas, adaptadas a temperaturas elevadas, como el lentisco, el acebuche, la coscoja, diversas variedades de espinos y el matagallo, que han sido secularmente utilizados por el hombre por lo que, en la actualidad, están escasamente representados. Esta circunstancia contrasta con la presencia de grandes y solitarias efedras, cuya mala combustión y alta toxicidad han contribuido indirectamente a su conservación; de ella se obtiene efedrina, potente adrenérgico utilizado principalmente como bronco dilatador en medicina. Mención aparte merece la existencia de algunos barrancos húmedos y cursos fluviales, los cuales aportan un buen número de árboles y arbustos aquerenciados a estos sotos como el serval, el acerolo, el almez, el mirto o arayán, el chopo blanco y distintas especies de sauces. |